Todo suena falso y forzado en Egipto. Así ocurre con la declaración del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), de que el 1 de julio transferirá el poder a una autoridad civil como una muestra más de que Egipto es una democracia. Lo mismo cabe decir de los dos candidatos presidenciales, empeñados en que tienen pruebas innegables de que la victoria es suya. No deja de ser chocante, igualmente, que los Hermanos Musulmanes (HH MM) sean ahora los que incitan a la población a manifestarse en Tahrir y otros lugares, reclamando la victoria de su líder, Mohamed Morsi, cuando anteriormente se mostraban muy remisos a activar esta palanca y preferían entenderse entre bambalinas con el CSFA. Estamos ante una farsa a gran escala en la que, al margen de los deseos de la población, se está dirimiendo el reparto de la tarta del poder entre la casta militar y los HH MM.
Así hay que entender el retraso en dar a conocer los resultados definitivos de las elecciones celebradas el pasado fin de semana. Aunque la administración egipcia no es la más eficiente del planeta, a estas alturas sus responsables conocen sobradamente cuántos votos ha recibido cada uno de los candidatos. Todo apunta a que el retraso deriva de la dificultad para rematar una negociación que cabe plantear en los siguientes términos:
- Es muy probable que Morsi haya sido el vencedor sobre Ahmed Shafiq, contando con el enorme apoyo popular del islamismo político y con su bien engrasada maquinaria de propaganda y asistencia social.
- El CSFA habría preferido a Shafiq, pero no hacía ascos a los islamistas liderados por Morsi, siempre que aceptarán acomodarse a un escenario político que no cuestione los privilegios de la casta castrense y que asegure el statu quo vigente.
- Los HH MM parecen haber roto el compromiso inicial, tras su positivo resultado en las elecciones legislativas. En lugar de saciar momentáneamente su sed política con su ansiada legalización y con una notable cuota de poder en la Asamblea Nacional, han querido rematar la faena, atreviéndose a presentar un candidato a las presidenciales (en contra de sus propias promesas).
En esta calculada secuencia de acontecimientos, el CSFA ha ido incrementando su temor de que nuevos actores políticos quisieran aprovechar la movilización ciudadana para traspasar líneas rojas que los militares defienden a ultranza. Por eso, ante el riesgo de verse constreñidos por una situación que diera como resultado un parlamento y una jefatura del Estado en manos de los HH MM, han optado por emitir un decreto (que se convierte de facto en la nueva Constitución hasta que se apruebe en algún momento una digna de tal nombre) que les permite:
- Asumir el poder legislativo.
- Nombrar a los 100 miembros de la comisión que debe elaborar la nueva Constitución, en un plazo de tres meses.
- Reservarse el derecho de veto sobre cualquier artículo de dicha Constitución que sea “contrario al interés supremo del Estado”.
- Fijar la celebración de nuevas elecciones legislativas para después de la aprobación en referéndum de la nueva Constitución.
- Blindarse, con la absoluta inmunidad para sus miembros, ante cualquier instancia judicial.
- Asegurarse el control sobre la elaboración y ejecución del presupuesto.
- Mantener el poder de veto sobre cualquier posible declaración de guerra.
Si los HH MM aceptan jugar con estas reglas, podremos ver a Morsi convertido en nuevo presidente (con los poderes muy recortados). En caso contrario, podemos ya prepararnos para un nuevo pucherazo electoral que ponga a Shafiq como nueva cara de un régimen que siempre ha tenido a militares como figurantes principales. No parece que a la comunidad internacional le disguste esa posibilidad. O si no, ¿cómo se explica que Washington haya reactivado la ayuda (1.300 millones de dólares) a Egipto desde marzo pasado?