Jesús A. Núñez

Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

Los No Alineados de cháchara en Teherán

Por: | 28 de agosto de 2012

¿Qué anima a representantes de 120 de los 193 miembros de la ONU a reunirse esta semana en Teherán? ¿Qué significa hoy el Movimiento de Países No Alineados (MPNA)? ¿Qué busca el régimen iraní asumiendo la presidencia de esa organización durante los próximos tres años? Son muchas más las preguntas que cabe plantearse con ocasión de la XVI Cumbre de una organización que fue creada en 1961, en un intento por desmarcarse tanto de Washington como de Moscú y mientras surgían decenas de nuevos países que se libraban (al menos aparentemente) del yugo colonial.

En su arranque fueron tan solo 28 los países miembros, pero el rápido proceso de descolonización y el liderazgo de personajes históricos como Tito, Nehru y Naser- pero también Sukarno, Ho Chi Minh, Velasco Alvarado y hasta Gadafi- lo convirtió en un actor de cierto peso en la escena internacional, al menos hasta la última década del pasado siglo. Hoy, por el contrario, cabe cuestionar incluso su propio nombre: ¿no alineado con respecto a qué? Recordemos que, a diferencia de aquella época marcada por la confrontación entre dos bloques con pretensión hegemónica, vivimos en un mundo globalizado en el que el liderazgo estadounidense es cada vez más cuestionado. El pensamiento único que desafortunadamente nos define implica, entre otras cosas, que todos estamos metidos en el mismo saco (incluso China, con sus dificultades para gestionar un modelo de centralismo político y de economía de mercado). No hay, por tanto, bloques a los que pertenecer. ¿A qué bloque pertenecen los 73 que no están en el MPNA?

No es fácil imaginar qué une a regímenes tan diversos como los de Venezuela e Irán, por un lado, con los de India, Chile o Indonesia, por otro, sin olvidar a otros tan poco presentables como Zimbabue o Guinea Ecuatorial. ¿Sobre qué base se puede determinar que Arabia Saudí o Bielorrusia son países no alineados? En cuanto a su discurso, bien puede decirse que se ha ido perdiendo por el camino la esencia de su no militarismo, antiimperialismo, no injerencia en asuntos internos y apuesta por un nuevo orden económico internacional. Visto así, la presencia de tantos representantes políticos en Teherán parece responder al ya habitual juego teatral de turismo diplomático que no lleva aparejado ningún coste.

Para el régimen iraní, por el contrario, el mayor evento político que ha organizado desde su arranque en 1979, sí tiene sentido. Atosigado por una presión internacional que en última instancia busca su caída, el régimen pretende hacer ver que no está aislado y que es capaz de movilizar no solo a figuras como el primer ministro indio Manmohan Singh y al presidente paquistaní Asif Ali Zardari- que tendrán así una nueva oportunidad para explorar un acercamiento que rebaje la tensión entre ambos países-, sino también al flamante presidente egipcio Mohamed Morsi- en la primera visita de un jefe de Estado egipcio a Irán desde la ruptura de relaciones provocada tras el reconocimiento egipcio de Israel en 1979. Igualmente simbólico es que finalmente el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, haya decidido no atender a las presiones estadounidenses e israelíes, apostando por avalar el encuentro con su presencia.

Entre los 688 artículos que conforman el borrador que los expertos han preparado (26 y 27 de agosto) para la reunión de los Jefes de Estado y de Gobierno (30 y 31) figuran asuntos tan diversos como la crisis de Paraguay, el cambio climático, el desarme, la condena del sionismo, la lucha contra el terrorismo (del que Irán se declara la primera víctima) o la reforma de la ONU. Pero el tema que mayor atención ha suscitado ha sido el referido a Siria, con Irán sumamente interesado en demostrar sus capacidades como facilitador para la resolución de un conflicto tan peliagudo como este. No cabe esperar que salga nada concreto de la Cumbre- ni sobre este ni sobre ningún otro asunto-, pero Irán habrá logrado librarse por un momento del retrato de paria internacional que le han colgado. Dadas las crecientes dificultades que sufren en todos los órdenes, los casi ochenta millones de iraníes pueden pensar, entre otros, que el esfuerzo no ha valido la pena… aunque hayan disfrutado de cinco días de vacaciones forzadas.

¿Borrón y cuenta nueva en Somalia?

Por: | 22 de agosto de 2012

Si por algo ha asomado momentáneamente Somalia a los medios durante estos días ha sido por la noticia de la infortunada muerte de la atleta Samia Yusuf Omar, en su intento por llegar en patera a Italia durante este verano. Un caso como este nos basta para hacernos a la idea de cuáles deben ser las condiciones de vida en ese conflictivo país para que Samia, una campeona continental de los 100m, se arriesgara a una aventura de tal calibre, con el frustrado objetivo de proseguir su carrera deportiva.

Igual que cabe suponer que la inmensa mayoría de los nueve millones de somalíes ni se han enterado de esta muerte, es fácil apostar a que tampoco saben que desde el día 20 de agosto su país ha iniciado formalmente una nueva etapa. Y no lo saben porque tienen en sus cabezas otras preocupaciones más inmediatas- ligadas a la pura supervivencia y a la falta de seguridad para sus vidas.

Sea como sea, la comunidad internacional ha decretado pomposamente el fin del periodo transitorio iniciado hace ahora ocho años (a falta de que el Consejo de Seguridad de la ONU lo confirme el próximo día 28), con la eliminación del Gobierno Federal Transitorio. Cuando se toma en consideración el hecho de que Somalia acumula ya más de veinte años de subdesarrollo, violencia y caos, el balance de este periodo no puede ser en ningún caso positivo. Y eso aunque haya que reconocer que se ha conseguido una cierta mejora de la seguridad en este último año, en la medida en que se ha logrado reducir la capacidad operativa del grupo Al Sahbaab, tanto en la capital como en algunas zonas del país.

Pero mirando al futuro son tantas las asignaturas pendientes y tantos los retos a los que se enfrenta la población somalí que resulta muy aventurado suponer que será posible hacer borrón y cuenta nueva para convertir a Somalia en un Estado federal en el que tengan acomodo sus diversos actores (con Puntlandia y Somaliland como elementos más delicados) y en el que sea posible cubrir las necesidades básicas del conjunto de la población en un entorno de seguridad aceptable.

De momento la agenda conocida establece la necesidad de aprobar una nueva Constitución- acordada inicialmente el pasado día 1-, elegir un nuevo parlamento- en un proceso todavía inconcluso para seleccionar (no elegir) provisionalmente a 275 representantes en la Cámara baja y a 54 en la Cámara Alta-, elegir un nuevo presidente del parlamento y un nuevo presidente del país- por decisión del parlamento entre los 35 candidatos ya registrados, con el saliente Sharif Sheikh Ahmed y el saliente primer ministro Abdiweli Mohamed Ali como favoritos. Todo esto debe llevar a la designación de un nuevo gobierno, que junto al parlamento provisional debe convalidar la Constitución para que sea sometida posteriormente a referéndum nacional y a nuevas elecciones (todo ello en el horizonte de 2016).

Como bien puede deducirse a simple vista, se trata de un complejo proceso a desarrollar en un territorio fragmentado, con varios focos de conflicto todavía abiertos (de hecho, el primer objetivo de las nuevas autoridades será lograr un control efectivo más allá de Mogadiscio) y con las escasas fuerzas en manos de quienes ahora apuesten por consolidar este nuevo periodo. Es por eso por lo que resultará vital contar con la implicación de la comunidad internacional, en un difícil equilibrio para evitar injerencias internas (recordemos que, además de la Unión Africana con AMISOM, Etiopia y Kenia tienen actualmente tropas desplegadas en Somalia) y para acompañar el proceso con una condicionalidad que atienda a la creación de una entidad representativa de toda la población y no a los intereses particulares de cada actor externo.

La lista de tareas a realizar es interminable- desde activar una economía lastrada por la corrupción y la criminalidad organizada hasta poner en pie una administración civil y militar al servicio de la sociedad y subordinadas a un poder político no excluyente. Somalia se juega dejar de ser el prototipo de Estado fallido y los somalíes, como nos enseña el ejemplo de Samia, se juegan directamente su vida en el envite. Van a necesitar mucho más que suerte.

El País

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