Acostumbrados
desde hace un tiempo a que España aparezca habitualmente mal colocado en
cualquier ranking mundial, resulta tentador aprovechar las escasas ocasiones en
las que figura en posiciones destacadas para alimentar nuestra dañada
autoestima. En ese error podrían caer algunos al conocer que, según un informe
que acaba de publicar el Servicio de Investigación del Congreso estadounidense
(Conventional Arms Transfers to Developing Nations 2004-2011), España ha sido el
décimo exportador mundial de armas a los países en desarrollo en el periodo
2004-11. En esos años España ha suscrito acuerdos de suministro a dichos países
por un total de 4.400 millones de dólares (unos 3.505 millones de euros al
cambio actual) y ha entregado efectivamente armas y material de defensa por un
total de 2.700 millones de dólares (en torno a 2.115 millones de euros). Como
apunte más actual, el mismo informe confirma que, en 2011, ocupó la sexta
posición mundial como suministrador efectivo a estos países.
En realidad, España ya viene figurando en lugares preeminentes en el mercado mundial de armas desde hace años. Con algunas diferencias entre las fuentes clásicas de referencia en esta materia- derivadas de las diferentes varas de medida utilizadas en un ámbito en el que no resulta sencillo disponer de información fidedigna sobre las transacciones realizadas-, nuestro país ocupa entre el sexto y el noveno puesto como exportador mundial de material de defensa a todo tipo de países, acaparando en torno al 2,6% del comercio planetario.
El preocupante matiz que añade el informe estadounidense es que se refiere a las ventas realizadas a países que sufren con mayor frecuencia conflictos violentos. Visto así, no parece que quienes se interesan en colocar sus productos en manos de actores armados de esos países estén pensando precisamente en la paz mundial.
Y esto vale, por si alguien necesita un consuelo mirando lo que hacen los demás, tanto para las empresas españolas como para las de otros selectos productores (con EE UU, con el 77,7% de todos los suministrados efectivamente entregados, y Rusia, con el 5,6%, en los dos primeros puestos en 2011). El hecho más evidente de esta tendencia a vender a cualquiera interesado en adquirirlas- en un comportamiento guiado por la máxima de que “si no lo vendo yo, lo hará otro con menos escrúpulos”- es que el 83,9% de todos los contratos de armas firmados en 2011 se hicieron precisamente con estos países (para la totalidad del periodo analizado el porcentaje sigue siendo de un alarmante 73,7%).
Para descargar las conciencias de las empresas españolas que actúan de este modo (con el apoyo activo de quienes tienen la responsabilidad gubernamental de hacer cumplir la Ley 53/2007, que regula este comercio) siempre se puede decir que otros- Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña, China, Alemania, Israel, Italia y Ucrania- han estado más implicados en esta actividad durante la etapa analizada en el citado informe. Y así algunos podrán incluso alardear de la destacada posición mundial que ocupamos.
Quien no se consuela es porque no quiere.