Jesús A. Núñez

Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

Cuando no pasa nada

Por: | 31 de diciembre de 2012

Parece inevitable que al acercarse el final de cada año se repiten los balances de los hechos más llamativos de la agenda nacional e internacional, en una secuencia cronológica (subjetiva por definición) que apenas sirve para constatar las diferentes varas de medida que cada uno emplea para valorar un suceso como importante. Igualmente, se repiten los textos de política-ficción, que se atreven a augurar lo que nos deparará el año venidero, cayendo en una tentación profética condenada por lo general al fracaso (¿recuerdan la sorpresa de la caída del muro de Berlín o los trágicos atentados del 11-S?).

Y eso ocurre en unos días en los que también parece ablandarse la conciencia ciudadana, mientras nos inunda un sobrevenido buenismo que inmediatamente quedará sepultado en cuanto se cierre el paréntesis navideño. En medio de todo ello y cuando parece equivocadamente que no pasa nada, son muchas las cosas que siguen ocurriendo sin que se les preste la atención debida, aunque solo sea porque somos habitantes de un mundo global afectados inevitablemente por todo lo que acontece en cualquier rincón del planeta.

Ocurre, por ejemplo, que:

-      También hoy (como todos los días del año) morirán no menos de 150.000 personas en el mundo. De ellas, al menos 24.000 serán provocadas por el hambre- una de las mayores vergüenzas de nuestros días si tenemos en cuenta que hay alimentos suficientes para los 7.000 millones de seres humanos que lo habitamos. El hambre crónica afecta, según la FAO, a unos 1.000 millones de personas.

-      Unos 2.600 millones de personas seguirán sin tener un simple retrete a su alcance, lo que se traduce en la contaminación de aguas potables por aguas fecales o, lo que es lo mismo, en la muerte diaria de 6.000 personas por diarrea. Unos 1.100 millones de personas viven sin acceso a agua potable.

-      Según la UNESCO, en torno a 61 millones de niños (de los cuales un 53% son niñas) no están escolarizados. Se les niega así no solo un derecho fundamental sino que se les condena a no poder salir de la pobreza extrema, cuando sabemos que la educación es una de las apuestas más seguras para mejorar el bienestar y la seguridad individual y colectiva en cualquier lugar del mundo.

-      El gasto militar mundial sigue al alza, superando ya los 1,5 billones de dólares, siguiendo una pauta históricamente errónea que consiste en creer que más armas equivalen a más seguridad. La renacionalización de la seguridad y la defensa se acelera tanto en Latinoamérica como en el sudeste asiático, en una carrera armamentística sin freno a la vista, mientras sigue pendiente el reforzamiento de las capacidades preventivas necesarias para cerrar la creciente brecha de desigualdad que constituye el principal factor belígeno de nuestros días.

-      Un litro de gasolina consumida seguirá lanzando 2,3 kilos de dióxido de carbono a la atmósfera, en un proceso que hace cada vez más agudo el proceso de cambio climático en el que ya estamos ¿irreversiblemente? metidos. No se trata ya de que estamos hipotecando la vida de las generaciones futuras sino la de quienes ya habitamos el planeta; y, sin embargo, todo indica que el carbón seguirá siendo la principal fuente de generación de energía y que la demanda energética seguirá aumentando nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

-      Al menos 1.000 millones de personas viven en la extrema pobreza, viendo diariamente negados sus derechos más básicos en educación, alimentos y servicios de salud. Sin caer en el simplismo de sostener que la pobreza deriva inevitablemente en la violencia, es innegable que la insatisfacción sostenida de las necesidades elementales del ser humano alimenta proceso de inestabilidad que con demasiada frecuencia desembocan en inseguridad y conflicto.

La lista puede continuar hasta el infinito añadiendo rasgos que conforman el día a día de muchas personas a las que se les niega radicalmente su futuro. Son muchas las señales que nos muestran la insostenibilidad de un modelo brutalmente desigual (en el que nosotros seguimos siendo privilegiados), fundamentado en la explotación de unos sobre otros. Ya hace mucho que aprendimos que para que unos (nosotros) sean desarrollados, otros (los que están fuera de nuestras fortalezas) tienen que ser subdesarrollados. Y todo eso ocurre ante nuestros ojos, centrados en el corto plazo y en lo más próximo, mientras no pasa nada.

Diseñando el Afganistán postOTAN

Por: | 20 de diciembre de 2012

Por primera vez desde el inicio de la invasión estadounidense de Afganistán (octubre de 2001) se da a conocer que representantes de los talibán y de la Alianza del Norte, junto a enviados del gobierno de Hamid Karzai, han decidido reunirse públicamente. Con la Fondation pour la Recherche Stratégique como anfitriona, el encuentro de tres días comenzó el día 19 en una localidad cercana a París. Su intención no declarada es explorar un posible acuerdo de reparto del poder tras la prevista retirada de las fuerzas militares internacionales a finales de 2014.

A pesar del tiempo transcurrido no cabe imaginar que ambos actores hayan olvidado su abierta enemistad, en la medida que los talibán lograron expulsar de Kabul en 1996 a la Alianza del Norte- hasta arrinconarla en el valle del Panchir-, para imponer su régimen en alianza con Al Qaeda hasta que la maquinaria militar estadounidense logró colocar a Hamid Karzai como nuevo gobernante a partir del 22 de diciembre de 2001 y hasta hoy.

Un Karzai que ha terminado por ganarse la animadversión de ambos actores, lo que contribuye a explicar en buena parte este actual acercamiento. Por encima de eso, cuenta principalmente el interés mutuo por hacerse con toda (o la mayor parte) del poder que entienden que se va a repartir nuevamente en Afganistán tras el anunciado abandono del país por parte de la ISAF.

Aunque la inminente retirada de Karzai de la escena política- dado que no podrá presentarse a las elecciones presidenciales del próximo año- genera expectativas a ambos grupos de convertirse en los nuevos amos del país, también crea una mayor incertidumbre al no poder asegurarse la victoria en dichas elecciones, por muchas que sean sus tácticas para forzar a sus acólitos a votar por sus candidatos. Esa es también una enorme inquietud para la comunidad internacional, puesto que un nuevo presidente contrario a sus cálculos (que incluyen la permanencia de tropas estadounidenses más allá de 2014 en el marco de un acuerdo bilateral ya firmado) puede desbaratar los planes de Washington y otros gobiernos de garantizar una salida digna a las tropas internacionales y una estabilidad posterior que impida que Afganistán vuelva a convertirse en una amenaza.

La Alianza del Norte- mayoritariamente tayika, aunque con otras minorías representadas en su seno- gozó inicialmente de los favores internacionales, empleada como “carne de cañón” local contra los talibán y Al Qaeda-, pero se volvió a disgregar posteriormente en medio de peleas internas y marginación por parte de Karzai. Desde entonces no ha logrado recuperar su fuerza originaria- cuando era comandada por el legendario comandante Shah Masud, asesinado el 9 de septiembre de 2001 por elementos afines a los talibán- y no resulta fácil que lo logre si se tiene en cuenta las innumerables rencillas y traiciones mutuas entre sus líderes- unos convertidos hoy en “señores de la guerra” y otros todavía aferrados al débil sistema de poder creado en torno a Karzai.

Por su parte, los talibán solo cuentan con sus armas para tratar de recabar apoyos suficientes para volver a tocar poder. No han desarrollado- a diferencia de grupos como Hezbolá o Hamas- una labor social organizada que les permita ganarse las simpatías de la población. Por el contrario, han cultivado una imagen que provoca rechazo en gran medida entre la población afgana, y solo a través del temor (y del dinero que manejan a partir de los beneficios que les reporta el narcotráfico) consiguen apoyos. Aunque últimamente se empeñan en mostrar su alejamiento de Al Qaeda, todavía no han logrado su reconocimiento como actor político (hoy están en las litas de organizaciones terroristas). Necesitan además crear un movimiento político unificado que pueda competir por el poder en la escena electoral, algo difícil de lograr en el corto plazo que resta hasta las elecciones de 2013.

La reunión en suelo francés sigue a otras secretas que se han producido hasta ahora y, a buen seguro, tendrán continuidad a corto plazo dado que ninguno de los asistentes tiene garantías para quedarse con toda la tarta. Mientras tanto, seguirá la violencia- tratando de llegar en posición de fuerza a la mesa de negociaciones-, sin que ninguno de ellos tenga especial interés en que la democracia o el respeto de los derechos humanos sean temas de la agenda.

Corea del Norte saca pecho

Por: | 15 de diciembre de 2012

Fiel a su estilo, el régimen norcoreano ha vuelto abruptamente a la escena internacional con el lanzamiento de un satélite, haciendo saltar las alarmas ante lo que se ha interpretado inmediatamente como una nueva amenaza a la paz mundial (dado que la operación esconde en la práctica un ensayo de lanzamiento de un misil balístico intercontinental). Sin olvidar que tanto en clave interna como externa el régimen de Pyongyang deja mucho que desear en cuanto a su preocupación por el bienestar y la seguridad de sus más de 24 millones de hambrientos ciudadanos y a las relaciones con sus vecinos, este gesto de innegable tufo militarista supone:

-      Un éxito para el régimen y, de forma aún más directa, para Kim Jong Un en su intento por consolidar su propia base de poder. Basta recordar que es la primera vez que consigue situar un satélite en órbita, después de los múltiples fracasos cosechados desde 1998. En definitiva, demuestra que “quien quiere, puede”, aunque sea al brutal coste de empobrecer a la nación, concentrando sus escasos recursos en una tarea que supone el abandono de muchas otras que, desde la perspectiva de la seguridad humana, se consideran mucho más necesarias.

-      La existencia de un elemento añadido de disuasión, no tanto contra Corea del Sur y Japón sino incluso contra Estados Unidos. El cohete Unha-3, de tres fases con combustible líquido (a diferencia de la mayoría de los ICBM), tiene un alcance estimado entre 10.000 y 13.000 kilómetros. Esto supone que, siguiendo una órbita polar, puede alcanzar territorio estadounidense; lo que constituye por sí mismo un elemento adicional de preocupación para Washington. Es bien conocido que el principal factor de disuasión frente a Corea del Sur es el muy numeroso arsenal de artillería convencional (cañones, obuses, cohetes y misiles) que tienen a Seúl bajo su radio de acción. Pero frente a EE UU, el simple hecho de contar con un artefacto que puede hipotéticamente alcanzar su suelo, complica aún más la labor de los planificadores estadounidenses para neutralizar la permanente amenaza que transmite un país convertido desde hace mucho en un paria internacional.

-      Pyongyang está más cerca de contar con un arma nuclear operativa, pero todavía no ha llegado a ese punto. En su haber solo figuran dos pruebas nucleares (2006 y 2009) y, ahora, un lanzamiento exitoso del Unha-3. Pero eso no equivale a disponer de la tecnología necesaria para construir una cabeza nuclear y para armar un cohete en condiciones de dar un golpe preciso. Dicho de otro modo, el régimen norcoreano está empeñado en ese camino, pero aún no ha llegado a la meta.

-      Más allá de que resulte una llamativa manera de celebrar su primer aniversario al frente del país, Kim Jong Un ha logrado de un solo golpe incrementar su ascendiente entre la élite que oficialmente encabeza y la seguridad del régimen frente a sus adversarios exteriores. Aunque cabe imaginar que la tan previsible (como inoperante) condena internacional frenara los contactos a corto plazo, para la próxima ronda de negociaciones Corea del Norte cuenta ahora con más cartas en su mano para negociar con sus adversarios. China- en su calidad de principal mentor político, pero también económico y militar- sigue siendo la baza preferente para intentar modificar el rumbo desestabilizador de un régimen que parece dispuesto a mantener su desafiante rumbo.

Por desgracia el (macabro) juego no parece que vaya a terminar a corto plazo.

La Convención de desplazados arranca en África

Por: | 10 de diciembre de 2012

Desde el pasado día 6- y como un anticipo bienvenido del Día Internacional de los Derechos Humanos que hoy se celebra- África puede contar ya con la Convención de la Unión Africana para la protección y asistencia de personas desplazadas internas como un instrumento de referencia para atender a uno de sus importantes problemas humanitarios y de seguridad. Basta con recordar que, según las cifras que aporta el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en el continente se localizan no menos de 9,7 millones de personas desplazadas[1], forzadas a abandonar sus lugares de residencia- sea como resultado de una catástrofe natural o de un conflicto violento-. Al no haber podido atravesar una frontera internacional su vulnerabilidad es, en general, mayor que la que afecta a los refugiados porque el manto protector y asistencial (cada vez más precario, en todo caso) del ACNUR apenas les alcanza, quedando al albur de unos gobiernos que no siempre son sensibles a sus necesidades y que, en demasiadas ocasiones, se convierten en los principales violadores de sus derechos.

Con la firma de Suazilandia (el pasado 12 de noviembre) se cumple ya la condición establecida en el texto de la llamada Convención de Kampala- por haber sido acordada en la capital de Uganda, el 23 de octubre de 2009-, que fijaba su entrada en vigor en el momento en que hubiera quince países miembros de la UA que ratificarán el texto.

La Convención de Kampala es una referencia histórica dado que:

  • Es el primer instrumento internacional legalmente obligatorio en materia de protección y asistencia de desplazados internos que engloba a todo un continente;
  • Establece un marco legal integral que contempla varias causas de desplazamiento- incluyendo los conflictos violentos, los desastres naturales y los macroproyectos públicos-, fijando además un conjunto integral de derechos y estándares;
  • Identifica a los Estados como los principales responsables en la tarea de respetar, proteger y satisfacer los derechos de los desplazados internos y encontrar soluciones para ellos; y
  • Demanda una acción nacional y regional para evitar posibles desplazamientos (introduciendo un enfoque preventivo muy apreciable), así como una cooperación no solo entre los Estados firmantes sino también con las organizaciones internacionales y la sociedad civil para asegurar la protección y asistencia de los desplazados.

En todo caso, la Convención no es más que un primer paso, al que deben seguir muchos otros para lograr que sea un mecanismo efectivo en la gestión y solución de los múltiples problemas que sufren actualmente esas personas. Por un lado, basta con recordar que en el mundo westfaliano en el que seguimos viviendo, son muchos los gobiernos que siguen viendo la cuestión de los desplazados como un asunto exclusivamente interno. De ahí se deriva una notable resistencia a admitir sin reservas cualquier iniciativa promovida por la comunidad internacional (o, en este caso, por la UA), dado que todavía son muchos los Estados que la percibirían como una injerencia en sus propios asuntos, aferrados a un concepto de soberanía que choca en buena medida con el que se contempla en el principio de responsabilidad de proteger.

Por otro, cabe recordar que todavía faltan por firmar la Convención países como Argelia, Botswana, Camerún, Egipto, Kenia, Libia, Madagascar, Malawi, Marruecos, Mauritania, Sudán, Sudán del Sur y Suráfrica. Todavía peor, ni la República Democrática del Congo- que alberga no menos de 1,7 millones de desplazados- ni Somalia- con no menos de 1,46- han ratificado todavía el documento; mientras que Sudán- con un volumen estimado en 2,2 millones de desplazados- ni siquiera lo ha firmado. Es evidente que si esos tres países, que acumulan más de 5 millones de desplazados, no cambian de opinión a corto plazo será muy difícil augurar un futuro positivo a un documento que, de cualquier manera, hay que recibir con satisfacción.



[1] De un total mundial estimado en 26,5 millones de personas

Convulsión polarizada en Egipto

Por: | 05 de diciembre de 2012

El proceso de cambio político iniciado con la caída del dictador Hosni Mubarak está todavía lejos de alumbrar un sistema democrático. Con el partido Justicia y Libertad, promovido por los Hermanos Musulmanes (HH MM), convertido en la principal fuerza política- con el añadido incómodo de los salafistas de Al Nur-, todavía quedan por superar pruebas muy delicadas, que determinarán si finalmente Egipto se convierte en la primera democracia de la historia en el mundo árabe o si opta por el lampedusiano modelo de retocar apenas la fachada del actual sistema para seguir siendo un régimen autoritario.

El país vive un acelerado proceso de polarización política a tres bandas, en el que el islamismo político, con el presidente Mohamed Morsi a la cabeza, ha cobrado cierta ventaja, tratando de aprovechar su tirón popular para dibujar un nuevo régimen acorde con sus planteamientos ideológicos. Por su parte, los elementos más afines al régimen anterior no han desaparecido de la escena, reteniendo una moderada cuota de poder en las dos cámaras parlamentarias y ostentando un notable poder en la judicatura (alrededor del poderoso Club de Jueces). En este mismo campo hay que añadir a buena parte de los mandos militares, que siguen siendo actores importantes no solo en la escena política sino también en la económica, preocupados fundamentalmente por mantener tanto sus privilegios históricos como el statu quo que ha hecho de Egipto un vecino contemplativo de Israel y un gestor inofensivo del estratégico Canal de Suez. Por último, la diversidad de grupos y líderes revolucionarios que se distinguieron por su activismo contra Mubarak y a favor de la democracia son, con diferencia, los que menor fuerza tienen actualmente como resultado directo de su menor experiencia en el juego político y de su escasa capacidad para traducir en votos el favor popular que propició la caída del anterior rais.

En el alumbramiento de un posible nuevo Egipto cada uno de estos tres actores mueve sus fichas pensando en el mejor modo de lograr sus objetivos. Los llamados revolucionarios apenas tienen el recurso a la movilización popular, con Tahrir como símbolo central de su capacidad para influir en el rumbo político del país. Aunque han logrado que decenas de miles de egipcios vuelvan a la emblemática plaza, no parece que los actuales detentadores del poder vayan a cambiar su rumbo bajo esta soportable presión.

Otra cosa bien distinta es el reto que los jueces pueden plantear tras los cuatro decretos emitidos por Morsi el pasado día 22. En primer lugar, todavía recuerdan que ya fueron capaces de doblegar al presidente cuando éste intentó activar el parlamento, desatendiendo la decisión del Tribunal Constitucional de declarar parcialmente disuelta la cámara. También recuerdan como fueron capaces de impedir el cese del fiscal general del Estado, Abdel Maguib Mahmud, nombrado en su día por Mubarak, cuando Morsi quiso dar un golpe de mano para subordinar a la judicatura a su poder. Ahora, con su pretensión de ponerse por encima de todo control judicial y su nuevo intento de cesar a Mahmud, Morsi pretende aprovechar el momentáneo prestigio logrado por su mediación en la crisis de Gaza para despejar el horizonte político para los HH MM y para sus planes de reconversión de Egipto en un país regido por la ley islámica.

En el calendario político inmediato queda por ver si finalmente se celebra el referéndum inicialmente convocado para el próximo día 15, que debe ratificar la nueva Constitución sancionada por Morsi el pasado día 1- que definirá los poderes reales del presidente y el lugar que la sharia ocupará en el entramado legal del nuevo régimen. Posteriormente será necesario celebrar nuevas elecciones legislativas y presidenciales, todo ello durante el próximo año. Para que este proceso pueda desarrollarse sin añadir más obstáculos de los que ya existen hoy, Morsi ha tratado de evitar que el Tribunal Constitucional se atreva, como ya se daba prácticamente por seguro, a invalidar la totalidad de los resultados de las dos cámaras parlamentarias, lo que obligaría a volver a la casilla de salida de un juego en el que los HH MM carecen de suficientes apoyos para imponer su agenda.

Así acaba de verse, una vez más, cuando Morsi ha solicitado directamente a las fuerzas armadas que protejan las sedes del partido Justicia y Libertad e incluso del propio palacio presidencial (del que Morsi ha tenido que escapar ayer mismo). La respuesta militar- similar a la que utilizaron durante las semanas de movilización popular que provocaron la caída de Mubarak, aduciendo que ellos solo están para proteger al pueblo y a la tierra de Egipto- muestra que Morsi está muy lejos de ser el comandante en jefe.

El País

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