Jesús A. Núñez

Al Maliki suma y sigue en Irak

Por: | 20 de mayo de 2014

UntitledLos datos que la Comisión Electoral Independiente acaba de dar a conocer sobre las elecciones celebradas el pasado 30 de abril- terceras desde la caída del régimen de Sadam Husein y primeras sin la presencia de tropas extranjeras- permiten establecer algunos puntos relevantes para entender el presente e inmediato futuro de Irak. En esencia se trata de que:

-         La violencia sigue siendo un rasgo permanente. A pesar del amplio despliegue de seguridad la afluencia a las urnas se vio salpicada por la muerte violenta de al menos 34 personas en diferentes partes del país. Esta es solo una muestra más del generalizado deterioro que afecta especialmente a las provincias de Al Anbar y Saladino, pero que también afecta a la capital y a otras zonas fronterizas con Siria. Desde que comenzó el año se ha contabilizado una media diaria de 25 muertes violentas, lo que cuestiona directamente la capacidad del gobierno liderado por Nuri al Maliki para hacer frente a grupos yihadistas como el Estado Islámico de Irak y Levante, pero también a las milicias suníes que se oponen a un gobierno que consideran abiertamente sectario.

-         La participación electoral ha pasado del 62,4% en 2010 al 60% en esta ocasión. Sea como resultado de la situación de inseguridad de algunas provincias, de los llamamientos de algunos clérigos suníes a la abstención o de las amenazas directas de grupos armados contra los votantes y los candidatos, el hecho es que los 20,5 millones de votantes se han movilizado en menor medida que en ocasiones anteriores para elegir de entre los 9.032 candidatos (agrupados en 276 partidos y coaliciones) a los 328 nuevos diputados del Consejo de Representantes. Esta disminución, como ya era previsible, ha sido más acusada en las zonas de mayoría suní y kurda, como una señal más de la permanencia de los esquemas grupales tradicionales por encima de los intentos por consolidar opciones transversales que rompan los rígidos marcos tribales o comunales que conforman Irak (tanto religiosos- entre la mayoría chií y los ahora discriminados suníes- como étnicos- entre la mayoría árabe y la minoría kurda).

-         A pesar de la victoria relativa del bloque liderado por Al Maliki (con 93 escaños, mientras ningún otro partido en solitario ha logrado superar la barrera de los 30), todo apunta a que se volverá a complicar la tarea de conformar una mayoría parlamentaria sólida. Hace cuatro años fueron necesarios 249 días para lograr el acuerdo que posibilitó un segundo mandato de Al Maliki- lo que supuso un duro golpe para Ayad Allawi (también chií, favorito de Washington y vencedor en número de votos y que ahora ha obtenido únicamente 21 escaños). Al Maliki es consciente de que necesita, en primer lugar, el apoyo de otros actores chiíes (como Muqtada al Sader, con 29 escaños, y Ammar al Hakim, con 28); pero también el de algunos representantes kurdos (el partido de Masud Barzani ha logrado 25 y el de Jalal Talabani otros 21) y hasta suníes (tratando de aprovechar su fragmentación interna, aunque en esta ocasión se han comprometido a votar como un bloque unido). Cabe pensar que será una negociación compleja como consecuencia de un balance de gestión claramente autoritario, discriminador y escasamente eficiente a la hora de mejorar el nivel de vida de los casi 33 millones de iraquíes.

-         La injerencia externa seguirá definiendo la agenda nacional. Irán es, desde la caída de Sadam Husein, el actor extranjero más relevante en la vida política iraquí, aprovechando el poder adquirido en estos años por la comunidad chií. Para Teherán no solo se trata de neutralizar la amenaza que tradicionalmente representa un país que pugna igualmente por el liderazgo regional, sino de asegurar la implicación de Bagdad en el apoyo al régimen sirio de Bachar el Asad. Para lograr ese necesario alineamiento irano-iraquí cuenta evidentemente con Al Maliki; pero, si este no logrará los apoyos suficientes, dispone de más bazas (de hecho, ya se habían producido contactos con Allawi, en previsión de que finalmente pudiera ser él quien terminara por recabar más apoyos). En realidad, a Teherán le basta con que sea un chií quien siga al frente de Irak, y de ahí que su preocupación actual sea evitar que las fracturas internas creadas por Al Maliki acaben por arruinar la posibilidad de un acuerdo y entreguen el poder a alguna otra figura menos maleable.

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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