Jesús A. Núñez

Irán va a por todas

Por: | 21 de junio de 2014

1325873783_489359_1325874887_noticia_normalLa agenda externa iraní se acelera por momentos, tanto debido a sus propios cálculos como a la necesidad de reaccionar a dinámicas que afectan a sus intereses vitales. Así se pone de manifiesto de manera destacada en al menos tres frentes: las negociaciones sobre su programa nuclear, Siria e Irak.

En el primer caso, el día 16 se han vuelto a retomar las negociaciones entre el equipo dirigido por el ministro de exteriores, Mohamed Javad Zardari, y los representantes del llamado P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania). Tras los contactos bilaterales de la semana anterior con Estados Unidos, Francia y Alemania- que muestran un interés real por superar las dificultades- se ha iniciado así la última etapa de un proceso que debería concluir el próximo 20 de julio con un acuerdo global que satisfaga a ambas partes. Aunque se percibe la voluntad de todos los participantes por llegar a buen puerto, se va imponiendo la idea de que no será posible cerrar todos los puntos del posible acuerdo, por lo que probablemente se acordará una prórroga (ya contemplada en el plan de acción aprobado en noviembre pasado) de otros seis meses.

Irán necesita aliviar la presión a la que está siendo sometido por las sucesivas rondas de sanciones que dañan sensiblemente su economía, sumida en una crisis que puede poner en peligro la estabilidad del régimen. Parece llegado, en consecuencia, el momento en el que Teherán tendrá que abrir de manera más decidida sus puertas a los inspectores de la AIEA, aceptando algunos retoques en su programa nuclear- como de hecho ya parece reconocer al rebajar los planes de construcción del reactor de agua pesada de Arak-, con la condición de que se le permita seguir enriqueciendo uranio a un nivel menor al actual.

Al mismo tiempo, en el frente sirio, Teherán se apresura a aprovechar los resultados de las elecciones presidenciales que han vuelto a otorgar la victoria a su aliado, Bashar el Asad. En buena medida parecería que Irán está pretendiendo jugar en Siria el mismo papel que en su día este último jugó en Líbano. De ahí que, mientras mantiene el apoyo político y militar al régimen, planteé ahora un nuevo plan de paz que demanda un cese inmediato de las hostilidades, la creación de un gabinete de unidad nacional que integre a opositores sirios que se encuentren actualmente en el país (lo que deja fuera de inmediato a todos aquellos que actúan desde el exterior, que son precisamente los más activos contra el régimen alauí) y una reforma constitucional que reduzca los poderes presidenciales y contemple la inclusión de un suní como primer ministro. Al mismo tiempo, establece la inmunidad para el clan de los Asad y sus más fieles servidores y abre la posibilidad de crear partidos políticos de diferentes ideologías. En este intento por encajar todas las piezas de un rompecabezas tan complejo como el sirio, las autoridades iraníes son conscientes de la necesidad de llegar a un entendimiento básico con actores tan importantes en el conflicto sirio como Arabia Saudí y Turquía (a donde el propio presidente Hasan Rohani ha viajado recientemente).

Por último, la ofensiva violenta del Estado Islámico de Irak y Siria (EIIS) en diversas zonas del norte iraquí (con Mosul como foco de atención principal) también está obligando a Teherán a reactivar sus peones en defensa de su aliado local, el primer ministro Nuri al Maliki. Irán, empeñado en la supervivencia del régimen y en la consolidación de su liderazgo a nivel regional, no puede dejar caer una pieza tan importante como Irak. De ahí que, por un lado, active todos sus recursos para conformar una nueva mayoría chií al frente del gabinete ministerial (con o sin Al Maliki) a la cabeza, acomodando las diferencias internas entre políticos chiíes que no parecen inicialmente dispuestos a aceptar un nuevo mandato de quien identifican como el principal responsable de las negativas derivas que vive Irak.

Por otro lado, se muestran dispuestos a movilizar aún más a sus propios pasdaran (la Fuerza Al Qods, especialmente) para sumarse a la lucha contra los yihadistas que siguen avanzando hacia Kirkuk y hasta Bagdad. E incluso, como una muestra más del pragmatismo que define a la presidencia de Rohani, se va dibujando en el horizonte una imprecisa (pero bien visible) colaboración con Estados Unidos, igualmente interesado (aunque sea por otros motivos) en evitar el colapso del gobierno iraquí, para sumar fuerzas en el intento por frenar la amenaza que representa el EIIS. Este último apunte refuerza la idea de que el acercamiento entre Washington y Teherán es una dinámica que ambas capitales están tomando muy en serio.

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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