Radiografiando la eurobanca

Por: | 23 de octubre de 2014

EL BCE acaba de publicar el destacable informe Banking Structures Report en el que, como en otros años, analiza la situación y los cambios operados en la estructura de mercado del sistema bancario de la eurozona. Déjenme que, como aperitivo y para contextualizar la copiosa información que sobre la salud del mismo hará pública este próximo fin de semana[1], desgrane a partir de dicho informe algunas observaciones que al respecto de dicha estructura me parecen más que interesantes.

  1. A finales de 2013 el censo de entidades bancarias de la eurozona era de 5.948 habiéndose reducido en más de 700 las existentes en 2008, al inicio de la crisis. Durante ésta se aceleró el proceso de concentración, pero de forma heterogénea por países y, en cualquier caso, dominando la integración de entidades locales dentro de cada uno de ellos.
  2. El volumen de activos bancarios se redujo un año más en este periodo; hasta 26,8 billones de euros desde los 33,5 billones de 2008. Esta reducción ha estado impulsada por la “limpieza” de los balances bancarios y por el proceso de desapalancamiento en el que ha estado inmerso el sector. Curioso es que buena parte de la reducción, nada menos que un 50% aproximadamente, está relacionada con la contracción de las posiciones en derivados mantenidas por grandes entidades muy orientadas a la banca de inversión (y muy localizadas en algunos países, Alemania singularmente). 
  3. Es obvio que estamos extremadamente lejos de un verdadero mercado bancario integrado en la eurozona. Basta poner de manifiesto que en los cinco países donde se concentra el 80% de los activos de la eurozona (Alemania, Francia, Italia, España y Holanda) el mercado está dominado completamente por bancos locales. Estos acaparan, sin excepción, en torno al 90% de los activos bancarios de cada país. Por añadidura, los modelos de negocio (particularmente los minoristas) difieren sustancialmente entre ellos: a) grandes diferencias en cuanto al censo bancario (1.734 entidades en Alemania por 204 en España, por ejemplo), b) también en el grado de concentración en número de operantes (31% del total de activos las cinco primeras entidades alemanas, por el 56% de las cinco primeras españolas),  c) los ratios relativos de número de oficinas (2.271 personas “atendidas” por cada una en el primer caso por 1.362 en el segundo) y, finalmente, d) ratios de empleados donde, por el contrario, la población o el volumen de activos por cada uno son significativamente menores en Alemania que en España. 
  4. Junto a estas notables diferencias estructurales, que se reflejan en la composición de balances, ratios de eficiencia y cuentas de resultados dispares, en la que desde luego incide también poderosamente la situación diferencial en términos de coyuntura económica de cada país, conviven sin embargo tendencias comunes en la mayoría de los sistemas de la eurozona. Piénsese por ejemplo en la progresiva reducción de la dependencia de la financiación mayorista frente al aumento de la financiación vía depósitos de la clientela, la mejoría relativa de los márgenes y de la eficiencia o el aumento significativo de los niveles de solvencia (hasta niveles cercanos al 13% desde niveles cercanos al 8% en 2008) merced tanto a la reducción de los activos ponderados por riesgo como al aumento del capital.20141023 DM Evolucion Tier I eurobanca

20141023 DM Indicadores capacidad eurobanca

20141023 DM Concentracion eurobanca en 5 grandes nacionales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La regulación y supervisión común de las entidades bancarias del área probablemente ayuden a intensificar algunas de estas y otras tendencias comunes, pero no es menos cierto que pervivirán aún durante mucho tiempo algunas de las diferencias idiosincráticas nacionales apuntadas. Todavía están por ver verdaderos procesos de concentración transnacionales dentro de la eurozona que propicien que los servicios bancarios dentro de la misma se presten de manera más permeable, común e integrados.

Acabará formando parte de las “preocupaciones” del nuevo supervisor compartido, el BCE.  No obstante, es difícil que su atención inicial vaya más allá de velar por la salud de las distintas especies que ahora conforman la fauna bancaria bajo su supervisión. De dicha salud, por cierto, este próximo domingo conoceremos un rico diagnóstico individual referido a los 123 bancos mas representativos, bancos que acumulan el 85% de los activos del área.



[1] Resultados del ejercicio de revisión de la calidad de los activos y de las pruebas de estrés a las que han estado sometidos los principales bancos estos últimos meses, antes de que el BCE asuma sus nuevas funciones de supervisor bancario.

La combinación venenosa

Por: | 21 de octubre de 2014

Esa es la constituida por un crecimiento económico y una inflación inferiores a los esperados. Es uno de los legados de la crisis tan amenazante como difícil de neutralizar, en el conjunto de la economía mundial, pero especialmente en las economías periféricas de la eurozona, donde las políticas aplicadas y su secuencia no han sido precisamente las más adecuadas. No es nuevo, pero la crudeza del diagnóstico cobra toda su dimensión si quien lo formula y documenta son autores como los que suscriben la edición de este año del “Geneva Report” (Luigi Buttiglione, Philip R. Lane, Lucrezia Reichlin y Vincent Reinhart), “Deleveraging? What Deleveraging?” editado por el CEPR y el ICMB.

Y es que están en lo cierto cuando subrayan que el desapalancamiento en curso, coincidente con el reducido crecimiento nominal en diversas áreas de la economía global, interactúan conformando un círculo vicioso en el que este último hace más difícil el primero y el desapalancamiento acentúa el debilitamiento del crecimiento. Además, la presencia de una inflación baja no facilita precisamente esa digestión del elevado endeudamiento público y privado. El endeudamiento, a pesar de los esfuerzos por reducirlo, ha alcanzado nuevos máximos, al tiempo que se extiende a países adicionales a los que en mayor medida sufrieron la crisis, China por ejemplo.

Gráfico 1 Deuda mundial

El estudio es, en efecto, una muy buena contribución para analizar esa dinámica de la deuda que subyace en las dificultades para superar la crisis, especialmente en la eurozona, aunque no solo. Son conclusiones compatibles en gran medida con las alcanzadas por aquellos que advierten de las amenazas de un “estancamiento secular”, especialmente en la eurozona.

La particularización en las economías periféricas del área monetaria es inquietante. Los niveles de deuda de todos los agentes –familias, empresas y sector público– de Irlanda, España y Portugal los hace especialmente vulnerables a futuros shocks externos, debido a la cuantía de su posición internacional neta.

Las recomendaciones son claras. La policía monetaria del BCE no ha de bajar la guardia en su empeño antideflacionista y de reanimación del crédito. Tendrá que hacer lo mismo, o más, que hicieron hace tiempo sus colegas la Fed y el Banco de Inglaterra. Y conviene que no se demore.

Pero puede que la tardía agresividad del BCE no sea suficiente y sea necesario apoyar esos empeños por superar el “círculo venenoso” con políticas fiscales más flexibles que las hasta ahora practicadas. Sin perder de vista el necesario saneamiento de las finanzas públicas que ha de operarse en el seno del área monetaria, este no tiene por qué concretarse en el corto plazo. Será necesario igualmente que las economías con las finanzas públicas saneadas intensifiquen sus inversiones públicas. Con todo, al lector de este trabajo le queda la sensación de que no será fácil digerir volúmenes de deuda como los que se reflejan en los gráficos adjuntos, y las alternativas de reestructuración no pueden descartarse si el crecimiento económico no se intensifica pronto y considerablemente.

Gráfico 2 Deuda total

 

Tabla

 

 Artículo publicado en la revista Empresa Global nº 144 – octubre 2014

Nuevas vías de financiación para la pyme

Por: | 07 de octubre de 2014

El Consejo de Ministros aprobó el viernes pasado el proyecto de Ley de fomento de la financiación empresarial. Aunque todavía debe pasar por su tramitación parlamentaria, creemos conveniente dedicar este post al análisis general de dicho proyecto, que incorpora temas que ya han sido tratados en  post anteriores de este blog, y algunos de los cuales lo serán también en el futuro inmediato.

El proyecto descansa sobre una realidad que se observa claramente en el gráfico que acompañamos, aunque muestre diferencias según los sectores de destino: la gran dependencia de la financiación bancaria de la pequeña y mediana empresa (pyme). Por eso, la primera parte del proyecto establece la obligación de las entidades de crédito de notificar a estas empresas, por escrito y con antelación suficiente, su decisión de cancelar o reducir significativamente el flujo de financiación que les haya venido concediendo, de modo que las empresas puedan disponer de tiempo suficiente para encontrar nuevas vías de financiación o para ajustar su gestión de tesorería.

Otra obligación de la entidad de crédito es facilitar a la pyme, en un formato estandarizado, información sobre su situación financiera e historial de pagos. Incluso, las mismas entidades deben de poner a disposición de las pymes un informe de su calificación crediticia, basado en una metodología común y modelos que elaborará el Banco de España. Se trata que las buenas pymes puedan hacer valer sus referencias ante las instancias donde busquen su financiación.

Una segunda parte proporciona un nuevo régimen jurídico a los establecimientos financieros de crédito, que perdieron la consideración de entidades de crédito, con objeto de no verse demasiado constreñidos con el nuevo marco de solvencia que denominamos Basilea III. Sus actividades especializadas están muy orientadas a la pyme en ámbitos tales como el leasing, el factoring o la financiación de bienes de equipo.

La tercera parte del proyecto hace lo mismo con la titulización, que, al afectar a las posibilidades de refinanciar en el mercado los créditos, influye decisivamente en la concesión de los mismos y sus condiciones. Se trata de un ámbito donde España venía destacando en su entorno europeo antes de la crisis, pero que ha quedado muy afectado por esta, por lo que se le dota de mayores grados de flexibilidad.

A continuación, se incorporan mejoras en el acceso y funcionamiento de los mercados de capitales, entre las que destacamos la posibilidad de que las sociedades limitadas puedan emitir obligaciones, cuando hasta ahora lo tenían vedado, siendo, con diferencia, la figura societaria más utilizada por la empresa española. Las posibilidades que se le abren al Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF) son amplias, pero no hay que olvidar que las emisiones de las pymes tienden a ser de dimensión reducida, y, por tanto, poco líquidas, lo que dificulta su aceptación por el mercado.

Gráfico

La ley regulará también las plataformas de financiación participativa, el denominado crowdfunding en el argot internacional, a las que dota de un régimen jurídico novedoso en nuestro país. Estas plataformas vienen a representar una vía de financiación directa entre empresas e inversores. Es interesante la distinción que se efectúa entre inversores acreditados y no acreditados, similar a la de inversores profesionales y los que no lo son de los mercados de valores. Los primeros no tienen limitaciones para invertir a través de estas plataformas, pero los segundos sí.

La parte sustantiva del proyecto se cierra con el refuerzo de la capacidad de supervisión de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Su objetivo principal, que es facilitar la financiación de las empresas, no puede menoscabar, en relación con los mercados que deben aportarla, ni su integridad ni la protección de los inversores, especialmente de los minoristas. Si no fuera así, la inseguridad y la desconfianza harían inútil la apelación a dichos mercados.

Crédito versus deuda pública

Por: | 26 de septiembre de 2014

Hace unos meses dedicábamos este mismo post a resaltar cómo los bancos habían reducido sus tenencias de deuda pública en los meses finales de 2013. La pretensión era  presentar un balance de cierre –el que se iba a tomar como base para los ejercicios de evaluación por el Banco Central Europeo- con menor exposición a la deuda pública, en aras de minimizar la posible penalización en los tests de estrés.

Una vez pasado ese punto de corte, las decisiones sobre compra o venta de deuda pública por parte de los bancos ya no se iban a ver condicionadas por aspectos normativos o supervisores, y quedaban a la libre elección entre las diferentes alternativas de inversión. Y es en este punto donde hay que lamentar el comportamiento tan opuesto, y sin duda contra natura, que están teniendo las dos partidas más relevantes en el activo de los balances bancarios: la deuda pública y el crédito al sector privado.

Este último, que sin duda debería constituir el principal foco de negocio del sistema bancario, lleva arrastrando su agonía desde hace casi cuatro años, y en lo que va del presente año incluso ha acelerado su ritmo de caída. El saldo vivo de crédito a sectores residentes (familias y hogares) ha caído más de 60.000 millones en los siete primeros meses del año, en un proceso de desapalancamiento generalizado que provoca que los vencimientos –y en algunos casos cancelaciones anticipadas) superan a la nueva concesión. El neto es esa caída en el saldo vivo del crédito lo que, unido al intenso descenso de los tipos de interés de referencia, ejerce una fuerte presión a la baja sobre los ingresos financieros procedentes de la inversión crediticia.

Es probablemente la necesidad de compensar esas caídas con fuentes de ingresos financieros adicionales, lo que lleva al sistema bancario a seguir incrementando sus tenencias de deuda pública, una vez pasado el mencionado punto de corte al cierre de 2013. Los bancos españoles han incrementado sus tenencias de deuda pública en los ocho primeros meses del año en casi 45.000 millones de euros. Con estas compras, que claramente superan ya a las ventas realizadas de cara a los ejercicios de evaluación, las carteras de deuda pública de los bancos alcanzan los 320.000 millones, en torno al 10,5% de su balance total, y sin duda una fuente considerable de ingresos financieros con la que compensar parcialmente la caída del crédito.

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El hecho de que se haya comprado ya más deuda pública que la que se vendió en los meses finales de 2013 no va a permitir, en todo caso, repetir la importante aportación que dicha inversión realizó a los ingresos financieros del pasado año, cifrados en unos 17.000 millones de euros para el conjunto del sistema. La razón no es otra que el fuerte descenso que ha tenido lugar en las rentabilidades de la deuda pública, de tal manera que las nuevas compras devengan un tipo de interés muy inferior al de los vencimientos y/o ventas realizadas en el pasado año. Por ello, en la estrategia de intensificar las compras en este año cabe atisbar un cierto componente de “doblar la apuesta” en busca de rentabilidad.

Los tipos de interés han caído y se necesita tener mucho más volumen invertido para mantener un cierto nivel de ingresos financieros, aun a costa de incurrir en riesgo de mercado, asociado a potenciales episodios de repliegue en los mercados, como el que tuvo lugar a principio de septiembre por el temor a los resultados de la votación en Escocia. En la otra cara de la moneda, esas tenencias de deuda se pueden beneficiar de importantes plusvalías, en el caso de que el BCE finalmente llevase a cabo operaciones de compra de deuda pública (Quantitative Easing) al estilo de las llevadas a cabo por su homóloga la Reserva Federal estadounidense.

Al margen de esos aspectos sobre riesgo de mercado, lo que parece claro es que el negocio bancario en nuestro país está adquiriendo una deriva poco deseable, en la que el crédito a las actividades productivas pierde peso de forma alarmante frente a la financiación del sector público. El BCE deberá emplearse muy a fondo para cambiar esa tendencia, y a juzgar por el poco entusiasmo que ha despertado entre las entidades españolas la primera ronda de inyecciones (TLTRO) instauradas para reactivar el crédito, no cabe ser muy optimistas respecto a que consiga su objetivo.

TLTRO: último cuarto para el BCE (*)

Por: | 23 de septiembre de 2014

La primera subasta de las TLTRO (targeted longer-term refinancing operations) ha dado en el aro. Las entidades europeas captaron 82.600 millones de euros, sólo un 20% del máximo al que pueden recurrir en estas dos primeras subastas programadas para septiembre y diciembre de este año.  Aunque no hay datos individuales oficiales sobre la asignación de los fondos, parece probable que las solicitudes se hayan concentrado en la banca periférica. En el caso de la española, la liquidez captada podría haber ascendido a 15.000 millones de euros, cerca de un 30% de su capacidad de petición, una proporción similar a la que podría haber pedido Italia. Mientras que Grecia estaría en proporciones cercanas al 50% del total. Entre los tres países periféricos habrían pedido la mitad del total de la cantidad asignada en esta primera subasta.

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Si bien es cierto que el importe ha sido menor a lo esperado por los analistas, no debería sorprender que las entidades estén esperando a la subasta de diciembre. Sobre todo teniendo en cuenta su práctica coincidencia en el tiempo con el vencimiento de las LTRO (enero y febrero de 2015) en las que las entidades europeas, pese a la devolución anticipada de parte de los importes pedidos, tienen que devolver 315.000 millones de euros, de los cuales 135.000 millones de euros lo harán las entidades españolas.

El ahorro en costes financieros durante estos tres meses con la financiación a través de las subastas ordinarias de del BCE, con un tipo de interés menor que el de las TLTRO, la falta de productos de bajo riesgo y rentabilidad aceptable (con la deuda de España rondando el 2% de interés a diez años) y el aumento en el consumo de capital por riesgo de interés en hipotéticas inversiones a largo plazo son tres factores añadidos para decidirse por dilatar la espera.

Pero no son las únicas razones, y ni siquiera las más importantes. La publicación de los resultados de los test de estrés durante el próximo mes de octubre eliminará la incertidumbre sobre la salud financiera de cada entidad y podría condicionar la petición final de fondos de las entidades al BCE.

No obstante, no se puede obviar que la espera para la petición de fondos al BCE puede ser una nueva señal inequívoca de que la liquidez ha dejado de ser un problema para la mayoría de las entidades europeas. Los esfuerzos del BCE para  tratar de reactivar el crédito en Europa con el objetivo último de dar el impulso necesario a la economía para no convertir al viejo continente en el nuevo Japón podrían no ser suficientes si los síntomas de la enfermedad han confundido el tratamiento.

La ausencia del crédito no está en la falta de liquidez de las entidades, sino en otros factores estructurales de la economía y de la banca de cada país. De hecho, la evolución del crédito en los últimos meses está siendo muy dispar entre países. En España continúa el desapalancamiento, pero a un ritmo progresivamente más bajo, situación similar a la de Portugal. En Irlanda u Holanda, sin embargo, la caída del crédito se está acelerando, mientras que en Francia, Alemania e Italia se mantiene estable e incluso tiene un comportamiento alcista. Ante esta situación desigual parece difícil que las mismas medidas puedan aportar un resultado eficaz para todos los países de la zona euro. 

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Al BCE se le agota el tiempo, y aunque hace todo lo que puede, parece que hasta ahora no es suficiente. La próxima carga de profundidad, como es la puesta en marcha del programa de compras de titulizaciones (ABS) y covered bonds, podría ser una medida de más calado que las propias TLTRO. El impacto que puede tener en el crédito podría ser mucho mayor por el efecto triple en liquidez, en riesgo de crédito y en capital, al poder transferir el riesgo del crédito titulizado.

No obstante, la inclusión de los covered bonds en el programa parece ser un nuevo balón al aro, al dar por supuesto que lo que necesita el Sistema Financiero Europeo es nueva liquidez con la compra directa de productos de calidad (covered bonds y, probablemente, sólo tramos ABS senior de bajo riesgo).

Tal vez Draghi sorprenda y anuncie en octubre compras de tramos de riesgo intermedio de ABS, que acompañado a las TLTRO, sea por fin el detonante para el resurgir del crédito en Europa y, consecuentemente, de la economía. Al fin y al cabo estamos en los últimos minutos y no hay margen de error. Toca jugar al ataque y encestar, a ser posible un triple, no vaya a ser que estemos dando el campeonato por ganado antes de haberlo jugado…

(*) Con Óscar Ibáñez, consultor de Banca y Seguros de Afi

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