Las Directrices para la Emisión de Bonos Verdes, nueva versión 2017

Por: | 20 de junio de 2017

El pasado miércoles 14 de junio tuvo lugar la tercera Asamblea General organizada por ICMA de las Directrices para Emisión de Bonos Verdes, de la que Afi forma parte en calidad de miembro observador. En la misma, tuvo lugar la votación y actualización de las citadas Directrices con el objeto de seguir adaptándolas al objetivo de asegurar la información necesaria para que se incremente la colocación de fondos  a este tipo de proyectos. Recordemos que se trata de guías voluntarias que han de ser asumidas tanto por emisores, colocadores, inversores y proveedores de revisiones externas a la hora de mencionar su vinculación a las mismas.

Cartel_Agenda_AGM_GBP2017

Los elementos esenciales de dicha actualización son relevantes dado que, suponiendo solamente cambios menores y manteniendo los cuatro pilares, tratan de incrementar la capacidad de los emisores de bonos para hacer una transición hacia una economía baja en carbono y más sostenible, mejorando para ello la transparencia, la divulgación de información y reporting de las operaciones.

El elemento principal de cualquier emisión de Bonos Verdes sigue siendo la utilización de la financiación obtenida para proyectos que generan un beneficio ambiental (el cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales, la pérdida de biodiversidad y la contaminación del aire, el agua o el suelo, principalmente). No obstante, la nueva definición ofrece una mención añadida para aquellos casos en los que no hay inversiones y sí gastos relacionados o actuaciones sobre bienes inmateriales que producen un rendimiento en ese mismo sentido. Estos matices, son simples aclaraciones que deberían facilitar aún más la emisión de bonos por parte de compañías no directamente vinculadas con activos tangibles, así como de Gobiernos nacionales o regionales, que no siempre vinculan la misma a financiación o refinanciación de proyectos de inversión en bienes materiales.

La taxonomía planteada de forma indicativa, también se ha actualizado. Se ha ampliado ligeramente incluyendo como novedad tanto las categorías vinculados a edificios verdes o eficientes, como los proyectos de economía circular anteriormente no referidos en las Directrices. Asimismo, se ha aprovechado para seguir incorporando otros ejemplos sobre categorías ya existentes como los vinculados a residuos y su tratamiento, proyectos de forestación, de ganadería sostenible o las reducciones de emisiones de GEI per se en cualquier tipo de proyecto. No olvidemos que estas categorías son indicativas, y no exclusivas, así que si el emisor considera oportuno vincular su emisión a otra categoría nueva, pero cuyo propósito fuera el mismo cumpliendo el resto de directrices, no habría problemas para considerarlo adecuado con forme a estas guías de aplicación que elabora y gestiona ICMA con ayuda de sus miembros y observadores.

Otra modificación relevante vinculada a las citadas directrices es la necesidad que tendrá ahora el emisor de dichos Bonos de comunicar su estrategia de sostenibilidad general que tiene el emisor, vinculando la misma a los proyectos que desea financiar, de forma que se eviten de esta forma proyectos realizados por entidades que no tienen mayor interés que la “etiqueta” y marchamo que estas Directrices ofrecen. Asimismo, se pedirá al emisor de comunicar el proceso de gestión de los riesgos sociales y ambientales que los proyectos a financiar y desarrollar puedan tener vinculada, planteamiento desarrollado con el propósito de no que los proyectos tengan cada vez más una concepción integral.

La última novedad proviene del trabajo desarrollado en el seno de los grupos de trabajos coordinados por ICMA, que establecen métricas específicas para los informes de impacto que deben presentarse ante los inversores al menos de forma anual. Ya existen directrices al respecto para proyectos de eficiencia energética, energía renovable, proyectos de agua y aguas residuales, esperando que en el futuro puedan seguir acordándose nuevos marcos armonizados para otras categorías.

Finalmente destacar un cambio aprobado en la asamblea, que es la de elevar al mismo rango de Directrices, las recomendaciones anteriormente vinculadas a emisiones de Bonos Sociales, así como la consideración de un Bono Sostenible como aquel que mezcla de forma deliberada objetivos Verdes y Sociales, y cumple, en ese caso, ambas Directrices. No es un cambio menor este, dado que supone un reconocimiento para los actores en estos otros mercados, y que se espera que sirva de estímulo para todas aquellas entidades, como algunos Gobiernos de Comunidades Autónomas, que están ya pensando seriamente vincular alguna de sus futuras emisiones a estos ámbitos.

Diapo
 

La profundización de la UEM

Por: | 15 de junio de 2017

El pasado 31 de mayo la Comisión Europea publicó un documento de reflexión sobre el futuro de la unión económica y monetaria (UEM), COM(2017) 291. Este documento se inspira, por un lado, en el Informe de los cinco presidentes (CE, Consejo Europeo, Eurogrupo, BCE y Parlamento Europeo), pero, por otro, entronca con el Libro Blanco sobre el futuro de Europa. Reflexiones y escenarios para la Europa de los Veintisiete en 20257, COM(2017) 2025, al que hemos dedicado recientemente un post en este blog.

En la medida que este último viene a ser la respuesta de la UE al Brexit, planteándose hasta cinco escenarios sobre su futuro, con un protagonismo especial de la UEM, que tiene un trato diferenciado en cada uno de ellos, el nuevo documento es más favorable a la misma. Tanto es así que uno de sus anexos plantea un posible plan para completar la UEM en 2025, que recogemos en el gráfico que acompaña a este post. En él pueden verse dos períodos diferenciados:

1. Uno inmediato, hasta 2019, que coincide con el resto de mandato de la actual Comisión Juncker.

2. Otro, hasta 2025, en el que se completaría la UEM.

En ambos períodos destacan tres ejes, que nos están señalando, más allá de los detalles técnicos, donde debe actuarse para lograr esa UEM completa, es decir, más defendible ante posibles crisis que puedan poner en cuestión su futuro:

1. La Unión Financiera, compuesta de la Unión Bancaria (UB) y de la Unión del Mercado de Capitales (UMC). Se trata de perfeccionar la primera y desarrollar la segunda, que tiene mayor recorrido en el sentido de que ha empezado más tarde. Resulta muy significativo que se hable de la posibilidad de un supervisor único de los mercados de capitales.

Por parte de la UB, está pendiente que se apruebe el sistema europeo de garantía de depósitos, condicionado a su vez por la exigencia de que se reduzcan los riesgos de los bancos, especialmente en sus carteras de deuda pública, pero también de que exista un mecanismo definitivo de respaldo al Fondo Único de Resolución, ya que no siempre se va dar el caso de que la resolución de una entidad bancaria no exija recursos públicos, como ha sucedido con el Banco Popular, la primera vez que interviene la Junta Única de Resolución.

Por parte de la UMC, no hay que olvidar que es uno de los proyectos estrella de la Comisión Juncker, que recientemente ha efectuado una revisión de medio plazo de la misma, COM(2017) 292, con nuevas iniciativas orientadas a desarrollar un auténtico mercado de capitales europeo y a reducir el peso de la financiación bancaria en la economía.

2. La Unión Económica y Presupuestaria, donde, además, de reforzar la convergencia económica y social, se produciría la importante novedad del desarrollo de una función de estabilización presupuestaria y la creación de un Tesoro para el área euro, así como de un Fondo Monetario Europeo.

Estas iniciativas pretenden sanear la principal debilidad estructural de la UEM desde su inicio, una política monetaria única y tantas políticas económicas como países del euro, eso sí sometidas a determinadas reglas y restricciones y a mecanismos de coordinación.

Esto tendría importantes implicaciones en el actual Eurogrupo y, en concreto, en su presidente, que podría convertirse en una especie de ministro de economía y finanzas del área euro, de modo similar a como ocurre actualmente con la Alta representante, que ejerce como ministra de asuntos exteriores.

3. La rendición de cuentas democrática y la gobernanza efectiva.

Este último se interpreta a veces como la Unión Política, pero nadie, aparte de algunas propuestas teóricas, está en estos momentos proponiendo una especie de Estados Unidos de Europa.

La CE, a la vista de la experiencia de la crisis, no se pronuncia sobre si estos cambios deben conseguirse alterando los Tratados básicos o pueden seguir vías intergubernamentales. Parece que lo relevante no es tanto el camino como el resultado final y, en este sentido, resulta lógico que se opte en cada caso por la vía que ofrezca menos dificultades para lograr el resultado perseguido, aunque no hay que olvidar que debe existir una cierta coherencia entre los distintos elementos que formen parte de la UEM completa.

Tabla

Mayor transparencia de las compañías de seguros

Por: | 13 de junio de 2017

La obligación que por primera vez tienen las compañías de seguros de publicar, en el nuevo marco regulatorio de Solvencia II, el denominado Informe sobre la Situación Financiera y de Solvencia (SFCR por su acrónimo en inglés) correspondiente a 2016 constituye un ejercicio de transparencia novedoso para el sector. En dicho informe, con una estructura tasada, las compañías deben informar anualmente de su actividad y resultados, su sistema de gobernanza, su perfil de riesgo, la valoración económica de todos sus activos y pasivos y de su gestión de capital. Pueden encontrarlos en las web de las entidades, y aunque su calidad es desigual, la normalización de una parte de la información que están obligadas a publicar, proporciona un interesante foco de análisis de un sector que tradicionalmente ha venido estando menos expuesto al escrutinio público.

Aunque tendremos ocasión de desmenuzar otros detalles relevantes en próximas entradas, en ésta nos centraremos en la radiografía del balance económico[1] del agregado de las dieciséis entidades individuales más relevantes[2] del sector. Tales entidades son representativas de los ramos de vida y de no vida y también de aquellas entidades que podríamos clasificar como mixtas. Como resultado de esa formulación económica del balance se tienen unos fondos propios valorados en términos económicos (no meramente contables). Por otra parte, para que la probabilidad de ruina (agotamiento de los fondos propios en el horizonte de un año) sea muy baja (tan baja como el cinco por mil) se calibra la exigencia de capital regulatorio del que necesariamente han de disponer las compañías (el denominado Solvency Capital Requirement o SCR).

Del contraste de los requerimientos con el capital económico disponible surge el denominado ratio de solvencia como medida sintética de la fortaleza económica-financiera de las entidades; en última instancia del grado de salud o si se quiere de distancia a una situación de difícil viabilidad.

Dicha radiografía agregada, así como la visión de las ratios de solvencia comparados de las dieciséis entidades analizadas, que representan en torno al 60% del sector asegurador español (por su negocio local)[3] medido por su volumen de activos, provisiones o fondos propios, son el objeto principal de esta nota. Es obvio, en todo caso, que en el 40% restante del sector, con muchas más entidades y de menor tamaño, muy pequeñas en algunos casos, la disparidad es mucho mayor y, en general, algunas de las entidades se encuentran en una situación de mayor debilidad.

Radiografía del sector seguros español[4]

    Cartera de Inversión                                                               Provisiones

20170612 DM Mayor transparencia de las compañías de seguro_1A

Riesgos-Exigencias de capital (SCR)                             Fondos propios: SCR y exceso

20170612 DM Mayor transparencia de las compañías de seguro_1B

Fuente: Afi a partir de los SFCR de las entidades

De la radiografía del balance económico agregado de las dieciséis entidades, y siguiendo los cuatro gráficos que se representan, se infiere:

  1. La inversión en bonos (deuda pública y privada) representa el grueso de la inversión de las compañías, más del 80% de su cartera de inversión[5] alcanzado para estas dieciséis compañías la nada despreciable cifra de 135 miles de millones de euros. Hay que hacer notar, sin embargo, que la composición difiere significativamente de este estándar en algunas compañías.
  2. Las provisiones técnicas para el negocio de vida (vida-ahorro y vida-riesgo) constituyen del mismo modo el grueso de los pasivos, siendo muy minoritarias las correspondientes al negocio de vida. Obviamente la principal explicación radica en el diferente perfil del proceso de acumulación de las primas en el balance de las entidades con negocio de vida-ahorro frente al proceso de desacumulación de los rescates.
  3. Más relevante es la nueva información disponible de exigencias de capital por fuente de riesgo en estos nuevos Informes de Situación Financiera y de Solvencia de las entidades. Según nuestros cálculo, la exigencia de capital para el agregado de estas dieciséis entidades se concentra por mitades en riesgos financieros (de mercado y de crédito) y riesgos actuariales (riesgos de suscripción de los distintos ramos). En estos últimos se reparte también por mitades el asociado a las pólizas del negocio de vida y el asociado a las de no vida, cuando incluimos en éstas las pólizas de salud.
  4. Los fondos propios, vistos de forma agregada, exceden de forma suficiente los requerimientos de capital regulatorios (SCR). Éstos sólo representan un 40% aproximadamente del total de la tarta de recursos propios disponibles por esta muestra de entidades representativa del sector. Dicho de otro modo, la ratio de solvencia se situaría en torno al 250%, cifra cómoda pero indicativa al tiempo de un exceso de capital infrautilizado. En todo caso, y centrándonos en este último apartado, la dispersión de ratios de solvencia entre entidades es notable. Como puede observarse en el gráfico adjunto, Mutua Madrileña encabeza el ranking con una ratio cercana al 500% (con un extraordinariamente elevado excedente de capital y, por tanto, con capacidad sobrada para profundizar en el negocio de seguros), situándose Vidacaixa en el otro extremo con una ratio ligeramente inferior al 150%.

Ratio de solvencia por entidades individuales (2016)

20170612 DM Mayor transparencia de las compañías de seguro_2

Fuente: Afi a partir de los SFCR de las entidades

Merece la pena, en todo caso, hacer una observación especial. Las ratios representadas tienen en cuenta algunas medidas específicas del marco regulatorio de la solvencia a la que pueden acogerse las entidades. Dichas medidas reducen sustancialmente las exigencias regulatorias de capital en el caso de entidades que operan en el negocio de vida, si éstas optan por acogerse a las mismas. Una de ellas (corrección de las provisiones técnicas) tiene un carácter meramente transitorio para facilitar un aumento suave en el tiempo de las mayores exigencias de capital que impone la nueva normativa. Obviando dicha medida transitoria la fotografía de las ratios de solvencia de las seis entidades principales en el negocio de vida de nuestro país que recogemos en el gráfico siguiente es bien distinta.

Ratios de solvencia (sin medida transitoria) de principales entidades de vida (2016)

20170612 DM Mayor transparencia de las compañías de seguro_3

Fuente: Afi a partir de los SFCR de las entidades

 

[1] En el marco de Solvencia las compañías de seguros tienen que expresar todo su balance contable en términos económicos lo que ofrece una información muy rica para la valoración de la compañía.

[2] Por más relevantes entendemos en general las de mayor tamaño. Las dieciséis entidades son individuales, dado que la información a nivel de grupo no estará disponible hasta dentro de unas semanas.

[3] Nótese que nos estamos considerando sólo entidades individuales y no grupos aseguradores. En este último caso el grado de concentración sería bastante superior

[4] Muestra de las 16 entidades individuales más relevantes representativas

[5] Inversiones distintas de los activos mantenidos a efectos de contratos vinculados a índices y fondos de inversión

Esperando a Trump

Por: | 30 de mayo de 2017

Coautor: David Del Val

El PIB de EEUU en el primer trimestre de 2017 se desaceleró menos de lo inicialmente previsto. Si la primera estimación apuntaba a un crecimiento del 0,7% interanual, su revisión lo sitúa actualmente en el 1,2%. Esta tasa de variación sigue siendo sensiblemente inferior al 2,1% registrado en el cuarto trimestre del año pasado, en contra de lo que cabía esperar a la luz de los indicadores de confianza de empresas y consumidores (que apuntaban a un mejor comportamiento de la actividad). No parece, sin embargo, que esto dato sea revelador de un ciclo económico estadounidense que parece seguir manteniendo el tono.

Parte de la debilidad del PIB del primer trimestre puede estar relacionada con una cierta estacionalidad “residual” en los datos oficiales, que no se eliminará completamente hasta julio de 2018 (momento en el que el Departamento de Comercio revisará el historial del PIB). En los últimos años se observa un mal comportamiento sistemático en los primeros trimestres, que afecta especialmente al consumo de los hogares. Desde 2010, el crecimiento del PIB en los primeros tres meses de cada año ha sido 1,4 puntos porcentuales menor, en promedio, que la media de los otros tres. Este patrón corresponde a lo observado en el arranque de este año, con el consumo privado acusando una notable desaceleración que, por otra parte, no acusan las cifras de inversión.

Evolución del índice DXY del USD (izquierda) y pendiente de la curva soberana (TIR bono a 10 años – TIR bono a 2 años) (derecha)

Captura

Fuente: Afi, Bloomberg

Con un mercado laboral que da señales de cierta madurez (el desempleo se aproxima a su suelo estructural y los salarios crecen, de manera estable, al 2,5% interanual) pero con una inflación que sigue siendo relativamente moderada, un comercio que mejora con la fortaleza del ciclo global y, sobre todo, con las expectativas de estímulo generadas tras la victoria electoral de Trump el pasado noviembre, los mercados entienden que existen elementos suficientes para que la economía estadounidense prolongue su actual ciclo expansivo. Así lo entiende también la Fed, decidida a subir tipos tres veces, al menos, a lo largo de 2017, y que ya ha hecho un hueco en su agenda para abordar la reducción del balance.

El ciclo acompaña, la Fed normaliza su política y los mercados esperan… pero pasan los meses y Trump sigue sin acudir a la cita o, por lo menos, no lo hace en los términos esperado. A los importantes retrasos y decepciones que ya acumulaba su agenda de reformas (en particular la reforma fiscal, la del sistema sanitario y el prometido paquete de gasto en infraestructuras), se une un Russia-gate que toma vuelo y que podría condicionar sobremanera a la Casa Blanca durante los próximos meses.

Según filtraciones del ex Presidente del FBI James Comey, Trump presionó para que el FBI no continuase con la investigación sobre la conexión de Michael Flynn, ex Consejero de Estado de Seguridad Nacional, con el Kremlin. De confirmarse, tales presiones podrían llegar a considerarse como un delito de obstrucción a la justicia. La mera mención del impeachment ha sido suficiente para hacer sonar todas las alarmas y establecer paralelismos con el caso Watergate, que precipitó el fin de Nixon. Los acontecimientos se han sucedido con relativa rapidez, distanciado a Trump de numerosos congresistas republicanos que han solicitado, junto con los Demócratas, la comparecencia de Comey en las cámaras para esclarecer los hechos.

Sin duda, los mercados prestarán atención en las próximas semanas al distanciamiento de la Casa Blanca con un parlamento que volverá a atraer la atención hacia la aprobación del techo de gasto. El lockout (cierre del gobierno) se evitó recientemente con un acuerdo del Congreso para mantener la financiación al Gobierno hasta septiembre, pero es de esperar que la tensión en torno al presupuesto aumente a medida que avanza el año. La necesidad de elevar el techo de la deuda federal a finales de 2017 para evitar un default parcial del Gobierno únicamente contribuirá a hacer más difícil cualquier acuerdo.

La perspectiva de un probable menor estímulo del esperado por parte de la Administración Trump se ha dejado notar en los mercados de renta fija. La evolución del tipo nominal a 10 años americano, que ha vuelto al nivel previo a la elección de Trump, encuentra su explicación tanto en la caída de los breakeven de inflación como de la TIR real.

Aunque es cierto que la corrección de los principales índices bursátiles fue relativamente moderada en los días posteriores a haberse especulado con la posibilidad de un impeachment, este movimiento no deja de ser reseñable en medio de la complacencia y la excepcionalmente baja volatilidad en que lleva instalado el mercado en los últimos meses.

Por otra parte, el USD ha terminado por cerrar el ciclo apreciador que abrió el pasado noviembre, aunque esto no sea achacable exclusivamente al enfriamiento del entusiasmo inversor levantado por Trump tras su victoria electoral (la mejora del ciclo en el área euro juega también en el mismo sentido). 

La posibilidad de que la Administración Trump tenga una menor capacidad para implementar medidas de estímulo, especialmente si las turbulencias políticas dificultan finalmente su capacidad para acordar con las cámaras un presupuesto para 2018, podría empeorar la valoración de los riesgos por parte de la Fed y alterar su escenario central. Téngase en cuenta que algunos miembros del FOMC ya han incorporado a sus previsiones un eventual estímulo.

En cualquier caso, el impacto de la falta de concreción de estímulos por parte de la Administración Trump sobre la senda de subidas debería ser marginal. Es de esperar que la Fed mantenga un endurecimiento gradual de su mensaje incluso en ausencia de un estímulo fiscal sustancial, puesto que algunas señales de recalentamiento sugieren que estaría llegando con cierto retraso a las subidas de tipos. En realidad, el verdadero riesgo para los mercados no reside tanto en la decepción ante la falta de los estímulos prometidos, que ya ha sido descontada, como en la incertidumbre política que afectaría a la Casa Blanca en caso de prosperar el Russia-gate.

¿Para qué sirven las finanzas?

Por: | 25 de mayo de 2017

Esa es la pregunta con la que Jean Tirole encabeza el capítulo once de su excelente libro “La economía del bien común” (Editorial Taurus). Las treinta páginas en las que el premio Nobel trata de dar respuesta a ese enunciado son tan sabrosas como el resto del libro. Permítame el lector que las tome como pretexto para, sin menoscabo de la recomendable lectura el conjunto de la obra, subraye las ideas en mi opinión más destacadas.

Es probable que no sea la primera vez que cualquier observador de los avatares de la actividad económica se haya formulado una pregunta tal. Especialmente tras el desastre originado por la crisis financiera desencadenada en el verano de 2007 en el sistema financiero de EEUU. Pero que lo haga alguien con la tradición y el rigor académico del presidente de la Toulouse School of Economics, autor de trabajos esenciales en la propia economía financiera y en economía industrial, genera algo más que curiosidad por atender a sus respuestas. Y la primera afirmación que anima a la continuidad de la lectura del capítulo es cuando apenas iniciado declara que “la función del economista es ayudar a paliar los fallos de mercado”, complementaria de la insertada en el epígrafe final del capítulo, cuando se pregunta de quién es la culpa de la crisis: “la crisis financiera de 2008 fue también el reflejo de una crisis del Estado, poco inclinado a cumplir con su papel de regulador”. No ha de extrañar que a la apariencia de retórica de para qué sirven las finanzas le suceda otra quizás más relevante técnicamente: “Son eficientes los mercados?”, para concluir con otro interrogante: “Pero, en definitiva, ¿para qué se regula?” Llegados a este punto algunos de los asiduos a este post quizás se decidan a saltar directamente al libro, evitándose los cuatro comentarios que siguen a modo de incitación adicional a su lectura.

Las finanzas son indispensables, vaya por delante, salvándome de esa especie de reproche que hace Tirole a los economistas que, convencidos de su utilidad, tratan de pasar desapercibidos entre los amplios contingentes de detractores que surgieron a partir de 2008. Las funciones de las finanzas en la canalización de ahorro y en la gestión de riesgos, fundamentan su utilidad a la sociedad, su contribución esencial al crecimiento económico. Y también lo hacen algunos de los instrumentos más controvertidos: desde derivados como los CDS (crédito default swaps) hasta las estigmatizadas titulaciones. Lo que ocurre, y Tirole lo analiza con detalle, es que es relativamente fácil transformar productos útiles, como los citados, en productos tóxicos. Así ocurrió en los años anteriores a la crisis de 2007.

En el centro de esa perversión, de la metamorfosis desde la utilidad a la toxicidad, se encuentran las asimetrías de información y la generación de externalidades, que acaban por convertir a las finanzas en disfuncionales.  El problema no es tanto la dinámica más o menos intensa de innovación financiera, de generación de nuevos instrumentos y productos financieros, sino su correcta comprensión por los usuarios y, desde luego, por los supervisores. Con palabras del propio Tirole, no cabe criticar ningún producto financiero siempre y cuando solo lo utilicen quienes comprendan bien el riesgo y no se usen para hacer pagar el riesgo a un tercero, que desconoce a que le expone la transacción financiera correspondiente. Efectivamente, “es más constructivo debatir…sobre los fallos de los mercados y la regulación que rechazar en bloque los logros de las finanzas modernas”.  Es cierto, en todo caso, que lo que con frecuencia se caracteriza como innovación financiera no es otra cosa que una via para escapar de regulaciones y del control del supervisor.

Pero más allá de esas desiguales innovaciones financieras, las crisis financieras se desencadenan igualmente debido al exceso de confianza en los mercados, en su supuesta eficiencia, amparada en una de las formulaciones más evocadas de las modernas finanzas. Fue el profesor de Chicago Eugene Fama el que al comienzo de los setenta la puso sobre la mesa. El contrataque de la evidencia es importante: los mercados no se comportan siempre racionalmente, ni toda la información considerada relevante está incorporada en sus precios[i].  Esa hipótesis de racionalidad, afirma Tirole, “no es más que un punto de partida para el análisis de los mercados financieros”, admitiendo la necesidad “de ampliación del marco conceptual si se quiere llegar a una correcta comprensión de los fenómenos”. Enfoques alternativos, como los basados “en las burbujas financieras, la teoría de la agencia, los pánicos financieros, la economía del comportamiento y las fricciones en los mercados financieros, conceden una visión más precisa del funcionamiento de los mercados financieros, nos dice el autor. En algunos de esos temas las contribuciones de Tirole han sido importantes. Y aquí llega entonces la gran cuestión: ¿para qué se regula?

La descripción de los dos tipos básicos de regulación, la de los mercados financieros y la de la solvencia de las entidades financieras, es razonada en el último epígrafe, pero hay que saltar al siguiente capítulo, el que analiza en detalle la última crisis financiera, para concluir en su justificación. Hay que limitar las externalidades que ejerce el sistema financiero sobre los ahorradores o los contribuyentes, pero ojo como se hace. “La reglamentación y la supervisión prudenciales son un arte más que una ciencia, porque es difícil disponer de datos que permitan medir con precisión los efectos que predice la teoría”. Desde luego, en lo que es fácil convenir es que quién la diseñe y, en todo caso, quién desempeñe la supervisión correspondiente, es bueno que sepa tanto como quien pueda estar tentado de sortearla. A las necesarias finanzas, se puede volver a concluir, no se las debe dejar solas.

 

[i] Algunas de estas consideraciones las comenté en un ensayo en Revista de Libros: “Ajuste de cuentas: el impacto de la crisis en la ciencia económica”, 12/10/2015 http://www.revistadelibros.com/autores/1253/emilio-ontiveros

Finanzas a las 9

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Los profesionales de Afi ofrecen un punto de vista singular sobre la actualidad del sistema financiero. En cada publicación se aborda el análisis de cuestiones ligadas al proceso de transformación del sector, a las novedades regulatorias, a la relación con la tecnología o al repaso de los fundamentos teóricos que explican las bondades de un sistema financiero sólido.

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