40 Aniversario

Inversiones directas al ralentí

Por: | 30 de noviembre de 2016

 

Lo hemos dicho muchas veces. Los flujos de inversión directa en el extranjero son la categoría de movimientos de capital más apreciada, con bastante independencia del grado de desarrollo de las economías. Además de las entradas de capital en la economía receptora, significan un compromiso superior al de los demás flujos de capital: con la gestión y con la difusión de tecnologías e intangibles, en general. El colesterol bueno de los movimientos de capital, ya se sabe.  El aumento de esas inversiones, la verdadera contribución a la internacionalización de las empresas, era unos de los objetivos del Tratado Transatlántico, a suscribir entre EEUU y la UE, hoy en situación precaria.

Conviene recordar cuando se habla de flujos de inversión directa en el extranjero un par de precisiones metodológicas. La primera es que aunque por definición los flujos de entrada y de salida deberían ser iguales, en la práctica las discrepancias estadísticas entre la medición de ambas categorías explican esas diferencias. Solo cuando la referencia es genérica a los flujos globales, se entienden referidas al promedio de entradas y salidas. La segunda hace referencia a la composición de esos flujos. Se integran en la inversión directa las aportaciones de capital, la reinversión de beneficios y la deuda intraempresas. Por último, pero no menos importante, es la referencia a los flujos de las SPE (Special Purpose Entities). Se trata, según la OCE, de entidades con poca o ninguna presencia o empleo en el país receptor, pero que proporcionan importantes servicios a las empresas multinacionales bajo la forma de financiación o tenencia de activos y pasivos. Las multinacionales canalizan con frecuencia inversiones a través de estas entidades hacia un país como fase previa a la inversión en otro país de destino final. Aquí se detallan esos procedimientos de canalización de inversiones por muchas multinacionales

Los datos que la OCDE acaba de difundir no son muy saludables. Durante la primera mitad de este año descendieron esos flujos en un 5%, hasta totalizar 793.000 millones de dólares, comparados con el registro en la segunda mitad de 2015. Fue durante el segundo trimestre del año cuando cayeron de forma más pronunciada, desde los 513.000 millones de dólares del primero a 279.000 millones. En el conjunto de la treintena de economías avanzadas agrupadas en la OCDE los flujos de salida descendieron en un 16%. Han sido los flujos desde y hacia la Unión Europea los principales responsables de ese descenso. Las entradas cayeron en 34.000 millones y las salidas lo hicieron en 15.000 millones en el segundo trimestre de este año. Desinversiones que se atribuyen a los flujos negativos de deuda intraempresas, al mismo tiempo que menores transacciones de capital.

A pesar de ello, las entradas de capital en el conjunto de la OCDE aumentaron un 14% si comparamos con la segunda mitad del 2015 en gran medida debido al aumento de las inversiones en EEUU y en menor medida en Reino Unido. A pesar de que en el aumento de las correspondientes entradas en EEUU han influido operaciones de reestructuración empresarial (y en el caso de Reino Unido la compra por Royal Dutch Shell de British Gas) no deja de llamar la atención ese selectivo comportamiento en dos economías especialmente afectadas por la incertidumbre política. Quizás una explicación, al menos provisional, es la pretensión de algunas multinacionales por afianzar la presencia en dos países que, al menos en principio, pueden registrar tensiones proteccionistas. Mantener una cabecera importante en esas economías, con centros de producción, puede contribuir a sortear restricciones a las importaciones de bienes y servicios si se concretan los planes de ambos gobiernos.

EEUU como principal receptor de flujos de inversión directa fue seguido por China y Reino Unido. El primero fue también en este semestre el principal emisor de inversiones directas, igualmente seguido por China. Un exponente más del protagonismo de estas dos economías en la dinámica de globalización. Y, en particular de esta última. Habrá que seguir con atención sus reacciones a la eventual concreción de las decisiones proteccionistas de Donald Trump. Es más que posible, si avanza la involución multilateral estadounidense, que China pase a ocupar el lugar principal en la tracción del proceso de inversión transnacional.

 

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La idoneidad de los altos cargos de la banca

Por: | 22 de noviembre de 2016

La semana pasada el Banco Central Europeo (BCE) lanzó una consulta pública sobre la guía para la evaluación de la idoneidad de los altos cargos de una entidad de crédito, disponible en español. Pocos días antes, a finales de octubre, había sido precedido con una iniciativa similar conjunta de la Autoridad Bancaria Europea (EBA por sus siglas en inglés) y la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA por dicho criterio) acerca de unas directrices sobre el mismo tema, que EBA completó el mismo día con otra consulta referida al gobierno interno de las entidades bancarias. A diferencia del BCE, estas últimas consultas sólo están disponibles en inglés.

Se ha generado, entonces, un movimiento orientado a mejorar la calidad de la gestión, pero también de los gestores responsables de la misma, que pretende homogeneizar en lo posible los requisitos en esta materia en el ámbito del mercado único europeo (EBA/ESMA) y de la unión bancaria (BCE), más concretamente de las entidades bajo supervisión directa de esta institución, como regla general. Debido a la mayor relevancia de estas entidades y de su disponibilidad en español, vamos a centrarnos en esta última guía.

Lo que pretende hacer el BCE con esta guía, que no será en su momento un acto jurídico vinculante, es exponer los criterios y procesos, así como los posibles resultados, que va a seguir en la evaluación de los miembros de los consejos de administración y de la alta dirección de las entidades de crédito. En este sentido, la consulta tiene especial relevancia para las entidades, que, como el BCE reconoce, son las primeras responsables de los nombramientos que propongan.

Los criterios de idoneidad vienen fijados por el Derecho de la UE, más concretamente por la Directiva 2013/36/UE (conocida como CRD IV, Capital Requirements Directive) y son los que aparecen en la tabla siguiente. El último criterio es importante, ya que no se trata de disponer de un conjunto de personas por separado, sino de un equipo que debe funcionar como tal en la gestión de la entidad.

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Por ejemplo, en lo que se refiere a conocimientos y experiencia, el BCE espera que todos los altos cargos tengan, como mínimo, conocimientos teóricos de banca relacionados con mercados financieros, marco regulador, dirección estratégica, gestión de riesgos, evaluación de la eficacia e interpretación de la información financiera. La evaluación de este criterio sigue un proceso en dos fases: umbrales, que permiten presumir conocimientos y experiencia suficientes, y evaluación detallada, para las personas que no cumplen los anteriores, pero que la entidad pueda justificar su presencia adecuadamente.

La guía, cuando esté aprobada, no se aplicará a todos los altos cargos en ejercicio, sino a los nuevos nombramientos, o a sus renovaciones (si lo estipula la legislación nacional) o como consecuencia de la supervisión continuada, que puede cuestionar dicha idoneidad.

Las decisiones del BCE en esta materia no siempre son favorables sin más o desfavorables, porque las primeras admiten tres posibilidades complementarias.

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Por ejemplo, una condición podría ser el compromiso de seguir un programa específico de formación y completar así las deficiencias que se hayan detectado. Un ejemplo de obligación podría ser la presentación de información sobre procesos judiciales pendientes, si los hubiera.

Por si alguna entidad no se la toma en serio, la propuesta de guía del BCE acaba recordando que esta institución está facultada por la normativa del mecanismo único de supervisión para destituir en cualquier momento a los altos cargos que incumplan los requisitos establecidos para ellos en la legislación.

La banca española acrecienta su internacionalización

Por: | 14 de noviembre de 2016

El Informe de Estabilidad Financiera (IEF) que el Banco de España publicó la semana pasada dibuja un panorama poco tranquilizador para el negocio bancario. Destaca su baja rentabilidad en un entorno de persistencia tipos de interés ultrabajos, deterioro de las perspectivas de crecimiento de la economía nacional e internacional y riesgos de corrección a la baja en los precios de los activos financieros. Nada distinto de lo que no nos hubiésemos hecho eco en recientes notas.

Fruto de este contexto, refiere una caída adicional en la senda descendente que vienen registrando los resultados de la banca española. Tanto que, en base consolidada, y en términos de beneficio atribuido a la entidad dominante, aquel ha caído casi un 30% en la primera mitad de este año. Como consecuencia, el ROE se ha reducido más de 2,5 puntos porcentuales hasta el 6,1% y se distancia aún más de la cobertura de un mínimo de coste de capital razonable.

No es menos relevante, en cualquier caso, que el conjunto de la banca española siga comparando razonablemente bien frente a la media de la banca europea y la de los otros grandes países de la eurozona: Alemania, Francia e Italia. Lo hace en eficiencia y lo hace en resultados, siendo evidente la progresiva absorción del ingente volumen de activos dañados que se acumularon durante la crisis y el aumento de la solvencia de las entidades. Ésta se situaría, en el análisis prospectivo que realiza el Banco de España, en un nivel suficiente para que quedasen preservados los niveles mínimos de solvencia en un escenario de circunstancias muy adversas, y respaldaría por tanto los resultados recientes de los ejercicios de estrés europeos.

Siendo ésta la evaluación sintética de la situación por la que atraviesa actualmente el sector bancario español, resulta particularmente interesante hacer referencia a un fenómeno colateral que se está produciendo en paralelo al proceso de licuación de los efectos de la crisis vivida estos años: lejos de contenerse, el proceso de internacionalización de la banca española no ha dejado de aumentar. En efecto, como puede observarse en los gráficos adjuntos tomados de este último IEF, el peso relativo de los activos de la banca española considerados como negocio en el extranjero rondan ya el 42%, doblando el peso relativo que estos tenían al inicio de la crisis.

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Si se mantiene la evolución, en breve el negocio de las entidades españolas estará compuesto en un 50% por negocio nacional y la otra mitad por negocio localizado fuera de nuestro país. Por tanto, nuestro sistema bancario es en la actualidad, dentro de los grandes países, uno de los más internacionalizados. Dicha evolución es consecuencia de una doble dinámica en estos últimos años. Por una parte, y como sucedía antes de la crisis, las dos principales entidades españolas, Santander y BBVA, han continuado durante este periodo de crisis su proceso de adquisición de entidades en otros países. A ellos se ha unido Sabadell con la reciente adquisición del banco británico TSB. La Caixa, por otra parte, ha allanado recientemente el terreno para la definitiva adquisición del portugués BPI. Sólo en el caso de Santander y BBVA la importancia del negocio en el extranjero representa en torno a dos terceras partes del total.

Además, por otra parte, el tamaño del negocio en España no ha dejado de reducirse desde el inicio de la crisis. Como hemos señalado en una nota anterior, su partida principal, el saldo de crédito bancario al sector residente, se ha reducido en cerca de 600.000 millones en este periodo, lo que representa en torno a un 30% de los más de 1,8 billones de euros que representaba entonces la financiación otorgada en el negocio nacional por el sistema bancario.

Esta combinación de negocio bancario creciente en el extranjero y menguante dentro de España es la que está provocando esa notable expansión del primero en términos no sólo relativos, sino también absolutos. Y sin duda este hecho es muy relevante y diferencial para entender la dinámica intrínseca de la banca española (considerada en su conjunto) así como en términos comparativos con la banca del resto de principales países europeos.

Una segunda consideración destacable del proceso de internacionalización de la banca española tiene que ver con la localización geográfica de su negocio en el extranjero. Frente a la presunción de que, como ocurrió en su expansión inicial, ésta podría haberse orientado de forma mayoritaria en Latinoamérica, cabe señalar que la dinámica reciente ha determinado que el peso crítico del negocio de la banca española en el extranjero se concentre en los países con una actividad bancaria más desarrollada y competitiva: Reino Unido y Estados Unidos en este orden. Entre los dos mercados acaparan casi el 45% de la actividad bancaria en el extranjero de la banca española, y si a ellos se le suma la actividad en países del área euro (de forma mayoritaria en Alemania y Francia) dicho porcentaje se eleva hasta el 60% aproximadamente. La actividad bancaria en Latinoamérica “sólo” representa en torno al 25% del negocio (con exposición mayoritaria en Brasil y México), en tanto que dentro del 15% restante destaca como exposición más relevante la de Turquía.

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Como reflexión final, señalar que la diversificación internacional de la banca española, además de un signo distintivo de la misma, ha facilitado sin lugar a dudas la digestión de la crisis reciente y, aún hoy, contribuye positivamente a que, considerada globalmente, defina en media niveles de rentabilidad, aunque bajos también, algo superiores a los sus homólogas europeas.      

El futuro inmediato de la unión monetaria

Por: | 08 de noviembre de 2016

La crisis de la que no acabamos de salir ha puesto de manifiesto debilidades en el diseño de la unión monetaria que tampoco se acaban de solventar, dadas las dificultades políticas que existen para ello, teniendo en cuenta las diferentes posiciones de los Estados miembros.

Como han demostrado los avances ya conseguidos en la unión bancaria, se necesitan iniciativas legislativas apropiadas que puedan abrirse camino entre los dos colegisladores (el Parlamento Europeo y el Consejo de la UE), papel que corresponde a la Comisión Europea (CE). Esta institución presentó el pasado 25 de octubre su tercer Programa de Trabajo anual (PTA) (COM(2016) 710), bajo el lema: Conseguir una Europa que proteja, capacite y vele por la seguridad. Con bastante menos iniciativas que la anterior Comisión, de dicho programa sólo nos ocupamos en este post de la unión económica y monetaria (UEM), incluyendo la unión del mercado de capitales, que se trata en el PTA como un elemento del mercado único, en apoyo de la financiación de la economía.

El Anexo I del PTA recoge un conjunto de 21 nuevas iniciativas, aunque sólo nos vamos a detener en tres de ellas. Son muy relevantes, pero se observa claramente una disminución en el nivel de concreción a medida que se desciende en la tabla, señal inequívoca de las posibles dificultades que se pueden encontrar en el camino. En todo caso, estas dificultades no excusan de la necesidad de alcanzar objetivos consistentes y duraderos en favor de una UEM robusta.

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El PTA no parte de cero, sino que tiene detrás iniciativas anteriores que siguen, en estos momentos, abiertas. Por eso su Anexo III recoge 35 propuestas prioritarias pendientes por parte de los colegisladores, de las que, con el mismo criterio anterior, recogemos las cuatro que figuran en la tabla siguiente.

Cuadro 2

En definitiva, un PTA más realista que en ocasiones anteriores, pero también menos concreto, sin que ni uno u otro aspecto garanticen sin más que el plan se cumpla, no tanto en todos sus detalles como en los objetivos básicos que pretende conseguir.

Tamaño y concentración bancaria en Europa

Por: | 04 de noviembre de 2016

Como viene siendo habitual todos los años por estas fechas, el Banco Central Europeo (BCE) acaba de publicar su informe anual sobre Estructuras Financieras, donde compara entre los distintos países de la Eurozona, tanto en términos de evolución reciente del negocio y parámetros financieros como en otros más estructurales referidos a capacidad instalada, estructura empresarial y grado de concentración. Y todo ello, a su vez, distinguiendo entre los tres grandes sectores que componen el sistema financiero: bancos, seguros y pensiones, y resto de entidades, con especial consideración a los fondos de inversión.

De los numerosos ámbitos de análisis y comparación que un informe de tal envergadura permite abordar, queremos centrarnos en los referidos a la estructura empresarial y competitiva de los diferentes sistemas bancarios nacionales de la eurozona, que delimitan la actual configuración de la unión bancaria. Al fin y al cabo, si el negocio bancario en la eurozona se enfrenta a un problema estructural de generación de márgenes, al que el previsible contexto de tipos cero durante un largo periodo de tiempo no va precisamente a ayudar, cobra un mayor protagonismo aspectos de gestión vinculados a productividad y eficiencia. En este marco es donde vienen arreciando de nuevo los mensajes desde diferentes organismos (FMI, BCE, etc.), animando a operaciones de concentración que ayuden a conseguir mejoras en esos parámetros de productividad y eficiencia.

Pues bien, en dicho contexto merece la pena destacar cómo el sistema bancario español presenta parámetros más favorables en comparación  con los de la media de la eurozona, y muy especialmente con los otros tres grandes países de la misma (Alemania, Francia e Italia).

Comencemos por capacidad bancaria instalada. Frente a la “torticera” utilización de la red de oficinas española como el argumento para acusar a nuestro sistema bancario de ineficiente, el mencionado informe del BCE permite utilizar dos parámetros que, a nuestro juicio, son más relevantes que el de la red de oficinas. Uno es el del número de entidades, relevante en tanto en cuanto cada entidad debe soportar unos servicios centrales que sin duda son menos productivos que la red de oficinas. Y el otro es el de empleados relativos a negocio o a clientes potenciales. Pues bien, como ilustra el cuadro adjunto, en uno y otro parámetro el sistema bancario español presenta registros favorables con la media de la eurozona, y muy especialmente con los tres mayores países de la misma.

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Sin entrar en consideraciones de coste, o de negocio unitario, en España hay un empleado de banca por cada 236 habitantes; ese mismo ratio es de 166 en la eurozona, 126 en Alemania, 163 en Francia, o 203 en Italia. Y si hablamos de entidades bancarias, en España existe una por cada 213.000 habitantes, frente a una por cada 60.000 habitantes en la eurozona, 142.000 en Francia, 92.000 en Italia, o tan sólo 46.000 en Alemania.

Esas diferencias en cuanto a número de entidades se trasladan también si hablamos de concentración, medida como la cuota que sobre el total de activos bancarios representan las cinco mayores entidades de cada país, como ilustra el gráfico siguiente. España presenta el grado de concentración más elevado entre los cuatro grandes países europeos, siendo esos los países relevantes a efectos de comparación, por cuanto los países pequeños, que en muchos casos albergan a grandes bancos (“national champions”), tienen un mayor sesgo en cuanto a concentración. De hecho, es España el país en el que más se ha incrementado la concentración desde el inicio de la crisis.

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Finalmente, por si la comparativa entre censo de entidades y grado de concentración no fuese suficiente, la traducción de todo ello a unidades monetarias (coste), y muy especialmente a ratio de eficiencia (“cost to income”, o gastos de explotación sobre margen de explotación), no deja tampoco margen de duda, como ilustra el gráfico siguiente.

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España presenta un ratio de eficiencia claramente inferior (es decir, mejor) que la media de la eurozona, y sin duda frente a los tres mayores países de la misma, cuya eficiencia es la peor, especialmente en al caso de la banca alemana.

Todo ello en absoluto debe llevar a autocomplacencia, y sin duda que el sistema bancario español debe realizar ajustes de capacidad adicionales para seguir ganando en eficiencia. Pero desde luego los tres grandes países europeos deben realizar esfuerzos superiores. Asimismo tampoco parece deducirse un caso claro para incidir en mayores niveles de concentración en el caso español.

Finanzas a las 9

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Emilio Ontiveros es Presidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y Catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid. @ontiverosemilio.

Ángel Berges es Vicepresidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y Catedrático de Economía Financiera de la Universidad Autónoma de Madrid.

Daniel Manzano es Consejero Delegado de Analistas Financieros Internacionales (Afi). @dmanzanoster.

Esteban Sánchez Pajares es Socio del área de Banca y Seguros de Analistas Financieros Internacionales (Afi). @est_snchez.

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