Las recientes revisiones a la baja de la calificación crediticia que otorgan las agencias de rating al Reino de España -la última, ayer mismo por parte de Moodys-, introducen un elemento adicional de preocupación en el escenario económico actual. Desde que comenzara la crisis, las agencias han reducido en hasta cinco escalones la nota de España, con repercusiones muy relevantes sobre la capacidad de financiación de la economía, que van mucho más allá del incremento directo en el coste de las emisiones que realiza el Tesoro.
En primer lugar, porque en la práctica totalidad de los casos, el rating del Reino actúa como “techo” en la calificación del resto de agentes económicos. En última instancia, si el Tesoro no fuera capaz de pagar sus deudas, tampoco podría ninguno de los operadores de esa economía. Por lo tanto, tras una bajada de rating de un país, se produce una cadena de revisiones a la baja en el resto de emisores, ya sean empresas no financieras, bancos o CC.AA. En definitiva, esto es lo que implica el rating: la opinión que tiene la agencia de calificación sobre la capacidad de un país, y del resto de emisores, de hacer frente al pago de intereses y devolución del principal de los préstamos concedidos por sus acreedores.
En segundo lugar, afecta directa y de forma especialmente intensa a las entidades financieras por la forma en la que financian parte de su balance. El sector bancario español ha tomado prestado en las dos últimas subastas del BCE algo más de 300 mil millones de euros. Para ello, las entidades financieras han tenido que depositar activos que sirven como garantía en el BCE, que en la mayor parte de los casos es deuda pública –ya sea del Estado o de las CCAA- o deuda emitida por otras entidades –bonos, cédulas hipotecarias, titulizaciones, etc.-. Pues bien, si las cuatro agencias registradas en BCE siguieran los pasos dados por Moodys -bajando el rating de España-, la autoridad monetaria exigiría más garantías para mantener el mismo volumen de financiación que ya ha prestado. ¿Y esto es relevante? Lo es, porque implica que los bancos tienen que utilizar más activos para obtener la misma cantidad de dinero, disminuyendo su posición de liquidez neta e incrementando el coste efectivo de la financiación.
En tercer lugar, como consecuencia de los dos aspectos anteriores, en términos efectivos el dinero es más caro. Por un lado, porque las entidades financieras aplicarán tipos de interés más altos a los préstamos que conceden a sus clientes; y, por otro, porque las empresas exigirán rentabilidades más altas a sus inversiones, para así compensar el incremento de su coste de financiación.
Malas noticias por tanto en un contexto de sequía financiera como el actual.