Finanzas a las 9

Sobre el blog

Los profesores de Afi Escuela de Finanzas ofrecen un punto de vista singular sobre la actualidad del sistema financiero. En cada publicación se aborda el análisis de cuestiones ligadas al proceso de transformación del sector, a las novedades regulatorias, a la relación con la tecnología o al repaso de los fundamentos teóricos que explican las bondades de un sistema financiero sólido.

Sobre los editores

Afi Escuela de Finanzas

Afi Escuela de Finanzas es, desde 1994, el principal referente español en formación financiera. Nuestras programas tienen un carácter eminentemente práctico y se basan en la experiencia directa de nuestro cuadro de profesores, formado por profesionales de Afi y otros expertos del máximo prestigio en el sector.

Emilio Ontiveros es Presidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y Catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid. @ontiverosemilio.

Ángel Berges es Consejero Delegado de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y Catedrático de Economía Financiera de la Universidad Autónoma de Madrid.

Daniel Manzano es Socio y Director General de Analistas Financieros Internacionales (Afi). @dmanzanoster.

Álvaro Martín Enríquez es Socio del área de Innovación y Desarrollo Internacional de Analistas Financieros Internacionales (Afi). @alvarojme.

Esteban Sánchez Pajares es Socio del área de Banca y Seguros de Analistas Financieros Internacionales (Afi). @est_snchez.

Francisco José Valero es Socio del área de Estudios de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid.

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¿Se puede liquidar un banco?

Por: | 19 de junio de 2012

En el actual escenario, combinar las palabras “liquidación” y “banco” genera una especie de pánico que lleva a pensar en colas de clientes retirando sus depósitos. Es cierto que la carga semántica negativa del término “liquidación” y la extremada sensibilidad de la opinión pública sobre la situación del sistema bancario hacen necesario un especial cuidado a la hora de hacer arriesgadas combinaciones verbales.

Sin embargo, debe afirmarse que sí puede liquidarse un banco, como nos muestra la historia del sistema financiero español o el ejemplo de diferentes casos en la actual crisis bancaria en países de nuestro entorno, como informa la propia Comisión Europea  (ver tabla).

Tabla Blog Liquidación Bancaria

De forma muy resumida, la liquidación de una compañía, sea un banco o cualquier otra, básicamente requiere ir haciendo frente a todos los pasivos, con el orden de prelación que la normativa define, con los activos que pueda tener la compañía para pagarlo.

Con ello, sólo pueden presentarse dos “problemas”. El primero, de ritmo, que sería que los activos no puedan hacerse líquidos al ritmo que les gustaría cobrar a todos los acreedores. Para ello existe la figura del concurso de acreedores, que permite “comprar tiempo” para negociar con ellos.

El segundo “problema” sería de suficiencia patrimonial. Si los activos, cuando intentan realizarse, tienen un valor inferior a las deudas, habrá unas pérdidas que tendrán que repartirse. Los primeros que las soportarán serán los accionistas, y después los acreedores con cierto grado de subordinación. Sólo cuando los primeros y los segundos hubiesen perdido todo empezarían a perder otro tipo de acreedores.

La particularidad en un banco es que sus acreedores son diferentes de los de otras empresas. Por un lado, están los depositantes, protegidos por el fondo de garantía de depósitos (FGD). Por otro, los inversores que han comprado títulos emitidos por la entidad. Si unimos esto a la particular naturaleza de los activos, que pueden ser ilíquidos por tener un vencimiento a largo plazo –e.g. las hipotecas—y a alguna complejidad que vincula activos y pasivos –e.g. las cédulas hipotecarias están colateralizadas por las hipotecas existentes y no podrían venderse las hipotecas sin cancelar las cédulas– nos queda un esquema de cómo liquidar un banco que es algo diferente del de otro tipo de compañías.

Considerando esas diferencias y de forma muy resumida, un proceso de liquidación “puro” podría pasar por:

  • Toma de control del banco –intervención o adquisición de un paquete mayoritario del capital— que podría no ser necesaria y ser los accionistas originales los que inicien el proceso.
  • Solicitud del concurso de acreedores, como medida de protección frente a exigencias de determinados acreedores.
  • Liquidación de los depósitos por el FGD, que se transformaría en principal acreedor de la entidad. Desde el momento que la entidad no tenga depositantes, podría incluso dejar de tener licencia bancaria.
  • Venta o liquidación de activos, para ir haciendo frente a las deudas con otros acreedores no cubiertos por el FGD. Los activos que estén vinculados a pasivos –cédulas e hipotecas, por ejemplo– tendrán que ser gestionados conjuntamente.
  • En caso de insuficiencia de activos, se tendrán que acordar quitas que se aplicarán en función de la prelación de los acreedores.
  • En caso de que la liquidación del remanente sea positiva, correspondería a los accionistas originales.

Algo similar a esta “liquidación” podría ser un proceso más sencillo, en el que sin necesidad de concurso, sólo con control de la entidad, se segregasen determinados activos y pasivos para ser vendidos –“negocio bueno” – frente a otros que no tendrían fácilmente comprador –“negocio malo” –. Los primeros buscarían un comprador en mercado y los segundos quedarían bajo administración y control generalmente público. El papel del FGD no sería el de hacer frente a los depósitos –ya que un comprador se haría cargo de ellos– sino apoyar en la gestión del “negocio malo” para lo cual podrá apoyarse en el FROB, cuya misión es apoyar a la restructuración bancaria..

En una u otra solución los clientes pueden verse afectados. Por ejemplo, si se “trocea” el negocio, pueden quedar como clientes de una entidad por lo que corresponde a sus cuentas de pasivo y de otra distinta para sus préstamos, o puede ser vendido a un tercero el negocio de seguros o de fondos. Incómodo, sí, pero bastante mejor que perder dinero, no tanto como acreedor, que para eso está el FGD, pero sí como contribuyente.

¿Tiene alguna ventaja liquidar un banco frente a mantenerlo como entidad? Probablemente podríamos llegar a la reflexión de si algo vale más unido o por partes. Si un banco tiene negocios con viabilidad y valor y otros que no aportan valor o, peor aún, que detraen valor, concluiríamos que la venta por partes puede generar valor, aunque siempre nos quedará un residuo que tenga que ser gestionado, en ocasiones a muy largo plazo.

Este esquema contrasta con el aplicado hasta ahora por el FROB, que ha vendido entidades completas, a costa de conceder importantes apoyos a los compradores –venta del capital por un euro, concesión de esquemas para proteger activos de morosidad o pérdidas futuras–. Por tanto, hablar de “liquidación”, si le quitamos esa negativa carga semántica, vendría a ser sinónimo de estudiar formas alternativas de salida de las entidades que sean controladas por el FROB.

 

 

El País

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