Finanzas a las 9

Sobre el blog

Los profesionales de Afi ofrecen un punto de vista singular sobre la actualidad del sistema financiero. En cada publicación se aborda el análisis de cuestiones ligadas al proceso de transformación del sector, a las novedades regulatorias, a la relación con la tecnología o al repaso de los fundamentos teóricos que explican las bondades de un sistema financiero sólido.

Sobre los autores

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Afi es, desde 1987, una empresa líder en consultoría y formación independiente en economía, finanzas y tecnología. El rigor técnico, la innovación y la orientación al cliente son las bases de nuestra diferenciación y nos han permitido ofrecer desde 1994 formación financiera especializada a través de Afi Escuela de Finanzas.

Emilio Ontiveros es Presidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y de Afi Escuela de Finanzas, además de Catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid. @ontiverosemilio.

Ángel Berges es Vicepresidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y Catedrático de Economía Financiera de la Universidad Autónoma de Madrid. @AbergesAngel.

Daniel Manzano. Socio de Afi. Presidente de Afi Inversiones Financieras Globales EAFI y de Afi Consultores de las Administraciones Públicas. @dmanzano_afi.

Esteban Sánchez Pajares es Socio del área de Banca y Seguros de Analistas Financieros Internacionales (Afi). @est_snchez.

Francisco José Valero es Socio del área de Estudios de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid.

Daniel Fuentes Castro es responsable de análisis macro de Analistas Financieros Internacionales (Afi)@dfuentescastro

Ricardo Pedraz es consultor de área de Finanzas Públicas de Analistas Financieros Internacionales (Afi) @RicardoPedraz.

Verónica López es Consultora senior del área de Economía aplicada y territorial de Analistas Financieros Internacionales (Afi) @VLopezSabater.

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Consumo y medios de pago

Por: | 20 de diciembre de 2012

La evolución reciente de los medios de pago electrónico ofrece un fiel reflejo del entorno económico en el que se encuentra España, y apunta algunas de las tendencias de consumo de los ciudadanos. Según el Informe Tecnocom 2012, que presentamos el pasado 11 de diciembre, el número de tarjetas de pago se ha reducido desde 2008 en 7,5 millones de unidades, lo que equivale a una caída de casi el 10% del parque total. Si bien es cierto que existen condicionantes de oferta que explican parcialmente este dato (consolidación de los emisores bancarios, migración tecnológica al estándar EMV), no sorprende que los hogares reduzcan el número de instrumentos de pago con el objetivo de controlar el gasto y reducir el pago de comisiones de mantenimiento. Este mismo objetivo se persigue con una mayor utilización del débito, en detrimento de las operaciones a crédito o débito diferido (tarjetas de cargo).

El importe agregado de las operaciones con tarjeta creció entre 2009 y 2011 un 7%, hasta alcanzar 98.200 millones de euros, mientras que el número de transacciones electrónicas creció un 10% en ese período, superando los 2.200 millones de operaciones en 2011. Únicamente a partir del segundo trimestre de 2012 se comienza a percibir una ligera caída en el uso de las tarjetas, según anunció en octubre el Banco de España.

Así pues, se sigue apreciando en España una sustitución gradual de los medios de pago basados en papel (efectivo y cheques) por los electrónicos. Este fenómeno es coherente con la disminución del importe medio de las compras con tarjeta, cuya tendencia se aprecia desde antes del inicio de la crisis, y que se corresponde con la utilización de los medios electrónicos para compras de menor cuantía.

Evolución tarjetas
Otro de los factores determinantes en el uso de medios de pago es el de los atributos que los ciudadanos confieren a cada uno de ellos. En el caso de las tarjetas de crédito, se valoran las ventajas adicionales que ofrecen, ligadas a incentivos y programas de fidelización, además del propio pago diferido. En cambio, la tarjeta de débito se percibe como un medio de pago muy cómodo y conveniente

No se incluye en este análisis las tarjetas prepago, entendidas como los instrumentos en los que se anticipa el importe del consumo futuro, a las que dedicamos un capítulo completo en el último Informe Tecnocom. Su uso en nuestro país es todavía limitado en comparacíon con las tarjetas de crédito y débito, aunque presentan un gran potencial de crecimiento. En buena medida, el uso del prepago está ligado a nichos como el transporte o las tarjetas para adolescentes, pero podría llegar a tener una aceptación mayor en un entorno de preferencia por el control del gasto. Estos instrumentos ya disfrutan de la misma aceptación en el mercado que una tarjeta de débito o de crédito, y además ayudan a promover la educación financiera y prevenir el sobreendeudamiento.

Santander + Banesto: eficiencia y marca

Por: | 18 de diciembre de 2012

La integración de Banesto en Santander, aprobada ayer lunes por el Consejo de Administración de este último, pone fin a una situación que durante muchos años ha dado pie a elucubraciones sobre las posibles alternativas estratégicas que Santander podría perseguir para Banesto, participado por aquel en un 89,7%.

La operación planteada representa la fusión por absorción de Banesto, mediante el canje de acciones que incorpora una prima del 24,9% sobre la cotización de éste al cierre de la semana anterior.
No es difícil identificar la racionalidad de la operación propuesta; de hecho, lo que quizá sorpende más es que no se haya realizado con antelación, pues en pleno proceso de reestructuración bancaria y ajuste de capacidad no tenía ningún sentido mantener dos estructuras separadas, con algunas redundancias en la red de oficinas, pero sobre todo en los servicios centrales, donde las posibilidades de optimización y búsqueda de sinergias son mucho más evidentes.

Santander banesto

Y en cuanto a dispersión de marcas, no parece tener mucho sentido mantener dos marcas separadas, ambas correspondientes a bancos con vocación universal (aparte de Banif, un banco más “de nicho”). Sobre todo, en un entorno en el que cabe atisbar una resultante de no más de 8 o 10 entidades en el conjunto del sistema. Con lo que cuesta crear una marca, y sin duda Santander lleva tiempo invirtiendo de forma exitosa en ello, no parece razonable mantener la separación.

Esa coexistencia de dos marcas podía tener una justificación en un entorno de fuerte crecimiento del negocio, como el existente durante la década de bonanza, permitiendo una más completa llegada a los clientes, así como el mantenimiento de una tensión comercial entre las dos estructuras que solo podía redundar en beneficio para las dos entidades.

Por otra parte, en esa época de bonanza Banesto podía ser calificado también como una “bala de plata” de Santander , para su puesta en valor mediante venta a terceros, o ser utilizado como moneda de cambio en alguna operación corporativa internacional. Esos fueron los posibles destinos que tradicionalmente se auguraban para Banesto en un entorno de crecimiento y alta valoración de las entidades bancarias.

Pero una vez metidos en plena crisis, esa “bala de plata” deja de tener valor alguno, por lo que se imponía claramente su integración en Santander, en una operación orientada a la mejora de eficiencia y de optimización de la marca común. La obsesión por la eficiencia ya ha quedado clara con el anuncio del cierre de 700 oficinas, un 15% del total, y representa un paso más tras el anuncio en pasadas semanas de importantes recortes de plantilla en Brasil, poniendo de manifiesto que el carácter global del banco no le aísla de la necesidad de ajustar capacidad en un entorno de debilidad generalizada del negocio bancario.

Y en cuanto a la integración de marcas, creemos que está plenamente justificada: la economía de esfuerzos sobre una buena marca es vital, y en este sentido creemos que la decisión puede apuntar también a una predisposición a pujar por alguna de las entidades pendientes de adjudicación. Ello habría sido más complejo desde la coexistencia por separado de Santander y Banesto, pero ahora se simplificará. De hecho, en un contexto en el que esas entidades procedentes de antiguas cajas han resultado seriamente dañadas en su reputación, tiene poco sentido mantener su marca tras los procesos de adjudicación, y es ahí donde la unificación bajo la marca Santander podría contemplarse como un paso previo facilitador de esas eventuales absorciones futuras.

El día después

Por: | 13 de diciembre de 2012

Las instituciones, los gestores y los consultores llevamos embarcados desde 2008 en la búsqueda de una solución que permita resolver los problemas estructurales del sector bancario español, que la crisis financiera y económica ha revelado catastróficos. El trabajo no ha sido fácil, como demuestra el número de nuevas normativas, europeas  y nacionales; el volumen de recursos, especialmente públicos que se han invertido vía garantías o vía emisiones, o la cantidad de conocimiento, innovación financiera, contable u organizativa que se ha desarrollado. Pero especialmente, el proceso de concentración de entidades, de reducción de la especie, que ha experimentado el sistema bancario. Sin ser el nuestro un ejemplo de fragmentación por el número de entidades, el número de jugadores en el sector bancario español era relevante. No obstante, cuando finalice este proceso probablemente el grado de concentración de la actividad bancaria se situará entre los más elevados entre los países desarrollados.

Concentración del sector bancario español

Ya se escuchan voces que ponen de manifiesto las posibles amenazas que se podrían materializar a medio plazo en términos de alteración de la competencia debido al reducido número de entidades o de necesidades de recursos para una supervisión más intensa de las nuevas entidades que se acercan todas ellas al carácter de sistémicas. Ambas, pero especialmente la segunda, ponen de manifiesto la necesidad de implantar de forma urgente una supervisión macroprudencial que sea capaz de anticipar futuros episodios de crisis sistémicas. Igualmente se escuchan voces que reclaman volver a poner el foco en la creación de valor frente al excesivo protagonismo de la normativa de los últimos años.

Uno de los problemas más importantes para resolver el día después es  recuperar la capacidad de contribuir al desarrollo económico regional de los grupos bancarios sobrevivientes y de los resultantes de los procesos de concentración. La mayoría de las sobrevivientes (Banco Santander, BBVA, Caixabank, Banco Sabadell, Banco Popular…) son entidades de carácter global cuya vinculación regional es más difusa y cuyos centros de decisión están más alejados de los territorios. Por otro lado, los resultantes quizá no en todos los casos han sido capaces de finalizar la estrategia de implantación geográfica diseñada en el origen, lo que ha generado un puzle incompleto. La condicionalidad de que las entidades beneficiarias de las ayudas de Estado catalogadas como no globales replieguen sus redes hacia sus territorios naturales podría resolver en parte las consecuencias sobre la economía regional de este modelo de distribución geográfico discontinuo.

Más preocupante para el mencionado desarrollo económico regional es la práctica imposibilidad para que las entidades locales, aquellas que gozan de economías de información y de los beneficios de la vinculación territorial, puedan acceder al capital privado. No debemos olvidar que estas últimas han sido referencia especialmente para los clientes más sensibles a las consecuencias de episodios de restricción crediticia. Entidades que en su inmensa mayoría aún hoy presentan ratios de solvencia y liquidez claramente por encima de los mínimos exigidos por la reciente normativa.

La necesidad de recapitalizar parte del sistema bancario ha obligado a que todo el capital público se dirija hacia aquellas entidades con mayores necesidades de saneamiento. Sin embargo, desde el punto de vista de la eficiencia de los recursos, merece la pena reflexionar sobre el mayor retorno económico y social que podrían aportar las entidades con mayor dominio de los mercados locales. Merece la pena reflexionar si una vez finalizado el proceso de recapitalización y mientras se despejan las dudas del capital privado para entrar directamente en nuestras entidades, las entidades locales van a poder acceder a ayudas que les permita participar en la adquisición de redes en sus ámbitos de influencia; redes que desde el día después serían capaces de poner en valor en beneficio de la economía local.

Contador a cero: banca dual

Por: | 11 de diciembre de 2012

Salvo sorpresas, a finales de 2013 se cumplirá una parte sustancial de la hoja  de ruta para la recapitalización del sistema bancario español definido en el Memorandum of Understanding (MoU). De hecho, en torno a 40.000 millones de euros, el grueso de la ayuda solicitada finalmente a  la Unión Europea llegará al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) en los próximos días. Éste procederá posteriormente a la inyección de fondos, en primer lugar, en aquellas cuatro entidades de las que es actualmente el accionista mayoritario (BFA-Bankia, Catalunya Banc, Novagalicia Banco y Banco de Valencia, este último ya adjudicado en pública subasta a “la Caixa”) así como en la SAREB, el vehículo de nueva planta (“banco malo”) con participación pública minoritaria, al que dichas entidades y otras cuatro transferirán sus activos inmobiliarios dañados. Estas últimas, según los planes conocidos hasta la fecha son BMN, Liberbank, Caja3 (pendiente de su integración en Ibercaja) y CEISS (antiguas Caja España y Duero, pendiente de su integración en Unicaja).

Por otra parte, sin requerir ayudas públicas y sin aportar activos inmobiliarios dañados a la SAREB procedentes de la promoción y construcción inmobiliaria, se mantendrían los otros nueve grupos bancarios que, junto con los ocho anteriores, conformaron el grupo de 17 entidades que han sido objeto del análisis de estrés al que se ha sometido la banca española en el marco del MoU. Estas nueve entidades son Grupo Santander, BBVA (que había integrado recientemente a UNNIM), Caixabank (que había integrado también recientemente a Banca Cívica y hará lo propio en breve con Banco de Valencia), Banco Sabadell (que había integrado a CAM), Kutxabank, Bankinter, Unicaja, Ibercaja y, finalmente, Banco Popular. Este  último había integrado recientemente al Banco Pastor y, aunque con necesidades de capital relevantes según el ejercicio de estrés, ha materializado con éxito en estos últimos días una muy elevada ampliación privada de capital con la que cubrirlas sin requerir ayudas públicas.

Este es el panorama después de la batalla librada hasta el momento por las varias decenas de principales entidades bancarias españolas existentes al inicio de la crisis. Tras haber enfrentado las más duras condiciones en décadas, propiciadas tanto por la crisis internacional como más específicamente por la propia crisis doméstica, los grupos que sobreviven y navegan ya sobre su quinto año de duración dibujan un escenario dual.

Por un lado, quienes con la etiqueta de entidades beneficiadas por ayudas de Estado y representan en torno a una cuarta parte del negocio bancario en España, habrán de acometer de forma inmediata no sólo el mencionado traspaso de activos dañados al banco malo, sino también un proceso de desapalancamiento, reducción de tamaño con venta de otros activos no centrales y redes fuera de su mercado tradicional originario, así como compartición de pérdidas por parte de su clientela minorista afectada por la tenencia de deuda subordinada y participaciones preferentes, que sufrirán “quitas” en el proceso de recapitalización. Sin duda, esto generará desafección y tendrá un impacto comercial muy adverso en unas entidades que, por lo demás, seguirán operando en un marco recesivo en 2013 y cuya gestión independiente tiene, en algunos casos, fecha de caducidad al ser previsible su posterior subasta. Bien es cierto que es un grupo heterogéneo, empezando porque está conformado por entidades con su práctica totalidad de capital público y, en el otro extremo, incluso alguna entidad que presumiblemente no tendrá participación pública en su accionariado. El grupo contará a favor, en todo caso, con un balance saneado, una razonable capitalización inicial y ratios de liquidez algo menos comprimidas.

Por otro,  estarán los nueve grupos bancarios sobrevivientes sin ayudas públicas (cuatro de ellos procedentes del antiguo subsector de cajas de ahorros). La primera gran diferencia con el grupo anterior es que mantienen en los balances sus activos inmobiliarios dañados. Habrán sido objeto de un fuerte provisionamiento en 2012, como consecuencia de las obligaciones de saneamiento a la que también están sujetos, pero tendrán que seguir gestionándolos. Por otra parte, aunque en grado muy desigual, probablemente se beneficien de una “huida a la calidad de la clientela” y, por tanto, de un aumento de su cuota de mercado a costa de las del otro grupo. Un mercado que, sin embargo, dadas las condiciones económicas que imperarán, no crecerá (más bien puede que incluso lo contrario) ni por el lado de los recursos de la clientela ni por el lado del crédito.

Además, dado el retraso con el que se produce, acusarán probablemente el progresivo deterioro que se pondrá de manifiesto en la cartera crediticia de pymes y grandes empresas (no vinculadas al sector inmobiliario), así como en la de hipotecas de familias, cuyas tasas de morosidad aún se encuentran contenidas en bajas tasas. Las dificultades de acceso a la financiación en los mercados mayorista, en particular para las entidades más pequeñas y con peores ratios de liquidez de este grupo, dificultarán también el tránsito de 2013. En todo caso, las menores dotaciones que serán necesarias respecto de las excepcionales de este año que termina, contribuirán favorablemente a sus cuentas de resultados, en las que, eso sí, los dos grandes bancos internacionales seguirán contando presumiblemente con el confortable colchón que aún le sigue proporcionando su negocio fuera de España.

La batalla continúa y los resultados siguen siendo inciertos, aunque quizás, por primera vez desde que comenzó la crisis, la banca por sí misma dejará de ser “el problema” o al menos uno de los grandes problemas. Desgraciadamente tampoco la solución: no parece que se den las condiciones para que el crédito acabe fluyendo a corto plazo. 

Más competitivos

Por: | 04 de diciembre de 2012

El inventario de dolencias que exhibe la economía española no es precisamente reducido, ni de escasa severidad, pero hay que destacar un rasgo inequívocamente favorable: el aumento de la competitividad internacional de nuestras exportaciones. El gráfico adjunto, perteneciente al último informe de la OCDE sobre la economía española, da cuenta de ello.

Al inicio de la crisis el déficit por cuenta corriente de la economía española era de los más elevados de las economías avanzadas. Ahora va camino del equilibrio. Es verdad que en la reducción de ese desequilibrio ha jugado un papel importante la reducción de las importaciones, que no lo han hecho más por la rígida dependencia que tenemos de las energéticas. Así, no puede pasarse por alto que la balanza comercial frente al conjunto de la UE es excedentaria, o el buen registro de los ingresos por turismo extranjero. Pero lo más destacable, en todo caso, es la defensa de la cuota de mercado de las exportaciones, mejorando notablemente a partir de 2008, como se ilustra en el gráfico 1.

Algunas empresas españolas están haciendo de la necesidad virtud. Y esta no es otra que el notable aumento de las ventas de bienes y servicios al exterior. La defensa de su capacidad exportadora y en algunos casos la irrupción en los mercados internacionales de empresas que hasta el inicio de la crisis lo habían hecho de forma poco menos que testimonial. Más allá del imperativo del desplome de la demanda nacional, en ese favorable comportamiento de las exportaciones españolas ha influido de forma determinante en muchos sectores la contención de la remuneraciones salariales, cuando no su manifiesta reducción. Como se aprecia en ese mismo gráfico, los costes laborales unitarios no han dejado de caer en todos los sectores (aunque especialmente intensas en las manufacturas) desde 2009 sobre la base de importantes ganancias de productividad. Es verdad, como destaca la OCDE, que esas ganancias de productividad vienen fundamentalmente explicadas por reducciones en los empleos con más baja productividad, fundamentalmente temporales y la amplia mayoría correspondientes al sector de la construcción. De ahí que para el mantenimiento de esas variaciones favorables, como acertadamente sugiere la OCDE, no haya más remedio que buscar nuevas fuentes de incremento de esa productividad del trabajo. Eso nos remite necesariamente a la profundización en sectores donde las dotaciones de capital tecnológico y humano son más relevantes. También al necesario fomento de la natalidad empresarial en las proximidades de nuestras universidades y en aquellos ámbitos donde los componentes de investigación e innovación son dominantes. Para que ello sea posible son precisos cambios de actitudes culturales y la eliminación de barreras a la canalización de la capacidad para emprender. Y de éstas, ahora las de naturaleza financiera siguen siendo las más disuasorias.

Gráfico 1. Competitividad de la economía española

EO 3 dic 2012 (gráfico 1) español

Gráfico 2: Ingresos por exportaciones de bienes y servicios. Comparación internacional, % variación anual

EO 3 dic 2012 (gráfico 2) español

(*) Artículo publicado en la revista “Empresa Global” editada por Afi

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