Apoyo al emprendimiento: un primer paso

Por: | 08 de marzo de 2013

Recientemente se viene hablando mucho de una futura ley de apoyo al emprendedor como una vía de salida de la crisis actual sobre la base de la creación de negocio y de empleo que puedan desarrollar las personas que se aventuren a poner en marcha nuevas empresas y que, además, tengan éxito.

El emprendimiento, la creación de nuevos negocios, es un fenómeno complejo, con diversos aspectos a considerar, de los cuales en este post sólo queremos centrarnos en los financieros. En todo caso, no es menor la necesidad de que exista una cultura que lo favorezca, sin la cual habrá pocas personas que se atrevan a correr el riesgo subsiguiente. Dicha cultura puede fomentarse a través de la educación, pero no es suficiente sólo con ésta.

También es necesario una regulación favorable, un aspecto que viene siendo muy impulsado en los últimos tiempos por la Comisión Europea, que en el día de ayer emitió una comunicación sobre las 10 normas de la UE más gravosas para las pequeñas y medianas empresas (nota de prensa en español), lo que debería inspirar una política proactiva al respecto por parte los Estados miembros, especialmente por países, como España, que hasta ahora no se han caracterizado precisamente por ello.

Sin embargo, al margen de la futura ley mencionada, el Gobierno ya ha adelantado algunos aspectos de la misma a través del reciente Real Decreto-ley 4/2013, de 22 de febrero, de medidas de apoyo al emprendedor y de estímulo del crecimiento y de la creación de empleo, en el que, entre otras, figuran algunas medidas financieras. Todas ellas tienen en común que facilitan la financiación por inversores institucionales, lo cual es lógico, ya, los nuevos negocios incorporan mayores niveles de riesgo, que los hacen menos aptos para los inversores particulares en general.

Marzo 8 gráfico Principales problemas de las pyme

 

Dos de estas medidas permiten que tanto las entidades aseguradoras como los fondos de pensiones puedan invertir en valores admitidos a negociación en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), y, además, los segundos también puedan hacerlo en entidades de capital riesgo, la fórmula que se ha desarrollado en los sistemas financieros modernos para financiar en forma de capital empresas emprendedoras. Se trata más bien de un cambio técnico, ya que el MAB, pese a su nombre, no es legalmente un mercado de valores, sino un sistema multilateral de negociación, lo que venía haciendo que no tuviera las mismas posibilidades de acoger a la inversión institucional que, por ejemplo, las bolsas.

En todo caso, ni la importancia cuantitativa que tiene en estos momentos el MAB ni la orientación que prevalece en las inversiones de aseguradoras y fondos de pensiones permiten esperar, y menos en estos momentos de crisis, un desarrollo importante de la mencionada posibilidad.

La última medida nos parece más relevante por cuanto se plantea expresamente como alternativa a la financiación bancaria de las empresas españolas, severamente restrictiva desde el inicio de la crisis. . Se trata de que las empresas españolas en general puedan emitir deuda por encima del límite que les viene imponiendo la legislación mercantil, art. 405 de la Ley de sociedades de capital (LSC): el capital social desembolsado, más las reservas y las cuentas de regularización y actualización de balances.

Esta limitación sólo se levanta, en coherencia, con lo antes señalado, para  emisiones que vayan dirigidas a inversores institucionales y se negocien en sistemas multilaterales de negociación, lo que apunta a la próxima incorporación de un mercado similar al MAB, pero para la renta fija, facilitando el desarrollo de mercados especializados en la negociación de deuda de empresas. En todo caso, no hay que olvidar dos características fundamentales que condicionarán la aceptación de estas emisiones por los inversores: la seguridad que ofrezcan los emisores y la liquidez que tengan los valores en el mercado.

Esta medida ignora que, en estos momentos, la forma de empresa societaria más utilizada con diferencia en España, que es la sociedad limitada, no puede emitir legalmente valores (art. 402 de la LSC), lo cual debería cambiarse en un inmediato futuro, sin perjuicio de que esa posibilidad se condicione a las normas de transparencia y de buen gobierno que se consideren oportunas.

En definitiva, debemos, y podemos, fomentar la empresa emprendedora y, en particular, su financiación, pero, como tantos otros aspectos de la crisis que vivimos, no está claro que la mejor forma de hacerlo sea la de dar pequeños pasos o, por el contrario, debería seguirse un enfoque integral, que, partiendo de un buen diagnóstico de la situación, ofrezca un abanico de posibles soluciones con el mayor consenso, no sólo a un nivel político, sino también de los agentes sociales implicados.

Hay 3 Comentarios

El objetivo de las grandes empresas es quedarse con todo el mercado. Las PYMES, autónomos y agricultores particulares, no tienen cabida en ese esquema: deben desaparecer. Casi todos los ciudadanos deberemos convertirnos en empleados intermitentes de perfil bajo, y en consumidores de los servicios de esas grandes empresas. Debido a la afinidad de los gobiernos con estas empresas, es difícil de creer que se vaya a facilitar de manera eficiente el emprendimiento.

Y hoy siendo el día de la mujer esperemos que se ayude a la emprendedora igual que al emprendedor.
http://cort.as/3esY

Yo soy joven y emprendedora. Y sin el apoyo familiar no hubiera podido emprender mi negocio. Con la crisis actual ningún banco te va a ayudar a financiar.

http://areaestudiantis.com

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