Finanzas a las 9

Sobre el blog

Los profesionales de Afi ofrecen un punto de vista singular sobre la actualidad del sistema financiero. En cada publicación se aborda el análisis de cuestiones ligadas al proceso de transformación del sector, a las novedades regulatorias, a la relación con la tecnología o al repaso de los fundamentos teóricos que explican las bondades de un sistema financiero sólido.

Sobre los autores

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Afi es, desde 1987, una empresa líder en consultoría y formación independiente en economía, finanzas y tecnología. El rigor técnico, la innovación y la orientación al cliente son las bases de nuestra diferenciación y nos han permitido ofrecer desde 1994 formación financiera especializada a través de Afi Escuela de Finanzas.

Emilio Ontiveros es Presidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y de Afi Escuela de Finanzas, además de Catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid. @ontiverosemilio.

Ángel Berges es Vicepresidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y Catedrático de Economía Financiera de la Universidad Autónoma de Madrid. @AbergesAngel.

Daniel Manzano. Socio de Afi. Presidente de Afi Inversiones Financieras Globales EAFI y de Afi Consultores de las Administraciones Públicas. @dmanzano_afi.

Esteban Sánchez Pajares es Socio del área de Banca y Seguros de Analistas Financieros Internacionales (Afi). @est_snchez.

Francisco José Valero es Socio del área de Estudios de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid.

Daniel Fuentes Castro es responsable de análisis macro de Analistas Financieros Internacionales (Afi)@dfuentescastro

Ricardo Pedraz es consultor de área de Finanzas Públicas de Analistas Financieros Internacionales (Afi) @RicardoPedraz.

Verónica López es Consultora senior del área de Economía aplicada y territorial de Analistas Financieros Internacionales (Afi) @VLopezSabater.

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La creciente relevancia de las provisiones bancarias

Por: | 28 de febrero de 2014

El Diario Oficial de la Unión Europea publicó ayer un tipo de acto jurídico que, procedente del Tratado de Lisboa, se estrenaba por primera vez en el ámbito bancario, aunque ya se ha utilizado en otros campos, como los mercados financieros.

Se trata del Reglamento Delegado[1] 183/2014 de la Comisión, de 20 de diciembre de 2013, por el que se completa el Reglamento 575/2013, sobre los requisitos prudenciales de las entidades de crédito y las empresas de inversión, en lo que respecta a las normas técnicas de regulación para especificar el cálculo de los ajustes por riesgo de crédito específico y general.

Los ajustes por riesgo de crédito no son otra cosa que lo que siempre hemos llamado provisionespara la cobertura de pérdidas por este riesgo reconocidas en los estados financieros.  Estas siempre han jugado un papel muy relevante en las entidades de crédito, pero especialmente en la crisis actual, cuando la incidencia de dicho riesgo y sus pérdidas se han incrementado de forma muy notable.

En banca, siempre se ha dicho que las pérdidas esperadas deben cubrirse con provisiones y las inesperadas por recursos propios. Mientras que estos últimos se vienen armonizando internacionalmente desde el primer Acuerdo de Capital de Basilea de julio de 1988, las segundas no lo han sido hasta ahora en la misma medida, algo que se empieza a corregir en el ámbito de la UE.

Sin embargo, ahora no se trata del nivel que deben alcanzar dichas provisiones, un ámbito tradicional de la contabilidad bancaria en nuestro país, a cargo del Banco de España, sino de delimitarlas conceptualmente. A este respecto,  pueden ser genéricas o específicas. Las primeras deben cumplir estos criterios: a) estar libre y plenamente disponibles, en lo que se refiere a calendario e importe, para cubrir las pérdidas por riesgo de crédito que no se hayan materializado todavía; b) reflejar las pérdidas por riesgo de crédito correspondientes a un grupo de exposiciones para las que la entidad no tenga actualmente pruebas de que se haya producido un evento de pérdida.  Todas las demás son específicas y se refieren a prestatarios concretos, que tienen o pueden tener problemas en cuanto al pago de sus créditos.

Gráfico 1

 

Uno de los problemas que plantea la armonización internacional de las provisiones es que, siendo parte de la contabilidad bancaria, esta no está tampoco suficientemente armonizada.

Sin embargo, las provisiones pueden contribuir a modificar significativamente esta situación, dado que no son sólo una partida contable, sino un ámbito muy importante en la supervisión de las entidades de crédito, cuya relevancia se ha incrementado tras la crisis actual. Sin ir más lejos, uno de los elementos de la evaluación por la que deben pasar las entidades que serán directamente supervisadas por el BCE,  dentro del análisis de la calidad de sus activos, es el riesgo de crédito y sus provisiones. De esta forma, se conseguirá una mayor equiparación entre las principales entidades bancarias europeas en lo que se refiere a la cobertura de sus pérdidas esperadas por el riesgo de crédito.

Gráfico 2

 

[1] Los actos delegados son aquellos mediante los cuales la Comisión Europea adopta actos no legislativos de alcance general que completan o modifican determinados elementos no esenciales de un acto legislativo, siempre que éste delegue en aquella los poderes para ello.

Las cuentas del crédito bancario

Por: | 26 de febrero de 2014

En varias entradas de este blog hemos tenido ocasión de referirnos a la evolución del crédito bancario en España revisándola desde diferentes perspectivas (aquí, aquí, aquí o aquí por ejemplo). Dado que acaban de hacerse públicas por el Banco de España las cifras a cierre de 2013 en su último boletín estadístico,  permítanme en esta entrada hacer un balance de lo ocurrido en estos últimos años, y que aproveche posteriormente para dar una cierta visión prospectiva de su posible comportamiento en 2014.

Aun siendo consciente de que son muchas las cifras que contienen las tres tablas que muestro posteriormente, referidas a la evolución de los flujos del crédito a las empresas, así como a los de financiación a la vivienda y del consumo a hogares respectivamente, creo que merece la pena tanto su plasmación como una sencilla revisión analítica. Todas las tablas tienen la misma estructura: el saldo de partida de cada año en la primera columna, al que sigue una columna con las nuevas concesiones[1], una tercera con el saldo dado de baja principalmente por las amortizaciones producidas en el periodo[2] y, finalmente, una última columna con el saldo final.

Las principales conclusiones son las siguientes:

  1. Los saldos de crédito aumentaron sustancialmente en las tres carteras de crédito bancario durante los primeros años, incluido el año 2008 en el que ya se manifestaron signos evidentes de la grave crisis económica y financiera posterior.
  2. De forma generalizada los saldos de crédito bancario de las tres carteras se han reducido durante los cinco años posteriores hasta devolverlo a niveles del 2006-2007; el grueso de la caída ha tenido lugar además durante los dos últimos años (2012-13).
  3. De los más de 400.000 millones de euros en los que se ha reducido el crédito del sector bancario en España durante estos cinco últimos años en las tres finalidades mencionadas, domina abrumadoramente la reducción del crédito a empresas[3] (más del 75%). Sólo el resto de la reducción está relacionado con la menor financiación al consumo (peso significativamente más pequeño en el crédito bancario) y la menor financiación hipotecaria a hogares (amortización  más lenta en el tiempo debido a su naturaleza).
  4. La disminución en el tiempo de las “amortizaciones” realizadas en cada periodo por parte de los prestatarios (síntoma claro de un volumen sustancial de operaciones de refinanciación en años pasados) ha contenido lo que habría sido una mayor caída del saldo crediticio bancario que se hubiera producido en otro caso.
  5. En definitiva, la principal causa ha sido el desplome de la concesión de nuevas operaciones; a saber: las nuevas concesiones de crédito a empresas (que como ya se comentó incluyen incluso las refinanciaciones) han sido en 2013 menos de la mitad que en 2009 (el de mayor descenso de la actividad económica). También ha sido similar la caída de la financiación al consumo de los hogares, mientras que, finalmente, la nueva concesión de financiación a la vivienda alcanza menos de la tercera parte de dicho año. Por supuesto, el desplome sería superior si la comparación se realiza con los años pre-crisis y aún más si se considerase sólo la concesión de nuevas operaciones “reales” (excluyendo refinanciaciones)[4].

20140225_Flujo credito bancario 2006-13_2

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Banco de España.

¿Ha finalizado completamente este proceso? No es seguro, pero existen indicios suficientes para pensar que ya estamos en un punto de inflexión. Desde luego el contexto macroeconómico y financiero ha mejorado y cabe anticipar que comience a modificarse el patrón de comportamiento descrito. El principal síntoma estaría asociado a un cierto impulso de las nuevas concesiones, algo que puede visualizarse ya en la comparativa interanual de los datos mensuales de concesión de crédito a empresas en los últimos meses de 2013. Su continuidad proporcionaría en 2014, por primera vez después de cinco años, una comparativa positiva en cifras anuales. Es posible que ello acabe sucediendo también en la financiación a hogares, siendo en este caso más probable en el crédito al consumo que en la financiación de vivienda. Lo que es bastante improbable, en cualquier caso, es que el saldo total del crédito bancario destinado a empresas y a hogares aumente, en el mejor de los casos,  de manera mínimamente significativa durante este año.



[1] En la que se consideran también las operaciones de mera refinanciación

[2] Aunque se dan otros motivos a veces también relevantes como saldos pasados a fallidos, transformados en adjudicaciones de las garantías y otras causas.

[3] Cierto es, no obstante, que parte de esta reducción es artificial debido al traspaso de saldos a la SAREB.

[4] No es posible, por no existir información desagregada

Lamentos empresariales

Por: | 20 de febrero de 2014

Solo un ejercicio de ingenuo voluntarismo permitiría ser complacientes con el horizonte de recuperación de la economía española. A medida que avanza el año los problemas fundamentales siguen ahí, y las contingencias no desaparecen. La inequívoca buena señal de abandono de la recesión no permite afirmar que el crecimiento en curso será suficiente para reducir de forma significativa los desequilibrios más importantes: el elevado desempleo y endeudamiento de las familias y empresas. Estas últimas, especialmente las de pequeña y mediana dimensión, siguen encontrando obstáculos importantes en la financiación de sus proyectos de inversión, o en la mera refinanciación de sus pasivos. Son comprensibles, por tanto, esos frecuentes lamentos que empresarios pequeños y medianos entonan, de forma particularmente intensa cuando se subrayan señales de recuperación: “en la vida interna de nuestras empresas, esas señales no han llegado todavía”, sería el denominador común de esos lamentos.

Y es que tanto la natalidad como el desarrollo de las empresas siguen encontrando serios problemas de financiación. No es un problema único de España, pero sí es aquí donde se percibe de forma más intensa. Tanto por el excesivo nivel de endeudamiento privado con el que se entró en la crisis, como por la ausencia de mecanismos de financiación fuera del sistema bancario.

Deuda/PIB empresas no financieras

(no consolidado si no aparece indicación específica en contrario; porcentajes; ranking en función de los valores no consolidados del 2T2013)

 

Gráfico 1 nuevo

Una primera instancia de verificación de esos problemas es la dificultad para garantizar una tasa de natalidad empresarial suficientemente intensa. Nuevas empresas transformadoras, no aquellas que nacen de la necesidad de los desempleados por resolver su mera subsistencia, sino de aquellas con potencial innovador. Dificultad también para financiar procesos de crecimiento que, entre otros efectos, tengan la virtud de propiciar tamaños empresariales mayores, susceptibles de abordar decisiones de expansión internacional o de inversión en conocimiento.

Y es que casi siete años después de iniciada la crisis, el crédito bancario sigue su senda descendente como acabamos de conocer, y se refleja en el cuadro adjunto. Desde el inicio, las pequeñas y medianas empresas españolas han sufrido la sequía crediticia en mayor medida que la mayoría de las empresas europeas, como se refleja en la revisión Access to Finance realizada por la Comisión Europea y el BCE. Esta última institución tiene razones para estar preocupada y, en última instancia, para proponer decisiones en un próximo Consejo de Gobierno, que eliminen los obstáculos a la transmisión de su política monetaria. Es más de una tercera parte de las pymes analizadas las que no consiguen acceder a la financiación que necesitaban en 2013. Todas ellas verifican además el endurecimiento durante ese año de las condiciones de acceso en términos de tipos de interés o colateral y garantías exigidas.

La supervivencia está en no pocos casos en peligro. Y esa amenaza es tanto más relevante cuanto mayor es la importancia de las pymes en algunas economías. La española sin ir más lejos. Aunque venga referido a 2008, el gráfico adjunto es suficientemente ilustrativo del peso en el empleo que tienen los distintos segmentos de pymes. Las microempresas, dominantes el nuestra economía, no son precisamente las que más amparo crediticio tienen.

El empleo de las PYME como porcentaje del empleo total, 2010

Gráfico 2 nuevo

El necesario desapalancamiento está siendo ciertamente costoso, dada la moderada generación de ingresos, especialmente de aquellas empresas más volcadas al mercado nacional, que son precisamente la mayoría de las más pequeñas. Si la historia es una guía, nos advierten en el BCE, hay que esperar ajustes adicionales, especialmente en aquéllos países como el nuestro que experimentaron un boom de endeudamiento en los años anteriores a la crisis.

Frente a todo ello, tanto las autoridades españolas –proponiendo fórmulas como las que puedan estar estudiándose de capitalización de deuda- como el BCE –con alternativas que incentiven la adquisición de papel de pymes en sus operaciones con la comunidad bancaria- pueden tratar de actuar, desde el convencimiento de que sin una normalización de las condiciones de financiación del universo de pymes la recuperación económica seguirá presidida por la precariedad.

Tabla

  De próxima publicación en la revista Empresa Global nº 138. Marzo 2014

Los bancos y la deuda pública

Por: | 13 de febrero de 2014

Desde que a finales de 2011 y principios de 2012 el Banco Central Europeo (BCE) pusiese en marcha sus operaciones de financiación a largo plazo (LTRO), la banca española se erigió en el principal comprador de la deuda pública española, acentuando el círculo vicioso entre riesgos bancarios y riesgos soberanos, cuya superación es uno de los objetivos de la Unión Bancaria que arranca en el presente año.

En el marco de dicho objetivo, no deja de resultar paradójico que el ejercicio de evaluación (a modo de “examen de selectividad”) previo a dicha unión bancaria precisamente penalice a los bancos por sus tenencias de deuda pública, como ha quedado claro en los criterios recientemente publicados por el propio BCE y por la autoridad bancaria europea

En todo caso, esos criterios de EBA y BCE no caen de nuevas, y algún tipo de penalización se venía anticipando desde hace varios meses, por lo que no debe extrañar que las entidades financieras españolas –y también las de otros países, como Italia o Francia- llevasen a cabo importantes ventas de deuda pública en los meses finales de 2013, en un intento de presentar un cierre de ejercicio –que se tomará como base en los mencionados ejercicios de evaluación- con menos deuda pública en sus balances.

Grafico F-9 140213_A

Concretamente, como puede observarse en el gráfico adjunto, los bancos españoles redujeron sus tenencias de deuda pública en más de 50.000 millones durante la segunda mitad de 2013, finalizando el año con unas tenencias de unos 260.000 millones, lo que representa un 8,6% de su balance total. Sólo la banca italiana, entre los grandes países europeos, registraba unas tenencias de deuda pública nacional con un mayor peso relativo sobre su balance (un 10,1%), tras haberlas reducido también en los últimos meses del año. 

Dos consideraciones interesantes emergen de esas intensas ventas de deuda pública llevadas a cabo por la banca española. La primera se refiere al equilibrio en el propio mercado de deuda pública. Si la banca vendía 50.000 millones, ¿quién los ha comprado?. Y máxime teniendo en cuenta que el Tesoro necesitaba seguir emitiendo deuda neta adicional. La respuesta la brinda el gráfico adjunto, del que se deduce un claro protagonismo comprador de los inversores no residentes, en un renovado apetito inversor por los activos españoles. De hecho, ese apetito inversor extranjero hacia los activos españoles no solo se circunscribía al mercado de deuda pública, sino también a las elevadas emisiones llevadas a cabo por las propias entidades financieras españolas (más de 30.000 millones desde mediados de 2013 hasta la fecha).

Grafico F-9 140213_B

Lo más relevante es que dicho proceso de sustitución de bancos por no residentes, en cuanto a tenedores de deuda pública, se ha producido en paralelo con una clara reducción en los tipos de interés de la misma, permitiendo con ello eludir –al menos de momento- los temores que podían existir respecto a efectos desestabilizadores de una intensa retirada de la banca como principal tenedor de deuda pública.

La segunda consideración nos lleva al efecto sobre los propios bancos, especialmente en cuanto a la contribución de esas tenencias a reforzar sus exiguos márgenes de intermediación. Nuestras propias estimaciones nos llevan a concluir que la inversión en deuda pública pudo aportar más de un 20% del total del margen del sector; porcentaje que superaría el 35% si se incluye también otros títulos de renta fija diferentes del tesoro (SAREB, Agencias, Comunidades Autónomas, o renta fija privada).

Dicha aportación caerá en 2014, y más en 2015, en la medida en que, por un lado, los volúmenes invertidos en deuda pública –y renta fija en general- difícilmente retornarán a los máximos de 2013. Y, sobre todo, porque las nuevas inversiones que se lleven a cabo –una vez superada la “foto” de fin de año, de cara a los ejercicios de evaluación- generarán rentabilidades muy inferiores a las que generaba la deuda pública que se ha vendido en 2013.

 

‘Direct lending’: una alternativa al crédito bancario

Por: | 11 de febrero de 2014

Las últimas noticias sobre iniciativas de financiación a empresas por entidades no bancarias vuelven a poner sobre la mesa las oportunidades que se identifican desde sectores ajenos a esta industria con el fin de hacerse un hueco en esta actividad.

Entre los argumentos para tomar la decisión de financiar empresas se encuentran los de rentabilidad a corto plazo por los elevados tipos de interés a empresas, especialmente a pymes, o a más largo aprovechando las expectativas de la recuperación de nuestra economía, o los de captación y vinculación del tejido empresarial para posicionarse en el mercado español de crédito de forma permanente.

En cualquier caso este interés hace que volvamos a traer a este post un tema que, por su relevancia, se ha tratado anteriormente.

A pesar de la disminución de los problemas de liquidez y solvencia de la banca española siguen sin presentarse indicios claros de recuperación del crédito, ni por parte de la oferta ni por parte de la demanda. Aunque las nuevas operaciones en empresas y consumo a final del 2013 comenzaban a repuntar ligeramente respecto a 2012.

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Fuente: Afi, a partir de Banco de España

Incluso la propia financiación concedida por los proveedores ha disminuido su presencia en los balances de nuestras empresas. Desde niveles cercanos al 40% de toda la financiación ajena a principios de 2005 hasta situarse por debajo del 25% a finales del pasado año. Lo cual es un argumento más para buscar nuevas fuentes de financiación menos tradicionales.

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Fuente: Afi, a partir de Banco de España

Parece que la empresa bancaria i) bien por la falta de incentivos para prestar a las pymes derivados de los márgenes que genera la inversión en Deuda Pública financiada con los fondos captados del BCE (carry trade), ii) bien porque se encuentra en espera de que finalice el excesivo apalancamiento de las empresas y canaliza los fondos únicamente de forma selectiva, iii) o bien porque los modelos de análisis del riesgo de crédito son excesivamente procíclicos y solo recogen un pasado reciente excesivamente recesivo, está cediendo ante alternativas al margen del canal bancario que podrían adquirir un considerable protagonismo en la financiación de “proyectos solventes” durante 2014.

En este contexto de fuerte desapalancamiento bancario se han conocido iniciativas en los últimos meses relacionadas con la creación de fondos de inversión o de capital riesgo destinados a la financiación de las pymes, con la financiación de la actividad emprendedora bajo el concepto genérico de business angels o con la financiación directa a empresas, direct lending por sus siglas en inglés.

En el primer caso, diversos inversores extranjeros crearon ya a finales de 2013 vehículos para el adelanto de facturas pendientes de cobro y para la financiación de capital circulante. En el segundo, algunos ejemplos son el fondo de capital semilla Angels Capital, lanzado desde la empresa patrimonial Inmo Alameda de Juan Roig (fundador de Mercadona), de Wayra de Telefónica que actúa como banco para sufragar los llamados ’yacimientos de inteligencia’ o el más reciente de CaixaBank con el ICO, Telefónica e IBM para movilizar el crédito en inversiones de capital riesgo para emprendedores.

No obstante, estimamos que la tercera iniciativa, el direct lending, es la que tiene mejores perspectivas para sustituir parte del canal bancario tradicional en los préstamos a empresas.

Los inversores en direct lending quieren ocupar el hueco de la financiación a empresas de menor calidad crediticia (para la banca tradicional) cuyas líneas de crédito se han cerrado fruto del deterioro del ciclo económico y/o del negocio de la propia empresa. Esta deuda corporativa, sin embargo, es un activo muy atractivo para estos inversores, especialmente en un contexto de reducida rentabilidad de activos financieros tradicionales. También porque con un enfoque de cartera y con mayores habilidades de análisis del riesgo de crédito específico de este tipo de empresas gestionan eficientemente el coste del riesgo.

Actualmente, la financiación directa constituye una financiación más cara que el crédito bancario (por encima del 8%,), si bien presenta ventajas que pueden compensar ese mayor coste. La principal, que se trata de una fuente más flexible por la capacidad de adaptarse a las necesidades y la generación de flujos del prestatario al tiempo que las garantías son claramente menos exigentes para las empresas que los préstamos sindicados o los valores. Por otro lado, es menos intensiva en dedicación de recursos al proceso de emisión: menor tiempo de formalización y sin necesidad de calificación crediticia. Igualmente es menos exigente en términos de información de seguimiento posterior.

Incluso el tipo de interés mencionado anteriormente, que podría ser una barrera de entrada, debería normalizarse a medida que se desarrolle el mercado lo que facilitaría que la oferta y la demanda se casaran a precios más bajos. Asimismo este desarrollo también deberá permitir que puedan acceder a estos recursos empresas de un menor tamaño.

Los nuevos prestatarios del direct lending, vía préstamos bilaterales o vía fondos de deuda participados por varios inversores, son una nueva alternativa que se presenta con fuerza para contribuir a la recuperación del crédito en próximos meses.

Minireforma estructural de la banca europea

Por: | 07 de febrero de 2014

La crisis actual ha generado, prácticamente desde el comienzo de la misma, diversas iniciativas para intentar en lo posible que no se vuelva a repetir, un objetivo muy encomiable a la vista de las consecuencias, no sólo en el ámbito financiero, sino también en la economía real de la misma.

Una de estas iniciativas bajo lo que se llama reforma estructural, no se refiere tanto a la estructura interna de los sistemas bancarios, un campo en el que hemos visto profundos cambios en nuestro país, sobre todo en las cajas de ahorros y las cooperativas de crédito. Su objetivo es la forma con que configuran sus negocios algunas entidades bancarias.

La idea es separar, limitar, o incluso prohibir, aquellas actividades más especulativas, cuyos malos resultados podrían contaminar el negocio bancario tradicional, captación de depósitos y concesión de créditos. Eso que algunos llaman la banca aburrida y que no debe serlo tanto cuando muchos suspiran por ella en estos momentos en España, especialmente por la falta del crédito.

La Comisión Europea presentó su propuesta de reforma estructural a finales del mes pasado, véase la nota de prensa, cuando algunos países europeos han avanzado en esta dirección: Bélgica, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido, a los que se une como referencia inexcusable Estados Unidos, tanto por razones históricas como actuales, ya que ha sido el primero en tomarse en serio dicha reforma como parte de la respuesta a la crisis que estamos viviendo.

Con el precedente del denominado Informe Liikanen, la propuesta de la Comisión no ha sido muy incisiva, de manera que ha recibido críticas por ambos extremos. Afectaría a las entidades sistémicamente importantes a un nivel global, como los citados bancos españoles, y a aquellas con un volumen total de activos de 30.000 millones € y con actividades de negociación al menos de 70.000 millones € o que supongan el 10% de los activos totales. Sólo afectaría en consecuencia a unas 30 entidades europeas, entre las cuales podrían encontrarse los dos mayores bancos de nuestro país, motivo que explica, en nuestra opinión, que no haya recibido mucha atención en España y en otros países.

Gráfico

Materializada en una propuesta de reglamento, debe aprobarse por el procedimiento legislativo ordinario, en el que intervienen tanto el Parlamento Europeo como el Consejo de la UE.  Su primer eje básico es la prohibición de la negociación por cuenta propia, es decir, el empleo de los fondos propios o del dinero prestado para tomar posiciones sobre cualquier instrumento financiero o mercadería con el único objetivo de obtener un beneficio sin ninguna conexión con la actividad actual o anticipada de la clientela o con la cobertura de los riesgos de la entidad.

La propia Comisión Europea viene a decir que llueve sobre mojado. Como la crisis ha reducido al mínimo la negociación por cuenta propia, resulta fácil prohibirla ahora.

El segundo eje de la propuesta es la separación de ciertas actividades de negociación, en función de su elevado riesgo, pero éstas ya no se definen de una forma precisa, sino por exclusión de lo que hemos denominado banca aburrida. Tanto la prohibición citada como esta separación no afectarían a la deuda pública de los Estados de la UE ni a la emitida por los bancos multilaterales de desarrollo y otras organizaciones internacionales.

En todo caso, la separación de estas actividades en una entidad aparte, lo que se denomina filialización, es una decisión que deben tomar los correspondientes supervisores. Además no tienen que imponerla si las entidades afectadas pueden demostrar, a plena satisfacción de ellos, que los riesgos generados se atenúan por otros medios.

En definitiva, la propuesta no altera en lo sustancial el modelo básico de la banca continental europea, que es la denominaba banca universal, sobre la que descansa desde un principio el mercado bancario único europeo, que permite que un mismo grupo, no necesariamente la misma entidad, desarrolle todas las actividades propias de un banco, al margen de que unas sean más arriesgadas que otras.

Banca estresada

Por: | 05 de febrero de 2014

El pasado 31 de enero la Autoridad Bancaria Europea (EBA por sus siglas en inglés) realizó su primera comunicación sobre las características del ejercicio de estrés que realizará la banca europea  en 2014. En el citado ejercicio se verán implicados 22 estados y 124 entidades con un volumen total de activos que rondará los 25 billones de euros: va a ser  la prueba más ambiciosa sobre la capacidad de resistencia de la banca europea llevada a cabo hasta el momento.

Una valoración inicial de dicha comunicación, que no va a ser objeto de esta entrada, puede verse aquí. Como bien se señala en dicha valoración, no será hasta finales del mes de abril próximo cuando se conozcan realmente la metodología y los escenarios para la realización de las pruebas de estrés. Por esta razón, me propongo en esta entrada hacer un ejercicio de ingeniería inversa, si bien limitado al caso español. Consideraré la situación actual del sistema bancario y asumiré que vuelve a tener lugar un (hipotético y brutal) deterioro económico y financiero en España tal que, como resultado, se reproduzcan impactos sobre su balance y cuenta de resultados agregada de similar intensidad a los de la reciente crisis[1].

Siguiendo las premisas que se proponen en las pruebas de estrés que ahora se plantean, evaluaré sus efectos en el horizonte de tres años (2014-16), tomando además como medida de corte para el aprobado (o suspenso) el que se preserve (o no), tras el impacto de un escenario tan adverso, una ratio mínima de capital de mejor calidad del 5,5%[2] sobre los activos ponderados por riesgo (actualmente en niveles algo por debajo del 11%). Es decir, el aprobado estaría asociado, grosso modo, a que el sistema conservase aproximadamente la mitad de sus fondos propios actuales después de un impacto similar al experimentado en la reciente crisis durante un periodo de tres años.     

Déjenme en primer lugar que ilustre de forma sencilla[3], con números aproximados y el gráfico adjunto, el impacto de la reciente crisis en los fondos propios de la banca. Son estimaciones realizadas a partir de los datos del balance y cuentas de resultados agregadas del sector del último boletín estadístico del Banco de España.

El punto de partida es la disposición por el sector de aproximadamente 180.000 millones de euros de fondos propios en 2008, al inicio de la crisis. Como puede observarse, éstos se habrían reducido en 60.000 millones (una tercera parte de los iniciales) de no mediar inyecciones de capital en quinquenio 2009-13. En efecto, los recursos generados por el negocio bancario (margen antes de dotaciones y otros[4]) no han dado en este periodo para compensar el extraordinario deterioro sufrido por los activos bancarios; nada menos que 250.000 millones de euros (50.000 millones de euros en media anual) o, en otros términos, un 25% del PIB español.

  20140205 Impacto en capital banca española de la crisis

Fuente: elaboración propia a partir de datos del boletín estadístico del Banco de España

Como es conocido, la insuficiencia de capital a la que ha abocado esta detracción de fondos propios, consecuencia de las pérdidas en las que ha incurrido la banca española, ha debido ser cubierta con inyecciones de capital por una voluminosa cuantía. Si se tiene en cuenta que los fondos propios actuales ascienden aproximadamente a 230.000 millones de euros, las aportaciones de nuevo capital en estos cinco años han sido de 110.000 millones aproximadamente. En torno a la mitad de esta cifra han sido inyecciones de fondos públicos (participación pública en las antiguas cajas de ahorros que se concentra en el FROB) y la otra mitad aportaciones del sector privado (mayoritariamente emisiones de capital, pero también resultado de la   conversión en capital con sus recortes correspondientes, de deuda subordinada y preferente).

Ahora estamos en condiciones, en segundo lugar, de responder a algunas preguntas básicas, haciendo una traslación adecuada de las cifras anteriores a la situación actual considerando una (hipotética) nueva crisis similar en su intensidad a la anterior (ejercicio de estrés).

  1. ¿Con qué colchón se contaría para el aprobado en el ejercicio de estrés?: Ya hemos dicho que grosso modo se correspondería con el 50% de los fondos propios actuales; esto es, 115 mil millones de euros.
  2. ¿Cabe pensar razonablemente en que el ejercicio de estrés pueda arrojar cifras de reducción de capital por esa cuantía? Muy inverosímil. Basta enfrentar la reducción de 115.000 millones en tres años que serían necesarios ahora como mínimo para suspender la prueba, con los 60.000 millones de euros antes mencionados en la crisis que ahora empezamos a ver por el retrovisor. No sólo la diferencia es sustancial sino que las condiciones son muy distintas.En efecto: 
    • Los balances actuales están más saneados, o dicho de otro modo, el perfil de riesgo que reflejan su exposición crediticia es mucho más reducido que al inicio de la crisis (piénsese por ejemplo en la extraordinaria reducción ya producida en la exposición inmobiliaria y también en el resto de exposiciones con más riesgo).
    • Además el tamaño de la cartera crediticia bancaria se ha reducido significativamente respecto de la situación anterior. Cierto es que se ha compensado parcialmente aumentando la exposición a deuda soberana; pero convengamos en que no es lo mismo en términos de pérdida esperada.

Conclusión: el sistema bancario español (en su conjunto) aprobará con claridad el examen si los parámetros de estrés se definen razonablemente y se asume como referencia para los mismos la crisis bancaria reciente.

Alguien crítico con el argumentario anterior podría señalar (con mucha razón) que el verdadero ejercicio de estrés no cabe hacerlo una entidad media representativa del sistema, ya que las necesidades de capital las determinan básicamente aquellas (malas) entidades con insuficiencia. También, sin embargo, hemos mejorado mucho en la actual situación: las peores entidades de la crisis anterior son las que, en general, más han saneado sus balances, lo cual quiere decir que se ha estrechado la dispersión en términos de solidez de los balances de las entidades que han sobrevivido. En otros términos: no es previsible que se detecten necesidades de capital mínimamente significativas en las entidades españolas; en su caso se corresponderá con alguna entidad singular.    

Ahora bien, dicho todo lo anterior, debo hacer algunas reflexiones finales para distanciarme de una complacencia poco justificada:

  1. Que la situación de solvencia de la banca para enfrentar un escenario de estrés en las condiciones actuales sea incomparablemente mejor que al comienzo de la crisis, no quiere decir que sea una situación razonable; ni siquiera, probablemente, que el sistema esté completamente saneado.
  2. La capacidad de generación de márgenes de la banca española sigue siendo débil a pesar de todo. Esto supone un lastre que perdurará durante algún tiempo aún e interactuará negativamente sobre la propia capacidad de crecimiento de la economía española.
  3. El aprobado de las entidades españolas, en unas pruebas como las planteadas, no es (no puede ser) la aspiración de las mismas. Más que nunca, especialmente en el horizonte de la Unión Bancaria que se está gestando, lo relevante será la posición relativa en términos de solidez respecto del resto de entidades europeas[5]. Y en esto, el resultado es bastante más incierto y comprometido.           


[1] Es obvio que el ejercicio de estrés está pensado para aplicarse a entidades individuales y no para el agregado del sistema, pero a ello nos referiremos más adelante.

[2] Core Tier 1 o CT1 en términos de Basilea, muy cercano a lo que son los fondos propios puros.

[3] Trato de ser más didáctico que preciso.

[4] Resultado de considerar resultados extraordinarios, pagos de dividendos y efectos impositivos fundamentalmente.

[5] Véase también esta entrada anterior

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