Los Bancos de Inversión Verde

Por: | 05 de septiembre de 2017

La asignación de inversiones a proyectos beneficiosos con la lucha contra el cambio climático está creciendo en todo el mundo, pero su montante sigue siendo pequeño tanto con respecto a la necesidad existente como a su evolución. No obstante, su evolución ya está suponiendo un cambio de tendencia progresivo como pedía Mark Carney en 2015 para evitar la llamada Tragedia del Horizonte.

En este escenario, una de las alternativas menos exploradas hasta la fecha es la de incentivar dicha inversión a través de instituciones específicas de carácter público o público-privado destinadas a canalizar fondos y proveer asesoramiento profesional hacia ese fin. Son los llamados Bancos de Inversión Verdes, más conocidos por su denominación inglesa Green Banks. Este tipo de organismos ofrece la capacidad de dinamizar un mercado incipiente generando un efecto demostración beneficioso para el resto de instituciones financieras y actores empresariales. Su misión y objetivos se centran en estimular y facilitar innovaciones apoyando la inversión en soluciones prometedoras, pero escasamente implantadas.

El camino a seguir para su capitalización es diverso y debe decidirse según las posibilidades y situación de partida existente. En algunos casos la financiación de la entidad se basa en la concesión de garantías gubernamentales, mediante asignaciones presupuestarias nuevas o reasignación de otras ya existentes, recaudación sobre impuestos específicos, ingresos derivados de mercados de comercio de emisiones, recargos específicos sobre tasas públicas, préstamos concedidos y/o emisiones de bonos, sin tener, en muchos casos, una afección en las cuentas públicas.

La estrategia operativa de estos bancos se centra normalmente en la concesión de préstamos de largo plazo destinados a la inversión en proyectos e infraestructuras que supongan una transición hacia una economía baja en carbono. Aquellos con una mayor evolución y capacidad profesional suelen incorporar actuaciones de financiación mediante deuda subordinada, la toma de participaciones en proyectos demostradores o la concesión de garantías normalmente parciales que ayuden a reducir el riesgo retenido y percibido por los inversores privados.

En este sentido, tenemos casos de notable éxito que han llevado incluso a un proceso de reciente privatización en el Reino Unido, donde el Green Investment Bank ha sido adquirido por Macquaire, banco de inversión privado con sede en Australia. Más ejemplos tenemos ya de su puesta en marcha, aunque es verdad que sólo se han establecido estos Bancos Verdes donde no hay Bancos de Desarrollo, o si los hay, éstos no ejercen un papel dominante en la financiación de infraestructuras (caso que encajaría con la situación nacional y regional de España). Gobiernos tan diversos como los de Australia, Colombia, Japón, Malasia, Suiza o México presentan casos de notable éxito a nivel nacional, pero también los encontramos a nivel regional y local, lo que da una muestra de las distintas opciones y heterogeneidad de este tipo de instituciones. Donde sí coinciden casi todos las referencias existentes es en que buscan movilizar el capital privado, reducir el coste del capital para el desarrollo de proyectos de gran calado y dimensión, desarrollar mercados de tecnología verde, apoyar el desarrollo de la comunidad local y crear empleos, todo ello centrado en alcanzar una reducción de emisiones de CO2, antes incluso del Acuerdo de Paris de 2015.

Durante la administración Obama hubo impulsos para crear una institución de este tipo, centrada en el desarrollo de infraestructuras de interés público (como infraestructuras de ferrocarril, agua y energía) en Estados Unidos, y actualmente es el Gobierno Trudeau el que ha cogido la insignia para el desarrollo de una institución similar que se dedique a desarrollar inversiones en transporte público, infraestructura verde, infraestructura social, comercio y transporte.

Green Banks

Este tipo de instituciones suponen un giro gradual en la financiación pública, canalizada tradicionalmente a través de subvenciones, pasando a un modelo donde la financiación pública y privada operan en complicidad y concierto mejorando la calidad de los proyectos generadores de ingresos, a la vez que se reduce la dependencia que en algunos casos han tenido de las subvenciones. Por otro lado, y tal y como señalaba el informe de Finanzas Verdes elaborado en 2016 el marco del G20, es necesario mejorar la visibilidad y previsibilidad de la política de inversión pública climática de forma que ello repercuta en la confianza de los inversores privados. Por ello, la creación de Bancos de Inversión Verdes incide positivamente en la creación de un entorno favorable de inversión por lo que significa de apoyo y de muestra de una visión a largo plazo y cambios en las prácticas existentes de valoración de inversiones sostenibles.

La casuística y flexibilidad en la creación y desarrollo de este tipo de instituciones es un elemento clave de su reciente éxito, pero las recomendaciones políticas suelen ser siempre las mismas:

  • Objetivos (sectores e inversiones permitidas) claramente definidos.
  • Correlación de objetivos públicos con capacidades instaladas y fallos de mercado identificados.
  • Apalancamiento financiero entre fondos públicos y privados mediante la alineación de intereses.
  • Minimización de riesgos, mediante el reparto de los mismos entre todos los actores de la cadena de financiación.
  • Claridad, información y transparencia en los procesos de gestión que dé lógica y previsibilidad a su funcionamiento.

 

Hay 1 Comentarios

Es una idea muy interesante y que ojalá la apliquen en España, pero siendo como es este país lo dudo...

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