El necesario fortalecimiento institucional del área euro

Por: | 08 de febrero de 2018

Angel Berges y Víctor Echevarría

Tras la crisis de deuda soberana quedó patente que el área euro no contaba con los mecanismos necesarios para gestionar shocks adversos. Tras el verano de 2012, y en gran medida como corolario del rescate bancario español, se dieron importantes pasos hacia su creación, como la contundente actuación del BCE, sin duda alguna con el visto bueno de los líderes políticos europeos, y los primeros pasos hacia de la unión bancaria. Estos avances se dieron en un contexto de elevada presión por parte de los mercados, que hacía temer por la integridad de área. Actualmente, en un contexto de menor presión y, por tanto, más margen para poder tomar decisiones de carácter estructural, se están debatiendo los próximos pasos hacia una mayor integración. En este sentido, tras la aprobación en 2017 de la Comisión Europea de una hoja de ruta para fortalecer el área euro, en la Euro cumbre del 15 de diciembre de 2017 los jefes de estado y de gobierno acordaron comenzar las negociaciones para profundizar el área euro con el objetivo de que fuese más resistente.

Un primer elemento que se está debatiendo concierne los pasos necesarios para completar la unión bancaria. Hasta la fecha se han completado los dos primeros pilares de la misma: la creación de un mecanismo único de supervisión y un fondo y un mecanismo de resolución. Asimismo, se ha aprobado una directiva de resolución, que debería homogeneizar los procesos de resolución a nivel europeo.

El debate actual reside en la implementación del tercer y último pilar: la creación de un fondo de garantía de depósitos común (EDIS). El EDIS permitirá que los depósitos de un banco en dificultades estén garantizados con un fondo común al conjunto del área euro. La consecuencia sería que cuando se recurra al fondo, el coste lo asumirán todas las entidades europeas y no sólo las entidades del país del banco afectado.

Una ventaja de este esquema es que es que se evitaría que las dificultades de una entidad se trasladasen al soberano de ese país. Un rasgo agravante de la crisis de la deuda soberana en el área euro fue la transmisión de riesgo entre las entidades de crédito y el soberano de un mismo país. Concretamente, un factor que dificultó la capacidad de emitir deuda de los soberanos en la periferia fue precisamente el temor a que la garantía de los depósitos pudiese comprometer la solvencia del soberano. El EDIS mitigaría esta transmisión de riesgo entre el soberano y las entidades.

A pesar de su importancia, las negociaciones para la creación del EDIS son complejas. Algunos países miembros consideran que los avances en supervisión y resolución no han sido suficientes para poder acordar el EDIS. Creen que sin mayores avances en ambos aspectos que garanticen la buena salud de las entidades y eviten que se asuman riesgos excesivos puede existir un problema de riesgo moral, ya que las entidades, sabedoras de que el EDIS garantizará los depósitos, tendrían incentivos para mantener inversores arriesgadas. En particular, hacen hincapié en la necesidad de reducir la morosidad y las tenencias de deuda pública de algunos sistemas financieros. Como se observa en los gráficos 1 y 2, el sistema financiero español ha avanzado de forma notable en ambos aspectos.

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A pesar de las ventajas que presenta la unión bancaria, no blindaría completamente a los países del área euro de sufrir una crisis. En un contexto en el que los países han perdido la capacidad de utilizar la política monetaria para estabilizar la economía, ante un shock negativo sería necesario que los países afectados pudiesen activar un mecanismo fiscal centralizado para limitar la profundidad de la crisis. Se trata del segundo elemento del debate.

Este mecanismo fiscal centralizado podría tomar varias formas. Entre las más ambiciosas están aquellas que buscan conseguir que haya una unión de transferencias en el área euro, de forma que los principales elementos del gasto público se financien con un presupuesto común y, por tanto, puedan seguir ejecutándose si el país sufre un shock negativo y una reducción de la recaudación.

Estas iniciativas presentan, para algunos países, dificultades aún mayores que la unión bancaria. En aspectos fiscales los países conservan una elevada autonomía. Consecuentemente, algunos consideran que los problemas de riesgo moral y el incentivo a un endeudamiento excesivo de los gobiernos sería muy elevado si, en caso de dificultades, se asume que los costes serán compartidos con otros países.

En este aspecto, los avances más probables, al menos a corto plazo, se sitúan en una mejora del funcionamiento del mecanismo europeo de estabilidad. Este fondo de rescate se podría convertir en un fondo monetario europeo, dotando de mayor agilidad y predictibilidad a sus decisiones. Se trataría de un pequeño paso que resolvería algunos de los problemas de coordinación que pueden surgir en los rescates en el área euro. Sin embargo, no sería una panacea. La experiencia muestra que en caso de un país con dificultades para garantizar la sostenibilidad de la deuda un programa de rescate no supone la mejora inmediata de las perspectivas económicas.

Europa se encuentra, por tanto, en un momento crucial. Fortalecer el área euro puede evitar o, por lo menos, minimizar el riesgo de que ocurra otra crisis como la de deuda soberana. Un área como la nuestra, en la que los países son heterogéneos, necesita dotarse de estos mecanismos. Si no lo consigue, la próxima vez que nos enfrentemos a dificultades intensas no se dispondrán de mecanismos para mitigar sus efectos.

 

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Muy interesante artículo.

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