Finanzas a las 9

Sobre el blog

Los profesionales de Afi ofrecen un punto de vista singular sobre la actualidad del sistema financiero. En cada publicación se aborda el análisis de cuestiones ligadas al proceso de transformación del sector, a las novedades regulatorias, a la relación con la tecnología o al repaso de los fundamentos teóricos que explican las bondades de un sistema financiero sólido.

Sobre los autores

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Afi es, desde 1987, una empresa líder en consultoría y formación independiente en economía, finanzas y tecnología. El rigor técnico, la innovación y la orientación al cliente son las bases de nuestra diferenciación y nos han permitido ofrecer desde 1994 formación financiera especializada a través de Afi Escuela de Finanzas.

Emilio Ontiveros Presidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y de Afi Escuela de Finanzas, además de Catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid. @ontiverosemilio.

Ángel Berges Vicepresidente de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y Catedrático de Economía Financiera de la Universidad Autónoma de Madrid. @AbergesAngel.

Daniel Manzano. Socio de Afi. Presidente de Afi Inversiones Financieras Globales EAFI y de Afi Consultores de las Administraciones Públicas. @dmanzano_afi.

Iratxe Galdeano. Socia responsable del área de Seguros de Analistas Financieros Internacionales (Afi).

Esteban Sánchez Pajares. Socio del área de Servicios Financieros de Analistas Financieros Internacionales (Afi). @est_snchez.

Francisco José Valero. Socio del área de Estudios de Analistas Financieros Internacionales (Afi) y Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid.

Víctor Echevarría. Analista senior de economía y mercados financieros de Analistas Financieros Internacionales (Afi).

Carmen López. Consultora senior de área de Finanzas Públicas de Analistas Financieros Internacionales (Afi). @Carmen_AFI.

Ricardo Pedraz Consultor senior de área de Finanzas Públicas de Analistas Financieros Internacionales (Afi). @RicardoPedraz.

Verónica López Consultora senior del área de Economía aplicada y territorial de Analistas Financieros Internacionales (Afi). @VLopezSabater.

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Dudas digitales

Por: | 22 de marzo de 2018

Empecemos por las certezas. Las TIC (tecnologías de la información y de la comunicación) han protagonizado la más importante discontinuidad tecnológica en muchas décadas, hasta el punto de tener bien acreditada su contribución a eso que un tanto solemnemente se ha dado en calificar como la Cuarta Revolución Industrial. El carácter de “tecnologías multipropósito” sigue manifestándose en la amplia versatilidad de sus empleos y en la extensión a todos los ámbitos económicos y sociales. En un trabajo con ocasión del 30º aniversario de la revista Telos (Treinta años después. Evidencias e interrogantes. Revista Telos nº 100: La era digital: Balance y tendencias. Fundación Telefónica. Abril 2015) traté de reflejar los ámbitos de la actividad económica en que habían puesto de manifiesto su potencial transformador, así como algunas de las incógnitas que emergían como consecuencia de esa nueva fase asociada a la economía de los datos, a la extensión de los usos y a la Inteligencia Artificial (IA), entre otros.

Un rasgo determinante de la importancia de las TIC en sus primeros momentos, y el principal elemento que atrajo la atención de economistas y políticos -desde luego la mía*-, fue la contribución al aumento de la productividad, especialmente visible en los años noventa del siglo pasado en la economía de EE. UU. Ahora la productividad en la mayoría de las economías avanzadas no crece de forma significativa, al tiempo que la crisis ha revelado un descenso en la generación de valor añadido del sector TIC en su conjunto desde el inicio de la crisis económica global, como se aprecia en el primero de los gráficos. Esta es una de las conclusiones más destacadas del último informe “OECD Digital Economy Outlook 2017”, del que también extraeré algunas otras relevantes desde una perspectiva estrictamente económica.

Dentro del sector TIC, ha sido el valor añadido de servicios de telecomunicaciones y en manufacturas de computación y electrónica donde se han registrado descensos, mientras que se ha incrementado en servicios de tecnologías de la información (IT) y se ha mantenido constante en publicación de softwares. Son tendencias que van en la misma dirección en términos de empleo y que se espera continúen en los próximos años. El indicador más relevante que ampara esas expectativas es la participación de la inversión de capital riesgo en TIC, que ha retrocedido al nivel del año 2000.

La verificación anterior no impide destacar la continuidad del sector TIC como un claro motor de la innovación, absorbiendo la mayor proporción de la inversión privada en I+D del conjunto de la OCDE y un tercio de las patentes totales en el mundo. También ha crecido la inversión de las empresas de telecomunicaciones como proporción de sus ingresos, en gran medida mediante el despliegue de fibra óptica en sus redes. El uso de los móviles para datos sigue creciendo exponencialmente en algunos países. Es desigual el crecimiento del uso de las TIC entre las personas, según países y grupos sociales, especialmente en el ámbito de los servicios más sofisticados de compras online y servicios bancarios. Lo mismo ocurre entre las pequeñas y medianas empresas, más reticentes al uso también de cloud computing y análisis de big data, a pesar del intenso crecimiento. Mucho más selectivo es el uso de la robotización en los procesos de digitalización de las empresas, todavía concentrado en unos pocos países.

El creciente uso de la IA merece mención aparte. Cada día son más las evidencias de su potencial asociado a la dotación de capacidad de las máquinas para desempeñar funciones cognitivas, ampliando las posibilidades de aprendizaje de estas. Todo ello es prometedor -aumentos de la eficiencia y de la productividad-, al tiempo que suscita nuevas cuestiones éticas y directamente políticas, no solo en relación con el futuro del trabajo, sino también con la transparencia, la responsabilidad y, desde luego, la seguridad. La extensión de blockchain, de las monedas virtuales y de las criptomonedas suscita no menos inquietudes, desde luego a los bancos centrales, entre otros, al tiempo que revelan ventajas importantes en términos de reducción de costes transaccionales.

Lo anterior es compatible con que la innovación asociada a los datos, la emergencia de nuevos modelos de negocio en las empresas y el crecimiento de las aplicaciones digitales sigan influyendo en diversos ámbitos, desde la ciencia a las ciudades, pasando por la agricultura y, por supuesto, en los Gobiernos.

Las manifestaciones de la transformación son muy explícitas en los mercados de trabajo, en la destrucción de empleos y emergencia de nuevos, así como en la reconfiguración del comercio internacional, especialmente en servicios. Todo ello seguirá marcando la agenda regulatoria, adaptativa de los Gobiernos en diversos ámbitos. Esa obligada adecuación regulatoria e institucional también se ve acelerada por otra tendencia no menos destacable como es la convergencia en telecomunicaciones y cadenas de medios audiovisuales, propiciadora de fusiones y adquisiciones hasta ahora poco concebibles.

Más allá de las dudas razonables sobre la continuidad de aquella contribución inicial al aumento de la productividad de las economías, o las que suscitan las nuevas formas de trabajo, entre otras, es preciso asumir un hecho: la necesidad de extender las habilidades digitales. No solo para permitir su adecuación en las exigencias de un mercado de trabajo en constante evolución, sino en general. En muchos puestos de trabajo ya no son suficientes las competencias más superficiales o genéricas. Esto es de aplicación a nuestro país donde, como se aprecia en el segundo de los gráficos, el valor añadido del sector TIC no se encuentra entre los más elevados del conjunto de las economías avanzadas, y tampoco en empleo.

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(*) Emilio Ontiveros: “La economía en la red. Nueva Economía y Nuevas Finanzas”. Editorial Taurus, 2001

Artículo de próxima publicación en la revista Empresa Global de Afi Ediciones Empresa Global

EEUU: deuda pública ante un nuevo escenario

Por: | 15 de marzo de 2018

Víctor Echevarria *

Uno de los rasgos característicos de la recuperación económica global es el nivel persistentemente bajo de los tipos de interés. El fenómeno se observa prácticamente en todos los países desarrollados. Dicha evolución se debe, por un lado, a la baja inflación. Sin embargo, también se ha observado un descenso notable de los tipos reales a nivel global. En los últimos meses, de hecho, se ha observado en el caso de países como EEUU que si bien el componente de expectativas de inflación se sitúa ya en línea con el objetivo de inflación de la Reserva Federal (2%), los tipos reales se mantienen en niveles sustancialmente inferiores a sus medias históricas.

Existen elementos de índole estructural que justifican la caída de los tipos reales. Estos factores han presionado a la baja el tipo neutral, el tipo de equilibrio de largo plazo de la economía, cuya evolución se describe en el gráfico 1. Por un lado, el bajo crecimiento potencial presiona a la baja los tipos de interés. Este bajo crecimiento potencial está ligado a la desaceleración de la productividad observada desde los años 70. Adicionalmente, también ha incidido la desaceleración del crecimiento de la población, un fenómeno que se ha observado con especial intensidad desde mediados de los años 90. Ambos fenómenos tienen dos rasgos en común: afectan al conjunto de los países desarrollados y parecen ser factores estructurales de largo plazo, que previsiblemente seguirán presionando a la baja el crecimiento potencial de las economías a futuro.

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Adicionalmente, hay factores de índole cíclica que también podrían estar presionando a la baja el tipo neutral. Se trata de factores que aumentan la propensión marginal a ahorrar de los hogares y de las empresas. A medida que avanza la recuperación la intensidad de algunos de estos factores se ha ido reduciendo, como se observa en la aceleración de la inversión los últimos meses en buena parte de los países desarrollados. Sin embargo, persisten otros factores, como el aumento de la desigualdad. La mayor desigualdad supone que la renta de los hogares de renta alta crece a tasas más altas que la de los hogares de renta baja. En la medida que los primeros tienden a tener una propensión marginal al ahorro mayor, el ahorro agregado aumentará con la mayor desigualdad.

Los factores mencionados anteriormente, en la medida que tienen un componente estructural, apuntan a que los tipos de interés reales difícilmente volverán a niveles pre crisis. Sin embargo, en los próximos meses, otros elementos que hasta la fecha habían presionado los tipos a la baja cambiarán de manera sustancial. En particular, los cambios en la orientación de la política económica de EEUU presionarán la oferta de deuda al alza y la demanda de la misma, previsiblemente a la baja.

La menor demanda se deberá a que la Reserva Federal ha comenzado la normalización de la política monetaria. Dentro de esta normalización se incluye que la institución dejará de reinvertir sus tenencias de deuda pública. La Fed acumuló 2.500 millones USD de deuda pública cuando implementó los programas de estímulo durante la crisis. La no reinversión de la totalidad de los vencimientos supone que estas tenencias se reducirán en unos 500.000 millones USD a lo largo de 2018. Consecuentemente, habrá una mayor proporción de la deuda viva que tendrá que ser absorbida por el mercado.

Por otro lado, la administración de EEUU aprobó un estímulo fiscal a finales del año pasado que podría alcanzar un 7% del PIB a lo largo de los próximos años. La consecuencia de este estímulo será un aumento sustancial del déficit fiscal y, por tanto, del endeudamiento público de EEUU, tal y como se observa en el gráfico 2. De esta forma, el mercado tendrá que absorber el aumento de la deuda pública en circulación.

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Consecuentemente, se dan factores que supondrán una menor demanda de deuda de EEUU y un aumento de la oferta de la misma. Se trata de una novedad desde los últimos años, en los que tanto los factores estructurales como los cíclicos han presionado a la baja los tipos reales. La consecuencia es que los tipos reales deberían aumentar en EEUU en los próximos meses, a medida que se van materializando estos cambios. La gestión de la transición hacia tipos más altos, y la volatilidad que previsiblemente se generará durante esa transición, será un reto para la evolución de la economía mundial, cuya evolución favorable los últimos años se ha visto favorecida por los niveles tan bajos de los tipos reales.

* Victor Echevarria es consultor senior en Análisis Económico y de Mercados, Afi Analistas Financieros Internacionales

Women in finance

Por: | 08 de marzo de 2018

Verónica López y María Romero*

Hoy la entrada a este blog nos ha quedado algo más extensa de lo habitual, pero por ser un día especial y la importancia de lo que queremos compartir, nos lo hemos permitido, con el permiso de la audiencia.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer y coincidiendo con el reciente centenario (en febrero) de la legalización del voto femenino en Reino Unido –si bien restringido entonces a mayores de 30 años con propiedades o con educación universitaria-, la Embajada Británica en Madrid convocó ayer el encuentro Women in Finance, con la protección y fomento de la diversidad como temática central.

Simon Manley, Embajador de Reino Unido en España, inauguró el evento evidenciando con mucha claridad la urgencia de corregir las actitudes machistas y las barreras estructurales aún presentes en nuestras sociedades occidentales, no solo por ser injustas para más de la mitad de la población sino por constituir, para más inri, un lastre para la economía. Las protagonistas de Women in Finance a las que da paso el Embajador, comparten con todos y todas las presentes mensajes inspiradores, optimistas y muy contundentes, además de muy necesarios para avanzar en el largo camino hacia la igualdad.  

Isabel Tocino, Vicepresidenta de Banco Santander España hace gala del compromiso, y los pasos firmes que el banco está dando, para romper con las situaciones estructurales de desigualdad que enfrenta el talento femenino. Reconoce que enfrentar con éxito los “nuevos” riesgos y retos de nuestras sociedades, y del sector financiero en particular –ciberseguridad, cambio climático, transformación digital, compliance, envejecimiento de la población, etc- solo será posible contando con la diversidad de talento, sensibilidades y capacidades de las mujeres, excelentemente formadas (si bien hacen falta más mujeres en STEM y legal), para lo cual es preciso cambios en la cultura corporativa (como incorporar objetivos de diversidad en los bonus), y prestar especial atención a las necesidades vitales que comporta la maternidad, momento en el que comienza la verdadera discriminación.

Miriam González, Chair de Inspiring Girls International, defiende la imperiosa necesidad de contrarrestar los efectos que la normalización de determinadas conductas arraigadas en nuestras sociedades occidentales –como la asunción de que los cuidados son tarea de la mujer, y las conductas sexistas- tienen en la autoestima de las niñas desde muy temprana edad, determinando la proyección profesional basada en estereotipos de género.

Megan Butler, Directora de Supervisión de la Autoridad de Conducta Financiera (FCA) de Reino Unido, bien equipada con datos, evidencia que la diversidad de género, pero no solo de género, aporta enormes beneficios al desempeño y a las cuentas de resultados de las firmas del sector financiero, fundamentalmente por tres vías: (i) aumento de la inteligencia colectiva de los equipos, (ii) freno al optimismo desmesurado y (iii) mayores estándares y comportamientos éticos.

Techos de cristal: ¿mito o realidad?

Rotundamente, una realidad. Karina Robinson, CEO de Robinson Hambro, arranca su intervención abogando por la importancia de visibilizar el talento, por ponerse de pie, “to stand up”. Y aconseja que aquellas mujeres que elijan tener pareja, elijan bien, porque “ese” apoyo es también fundamental.

Isabel Linares, Senior Adviser y Directora no ejecutiva de PwC afirma que si bien en el momento de entrada en el mercado laboral no existen diferencias apreciables de género, estas se materializan con fuerza alrededor del momento de la maternidad, con una alta probabilidad de arrastrarlas durante el resto de la vida laboral. Reconociendo que puede afirmarse que estamos en el buen camino –el primer paso para resolver un problema es identificarlo y visibilizarlo- las dinámicas son muy lentas. Sobre los efectos de la maternidad en el éxito de la carrera profesional hace hincapié Georgia Hanias, Fintech Specialist and Diversity Champion: el coste de oportunidad es muy elevado sea cuando sea la edad en la que se tome la decisión.

La importancia de las role models (modelos a seguir) de mujeres líderes, poderosas, jefas, y orgullosas de serlo, como Karina Robinson, Pilar Aurrecoechea e Isabel Linares, protagonistas de la mesa redonda dedicada a los techos de cristal, ha sido una constante en todas y cada una de las intervenciones. Su generosidad en el ejercicio de ese rol, su consejo, complicidad y capacidad de inspirar a otras mujeres, es clave para romper las dinámicas del pasado, y como no, los techos de cristal.  

Techos como el manifestado por Charles Bowman, Lord Mayor de la City de Londres, el número 690 desde el origen de esta autoridad allá por el siglo XII, cargo ostentado en solo dos ocasiones por mujeres: Dame Mary Donaldson (1983-84) y Fiona Wolf (2013-14).

¿Qué pasa en España?

La feminización del paro y el alejamiento del empleo por maternidad fue el tema central del pasado informe de Avance del Mercado Laboral elaborado por Afi para Asempleo. Allí se muestra que las mujeres jóvenes (rango de edad 34-44 años) más formadas son las que más están sufriendo el desempleo en la actualidad, ya que es el colectivo más predominante dentro del conjunto de parados. Hace cuatro años, en los últimos meses de la crisis, el tipo de parado más común era un hombre de nivel educativo bajo y con edad entre los 25 y 34 años.

El alto nivel de formación de las mujeres jóvenes les confiere una alta probabilidad de encontrar un puesto de trabajo, deseablemente, ajustado a su formación y/u otras preferencias laborales, pero el mantenimiento en situación de desempleo durante un tiempo dilatado esperando a esa oportunidad laboral puede alejarles demasiado del mercado de trabajo, provocando la obsolescencia de sus habilidades en un mundo cada vez más exigente y cambiante. El hecho de estar en la franja de edad próxima a la maternidad (32 años en España) les aleja, probablemente más, ya que, si el cabeza de familia, que sigue siendo masculino (2 de cada 3 hogares), tiene un puesto de trabajo estable y el nivel adquisitivo del hogar es razonable, puede que condicione la decisión de mantenerse paradas o inactivas para encargarse del cuidado de los hijos u otros dependientes a su cargo.

Poniendo el foco en la rama de actividades financieras y de seguros, las contempladas en el evento Women in Finance, observamos que en 2016 había en España 160.000 mujeres trabajando en actividades financieras y de seguros, representando más de la mitad del total de los ocupados de esta rama. Concretamente, eran 20.000 trabajadoras más que los hombres, un 16% más.

Estas mujeres, por lo general, están más formadas que los hombres, ya que el 84% del total ha completado un nivel de formación alto, es decir, al menos cuenta con un título universitario. Este mismo porcentaje se sitúa en el 63% para el caso de los hombres, es decir, más de 20 puntos inferior.

Ocupados con nivel de formación alto en la rama de Actividades financieras y de seguros según género y división de actividad (% total ocupados), 2016

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Fuente: Afi, INE (microdatos EPA)

Por división de actividad, la diferencia a favor de las mujeres es notable en el caso de los Seguros, reaseguros y fondos de pensiones, así como en las Actividades auxiliares (20 y 40 puntos porcentuales, respectivamente). En el caso de los Servicios financieros, la diferencia es de apenas 3 puntos porcentuales a favor de las mujeres.

Techo de cristal, revisited

Sin embargo, la presencia de mujeres en los órganos directivos de esta rama de actividad se reduce drásticamente. En el conjunto de la rama, mientras que un 16% de las mujeres que trabajan en esta rama ocupan puestos de dirección y gerencia, los hombres lo hacen en un 20% del total. Esto se produce en todas las divisiones económicas, salvo en el caso de las Actividades auxiliares (que tienen que ver con tareas de administración, intermediación, corredurías de seguros, etc.), predominantemente cubiertas por el colectivo femenino.

Directores y gerentes en la rama de Actividades financieras y de seguros según género y división de actividad (% total ocupados), 2016

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Fuente: Afi, INE (microdatos EPA)

Nota: Sentimos no poder extendernos en la clarificadora explicación de los retos de la regulación financiera en boca de Katharine Braddick (Director General Financial Services del UK Treasury), de Rachel Kent (Head of Financial Institutions Group, Hogan & Lovells), María Abascal (Directora de Relaciones Institucionales de BBVA), y Soledad Núñez (Asesora del Banco de España), moderadas por Rocío Sánchez, Directora de Public Policy de la Asociación Española de Bancos.

*Verónica López y María Romero son consultoras senior en el Área de Economía Aplicada de Afi

 

Banca en la Sombra: acotando su alcance

Por: | 06 de marzo de 2018

Medir el tamaño e importancia relativa de la banca en la sombra (“shadow banking”), al igual que ocurre con la economía sumergida, incorpora una cierta contradicción, pues solo se puede medir aquello que está en la superficie o “al sol”, y no sumergido o en la sombra. Es por ello que todos los intentos de estimación que se ha realizado hasta la fecha se traducen en un rango extraordinariamente amplio, en función de si la metodología descansa en una definición explícita de actividades clasificables como banca en la sombra, o en un enfoque excluyente, abarcando todo lo que no es banca formalmente definida y regulada.  

En este sentido, cabe calificar como un importante paso adelante la reciente publicación por el Financial Stability Board (FSB) de su informe anual 2017 sobre banca en la sombra en el mundo, pues aporta una importante clarificación sobre los componentes que cabe considerar como inequívocamente “en la sombra” , si bien es cierto que su volumen explícito (el concepto “estrecho” de banca en la sombra) sigue estando muy alejado de su versión amplia, medida con criterios excluyentes.

Para una aproximación amplia a la importancia del “shadow banking” en el mundo, el FSB descansa en una aproximación escalar, y referida a una muestra de 21 países, más la eurozona considerada como un todo, que sin duda representan un muy elevado peso en el mundo. En el agregado de dichas jurisdicciones analizadas los activos financieros totales serían unos 340 billones de dólares, de los que 180 billones (un 55% del total) serían intermediación bancaria, mientras que el resto sería intermediación financiera no bancaria, concepto que el FSB define como MUNFI (Monitoring Universe of Non-bank Financial Intermediation). Dentro de dicho concepto amplio se encuadran seguros y fondos de pensiones, que claramente no son “shadow banking”, y el más amplio conocido como OFI “otros intermediarios financieros”, que habitualmente se utiliza como la versión amplia de “shadow banking”.

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Pues bien, es en este componente de OFI donde FSB realiza un análisis más fino para depurar lo que realmente constituye “shadow banking” de lo que es financiación directa, sin características bancarias, “ni al sol ni a la sombra”. Piénsese, a modo de ejemplo, en fondos de inversión de renta variable, que son parte integrante de esos OFI, y que bajo ninguna hipótesis podrían considerarse “shadow banking”, pues los partícipes en dichos fondos tienen claro que son ellos los que asumen el riesgo de su  inversión, sin garantía alguna de respaldo público al valor de sus participaciones.

Es precisamente esa reflexión sobre la precepción de riesgo y/o de garantía de valor por parte de los inversores, lo que lleva al FSB a estimar, por descarte, que el “shadow banking” en una acepción más acotada, se elevaría a unos 45 billones de dólares, es decir en torno al 13% el total de activos financieros para la muestra de países analizados, y en torno al 45% del concepto más amplio de banca en la sombra, habitualmente identificado como el agregado de OFI (Otros intermediarios financieros).

Esos 45 billones de dólares, expresivos de shadow banking en un sentido más acotado, son clasificados por el FSB en cinco categoría diferentes:

  • Vehículos de inversión colectiva susceptibles de intensas salidas de fondos en condiciones adversas de mercado. Esta categoría representaría el grueso (en torno al 72% del “shadow banking”.
  • Vehículos de titulización, que representaría un 10% del total
  • Actividades de intermediación en mercados dependientes de financiación a corto plazo (préstamos de valores), aportando un 8%.
  • Actividad crediticia no bancaria (direct lending) dependiente de fuentes de financiación a corto plazo, con un 6% del total
  • Mecanismos de facilitar créditos mediante aseguramiento o mitigación de riesgos (“monoliners”), con una muy reducida participación (0,4% en el total.

Con esa definición acotada de “shadow banking”, su peso en la mayoría de países es muy reducido, como muestra el gráfico adjunto. Tan sólo algunos países, muy cercanos a la consideración de paraísos fiscales, como Islas Caimán o Irlanda, tendrían un peso de “shadow banking” superior al 40%, mientras que todos los restantes países tendrían un peso inferior al 20%, incluso en el caso de China, que en ocasiones es señalado como un riesgo potencial por el peso de su “shadow banking”. En el caso español, ese peso estaría en torno al 6% o 7%, y por debajo de los grandes países europeos o de Estados Unidos.

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Hacia una unión fiscal europea

Por: | 01 de marzo de 2018

En este blog hablamos con cierta frecuencia del necesario fortalecimiento de la unión económica y monetaria (UEM) en Europa tras las debilidades que ha demostrado en la reciente crisis, del cual en estos momentos están sobre la mesa varias iniciativas de la Comisión Europea, que hemos tratado en un post  anterior, ninguna de las cuales pretende modificar los Tratados, aunque no lo descarte.

A la necesidad de este fortalecimiento se acaba de unir el Fondo Monetario Internacional (FMI), con un interesante policy paper sobre la unión fiscal en el área euro, ampliamente documentado, y un blog sobre el mismo tema. Aunque no se trate de una iniciativa institucional, sino del Departamento de Investigación del Fondo, no cabe duda que reconoce muy explícitamente que, dentro de las preocupaciones sobre la estabilidad financiera mundial de las que hace gala el FMI periódicamente, la estabilidad del área euro es uno de los temas fundamentales actuales, que debería resolverse cuanto antes y de la mejor forma posible.

No se trata tanto de formular propuestas concretas, tarea que corresponde a la Unión Europea (UE) y a sus Estados miembros, sino de defender, con un análisis económico riguroso, la necesidad de una unión fiscal. En este sentido, va en la misma línea que una reciente iniciativa de un grupo de economistas franceses y alemanes, de la que se dispone de un excelente resumen.

En ambos casos se trata de hacer más eficaces los principios de riesgos compartidos y disciplina de mercado, dentro de las limitaciones propias del área euro, fundamentalmente que no es un Estado, o si se prefiere una unión política, y que su presupuesto central es muy reducido, en torno al 1% del PIB, frente al 15-20% de otras federaciones. Este presupuesto se comparte con el conjunto de la UE y, además, se verá presionado en breve a la baja como consecuencia del Brexit.

El nuevo ciclo presupuestario plurianual de la UE apenas ha echado a andar. Sus prioridades se trataron en la reunión informal de los 27 jefes de Estado o de Gobierno (sin el Reino Unido) del pasado día 23. A tenor de las palabras del presidente del Consejo Europeo, todo indica que va a haber un desplazamiento desde las finalidades clásicas (cohesión, política agrícola común, investigación e innovación e infraestructuras paneuropeas) hacia otras más recientes (inmigración irregular, defensa y seguridad y Erasmus+), previéndose más allá de este año antes de que se logre un acuerdo.    

Las que hemos mencionado no dejan de ser propuestas oportunistas, en el sentido de que buscan aprovechar el buen momento económico del área euro, pero eso no menoscaba para nada su razón de ser, todo lo contrario. Al mismo tiempo, son propuestas que parten de la unión bancaria actual, ven la necesidad de completarla cuanto antes, lo que tiene algunas implicaciones fiscales, pero, sobre todo, muestran la insuficiencia de la misma para defender el área de posibles crisis futuras.

Al tratarse de propuestas bien fundamentadas, deberían ser tenidas muy en cuenta por los políticos europeos cuando decidan sobre el fortalecimiento de la UEM, algo que deberían hacer pronto, una vez que se ponga en marcha el nuevo gobierno alemán. La adopción de decisiones en la UE no se caracteriza por su agilidad, teniendo en cuenta que hay que contar con todos los Estados miembros implicados y que los cambios legales llevan su tiempo, especialmente si hay que modificar los Tratados, pero muchas veces el tener el camino bien definido es buena parte de la solución de los problemas que nos pueda deparar un futuro siempre incierto.

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