Fondo de Armario

Los obispos españoles y el aborto

Por: | 18 de abril de 2013

Las recientes declaraciones del obispo de Alcalá, Reig Pla, vinculando el aborto con una conjura internacional para reducir la población se añaden a tantos pronunciamientos anteriores de la jerarquía católica española, cuyo nivel de condena y rechazo no tiene matices ni contempla supuestos. Este pretende ser un sucinto repaso por algunas de las declaraciones y escritos episcopales desde los años ochenta del siglo XX.

Pla
Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares / ÁLVARO GARCÍA

Pla García, obispo de Sigüenza en la época, publicó una pastoral en enero de 1983 en la que denunciaba que el Gobierno estaba dispuesto a convertirse "en el asesino oficial de miles de españoles". Un mes más tarde, José María Setién, obispo de San Sebastián, colocó en el mismo plano aborto y terrorismo: "La reacción colectiva que en gran parte se ha provocado en nuestro pueblo frente a las agresiones violentas de los atentados contra la vida y la libertad de las personas, carecería de soporte ético y de fuerza convincente si la sociedad permitiera matar unas veces, para reaccionar irritada otras, según los intereses personales o colectivos de cada momento".

Guerra Campos, obispo de Cuenca en ese mismo mes de febrero de 1983, pretendió involucrar al Rey para que se opusiera a la sanción de la ley del aborto porque "no puede moralmente participar en esa agresión a los inocentes". Vertió estas opiniones en el boletín de su diócesis.

La celebración del Corpus en junio de 1983 propició que el cardenal primado Marcelo González Martín expresara con crudeza su opinión: "Para lograr en el mundo más justicia social, el camino no es inyectar en la cultura dosis cada día más venenosas de corrupción de la juventud, de manipulaciones de la historia o de destrucción de la vida cuando ésta empieza en el seno materno".

Estábamos al comienzo de la primera legislatura socialista, cuando se aprobó la ley que despenalizaba el aborto en varios supuestos.

Antonio María Rouco Varela fue el encargado de advertir a los españoles de que los autores cualificados de abortos serían excomulgados de modo automático. Fue en mayo de 1985 y era arzobispo de Santiago.

En diciembre de 1986, el obispo de Málaga, Ramón Buxarrais, pronunció una homilía en la catedral y dijo que la regulación del aborto "hará posible que cómodamente en hospitales y clínicas privadas se triture o asfixie..., en otras palabras: se legalizan nuevas cámaras de gas y tortura camuflándolas de quirófanos, con verdugos y torturadores vestidos de verde". Y añadió que "los Herodes de nuestro tiempo se comprarán lujosos chalés con piscina y coches millonarios... Pero a Dios no le matarán, y será a él a quien deberán dar cuenta de sus horrorosos crímenes".

Cada intento de ampliar supuestos y por supuesto el cambio legislativo desde la despenalización del aborto para convertirlo en un derecho se seguía de una catarata de descalificaciones y admoniciones episcopales.

EL PAÍS publicó literalmente una nota del ejecutivo de la CEE el 14 de septiembre de 1998 cuyo título era "Licencia aún más amplia para matar a los hijos". Entre otras cosas se afirmaba en ella que "lo que ahora se pretende es que los hijos queden a disposición de la voluntad soberana de la madre, la cual, tras un trámite de "información", podrá decidir la muerte de su hijo no sólo ante la pasividad y complicidad del Estado, sino incluso con su colaboración." La nota fue previa a un debate del Parlamento de varias proposiciones de ley sobre el aborto.

En diciembre de 2002, el cardenal Rouco dijo en una homilía que "a comienzos de 1998 disponíamos de una sólida información que nos permitía hablar de la práctica de más de 30 abortos diarios, es decir, 10.395 al año, en nuestra comunidad. Hoy, el uso legalizado de la llamada píldora abortiva (RU 486 o Mitepristone), distribuida sin demasiados escrúpulos, junto con otros factores, han elevado esos números más y más. Los nuevos datos sobre los abortos practicados en preadolescentes, verdaderas niñas, a veces forzadas a ello por sus familiares y amigos, y sobre todo la ineficacia de la acción de las autoridades para hacer cumplir las ya de por sí permisivas e inaceptables normativas vigentes, completan ese dramático panorama de la cultura de la muerte que envuelve a la familia".

En febrero de 2003, Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo, afirmó "que el aborto practicado a la niña nicaragüense de nueve años tras ser violada hace cuatro meses en Costa Rica, es "un atentado contra la humanidad, porque todo aborto es un atentado contra la humanidad".

El cardenal Rouco afirmó en un discurso pronunciado en abril de 2009 que "el crimen del aborto ensombrece desde siempre la historia de la humanidad. Pero ha sido en el siglo pasado cuando amplios sectores sociales han empezado a considerar públicamente que eliminar a los que van a nacer no sería algo de por sí reprobable y cuando tal mentalidad ha encontrado eco en legislaciones que han dejado de proteger el derecho de todos a vivir".

Para concluir esta recopilación de declaraciones, estas del arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, que comparó el aborto con un "genocidio silencioso" en el curso de una homilía pronunciada en diciembre de 2009.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay 13 Comentarios

Abortar no es bueno; se trata de un filicidio, y la mujer también queda traumatizada durante toda su vida.
Un embarazo no deseado puede evitarse antes.

ABORTO LIBRE Y GRATUITO FOREVER>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>

Hola, amigos. Ya que el tema sigue en cartelera, quiero insistir en mi opinión, reduciéndola a términos de slogan. No es lo mismo evitar la concepción a través de los medios de control, que destrur la concepción con métodos abortivos. Los señores obispos deberían reflexionar a fondo sobre esta diferencia y ser mucho más tolerantes con los medios de control; con ello estarían colaborando para la disminución del aborto. Resumiendo más: ¡SÍ AL CONTROL SOBRE LA VIDA, NO A LA DESTRUCCIÓN DE LA VIDA!

Entiendo que no se puede juzgar a la mujer que aborta, solo Dios sabe los motivos que llevan a esa decision, pero es necesario decir, una vez mas, que el aborto siempre implica eliminar una vida inocente.

Y nunca se han pronunciado con tal vehemencia con la inquisición, con la segunda guerra mundial donde callaron y en latinoamerica que apoyaron regímenes autoritarios en los 70s y 80s.

Y qué me dice de las monjas "educadoras"?
Las monjas en manifestaciones contra el derecho al aborto me interesan sobremanera.
Yo "viví a las monjas" durante cinco años.
Llegué con nueve años y lo primero que me enseñaron fue a temerlas. Son personajes singulares, las monjas.
Eramos sólo niñas, profesoras y monjas: un mundo completamente femenino pero curiosamente "castrado".
Cuando veo a una monja siento muy cerca, casi huelo, aquel Guantánamo escolar. Nos alejó de la realidad y nos abrió la ventana a ese mundo de cerebros vaciados.
Los argumentos me los conozco al dedillo porque ya se ocuparon ellas de "metérnoslos en vena". No son nada nuevos sus gestos, las "frases" que gritan y las pancartas que agitan en nombre de la vida. Todo tiene un regusto muy complicado de especificar.
Si hay una palabra para describir el ambiente que generan a su alrededor es intriga: son intrigantes, les gusta intrigar. Siempre me ha maravillado lo gigantesca que debe de ser una maquinaria eclesiástica que aún las alecciona a seguir intrigando, aún con sus cerebros vaciados, para conseguir que las mujeres no piensen que lo que en realidad se espera de ellas, es que no dejen de parir más súbditos.

Porque abortar es malo, sino quieres tener un hijo porque ha sido un fallo pues mejor estar a tiempo y no tenerlo.

Hola, amigos. La verdad es que esa continuidad en el rechazo del aborto de parte de los obispos españoles, pone a pensar. Ellos hacen bien en difundir y defender la moral cristiana tal como ellos la entienden. Es su misión y su deber. Otra cosa es que quieran imponerla a baculazos y excomuniones a la sociedad civil. En Colombia, la Corte Constitucional aprueba el aborto en tres casos específicos: violación, malformación, vida de la madre en riesgo grave. Todo para brindar mejores condiciones a las mujeres que se decidan por esta solución y que no caigan en manos de teguas que coloquen en peligro grave su vida.
Me parece que los obispos deberían poner mayor énfasis en la diferenciación entre métodos que permitan la planificación previa a la concepción y los claramente abortivos. Existe una diferencia fundamental entre ambos problemas. Si la Iglesia jerárquica fuera mucho más abierta a la hora de permitir los métodos de regulación anticonceptiva, no serían tan graves los problemas que se refieren al aborto. En el primer caso, se evita la concepción; en el segundo, se destruye. No es lo mismo, ¿ciereto?

He leído el comentario de Pedro Antonio Ariete y me gustaría destacar que el sacar los asuntos de contexto, no me parece una buena estrategia a la hora de convencer.
Lo comento porque tengo la impresión de que cuando los obispos se pronuncian, no lo tienen en cuenta.
En primer lugar por equiparar el sufrimiento de un no nato con el de un niño y en segundo, por calificar todos los abortos de homicidios.
Yo creo que abortar es una desgracia y además estoy en contra de la pervertir a los menores. También de la práctica del sexo bajo los efectos del alcohol o de las drogas; y si me apuran, contra la promiscuidad como moda juvenil.
Pero me parece alarmante que se equiparen sin discernimiento todos los casos y situaciones. Y más aún que se sopesen junto a los actos terroristas. Lo digo teniendo en cuenta que la voz de la Iglesia se escucha ahogada cuando la social eleva su condena.
Me asusta la atribución de la idea o concepto de padre y madre con tal ligereza. Más aún cuando y pese a que condenan la elección de comenzar o no a serlo, les eximen de cualquier condena ante el maltrato. No lo denuncian e incluso amparan a los maltratadores de cualquier género con su silenciamiento a priori y posteriormente ante los tribunales.
No lo comprendo. Ya no se qué es de Dios y qué del César. Pero coincido con Pedro Antonio Ariete en cuanto a la necesidad de un planteamiento higiénico a priori.
De lo contrario, el respeto y la atención debidas a cualquier manifiesto institucional, corre y seguirá corriendo peligro.

Orensano, por si lo lees. La obsesión de mucha gente con la iglesia católica no es tal. Es puro instinto de defensa, pues unos señores, basándose en la autoridad que supuestamente les concede a ellos un ser cuya existencia es más que dudosa, intentan imponternos unos criterios éticos que muchos discutimos y tenemos nuestras buenas razones para ello. Por eso voy a por los obispos, mientras que me llevo maravillosamente con cristianos de base de los que practican lo que dijo cierto tipo hace unos cuantos siglos: "amad a los demás como a vosotros mismos". Curiosamente es aquel al que los obispos reclaman como su fundador, pero hacen todo lo contrario de lo que dijo e hizo, si hemos de creer las fuentes (manipuladas por la iglesia) que han quedado sobre el tema.

Que los señores de negro se ocupen de sus asuntos divinos, que nosotros nos ocupamos de los terrenales solitos.

http://casaquerida.com/2013/04/16/un-descanso-agotador/

Sinceramente opino que si la iglesia católica se limitara en primer lugar a expulsar de su seno a religiosos pederastas y maltratadores, a los que lleva siglos protegiendo. Si dejara de alinearse con los poderosos para justificar sus crueldades y en verdad siguiera el mensaje de Cristo. Si dejara de querer regular a la sociedad civil con preceptos nacidos en la iglesia y no en el mensaje de jesus. Si diera al césar lo que es del césar y a dios lo que es de dios, nadie, ni progre ni no progre se metería, ni tendría obsesión o conjura contra una iglesia católica que no enredara en pleitos civiles ya que su reino no es de este mundo(Cristo dixit). Una iglesia que se sostuviera por las aportaciones de sus fieles y no de los subsidios de esa misma sociedad civil donde se entromete. Que cada cual tuviera la religión que se pudiera permitir y no la que les pagamos entre todos su religión. Bien está que den su cuota para el sostenimiento. Entonces nadie de los progres tendría el mas mínimo interés en los retros que en su caridad cristiana nos llaman necios como algun orate que se dice nativo de una provincia interior de Galicia

Lo obsesión de los progres con la iglesia católica si que no responde a ningún tipo de conjura, salvo quizá a la de los necios.

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Sobre el autor

Juan Carlos Blanco

, filólogo y periodista, tiene una larga trayectoria profesional vinculada al archivo de EL PAÍS, del que ha sido responsable durante más de 15 años. Por sus manos ha pasado mucho de la Historia, con mayúsculas, de este periódico y este país.

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