A Sebastian Coe, presidente del comité organizador de Londres 2012 (el Locog), lo que más falta le hace en estos momentos es algo que distraiga a la prensa británica, siempre al acecho de la polémica. Lo mejor para él es que el llamado Team GB empiece a ganar medallas de oro. O que empiecen a salir héroes olímpicos, aunque no sean británicos. Pero los Juegos acaban de empezar y lo que hasta ahora más ha llamado la atención no es el deporte, sino las alarmantes calvas que han aparecido en algunos graderíos.
Después de pasarse meses cacareando que estaba todo vendido, el Locog admitió en vísperas de la inauguración que ha tenido que recortar los aforos de fútbol por la escasa venta de entradas y que aún quedaban localidades para varios deportes e incluso en la ceremonia inaugural. Aunque esta acabó colgando el “no hay billetes”.
Lo que no se esperaba nadie es que aparecieran sillas vacías en algunos de los deportes olímpicos más populares, como la gimnasia o la natación, en los que suele haber tortas por conseguir entradas en todas las sesiones. También ha habido huecos en otras modalidades con menos tradición olímpica, como voleibol o tenis.
Cinco soldados presencian la gimnasia en el North Greenwech Arena. (REUTERS).
Según los organizadores, el problema no está entre las entradas que se han vendido al público, sino en las de las zonas dedicadas a patrocinadores, la familia olímpica, los medios o los deportistas, lo cual no está claro que deba ser un consuelo para el Locog dado el énfasis que siempre han puesto los medios británicos en que se ha privado de demasiadas entradas el público de a pie.
Normalmente, al menos el 20% de las localidades están reservadas, aunque ese porcentaje alcanza el 50% en las sesiones con más demanda, como la ceremonia inaugural o la final de los 100 metros lisos.
“Vamos a poner las cosas claras. Esas instalaciones estaban como latas de sardinas”, ha declarado Sebastian Coe. Se refería, se entiende, a las zonas dedicadas al público que pasa por taquilla. El Locog ha abierto una investigación para averiguar por qué tantos acreditados no acuden a los estadios.
El problema es que esas localidades suelen estar en las mejores posiciones, y con muchas posibilidades de que los vacíos acaben saliendo por televisión. Los organizadores buscan fórmulas para llenarlos y parecen pensar sobre todo en recurrir al ejército por segunda vez en pocos días. Al menos en esta ocasión no sería para que hagan los trabajos que no ha podido hacer la empresa privada de seguridad G4S. Esta vez sería para relajarse cómodamente sentados disfrutando de los Juegos.
Pero no es tan fácil. ¿Cómo se sabe cuándo va realmente a quedar una silla vacía? ¿A la media hora de empezada una de las sesiones, como sugiere el Comité Olímpico Británico? ¿Al cabo de una hora?
La paradoja de esta polémica es un segundo lío, aunque de dimensiones menores y con tintes más simpáticos, al que se enfrenta Londres 2012: la chica de rojo. Es decir, la sonriente joven con tejanos y camiseta roja que el viernes se infiltró en el desfile de la ceremonia inaugural y caminaba junto al abanderado de la India, el luchador Sushil Kumar. Coe he descartado que se hubiera colado desde fuera, saltándose la seguridad, y cree que se trataba de una de las voluntarias de la ceremonia “que se excitó un poco más de la cuenta”. "Intentaremos que no ocurra de nuevo… en la próxima ceremonia inaugural", ironizó.
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