
Esta es la fotografía y estos son los hechos. Luego haré la pregunta. Aeropuerto de Fiumicino, Roma. 09.20 del martes 17 de abril de 2012. Avión de Alitalia. Línea regular Roma-Túnez. Cuando los pasajeros embarcan se encuentran con la siguiente escena que, mal que bien, reproduce la fotografía: dos jóvenes –en la imagen solo se advierte la presencia de uno— están sentados en la última fila. Sus manos han sido atadas con grilletes de plástico y sus bocas selladas con cinta adhesiva marrón de la que se utiliza para embalar. Se trata de dos inmigrantes tunecinos sin papeles que están siendo repatriados a su país. Alrededor de ellos, de paisano, dos parejas de policías italianos. Los pasajeros van entrando al avión y ocupando sus lugares, sin dar muestras de sorpresa. Uno de ellos, en cambio, no solo se sorprende, sino que se indigna. Se llama Francesco Sperandeo y es cineasta. Se dirige a los policías, les pregunta qué sucede, el por qué de esa mordaza. La respuesta –según ha contado él mismo a través de
su página de Facebook—le escandaliza aún más:
--Es todo normal. No se preocupe...
Pero se preocupa. Claro que se preocupa. Al día siguiente lo cuenta en su página y de allí salta a la red y a los periódicos. La cinta marrón tapando sus bocas, los lazos de plástico apretando sus muñecas… y la indiferencia: “Lo más grave es que todo ocurrió ante la total indiferencia de los pasajeros, y ante mi petición de que recibieran un trato humano, fui conminado a volver a mi asiento porque se trataba de una operación normal de la policía. ¿Normal...? Esta es la civilización europea...". Francesco Sperandeo se las arregló para robar una foto con su teléfono móvil, de ahí la pésima calidad, aunque suficiente para sostener la denuncia.
La pregunta es la misma que, a estas horas, los periódicos italianos están intentando que las autoridades respondan. ¿Es normal? ¿Es lícito? ¿Es ético?