20 dic 2014

Los ojos ocultos del Landa

Por: José Carlos Capel

Victoria Landa y su hijo Guzmán AlamedaMal que nos pese apenas quedan ya restaurantes de carretera tal y como se entendían hace algunos años. Me refiero a aquellas modestas casas de comidas situadas a pie de ruta donde las filas de camiones aparcados – se decía -- eran indicio de buena comida a precios ajustados. Entre las autovías y áreas de servicio el modelo se ha trastocado.

En la lista de excepciones figura el  Landa  al pie de la Nacional I, en el entorno de Burgos, un caso de exitosa supervivencia. Tras la apariencia de lujo sobrio que rodea el lugar se esconde un enclave de cocina casera con un servicio cercano y dos espacios en uno, el restaurante y el bar, lo más frecuentado. Da igual lo que se tome en su barra o en las mesitas que lo rodean: huevos fritos con morcilla, pepito de ternera, cruasanes, café… Los precios son razonables, el servicio amable y la calidad notable. Como cliente anónimo de esta casa, parada obligada en mis viajes a La Rioja, País Vasco o Cantabria, siempre me he hecho la misma pregunta: ¿quién está detrás de este tinglado?  Conservo en mi biblioteca las dos espléndidas publicaciones de Ángela Landa (El libro de la repostería; A fuego lento) pero nunca he sabido cuál era la vinculación de la autora con este lugar. Por fin, acabo conocer a Victoria Landa, única propietaria, sobrina de Ángela, la persona que yo buscaba. Huevos fritos con morcilla, el superventas del Landa

Es la primera entrevista que concedo en mi vida”, se apresuró a decirme risueña. “No nos gusta hacernos notar, nuestra mejor publicidad es hacer las cosas bien. Cuando nos ofrecen acciones de promoción las rechazamos. Nuestros cocineros y pasteleros son desconocidos, seguimos la política del anonimato. Somos un restaurante de carretera donde recibimos a tres generaciones de clientes. Viajar no debe ser sinónimo de mal comer, decía mi padre.”

Durante media hora larga, mientras yo disfrutaba de dos huevos con morcilla y de una taza de café, ella me fue relatando anécdotas. El bar, un lugar de corte clásico donde priva la informalidad

¿Qué había antes en el lugar que ocupa el Landa? “Nada de nada. Era un patatal a las afueras de Burgos, a mi padre Jesús le gustó porque se divisaba la catedral, compró el terreno y en 1959 montó un pequeño restaurante. Eran tiempos difíciles. Cumplimos ahora 55 años”.

Tu familia siempre ha estado vinculada a la hostelería. “Mi abuelo Escolástico fue cocinero en el Club Puerta de Hierro de Madrid y en La Perla en San Sebastián en los pasados años treinta. Luego fundó en Madrid La Gran Taberna, ya desaparecida. Mi padre, Jesús, hijo de Escolástico, que proseguía con el negocio venía a Burgos ver a su hermana Ángela. Primero montó un bar en el paseo del Espolón (Burgos) y luego, aquí mismo, un modesto restaurante que fue ampliando con la torre, la piscina, la plaza y el quiosco de la música. Era abogado pero sentía gran afición por la arquitectura y las antigüedades. En el 1964 inauguró el hotel dentro de la torre de defensa del siglo XIV que trasladó hasta aquí desde Albillos, piedra a piedra. “Me he comprado un castillo, le dijo a mi madre. Y yo el Vaticano, le respondió ella”. El porche, una prolongación del bar

¿Hotel o restaurante? “Somos un restaurante con un hotel anexo. Fuimos los primeros del mundo hace 18 años en salirnos de la cadena Relais & Chateaux, no nos aportaba nada. Nos auguraron que íbamos a caer y no ha sido así. Hoy sobreviven muy pocos hoteles fuera de alguna cadena”.

En un momento dado se acercó a saludarme su hijo Guzmán, abogado, que se ocupa de aportar nuevas ideas, cuida el diseño de los envases y supervisa la mini tienda gastronómica instalada en la terraza. También analiza los comentarios que se vierten sobre la casa en las redes sociales. Al poco llegaría su marido, Santiago Alameda, arquitecto, la familia al completo. La famosa mesa comunal del Hostal Landa procedente de un monasterio mallorquín

¿Prestáis atención a las críticas? “Por supuesto. Nos enseñan mucho aunque no respondemos nunca. Las que nos hacen los clientes son más rigurosas que las de los profesionales. Nos ayudan a reflexionar y a rectificar aunque a veces se nota que son malintencionadas”.

¿Y las materias primas? No dejamos de hacer catas y selecciones, legumbres, embutidos, carne… No es fácil. Los panaderos nos han abandonado, ya no encontramos aquellos panes de pueblo de antes. Con el café nos mantenemos firmes en nuestra batalla contra del torrefacto a pesar de algunos clientes. Su famoso brioche, una reliquia de la repostería clásica

Me encanta vuestra bollería. “La elabora Pierre, un pastelero francés a punto de jubilarse que lleva toda la vida con nosotros. Tenemos de dos tipos, especialidades francesas, cruasanes, brioche, palmeras y caracolas, y golosinas españolas como las rosquillas de sartén o las magdalenas”.   

¿Cómo llegó hasta aquí vuestra mesa comunal? “La compramos en un anticuario de Menorca hace 25 años pero procede del convento de Santa Clara de Mallorca. Cada asiento tiene dos cajones uno para el misal y otro para la servilleta. Es muy comercial porque resulta incómoda, la gente se sienta y se marcha al poco tiempo. Llevamos tres años peleando con el interiorista Pascua Ortega. No avanzamos en la reforma del bar porque él quiere quitarla y nosotros nos negamos”. Joven dependienta en la tienda gastronómica situada en la plaza

Mientras apoyaba la opinión de Victoria me atreví a hacerle algunas reflexiones. Vuestro bar responde a un modelo de gestión moderno aunque parezca clásico, le dije. Se puede comer a pie de barra, en las mesitas que lo rodean, en el porche o la terraza. Ofrecéis una mesa comunal y, previo encargo, preparáis almuerzos exprés como si estuvierais en un centro de oficinas de una gran ciudad. Además seguís horarios larguísimos, desde las 8 de la mañana hasta la media noche, no cerráis nunca y hacéis bandera de la informalidad. Lo mismo que algunos locales a la última de Madrid o Barcelona.

¿Cuál es vuestro plato estrella? Lo que más vendemos, con diferencia, son los huevos fritos con morcilla (8,90). Luego las croquetas de jamón (6,90), el pepito de ternera (7,10), las albóndigas (8,90), la tortilla de patatas (4,90), las bravas (5) y el pan con tomate con paletilla ibérica (4,80). De postre, canutillos (4) y arroz con leche (5,50). Torre de defensa del siglo XIV que alberga el hotel Landa  

La gestión de Landa  merece una reflexión. Sin aspavientos ni ruidos mediáticos en medio siglo de existencia han fidelizado a tres generaciones de clientes sin apartarse de un estilo que defiende a ultranza nuestra cocina tradicional. Sígueme en Twitter en @JCCapel Recién fritos, sin aceite, con la yema intacta y puntillas. El súper ventas de la casaCaracolas Antiguo quiosco de la música que ocupa la plaza de Landa, procede del propio Burgos Recetas tradicionales que nunca fallan

 

 

14 dic 2014

Carbón de taco de buey pasado por un secador de pelo

Por: José Carlos Capel

Carbón de taco de buey con puré de patata trufado y tierras maíz y amarantoA punto de concluir el menú en el restaurante Bailara , se acercó a nuestra mesa su cocinero jefe, Enrique Fleischman. “Os queda un último plato, el taco de buey estilo Pittsburg”, nos dijo. “En los alrededores de muchos campos de futbol de Estados Unidos y México se hacen carnes a la brasa a fuego vivo, requemadas por fuera y jugosas por dentro. Filetes carbonizados que se conocen como el negro Pittsburgh. Nosotros reproducimos la receta pero con tinta de calamar y otras cosas. A ver si os gusta”.  Enrique Fleischmann 

Sobre nuestros platos aparecieron tacos negros como el carbón en compañía de puré de patata trufado y el contrapunto de arenas comestibles de amaranto, maíz y alforfón, según nos dijo. En la boca carnes tiernas, de sabor limpio e intenso, cuyo efecto visual predisponía a apreciar dejes de brasas inexistentes. En cualquier caso, algo suculento.

Azuzado por la curiosidad le pregunté a Enrique si podía seguir el paso a paso en sus cocinas.

¿Qué carne utilizas? “Consumimos solomillo de buey que nos llega de Hamburgo. No podemos asumir riesgos, la carne no debe desprender ni gota de agua como sucede con los animales tratados”. 1) Templado de la carne bajo la salamandra Enseguida, el jefe del área caliente, Jesús Mena, tomo un taco de carne que colocó sobre una bandeja bajo la salamandra medio encendida. “Es necesario que se temple”. Después, espolvoreó con sal y con la ayuda de una brocha pintó la carne con tinta de calamar fresco hasta dejarla completamente negra. Luego extrajo de un cajón un secador de pelo y fijó la tinta a la carne con aire caliente. Hasta ese momento, no habían transcurrido ni 4 minutos.

2) Salado de la carneY llegó el fuego. Sobre una plancha a temperatura media colocó el tacó ennegrecido con una chispa de aceite. Vuelta y vuelta por todas las caras y al cabo de dos minutos pasó la carne a la salamandra para mantenerla templada hasta el momento del servicio. Justo entonces la pasó a un papel absorbente, la secó y la decoró de forma tenue con ceniza de plata especial para repostería. El efecto visual no podía ser más perfecto, carne recién salida de las brasas. En la boca un gusto espléndido y ningún sabor a la tinta de los cefalópodos.

Ya en la sobremesa, después de un gran almuerzo en este restaurante cuya crítica reservo para El Viajero , comenté con Fleischmann sobre el posible origen del negro Pittsburgh , receta que se gestó en la segunda urbe más grande del Estado de Pensilvania, conocida como la ciudad del acero. 3) Pintado de la carne con tinta de calmarSegún la tradición los trabajadores de la industria siderúrgica preparaban para sus almuerzos filetes de vaca que dejaban caer sobre planchas de acero al rojo vivo. Conseguían carnes requemadas por fuera con su interior prácticamente crudo por efecto de altísimas temperaturas. Un estilo que al parecer adoptaron los restaurantes de la urbe y que hoy se conoce como “Pittsburgh rare." y que también se practica en Chicago y zonas del medio oeste americano. 4) Secado de la tinta con un secador de pelo

En cualquier caso, una curiosa receta industrial surgida de los operarios del acero a partir de la cual  Fleischmann y su equipo han construido un trampantojo de altos vuelos. Como complemento a mis comentarios dejo el vídeo de la receta de carbón de taco de buey  grabada por el propio Fleischmann. Imágenes de un paso a paso que hablan por sí solas.  Sígueme en Twitter en @JCCapel Ceniza (colorante) de plata para repostería Tinta de calamar5) Secado a conciencia por todas las caras 6) Pasado por la plancha 7) Otra vez bajo la salamandra hasta el momento del servicio 8) Secado con papel absorbente 9) Se espolvorea la carne con falsa ceniza, polvo de plata con la ayuda de una brocha 10) Listo para servir Enrique Fleischmann con el quipo de cocina del restaurante Bailara. A la izquierda Jaime Gómez, jefe de cocina. En el extremo derecho Jesús Mena y a su lado la magnífica pastelera mexicana Mariana de la Garza.

 

 

11 dic 2014

Una tortilla octogenaria

Por: José Carlos Capel

La espectacular tortilla de patatas de Kasino Lesaka, una tortilla francesa gigante rellena de una fritada de cebolla y pimientos vrdesSe llama Josefina Sagardia, ha cumplido 85 años y todos los días prepara entre 15 y 20 tortillas de patatas. Receta singular con la que ganó el III Campeonato de España en 2001 en el congreso “Lo Mejor de la Gastronomía” que organizaba mi colega y amigo Rafael García Santos.

Pasé a la cocina y saludé a Josefina. Aunque llevaba cinco años sin visitar Kasino Lesaka, me reconoció enseguida y se apresuró a mostrarme recortes recientes de la prensa del sur de Francia ensalzando su tortilla, tan orgullosa como un joven cocinero con aspiraciones mediáticas. Josefina muestra su cuchillo de filo gastado por el uso

Somos cinco a comer, ¿nos puedes preparar una tortilla para cuatro, le dije? Asintió y comenzó a cascar huevos. ¿Cuántos pones? “Tres por ración y uno de propina. Como la vuestra es para cuatro serían 13 pero no me gustan los números impares y añado otro más, en total 14. Si es para tres raciones pongo 10, sumo uno más al 9”.

Josefina utiliza patatas de la variedad Kennebec del mismo Lesaka, las pela, las deja en baldes de agua y justo antes de freírlas las corta a mano a cuchillo, en lascas tan finas que parece que se vale de una mandolina. Me mostró sus enormes cuchillos, de filos gastados por el uso como muestran unas fotografías que me parecen escalofriantes. Y me enseñó la fritada de patatas, cebolla y pimientos verdes que había preparado a primeras horas en función de las reservas. “Nuestra tortilla hay que encargarla”, me recalcó orgullosa.  Magnifico aspecto de la fritada¿Cantidades? Siempre a ojo. Más o menos dos cebollas y tres pimientos para cinco patatas, conjunto que deja pochar a fuego lento durante 15 minutos para obtener una apetitosa fritada que escurre al cabo de ese tiempo.

Cuando comienza la preparación pasa una cantidad de la fritada a una sartén de hierro que pone a fuego suave con aceite de oliva refinado. Enseguida añade sal y huevos de corral que no bate demasiado, apenas lo justo para que no formen espuma.  Luego, con una cuchara de madera revuelve suavemente la mezcla. Quien la observa trabajar por vez primera piensa que prepara un revuelto de patatas y cebolla, no una tortilla. Mece la sartén con suaves vaivenes y en un momento determinado el “revuelto” ya está terminado. Nada de darle la vuelta, como es preceptivo.  Coloca una fuente de porcelana blanca cerca de la sartén y sin más ayuda que su propio brazo realiza un juego de muñeca rápido y deja resbalar la fritada que se dobla sobre sí misma por la mitad para conseguir una gigantesca tortilla francesa de patata.

Giro de muñeca final. Destaca la envergadura del antebrazo de Josefina, igual que el de Rafa Nadal Fue en ese momento cuando me fijé en su antebrazo que me recordó al de Rafa Nadal por sus voluminosos músculos tersos. La tortilla gigante que nos presentó calculamos que medía no menos de 30 centímetros. Ya en la mesa el gran cocinero Ricard Camarena, que nos había acompañado a la excursión y estaba asombrado con el espectáculo, troceo la pieza. En su interior apareció una fritada ni demasiado seca ni tampoco fluida, una tortilla suculenta. Antes compartimos un plato de hongos salteados y luego otro de merluza rebozada. De postre canutillos rellenos y pantxineta. Todo con un nivel más que aceptable. Este post pretende ser un homenaje a Josefina, orgullo de la cocina tradicional navarra, “etxekoandre” de pro que a su edad continúa preparando una de las mejores tortillas españolas que conozco. Sígueme en Twitter Josefina Sagardia detrás de su cocina en Kasino Lesakaen @JCCapel Momento crucial, preparada para doblar la tortillaCascando huevos Añadiendo los huevos Cuchillos que Josefina emplea para pelar sus patatas, de hojas gastadas por el uso Huevos, no demasiado batidos Preparando el revuelto con suaves movimientos

 

 

 

 

 

 

07 dic 2014

Ángel Velasco, un revolucionario del turrón

Por: José Carlos Capel

Ángel Velasco en su obradorDe no ser porque detrás de la convocatoria en el Gourmet Experiencie de El Corte Inglés estaba Albert Adrià, jamás habría asistido a la presentación. ¿Turrón de gin tonic con chocolate blanco y Gin Mare? Qué sofisticado, pensé. Enseguida mi criterio cambió. Me encontré con antiguas armonías golosas de El Bulli convertidas en turrones, todas con la firma de Adrià: queso con chocolate amargo; piña colada; kikos con lima y avellana; tofee y mazapán de yuzu; frambuesa con flor de violeta, y chocolate al romero con avellana y frambuesa (pisada lunar). Una locura para golosos como yo.  Albert Adrià, creador de la línea Natura, turrones de alta gama para la casa Vicens

Me sorprendió el entusiasmo del propietario de Torrons Vicens , el risueño y locuaz Ángel Velasco, y acepté su invitación para visitar su fábrica / obrador en Agramunt (Lleida), uno de los enclaves con más arraigo en la elaboración de turrones cuyos antecedentes se remontan a 1741.

A media mañana del pasado viernes entraba en el pequeño supermercado del turrón que la casa Vicens tiene en este pueblo. Antes de saludar a Velasco el espectáculo ya me había impresionado.

¿Cómo empezaste? Nací en Barcelona. Mi padre era oriundo de Salamanca y mi madre de Murcia. Cuando tenía 14 años comencé en la pastelería Prats-Fatjó en el Paseo de Gracia. A los 21 abrí dos pastelerías propias en Sant Boi de Llobregat y a los 25 mi primera fabriquita de trufas heladas y bombones.

¿Cuándo llegaste a Agramunt? La firma Vicens, fundada en 1775, estaba en quiebra y en el año 2000 la compramos mi hijo Ángel y yo. Lo pasamos mal hasta que conseguimos reflotarla. Solo al cuarto ejercicio la cuenta de resultados mejoró. Hoy tenemos 36 tiendas abiertas, algunas en centros de El Corte Inglés. Con las franquiciadas llegamos hasta Dubai y Moscú. Colección de turrones, línea Natura de Albert Adrià

¿Emprendedor o innovador? El mundo del turrón lleva años estancado con un consumo que se centra en las Navidades. Nosotros hemos abierto tiendas en enclaves turísticos para dar un vuelco a la tendencia, ahora vendemos un 60% el último trimestre y el 40% el resto del año. Somos una pequeña industria con alma de obrador artesano.

¿Hasta dónde alcanza el I+D de un maestro turronero? Innovamos en los sabores y en las presentaciones. Aunque seguimos con las tabletas de tamaño tradicional, tipo Jijona, Alicante, Agramunt, nos dimos cuenta que el formato no era cómodo y creamos la barra alargada de 300 gramos, con la misma altura pero un tercio más estrecha. Las porciones te las puedes comer de un bocado, no tienes que volverlas a cortar. La base de almendras y miel

¿Algo más? Como los turrones se trocean sobre platos o tablas, nuestras tabletas llevan incorporadas planchitas de madera para facilitar la operación. Patenté el modelo hace diez años y ahora que el registro ha caducado nos copian en todos lados. No me preocupa, el caso es ir por delante. Acabamos de crear la turronera parecida a una quesera, una campana con soporte para guardar en casa las tabletas empezadas.

También has innovado en los sabores. Llevamos años evolucionando con nuestra línea Excellence. Primero creamos el turrón de oro, de almendra marcona con una capa de oro comestible; luego el turrón a la sal que hacemos con almendras saladas, chocolate amargo y tomate deshidratado, y después el turrón suflé o turrón del siglo XXI. Se trata del turrón de Agramunt tradicional que inflamos con aire. Mismo sabor con una textura más ligera y crujiente. Lo más reciente, la línea Natura con Albert Adrià en 2013. Base del típico turrón de Agramunt

¿Dónde quieres llegar? A todos los públicos a través de los canales de la gran distribución. Me gustaría que nuestros turrones de “alta cocina” estén al alcance de todos los bolsillos. Y también cambiar la imagen en la hostelería, los hemos convertido en postres de restaurante tal y como los sirve Albert Adrià en Tickets Bar   

Velasco vive en Sitges, y se levanta a la 5,00 de la mañana para llegar hasta a Agramunt. Recorre 300 kilómetros diarios en su propio coche y en complicidad con su hijo Ángel y un gran equipo humano acaba de adquirir en el pueblo Xocolata Jolonch,  chocolatería de 1770 donde sirve tazas de chocolate a la piedra con churros recién elaborados. Aunque ha cumplido 64 años es un luchador incansable. En su cabeza bullen futuros turrones de aperitivo y nuevas líneas de turrones salados. Está convencido que en el mundo del turrón aún está todo por hacer.  Sígueme en Twitter en @JCCapel  Turrón suflé Turrón a la sal, con almendras saladas y tomate en polvo, ácido, dulces y salado. Ángel Velasco en su tienda de Agramunt Batidora con claras montadas y miel Enfriando almendras recién tostadas   Típico turrón de Agramunt, de avellanas y entre obleas Operarias en el obrador Turronera ideada por Ángel Velasco para conservar los turrones en casa similar a una campana de quesoTurrón de yema, una de las especialidades más logradas de Vicens Turrón de oro         

 

De alumnos formados a profesores formadores. Cuatro master en plantilla de la escuela. De izquierda a derecha, Hichan (marroquí), Ana (española) , Yojeiri (ecuatoriano) y Joel (español)"Merece la pena que lo conozcas", me había comentado mi amigo Manuel Robledo, presidente de Lizarrán , en una de cuyas tabernas (Conde Peñalver 35, Madrid) se encuentra situado el bar escuela de Coca Cola y la Fundación Solventia.   

En la puerta me esperaban Javier Iturralde, director de la Fundación, junto al propio Robledo. Nos sentamos y pedí un café. A la vista un lugar idéntico a otras unidades de esta cadena salvo que los camareros, de varias nacionalidades, parecían especialmente risueños.  “Este es nuestro Bar Escuela”, me comentó Iturralde. “Aquí formamos a chicos y chicas entre 16 y 23 años en riesgo de exclusión social, la mayoría de ellos solos, sin referentes adultos o de familias con graves problemas. En 2014 vamos a acercar al mundo laboral casi a cien muchachos”. Javier Iturralde y Manuel Robledo con un grupo de alumnos y profesores del Bar Escuela

¿Cómo empezó todo? Fue en junio de 2013 cuando el  Proyecto Gira Coca Cola  decidió apoyar la iniciativa de la Fundación Solventia  con la ayuda desinteresada de Lizarrán  Recibimos aprendices de entidades que se dedican a la integración de jóvenes en situaciones críticas, todos con historias terribles a sus espaldas. Casos de violencia familiar, enfermedades, drogas y abandonos. En una primera selección valoramos mucho su predisposición a dar un cambio a sus vidas.   

Juan José Litrán, director de Relaciones Corporativas de Coca Cola con un grupo de alumnos del Bar EscuelaVuestro plan es rápido, por lo que observo. En la Fase 0, no remunerada, les proporcionamos una formación general sobre hostelería. Cuando comienzan la Fase 1, ya remunerada, ellos mismos eligen el puesto que más les satisface, en la cocina o en la sala. Reciben 30 horas de formación práctica cada semana además de instrucción teórica especializada. Tras superar estas dos etapas, en la Fase 2, consiguen su diploma, se integran en la plantilla de otras franquicias de Lizarrán  o pasan a la Bolsa de trabajo del Bar Escuela donde les seguimos apoyando en las entrevistas que nos solicitan aquellos bares y restaurantes con los que mantenemos acuerdos. Los alumnos “master” que  pasan a la plantilla de Lizarrán, se visten con polo negro de encargado. La ilusión como lema básico del Bar Escuela

¿Estáis contentos? Vamos a cerrar 2014 con 98 alumnos matriculados, de los cuales el 80% ha culminado su formación en tres meses y el 92% ha logrado contratos de trabajo.  

Me parece asombroso lograr tales resultados y testimonios  de satisfacción en tan poco tiempo. En este bar Bar Escuela, que de cara a la calle funciona como cualquier otro de la cadena, transmitimos ilusiones, compartimos experiencias positivas, y brindamos a estos chicos una oportunidad para construirse una nueva vida. “Saca el talento que llevas dentro”, les decimos.

Monitores y alumnos juntos en las cocinas del Bar Escuela¿Y el futuro? Queremos abrir nuevos bares escuela en Barcelona, Málaga, A Coruña y Canarias. Aparte de todo la Fundación Solventia tiene proyectos en Brasil, República de Chad y Filipinas.

Antes de marcharme mantuve un breve diálogo con cuatro alumnos master, ya graduados, que forman parte de la plantilla de este Bar Escuela, dos de sala y otros dos en el equipo de cocina. Los mismos que aparecen en la fotografía que abre este post. Me hablaron de sus lugares de origen y solo un poquito de sus vidas. En un momento determinado, mientras escuchaba los relatos de Hichan, Ana, Yojeivi y Joel, se me hizo un nudo en la garganta. Ellos sonreían mientras a mí me brillaban los ojos. Nunca me había sentido tan orgulloso de pertenecer a la gran familia de los que sentimos pasión por la cocina. Sígueme en Twitter en @JCCapel  Hoy por tí mañna por mí, enseña del Bar Escuela de Coca Cola, Fundación Solventia y Lizarrán El programa gira resumido en dos frases Llénate de experiencias positivas Alumnos del Bar Escuela, en el centro la risueña alumna del mes Alumnos con la L de prácticas grabada en la espalda A la salida de la cocina en el servicio de los conocidos pinchos de Lizarrán El cartel lo dice todo, licenciados de la promoción 2014

 

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Un blog para gente a la que le gusta cocinar, viajar, estar al día en modas y tendencias y, sobre todo, comer bien. Un diario de experiencias personales relatadas con desenfado y sentido del humor. Cocineros, recetas, restaurantes, personajes, secretos de cocina y recomendaciones insólitas que no te puedes perder.

Sobre el autor

Isidoro Merino

José Carlos Capel se licenció en Ciencias Económicas, pero lo que realmente le gustaba era cocinar. Lleva 25 años ocupándose de la crítica gastronómica de este periódico y preside Madrid Fusión. Después de haber escrito decenas de libros, ha convertido su afición en un modo de vida.

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