La Champions más española

Por: | 01 de abril de 2014

Karabatic
Karabatic, durante el partido ante el Aalborg. / ALEJANDRO GARCÍA (EFE)

En los cuartos de final de la Liga de Campeones hay tres equipos alemanes, dos macedonios, un húngaro, un francés y un marcado carácter español. Ya no por el Barcelona, el favorito, el que  siempre está, el que solo ha faltado a una de las tres finales a cuatro que se han disputado; el que más Copas de Europa ha levantado. El balonmano español, ese que agoniza en casa, ha exportado en cuestión de dos años jugadores y técnicos que resultan decisivos al máximo nivel.

Al Barça solo le separa de su tercer viaje a Colonia el peor rival que se podían encontrar: el Rhein-Neckar Löwen, segundo en la Bundesliga, que viene de eliminar al Kielce de Talant Dujshebaev en un partido de vuelta marcado por la efectividad en portería de Niklas Landin, acaso el jugador más desequilibrante del cuadro alemán, en el que militan los españoles Isaías y Gedeón Guardiola. Un portero, Landin, sobre el que también pesan dos borrones considerables, como las últimas dos finales, la del Mundial y el Europeo, que disputó con Dinamarca. Sudará el Barça, claro que sudará, pero a estas alturas de campeonato, de eso se trata. En cualquier caso, la vuelta en el Palau le aporta un plus al conjunto de Pasqui, como ocurriese el año pasado ante el Atlético.

Si hay otro equipo al que se espera desde el año pasado en la final a cuatro es al Veszprem, húngaro, que ha dado un salto cualitativo desde que el inquilino en el banquillo es Antonio Carlos Ortega. La fortaleza física se mezcla con una forma de concebir el balonmano más táctica, propia de España, resultando de esa combinación un conjunto que puede aspirar a todo, desde su portería, con el casi infalible Alilovic, hasta su estrella, Laszlo Nagy, pasando, por ejemplo, con la dirección de Chema Rodríguez o Carlos Ruesga. Por segundo año, le tocará resolver la eliminatoria más complicada. Si el curso pasado fue el Kiel quien le dejó sin el billete para Colonia, este año se la jugarán contra el PSG, el equipo que en verano aspiraba a todo, una orquesta de solistas de primer nivel lastrado por la paupérrima dirección de Gardent. Los campeones del mundo Antonio García y José Manuel Sierra fueron, junto a Hallgrimsson y, claro, Hansen, quienes levantaron el partido de vuelta ante el modesto Gorenje Velenje.

Vardar

Los jugadores del Vardar celebran el pase a cuartos. / EFE

Más sorprendente resulta el emergente Vardar, macedonio, entrenado por Raúl González y David Davis, donde Alex Dujshebaev crece a pasos agigantados. Dejó por el camino al campéon de Europa, al Hamburgo, y se le abre una ocasión inmejorable al citarse por un puesto en Colonia con el Flensburg, alemán. “Parece que como hemos ganado al campeón ya todo va a parecer fácil”, se ríe González, mano derecha de Dujshebaev en Ciudad Real y Atlético de Madrid. El factor Skopje, jugar la vuelta en la caldera que supone su cancha, arropado por miles de seguidores enloquecidos, puede resultar decisivo.

Cuartos de final. Ida, entre el 16 y el 20 de abril. Vuelta, entre el 23 y el 27: Rhein-Neckar Lowen-Barcelona; Flensburg-Vardar; Metalurg-Kiel y PSG-Veszprem

El Bera Bera marca el camino

Por: | 16 de marzo de 2014

Berabera

Las jugadoras del Bera Bera celebran la victoria en la Copa de la Reina. / CHEMA MOYA (EFE)

El balonmano femenino sufrió un punto de inflexión en 2012. La medalla de bronce en Londres ponía los focos sobre la mejor generación de jugadoras, al tiempo que la mayoría de ellas iniciaba el éxodo, incapaces como eran los clubes españoles de garantizarles unas condiciones de trabajo dignas. El Itxako, ganador de todo hasta entonces y principal suministrador de jugadoras a la selección tocaba fondo. Fue esa temporada, la 2011-12, la última en la que logró un título. Desde entonces, el Bera Bera no se ha bajado de lo alto del podio en Liga, Supercopa y Copa, título que volvió a conseguir este domingo en Alcobendas al vencer al Rocasa (21-26). No solo cambió la hegemonía, de Estella, en Navarra, a Donosti. También la forma de conseguir esos títulos. El derroche no tiene ya cabida. El Bera Bera marca el camino.

Sobre la pista, cuenta con la mejor defensa, con la internacional Patricia Elorza al frente, a punto de partirse la cara en la final contra el Rocasa. Bajo los palos, una de las porteras más determinantes, con permiso de Silvia Navarro. Ana Temprano volvió a demostrar que está en un momento idílico. 19 paradas suyas terminaron por decantar el triunfo hacia el lado donostiarra. En ataque esta vez destacaron Alba Menéndez y la capitana, Matxalen Ziarsolo, con la garantía que mañana pueden ser otras las protagonistas. “Todas sumamos. El año pasado ganamos la Copa pero sabíamos que no habíamos hecho un buen torneo; este sí, aunque la primera parte de la final estuvimos muy nerviosas”, concede Eli Pinedo, estandarte de este equipo, líder dentro del 40x20, pero también fuera. Suya y de Temprano fue la idea de motivar a sus compañeras desde que llegaron al hotel. Mentalizarlas de que estaban en casa y que aquello no era más que otro paso de los tantos que les quedan por dar. ¿Y si decoramos el pasillo?, le vino a decir la internacional a la portera. Al rato, la ikurriña colgaba de la puerta de una habitación; se leían pequeños carteles con lemas como ‘Cuanto más duro trabajas, más duro será que te rindas’ o ‘Algunas personas quieren que algo ocurra; otras sueñan con que pasará; otras hacen que suceda”. Hasta los espejos de las habitaciones acabaron pintados: “Vamos a demostrarnos a nosotras mismas que podemos ser mejor de lo que fuimos antes de todo esto”, se leía en uno. 

Fotoban

“Es un equipo muy trabajado, muy disciplinado”, celebra el técnico Imanol Álvarez, dos títulos ya (la Supercopa fue el primero) en su primer año al frente del club donostiarra, paradigma para muchos de cómo se deberían hacer las cosas en el balonmano femenino. Un relativo oasis entre tanta tierra quemada resulta este Bera Bera.

“Me he encontrado dentro lo que se ve desde fuera, un club que pelea por hacer bien las cosas en el balonmano femenino”, explica Álvarez, sobre la sección de un club de Donosti que apuesta también por el baloncesto, el rugby, el surf… En el caso del balonmano, cuenta con un presupuesto de 600.000 euros, 200.000 menos aproximadamente que el curso anterior, una cantidad que en su mayor parte proviene de la Diputación, el Gobierno vasco y el Ayuntamiento de San Sebastián. Un dinero con el que quizás no puedan hacer un equipo puntero para lograr un título en Europa, aunque dominen en España, pero con el que, malabares mediante, cumplen con los pagos, consiguen que las jugadoras tengan Seguridad Social… Algo tan básico como anómalo en algunos deportes, no ya en el balonmano.

“No hemos gastado de donde no teníamos”, asegura la responsable de la sección, Tati Garmendia. “Siempre han ofrecido hasta donde podían llegar”, añade Eli Pinedo. A punto de cumplir 33 años, hace un año regresó a su casa, de la que partió más de una década atrás. Anduvo por Itxako, también por la todopoderosa liga danesa. De vuelta, celebra que lo único que ha cambiado ha sido ella, que de joven ha pasado a ser una de las veteranas: “Los valores se mantienen”.

El calvario del falso dopaje

Por: | 14 de marzo de 2014

Handball
Dominikovic, a la derecha, durante un partido con el Hamburgo, su actual equipo.

Cada vez que oye hablar de un nuevo caso sobre dopaje, se revuelve, afloran viejos fantasmas. Superados, aunque nunca olvidados. Davor Dominikovic arrastra desde 2007 el estigma de un falso caso de dopaje, de su época de jugador del Portland San Antonio. Una sentencia del Tribunal Supremo condena ahora al CSD a pagarle 150.000 euros por el error. Es el fin del caso, del calvario del pivote croata de 35 años, hoy en el Hamburgo. La herida sigue sin cicatrizar del todo.

El 20 de diciembre de 2006, Dominikovic, jugador del club navarro y ex del Barcelona entre otros, pasaba un control antidopaje durante la Copa Asobal que se disputaba en León. Un trámite, como tantos. Su equipo cayó en la final ante el Ciudad Real y Dominikovic se marchó a Croacia por Navidad y para preparar con su selección el Mundial de Alemania, que arrancaba el 20 de enero de 2007. A una semana del inicio, sin embargo, el club navarro recibía de la Federación Española la comunicación de que su jugador había dado positivo por un diurético en aquel control de diciembre. Pese a todas las dudas que se ciernen sobre los implicados en estos casos, pocos creyeron que había incumplido las normas. “Montó tal número, se derrumbó de tal forma, llorando sin parar que pensé de inmediato: este chaval no se ha dopado”, recuerda Zupo Equisoaín, entrenador entonces del Portland. A dos días del inicio del Mundial, Croacia apartaba a Dominikovic hasta que no se supiera el resultado del contraanálisis. Un examen que no fue necesario. El 24 de enero el laboratorio de Control de Dopaje de Madrid, dependiente del CSD reconocía un “error administrativo”. La muestra no era del croata. El daño, para entonces, ya estaba hecho. Empezaba la batalla legal, que se prolongado hasta ahora.

“Me perdí siete partidos del Mundial -la Federación Internacional autorizó su inscripción una vez iniciado el campeonato-, y dejé de ir a la selección un año después”, sugiere desde Hamburgo el jugador, uno de los pivotes defensivos más destacados de aquella época. “Desde entonces, cada vez que había un caso de dopaje en Croacia los periodistas me llamaban para ver qué opinaba; les pedí que dejaran de hacerlo, ¡nunca me había dopado, nunca tomé ninguna sustancia!”, rememora Dominikovic. De nada importa su curriculum, en el que luce un oro olímpico, otro mundial y una Copa de Europa, con el Barcelona, entre otros títulos. “Te das cuenta que en la vida deportiva no existe el ayer, solo hay un hoy y un mañana”.

Dominikovic recaló en el campeón de Europa, donde comparte vestuario con Joan Cañellas, este curso, procedente del Ivry, francés. Dejó el Portland en 2010, pero nunca ha olvidado Pamplona. Ni en lo deportivo  -“me apoyaron de forma incondicional desde el primer momento”- ni en lo personal: “Allí nació mi hijo, pasé unos años muy felices y aún conservo muchos amigos, mis vecinos, gente que no tiene nada que ver con el balonmano”.

Siete años después, Dominikovic ha superado aquellos momentos. Es incapaz, sin embargo, de que cada vez que escucha hablar de casos de dopaje no piense en la inocencia del implicado: “Casi todos los positivos lo son, pero, por mi experiencia, siempre soy precavido”. El CSD hará efectivo ahora el pago de la indemnización, que la asume un seguro de responsabilidad civil. “Pero el dinero no podrá devolverme todo lo que he pasado”.

Diáspora (también) en los banquillos

Por: | 10 de febrero de 2014

QATARvaleroafp

Valero Rivera, durante la final de la Copa de Asia, ante Bahréin. / AFP

No hay semana en la que no se consume el fichaje, o renovación, de un jugador español por un equipo extranjero. El éxodo es un hecho consumado, tan dolorido como está el balonmano en el país de la campeona del mundo, necesitado de una limpieza económica para volver a crecer poco a poco. Una situación que no solo afecta ya a los que ocupan el 40x20. Los que están al borde del mismo son también reclamados por todo el mundo, tanto por selecciones exóticas con chequera como por la élite europea, ávida de dotar al balonmano de algo más que físico. La diáspora se extiende a los banquillos.

Hace apenas un año que la federación catarí apostaba por Valero Rivera para liderar un proyecto de cara al Mundial de 2015 que organiza el país asiático. La mano del técnico más laureado de la historia de este deporte ha dado sus frutos en muy poco tiempo. Si en enero, antes del Europeo, su equipo miraba de tú a tú en amistosos a Dinamarca –con la que empató- o a Francia –a la que aguantó buena parte del partido-; no ya a Noruega, de cuyo trance salió victorioso, la semana pasada Catar se proclamó campeona de Asia por primera vez en su historia. Primer reto que conseguían Valero y los suyos, pues junto a él han trabajado los técnicos Manolo Montoya, Ricard Franch o el médico Josep Anton Gutiérrez, Guti, todos parte del cuerpo técnico que llevó a España a lograr la medalla de oro mundial hace poco más de un año.

“Me siento tan bien tratado y tan ben respetado que ha sido una forma de devolver todo lo que estoy recibiendo”, asegura Valero tras su primer triunfo. El técnico español de Catar destaca la implicación de los jugadores, a los que ha ido cambiando los hábitos de entrenamiento hasta conseguir trabajar como si se tratase de un club, con una preparación prácticamente diaria.

La experiencia para Valero está siendo “tan distinta como bonita” y aunque su proyecto tiene como fin último conseguir un equipo con el que afrontar dignamente el Mundial del próximo enero, el técnico español no quiere oír hablar aún del campeonato. “Queda mucho, no nos marcamos objetivos, el Mundial está ahí, pero primero están los Juegos de Asia, ya habrá tiempo de pensar en enero. Además, el equipo está ilusionado con la posibilidad de clasificarse para los Juegos de Río: “Aunque yo no sé si estaré para entonces”, puntualiza.

Las facilidades, los medios con los que cuenta Valero en Catar son casi impensables incluso en muchos equipos europeos. No ya en Irán o Emiratos Árabes, donde trabajan Rafa Guijosa y Julián Ruiz. Ambos han clasificado a las selecciones al Mundial por primera vez. El combinado que dirige Guijosa fue apeado por Catar de la lucha por el oro, si bien consiguió colgarse el bronce tras ganar a Ruiz. Un cuarto puesto que, al técnico cántabro, le sabe a gloria, “muy por encima de lo esperado”. “Se trata de un equipo amateur, no hay un jugador que sea profesional. Ellos tienen sus trabajos, hay policías, militares, aunque la mayoría son oficinistas. Antes del campeonato preparé una concentración y lo normal es que viniesen ocho jugadores a entrenar. Muchos venían, pero te decían: ‘coach’, hoy no puedo quedarme…”. Con contrato hasta junio, “una buena paga”, Ruiz condiciona su futuro a poder preparar en condiciones el torneo de Catar. “En ocho meses he podido aportar poquito, la verdad, siempre que proponía algo se acababa posponiendo. No hemos podido disfrutar de una situación de trabajo como requiere una competición, y a pesar de todo hemos conseguido el pase, es muy meritorio”.

Además de los tres asiáticos, y contando a Manolo Cadenas al frente de la campeona del mundo, en Catar puede haber hasta cinco españoles dirigiendo un equipo. El quinto en cuestión sería Jordi Ribera, al frente de una Brasil que crece a pasos agigantados con vistas a los Juegos de Río en 2016.

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Antonio Carlos Orega, durante un partido con el Veszprem.

La paupérrima situación de los equipos españoles ha provocado también que la élite de los banquillos europeos estén copada por técnicos españoles. Desde el exseleccionador Juan Carlos Pastor, que afina al Pick Szeged para el curso que viene, hasta Ambros Martin, al mando del Gyor, húngaro, campeón de Europa femenino después de tener que abandonar un Itxako de ensueño. A la espera de lo que ocurra con el Naturhouse en las últimas dos jornadas, al menos cinco entrenadores han clasificado a sus equipos para octavos de final de la Champions. Xavi Pascual, al frente del Barça, y Antonio Carlos Ortega, en su segunda temporada en el Veszprem húngaro más español, no conocen aún la derrota. En los últimos meses se ha dado un impulso mayor: Manolo Cadenas combina su trabajo de seleccionador español con el del Wisla Plock. El eterno rival del combinado polaco, el Kielce, ya se mueve a las órdenes de Talant Dujshebaev. Y el que fuera su inseparable ayudante, Raúl González dirige al hijo del primero en el Vardar, macedonio, el único que ha conseguido limar un punto a los azulgrana este año. España cotiza al alto también en los banquillos.

El filial que puede con todo

Por: | 13 de diciembre de 2013

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Michal Kasal intenta un lanzamiento. / VÍCTOR SALGADO (FCB)

Son cachorros, pero parecen leones. Hambrientos. Insaciables. Sabedores de que el premio final puede ser el cielo del balonmano, uno de los mejores equipos del mundo, el más laureado sin duda. De ahí que no teman a nadie. Por eso son capaces de devorar a un equipo de Champions, al tercero de la liga Asobal. Ellos, los chicos del Barça B, reflejo del poderío de un club; de la situación de este deporte en España, en el que son abismales las diferencias entre los azulgrana y el resto.  

Había ocurrido ya en Irún, ante el Bidasoa. Y sucedió este miércoles en la Ciutat Esportiva. Durante los octavos de una Copa del Rey que en balonmano conserva la magia de disputarse a un partido. Donde no valen segundas oportunidades, aunque en este duelo se necesitasen prórroga y la muerte súbita de los penaltis. Y ahí apareció Biosca, con la B de Barrufet, para detener el último lanzamiento. Y Montoya, que puso la guinda para los azulgrana con el gol definitivo (39-38). Como Balaguer lo había hecho antes con el tanto que forzó los penaltis (35-35). Una cantera de ensueño que podría optar a cotas muy altas en la Asobal de no ser por el club al que representa y que le impide el ascenso. Un grupo que podría medirse a sus mayores en la próxima ronda.

El Barça B ha ganado la División de Honor del balonmano español las dos últimas temporadas y se antoja campeón también este curso. Un rodillo que se beneficia de las penurias que asolan este deporte del que España es campeón del mundo. Pero que, sobre todo, aprovecha las inmejorables condiciones con las que cuenta. Desde que Xavi Pascual, el técnico del primer equipo, se hiciese cargo en 2006 de coordinar la base, se puso en marcha un proyecto para formar futuras estrellas. Así, la Residencia Blume se convirtió en un hervidero de jugadores que trabajan, estudian y, no menos importante, respiran balonmano.  

Los frutos han sido innumerables. Los más recientes, jugadores como Javi García, que se codea ahora en ese Nantes tan español de Alberto Entrerríos, Valero Rivera y Jorge Maqueda. Internacionales como Aitor Ariño, ya en el primer equipo. O el llamado a ser el sucesor del eterno Barrufet en la portería azulgrana: Gonzalo Pérez de Vargas, ahora en Francia.

En el otro lado, los damnificados. Un equipo, el Naturhouse riojano, que llegó alto porque decidió no vivir por encima de sus posibilidades. Que celebró meterse en la Champions apenas 10 años después de su fundación. Que no gasta más de lo que se puede permitir. Y que, claro, sufre también todas esas consecuencias. Las lesiones han hecho mella este año. El jueves, un día después del mazazo, tuvieron que suspender el entrenamiento. Solo tenía disponibles seis jugadores, entre ellos dos porteros. “Nos encontramos destrozados”, aseguraba Javier Gonzalez, Jota, su entrenador, que aspiraba a confeccionar un equipo digno con el que afrontar el último partido de la primera vuelta. Ante lo que se avecina un rodillo. Otra vez en Barcelona. Contra el primer equipo.  

Golpe Franco

Sobre el blog

El balonmano español ha logrado todos los títulos de clubes habidos, medallas olímpicas, europeas y dos oros mundiales. Fuera del 40x20, la gloria se esfuma rápido ante la poca hucha y los escasos altavoces de este deporte. Este espacio pretende poner ojos y voz para trasladar lo que surge en la pista fuera de ella. Un golpe franco a la actualidad del balonmano.

Sobre el autor

es periodista, redactor de la sección de Deportes y cubre la actualidad del balonmano.

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