La elaboración de memorias de sostenibilidad, también conocidas como memorias de Responsabilidad Social Corporativa, es relativamente nueva. No obstante, cada vez tiene más importancia para las empresas ya que, es una herramienta útil a la hora de informar a sus grupos de interés acerca de sus avances en sostenibilidad y como se toman en consideración sus necesidades y preocupaciones.

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John Scade, Managing Director MAS
Business y Profesor del IMSD en EOI

El valor de estas memorias estará en función de la credibilidad que aporten, para que no sean consideradas como una comunicación más de relaciones públicas o marketing social. A tal fin existen distintas herramientas relacionadas con las memorias a disposición de las empresas que quieren demostrar su compromiso con la sostenibilidad. Pero, quizás debido a su novedad, también existe una cierta confusión entre distintos términos/herramientas y su función. El objetivo de este artículo es aclarar algunos de ellos.

Algunos términos utilizados frecuentemente con referencia a las memorias de sostenibilidad.

Existe una confusión generalizada, a la hora de hablar sobre: accountability, normas, guías, verificación, certificación, aseguramiento (assurance) e informes de progreso del Pacto Mundial. No obstante, es muy importante aclarar exactamente a que se refiere cada término y su función.

“Accountability”

La expresión accountability es ampliamente reconocida, en el ámbito del desempeño en sostenibilidad. Aunque existen algunas traducciones como rendición de cuentas o responsabilidad, ninguna de ellas capta por completo el espíritu del término original en inglés, que además se refiere a la transparencia necesaria de una organización para desarrollar su compromiso con los grupos de interés.

Es decir el accountability de una organización se consigue con la transparencia que aporta la rendición de cuentas y el reconocimiento de su responsabilidad sobre todos los aspectos fundamentales para su desempeño en sostenibilidad (económico, social y medioambiental)

Normas

Con respecto a las memorias de sostenibilidad, básicamente solo hay cuatro normas internacionales:

1.0. Las tres normas reconocidas internacionalmente como la serie AA1000 y de libre uso:

1.1. AA1000APS (2008) Es una norma de Principios de Accountability, cuyo propósito es proporcionar a las organizaciones un conjunto de principios, en los que enmarcar y estructurar la forma en la que entienden, gobiernan, administran, implementan, evalúan y comunican su “accountability”.

1.2. AA1000AS (2008) Norma de aseguramiento de sostenibilidad cuya finalidad es proporcionar los requisitos necesarios para llevar a cabo el aseguramiento sobre una memoria de sostenibilidad. (Más adelante se explicará que significa aseguramiento y un aseguramiento de sostenibilidad).

1.3. AA1000SES (2011) Norma sobre el compromiso responsable con los grupos de interés cuyo fin es proporcionar los fundamentos para la consecución del mismo.

2.0. ISAE 3000 International Standard on Assurance Engagements – esta norma aporta los procedimientos a seguir por los auditores financieros a la hora de revisar cualquier información no financiera, y por tanto, no está diseñada, específicamente, para las memorias de sostenibilidad. Su enfoque se refiere, principalmente, a la verificación de información no financiera.

Guías

Las únicas guías reconocidas internacionalmente para la elaboración de memorias de sostenibilidad son las publicadas por la organización Global Reporting Initiative GRI.

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Coloquialmente se hace referencia a la GRI como a una norma o estándar, pero no lo es. Es muy importante recordar que es exclusivamente una guía para la elaboración de memorias de sostenibilidad.

Consta de un conjunto de principios e indicadores que tienen como finalidad definir el contenido de la memoria y garantizar la calidad de la información divulgada.

Además, permite a las organizaciones, que utilizan la versión G3, auto-declarar su grado de cumplimiento de la misma. No obstante, este sistema de auto-evaluación está generando mucha confusión.

Al auto-declarar un “+” se da a entender que la memoria ha sido sometida a un “assurance” externo, que aporta mayor credibilidad a la misma. No obstante, en la versión española de la guía, se ha traducido “assurance” como “verificación” y, como se explica a continuación es un concepto diferente, especialmente en el contexto de memorias de sostenibilidad.

Verificación

Una verificación es la comprobación de que la información, datos y cálculos, a los que se refiere, sean exactos y fiables.

En el contexto de una memoria de sostenibilidad, el hecho de tener una verificación, no necesariamente significa que sea completa o que trate lo más relevante para los grupos de interés.

Certificación

La certificación establece que se han satisfecho unos determinados criterios. Estos criterios podrían ser de sistemas, procesos o de objetivos de desempeño. Son ejemplos la ISO 14001, el SA8000 o el SGE 21.

No cabe duda de que dichas certificaciones son importantes para las organizaciones, pero, en sí mismas, no demuestran la sostenibilidad de la entidad.

Referente a los ISOs es importante mencionar que en 2010 se publicó la ISO 26000 sobre Responsabilidad Social, que es solo una directriz no certificable.

Aseguramiento (assurance)

El aseguramiento de una memoria de sostenibilidad es una declaración pública e independiente basada en la revisión de la integridad y relevancia de los temas tratados y la respuesta de la empresa a los mismos.

Un proceso de aseguramiento hace un escrutinio del desempeño de la empresa en sostenibilidad, apoyándose en los criterios y estándares adecuados. Comprueba los datos, procesos y sistemas subyacentes en la elaboración de la memoria y corrobora la integridad de la información tratada en ella también con fuentes externas.

La declaración pública proporcionada por el proveedor de aseguramiento en una memoria de sostenibilidad, demuestra la transparencia de una empresa que se ha sometido al escrutinio de un aseguramiento, aportando así la máxima credibilidad frente a sus grupos de interés.

Actualmente, la única norma de aseguramiento de memorias de sostenibilidad es la AA1000AS (2008) citada anteriormente.

Informe de progreso – Pacto Mundial

Es una comunicación anual requerida por parte de las Naciones Unidas a todas las organizaciones firmantes del Pacto Mundial. Este informe recoge los progresos alcanzados en el proceso de implantación de los diez Principios del Pacto Mundial

El informe de progreso tiene muchos aspectos en común con la guía G3, especialmente en temas sociales y medioambientales, y por eso hay empresas que utilizan su memoria de sostenibilidad, o parte de la misma, para cumplir con su obligación anual de comunicación con el Pacto Mundial.

Así mismo el Informe de Progreso sirve a aquellas empresas, firmantes del Pacto Mundial, que no tiene la necesidad de elaborar una memoria de sostenibilidad, para informar a sus grupos de interés sobre su compromiso con la sociedad en general.


El hidrógeno, vector energético del futuro

Por: | 15 de abril de 2013

En los últimos años del siglo XX y primeros del XXI estamos asistiendo a un revolucionario cambio energético sin precedentes, que está marcando y marcará el futuro de las inversiones energéticas.

El modelo energético futuro debe acometer el reto suministrar energía a una nueva sociedad, utilizando una energía eficiente, inocua para el medio ambiente, no agotable y suficientemente competitiva.

La primera pregunta que nos surge, es la de saber si existe una solución factible y que también existen las tecnologías energéticas que lo harían posible.

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Jesús García Martín, Profesor de EOI en programas de Medio Ambiente y Energía

Descubrimos que ciertamente existe un vector energético capaz de cumplir con los requerimientos establecidos, que es el hidrógeno. Y es que el hidrógeno aparte de ser el elemento más abundante del universo, suponiendo más del 75% de su masa y constituyendo más del 90% en número de átomos, tiene unas características que lo convierten en un candidato idóneo.

La reacción del hidrógeno con el también abundante oxígeno, aparte de producir energía, produce como resultado agua. El hidrogeno puede ser además obtenido a partir de multitud de recursos naturales (agua, biomasa, residuos sólidos urbanos, hidrocarburos ligeros, hidrocarburos pesados, etc.) utilizando una multitud de procesos (térmicos, eléctricos y fotónicos). El más popular y conocido de todos estos procesos es la electrolisis del agua, proceso con el cual por medio de electricidad separamos el hidrógeno del oxigeno del agua. Si analizamos detenidamente esta reacción, observamos que con este simple proceso, estaríamos cumpliendo varias de las reglas que  establecíamos en nuestro  paradigma energético (energía inocua para el medio ambiente y no agotable).

Desde un punto de vista práctico el hidrógeno, es un excelente combustible y puede ser utilizado para producir energía (electricidad y calor) mediante el uso de máquinas convencionales (motores, turbinas, etc.).

Por otro lado el hidrógeno al ser un gas puede ser almacenado bien en estado gaseoso, o líquido, incluso dadas sus características atómicas (es el primer elemento y más pequeño de la tabla periódica) puede ser almacenado en ciertos materiales (zeolitas, clatratos, nanotubos, etc.).

Por otro lado, existe una tecnología conocida bajo la denominación de pilas de combustible, que en conjunción con el hidrógeno, pueden ofrecer excelentes eficiencias, que era otro de los requisitos que establecimos en nuestro nuevo paradigma energético.

Contrariamente a lo que pudiera pensarse, las pilas de combustible, no son una tecnología recientemente descubierta, ya en el año 1839 Sir William Grove realizó los primeros ensayos sobre la reversibilidad de la electrolisis del agua, en 1889 Ludwig Mond y Charles Langer acuñan el término de pila de combustible, trabajando con aire y gas de hulla, pero no es hasta 1932 cuando Sir Francis Bacon desarrolla una pila de combustible incorporando los conceptos prácticos de la tecnología actual. Fue finalmente en los años 50 cuando la NASA, necesitada de un sistema reversible de producción energética para sus naves espaciales, dio un impulso definitivo y fundamental para el desarrollo de esta tecnología.

Las pilas de combustible actuales son dispositivos electroquímicos que utilizando hidrógeno como fuente de combustible pueden generar directamente, sin otros procesos intermedios, electricidad y calor.Las pilas de combustible están constituidas básicamente por dos electrodos (ánodo y cátodo) separados por un electrolito normalmente embebido en una membrana o matriz que lo soporta.

Por otro lado las pilas de combustible presentan interesantes características, entre ellas una eficiencia bastante superior a las de las máquinas térmicas convencionales, pudiendo llegar en algunos casos y en determinadas aplicaciones, con utilización de electricidad y calor (cogeneración), hasta valores superiores al 80%. Al tratarse de células individuales, presentan una excelente modularidad y pueden ser apiladas y puestas en paralelo hasta obtener las potencias y características eléctricas deseadas, que las habilitan para ser utilizadas en muy diversos nichos de aplicación: sistemas portátiles, en el transporte (coches) y en sistemas estacionarios de potencia.

 El único de los condicionantes establecidos en nuestro enunciado que aún no está resuelto es el de la competitividad con otras fuentes alternativas de producción energética, ya que aunque existen determinadas aplicaciones que han encontrado su nicho de mercado (unidades auxiliares de potencia, sistemas de alimentación ininterrumpida en ciertas aplicaciones, suministro energético en lugares remotos, etc.) el resto de aplicaciones tecnológicas está inmerso en un proceso de  mejora continua de sus condiciones de operatividad, búsqueda de materiales más idóneos y disminución de costes que faciliten su comercialización.

El sector del automóvil dispone ya de vehículos motorizados con pilas de combustible que esperan sean competitivos a medio plazo.

Nos encontramos embarcados en una transición energética histórica, la evolución hacia este paradigma energético y conceptual requiere aún de importantes esfuerzos e inversiones en investigación y desarrollo, ya que este cambio tecnológico no puede ser fruto del esfuerzo de empresas individuales, si no del conjunto de los actores implicados en su desarrollo y no solo de los actores tecnológicos, pues existen también existe un importante número de factores no tecnológicos que es necesario resolver (formación de los técnicos que tiene que operar con la nueva tecnología, aspectos legislativos de utilización y seguridad, aceptación de los usuarios, etc.).

En este sentido la Unión Europea facilitó hace unos años, la creación de una denominada Plataforma Tecnológica Europea del Hidrógeno y las pilas de combustible, que aunaba el esfuerzo de todos los actores involucrados en dichas tecnologías, con el objetivo de solventar los problemas aún existentes y la puesta en mercado de las mismas. Tras un periodo de trabajo y evolución ésta plataforma se consolidó en un esquema mucho más ambicioso y operativo denominado Iniciativa Tecnológica conjunta del Hidrógeno y las pilas de combustible y que con cerca de un billón de euros de inversión se organizaba a través de un conjunto de empresas industriales punteras en la tecnología y su utilización, con el apoyo de un núcleo de instituciones y organismos de investigación de alto nivel interesadas en promocionar su desarrollo, con la contribución y bajo la atenta mirada de la propia Comisión Europea.

Fruto de este esfuerzo se han desarrollado un buen número de proyectos de investigación y desarrollo que está permitiendo avanzar en la consolidación de la tecnología y un ambicioso programa de investigación y desarrollo dirigido desde la propia iniciativa con el firme compromiso y contribución de todos los actores mencionados. Cualquier investigador, empresa o institución interesada puede acceder, a través de sus convocatorias anuales, a solicitar fondos que permitan desarrollar nuevas ideas, nuevos diseños y/o mejoras en cualquier punto de la cadena tecnológica o de aplicación de la tecnología. La iniciativa desarrolló, con la contribución de todos los actores interesados, una Agenda de Investigación Estratégica donde se recogen los objetivos tecnológicos y no tecnológicos, en sus diversos aspectos y fases, que son necesarios acometer hasta su introducción en mercado (nuevas invenciones, investigación y desarrollo, proyectos piloto y/o de demonstración de la tecnología, soporte de introducción a mercado y formación y concienciación pública de la tecnología).

A nivel nacional existen dos asociaciones que promocionan y facilitan el trabajo de las instituciones y empresas interesadas en la investigación, desarrollo, promoción de las tecnologías del hidrógeno y las pilas de combustible y que son, la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2)y la Asociación Española de Pilas de Combustible (APPICE), que abanderan los esfuerzos nacionales en estas tecnologías.

Para más información:

Iniciativa Europea Tecnológica conjunta del hidrógeno y las pilas de combustible: www.fch-ju.eu

Asociación española del hidrógeno (AeH2): www.aeh2.org

Asociación española de pilas de combustible (APPICE): www.appice.es

¿Reducir el cambio climático comprando mermelada?

Por: | 08 de abril de 2013

 Ahorrar agua, apagar la luz, reciclar… En nuestra mano está reducir con pequeños gestos nuestro impacto en el medio ambiente. Pero todavía se puede ir más allá, tomando decisiones de compras responsables, eligiendo productos o servicios que hayan integrado la sostenibilidad dentro de su estrategia y produzcan menos impacto ambiental.

12. construccion sostenible 640x412pxPero ¿cómo sabemos el impacto en el entorno de, por ejemplo, un tarro de mermelada? ¿Cómo sabemos si el proceso industrial en el que se ha fabricado es eficiente energéticamente y respetuoso con el medio ambiente? ¿Si la fruta con la que se ha fabricado se ha producido localmente o ha recorrido miles de kilómetros hasta llegar a nuestras manos? Ahora en España, si vamos a cualquier comercio y tomamos dos botes de mermelada, podemos saber la cantidad de grasas saturadas o las calorías que tienen y elegir en consecuencia. Pero no hay manera de saber cuál de los dos botes es mejor para el medio ambiente. Podemos cuidar nuestra salud pero no la del planeta.

En otros países, como en Francia, es obligatorio incluir en el etiquetado de los alimentos información sobre la huella de carbono, un indicador del comportamiento energético y medio ambiental de los productos. La huella de carbono mide la cantidad de CO2 y otros gases de efecto invernadero que se emiten a la atmósfera a lo largo de todo el ciclo de vida del producto: en su fabricación, transporte y eliminación. Es, por tanto, un indicador de cómo un producto contribuye al cambio climático, uno de los mayores problemas ambientales a los que nos estamos enfrentando.

Si en el bote de mermelada estuviese la huella de carbono, veríamos un número que integraría las emisiones de CO2 producidas por los camiones de recogida de la fruta, por la maquinaria utilizada en el lavado, pelado, proceso de cocción, envasado, esterilización y etiquetado. También se incluirían las emisiones del transporte de las materias primas (fruta, pectina, azúcar) y del producto final, así como las derivadas de la eliminación del bote vacío, ya que en el cálculo de la huella de carbono se considera el producto de la cuna a la tumba.

Por tanto, el bote de mermelada con menor huella de carbono tendría un proceso industrial más eficiente energéticamente, utilizaría materias primas producidas localmente y la fábrica no estaría demasiado lejana al punto de venta. Disponiendo de esta información en la etiqueta, podremos elegir los productos que consumimos en base a su comportamiento ambiental y contribuir así a reducir un poco nuestro impacto sobre el entorno.

Si bien la huella de carbono es uno de los indicadores de sostenibilidad ambiental que más se está imponiendo no es el único. Existen otros muchos como la huella hídrica, la huella ecológica, etc.

Medir la huella de carbono no es un proceso fácil. Existen diversas normas (ISO 14.040 y 14.044, ISO 14.067, PAS 2050, etc.) que establecen metodologías de cálculo. Pero el cálculo es sólo el primer paso. Conocer las emisiones de gases de efecto invernadero permite a las empresas identificar las fuentes de emisión y optimizar los procesos para reducirlas.

En un mundo globalizado, incluir información de la huella de carbono en las etiquetas también podría contribuir a fomentar un consumo más local. Según un estudio realizado por Amigos de la Tierra y Universidades de Sevilla y Vigo, muchos de los alimentos que consumimos recorren más de 5.000 km para llegar a nuestra mesa, lo que dispara sus emisiones de gases de efecto invernadero. Mediante la huella de carbono podríamos elegir aquellos con menores emisiones y, por tanto, potenciar la producción local.

Incluir las calorías en el etiquetado de los alimentos hizo que apareciesen productos “light”, porque los consumidores consideraban que era mejor elegir productos que nos ayudaran a no engordar. De la misma manera, introducir la huella de carbono fomentaría una producción más responsable, porque los consumidores podríamos elegir los productos más sostenibles. Esto supondría una ventaja competitiva para estos productos, que se vendería más, por lo que los fabricantes responderían a la demanda de los consumidores reduciendo la huella de carbono de sus procesos industriales.

¿Pero qué pasa con el precio? ¿El bote de mermelada con menor huella de carbono sería el más caro? Teniendo en cuenta que ese bote de mermelada se ha fabricado con un proceso industrial más eficiente energéticamente, consumiendo menos electricidad y combustibles y que, probablemente, haya recorrido menos kilómetros hasta llegar a nuestras manos, la respuesta es que no, no debería ser más caro.

La huella de carbono y otros indicadores ambientales son una valiosa herramienta para conseguir que los consumidores podamos elegir proyectos más sostenibles y para poner las normas del mercado a trabajar en beneficio del medio ambiente. Una dieta equilibrada, sana, natural y “baja en CO2” no solo nos mantiene saludables sino que ayuda a cuidar el planeta.

 

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Nieves Cifuentes, Profesora de Programas de Medio Ambiente en EOI

 

La gestión del agua: lo público y lo privado

Por: | 25 de marzo de 2013

El agua es  un  elemento  perfectamente definido desde  el  punto  de  vista  físico-químico, pero puede utilizarse de muy diferentes maneras y esto hace que sus funciones sean muy diversas. No es lo mismo el uso básico del agua como alimento e higiene, que el agua en sus utilidades económicas como elemento complementario en la producción industrial (electricidad, manufactura, etc.). Dentro de esta actividad productiva no es igual el agua que necesita un pequeño agricultor para sobrevivir trabajando una pequeña huerta, que el agua que necesita una gran empresa agraria o industrial en sus actividades productivas.

David Casero

Es necesario, en definitiva, distinguir lo que son funciones básicas de vida (públicas) de lo que debería catalogarse como usos económicos lícitos, pero de interés particular o privado. El agua en sus funciones básicas de alimento e higiene, por un lado, y en sus funciones básicas de conservación ecológica de los ecosistemas acuáticos continentales, implica valores esenciales de vida que deben ser garantizados a todas las personas y comunidades, incluyendo a las generaciones futuras. Por ello, los derechos derivados de estas funciones deben entrar de lleno en el rango de los derechos humanos, asignándoles un nivel de prioridad máximo   para   garantizarlos   bajo   la   responsabilidad   de   Gobiernos Nacionales   e   Instituciones Internacionales.

A menudo se plantea la escasez de agua como el gran problema de la humanidad en el XXI, pero la realidad es que el problema no será quizás de cantidad, sino de calidad. La  combinación  de  la  contaminación  sistemática  y  de  la extracción abusiva de caudales, está conduciendo a graves problemas de disponibilidad de aguas potables. En las sociedades desarrolladas, la existencia de redes urbanas seguras y de adecuados sistemas de potabilización (cada día más intensos, avanzados y caros), garantizan la salubridad  de los abastecimientos. No es de extrañar que a lo largo de este siglo empecemos a ver las primeras experiencias de tratamiento para potabilización de aguas residuales depuradas, ya las utilizamos para regar muchos de nuestros parques y jardines urbanos.

En el largo plazo, la base de la solución está, sin duda, en combatir la raíz del problema,  recuperando el buen estado ecológico de nuestros ecosistemas hídricos, tal y como exige y prevé hoy para los países de la UE la Directiva Marco de Aguas.

Mientras, sin hacer demasiado ruido, más del 50% de los servicios municipales de aguas han ido pasando a manos privadas. En nuestro país, a diferencia de la mayoría de los países de la UE, ese proceso ni siquiera está siendo controlado por leyes e instituciones de regulación (cada ayuntamiento o Comunidad Autónoma decide en función del estado de su tesorería). El adelgazamiento de la función pública, por la reducción de disponibilidades presupuestarias y por la excesiva burocratización y control político, van siendo discretamente conducidos hacia la privatización pretendidamente benefactora, eficiente y modernizadora.

Según datos de la Asociación Española de Abastecimientos de Aguas y Saneamiento, se factura anualmente un volumen de agua en los servicios urbanos de 4.582 Hm3/año, lo cual supone una facturación anual del sector urbano de 5.081 millones de Euros y una cantidad de empleos directos generados superiores a 21.000, cifra muy importante que se reparte entre el sector público y el privado.

España, inmersa en una formidable crisis, es hoy tierra de privatizaciones. Destaca, por su repercusión mediática la privatización de ATLL (Aigües Ter Llobregat), los litigios de AGBAR con Aguas de Valencia (AVSA) por el suministro a su área metropolitana, las rebajas de canon en las licitaciones de Jerez y Lanzarote, los presuntos escándalos de las concesiones de las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife. Tampoco lo tiene fácil el Canal de Isabel II, quieren privatizar el 49% de esta empresa, pero no corren buenos tiempos para vender ahora a buen precio. Parece entonces, dada la feroz competencia, que el negocio es formidable y que los beneficios de las empresas son notables, van aumentando el número de operadores que intentan conseguir los nuevos contratos que se licitan.

Además, las millonarias inversiones en infraestructuras de las últimas décadas no las están pagando, en contra de la Directiva Marco del Agua, los usuarios. Todas las han financiado Bruselas, el Estado y las autonomías. Y así, las gestoras operan los servicios asumiendo sólo costes de explotación, mantenimiento y algunas inversiones menores en renovaciones de poca entidad. Las tarifas actuales no contemplan la amortización de las costosas infraestructuras construidas y no está implantado el principio de recuperación de costes.

Consumimos pues, un patrimonio regalado lo que explica la diferencia de precios entre el norte y el sur de Europa que, como siempre y se está poniendo de manifiesto en la actualidad, vive por encima de sus posibilidades. Pero el maná de las subvenciones se acaba y el sistema camina hacia el colapso, en cualquier momento puede explotar, especialmente porque los cánones de las empresas no se destinan a renovar estas infraestructuras, un dinero que se utiliza para afrontar gastos no relacionados con el agua, la caja única municipal facilita esta cuestión.

Más que su modo de gestión, importa garantizar agua de calidad a un precio razonable, lo que requiere concretar un marco regulador estable y claro que evite los problemas existentes en la actualidad.

Creer

Por: | 08 de marzo de 2013

Crédito

Habrán leído en muchas ocasiones en los últimos años, incluso en las páginas de este diario, que una de las manifestaciones más claras de la actual crisis financiera y económica es la restricción de crédito (el llamado credit crunch: observen dicha caída en el siguiente gráfico, con datos del Banco Central Europeo).

Chart 6
Fuente: European Central Bank (2013), Monthly Bulletin, February

No se debiera mencionar esa restricción de crédito como el origen de la crisis, desde luego. Más bien al contrario: el free money definía el contexto previo al desplome del mercado de hipotecas de alto riesgo en EE.UU.; la complejidad inédita del sistema financiero internacional, la desregulación y la opacidad del mismo, jugaron igualmente un papel no menor.

Dinero gratis, se decía en EE.UU. Nada es gratis, sin embargo, como se enseña a los estudiantes de economía; el resto de los ciudadanos lo aprenden solos. Esa expresión más o menos feliz se emplea para referirse a situaciones en las que los tipos de interés real de la economía son muy bajos, cuando no cero o incluso negativos, como G. Mankiw solicitaba al presidente de la Reserva Federal de los EEUU en 2009 en este artículo. Quizás los economistas hayan entendido la frase previa pero conviene pensar en aquellos que no lo son: un tipo de interés cero implica que, al vencimiento de un crédito, sólo se devuelve lo prestado (el principal) y no se pagan intereses (es decir, el capital se obtiene sin coste explícito).

Sin embargo, la falta de crédito no es sólo una manifestación financiera de la crisis y el origen de buena parte de los desafíos actuales. Crédito, como es bien sabido, viene del latín crēditus, que comparte raíz etimológica con el verbo crēdere (creer). La caída del crédito financiero viene precedida de una caída previa en el crédito (la confianza) de unas instituciones financieras en otras, de los bancos en los ciudadanos, de éstos en los primeros, de todos en la economía,… Una crisis financiera tiene mucho que ver con una convención que se esfuma, una creencia colectiva que deja de estar vigente. Descubre uno de repente que poco de lo que parecía normal era normal, que como señalaba el novelista norteamericano Don Dellilo en el prólogo de Underworld, “estar aquí es una especie de capitulación espiritual. Vemos sólo lo que otros ven, esos miles que estaban aquí en el pasado, aquellos que vendrán en el futuro. Nos hemos puesto de acuerdo para formar parte de una percepción colectiva”. Y cuando uno abandona esa “alucinación compartida”, como dice Bloom en Everything you know is wrong, o lo que Shiller felizmente llamaba “exuberancia irracional”, deja de dar crédito, deja de creer…

Creer: razón o fe

Creer, sin embargo, no es sólo confiar; también significar profesar o intuir o saber. ¿Es compatible creer en aquello de lo que uno dispone de evidencia y aquello que construye a partir de un legítimo acto de fe? Por supuesto; de hecho todos lo hacemos. Ahora bien, en determinados contextos conviene no mezclar. Las leyendas, los mitos, ayudan a dar un significado simbólico a lo que nos ocurre. Sin embargo, la ciencia, la razón, son imprescindibles cuando se pretende explicar. La verdad, a fin de cuentas, es una construcción.

El problema se da, por lo tanto, cuando hay quienes se empeñan en rebatir datos científicos con dogmas o juicios de valor. El trabajo de un investigador muchas veces consiste en combatir lugares comunes, creencias instaladas en el imaginario popular y que, sin embargo, no pasan el filtro de la razón. Como investigador dedicado a la aproximación del análisis económico a la gestión de recursos naturales (agua, energía, diversidad biológica, etc.) no pocas veces me encuentro, junto a mis colegas, intentando proporcionar elementos de análisis que contribuyan al desvanecimiento de algunas ideas falaces, pero no por ello menos populares.

Hay quienes afirman, por ejemplo, que la siguiente guerra mundial será por el agua. ¿Cuántos de ustedes, al leer esa frase, no le encuentran sentido? Por supuesto hay conflictos en torno al agua en muchos lugares del mundo. De hecho, la gestión del agua es, en sentido estricto, equivalente a la gestión de conflictos (de uso).

Entre 1999 y 2006, por ejemplo, la International Finance Corporation (IFC), organismo dependiente del Banco Mundial dedicado a la inversión privada en países menos desarrollados, aprobó diferentes proyectos de inversión de empresas agroalimentarias peruanas y de otras países en el Valle de Ica (Perú), en la vertiente del Pacífico peruano. Perú es uno de los mayores productores de espárragos del mundo y el valle una de sus principales zonas de producción. La expansión de la agricultura de riego para la producción de espárragos durante esos años ha conducido, entre otras cosas, a la sobreexplotación del acuífero de Ica. Perú es hoy un país con un desempeño macroeconómico notable pero con varios centenares de conflictos vinculados al agua documentados por su Defensoría del Pueblo

Muchos de quienes abogan por la posibilidad de que un próximo conflicto global sea por el agua, sin embargo, lo hacen argumentando que el agua se agota en el mundo. No obstante, no es necesario ser hidrólogo para saber que el ciclo del agua es continuo, aunque quepan matices en torno al carácter no renovable de ciertos recursos de agua subterránea. Este breve cortometraje de animación (Revolution – Life cycle of a drop of water) lo muestra con claridad, aunque no emplee la sofisticación de la NASA:

Revolution ( Life Cycle of a Drop of Water). from chris turner on Vimeo.

Esta evidencia no niega la existencia de conflictos sino que simplemente desplaza la atención donde el problema verdaderamente reside, lejos de creencias irracionales: la debilidad institucional de los encargados de gestionar el dominio público, la propia fragilidad del concepto de dominio público en muchos lugares, las carencias de la planificación hidrológica, la existencia de incentivos económicos perversos, la definición imprecisa de los derechos de uso y aprovechamiento de agua, etc. Lean, por ejemplo, lo que decía en 2007 Alan García (entonces Presidente de la República del Perú), en un artículo llamado El síndrome del perro del hortelano, una verdadera llamada al uso (no necesariamente sostenible) de los recursos naturales del país.

El determinismo siempre se abre paso con facilidad. También las leyendas. Quizás no sea el periodismo amarillista la única disciplina en la que se recurre al cinismo para afirmar que la verdad no debe arruinar una buena noticia. Sin embargo, lo verdaderamente crítico no es que se impongan ciertas ideas falaces sino que las mismas impiden enfocar de modo adecuado desafíos muy tangibles. No es solo que sean incorrectas, es que son contraproducentes para avanzar hacia una economía más sostenible.

Felicidades a todas las mujeres que lean este post en el Día Internacional de la Mujer.

 

Delacámara
GONZALO DELACÁMARA. Profesor del Máster de Ingeniería y Gestión del Agua y del International Master in Sustainable Development and Corporate Responsibility de EOI. Investigador de la Fundación IMDEA Agua.


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