El castigo en las posguerras (1939-1945)

Por: | 10 de febrero de 2014

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Presos republicanos, durante una misa en la cárcel de Porlier en Madrid en 1943. / EFE

Hace ahora 75 años. El 9 de febrero de 1939, cuando se aproximaba “la total liberación de España”, Franco firmó en Burgos la Ley de Responsabilidades Políticas. Los republicanos eran los culpables y tenían que pagar por ello. Unos años después, cuando los nazis y fascistas fueron derrotados en Europa, decenas de miles de ellos fueron también víctimas de la violencia retributiva y vengadora de los vencedores. La comparación entre esas dos posguerras aporta notables enseñanzas sobre la represión, la colaboración, la resistencia o las memorias que quedaron de todo ese pasado de violencia.

Los vencedores de la guerra civil española decidieron durante años la suerte de los vencidos. Un paso esencial de esa violencia vengadora sobre la que se asentó el franquismo fue la Ley de Responsabilidades Políticas, de 9 de febrero de 1939. En ella se declaraba “la responsabilidad política de las personas, tanto jurídicas como físicas”, que, con efectos retroactivos, desde el 1 de octubre de 1934, “contribuyeron a crear o agravar la subversión de todo orden de que se hizo víctima a España” y que a partir del 18 de julio de 1936 se hubieron opuesto al “Movimiento Nacional con actos concretos o con pasividad grave”. Todos los partidos y “agrupaciones políticas y sociales” que habían integrado el Frente Popular, sus “aliados, las organizaciones separatistas”, quedaban “fuera de la Ley” y sufrirían “la pérdida absoluta de los derechos de toda clase y la pérdida total de todos sus bienes”, que pasarían “íntegramente a ser propiedad del Estado”.

La puesta en marcha de ese engranaje represivo y confiscador causó estragos entre los vencidos, abriendo la veda a una persecución arbitraria y extrajudicial que en la vida cotidiana desembocó muy a menudo en el saqueo y en el pillaje. Los odios, las venganzas y el rencor alimentaron el afán de rapiña sobre los miles de puestos que los asesinados y represaliados habían dejado libres en la administración del Estado, en los ayuntamientos e instituciones provinciales y locales.

Quienes habían provocado con la sublevación militar la guerra, la habían ganado y gestionaron desde el nuevo Estado la victoria, asentaron la idea, imposible de contestar, de que los republicanos eran los responsables de todos los desastres y crímenes que habían ocurrido en España desde 1931. Proyectar la culpa exclusivamente sobre los republicanos vencidos libraba a los vencedores de la más mínima sospecha. El supuesto sufrimiento colectivo dejaba paso al castigo de solo una parte. Franco, el máximo responsable de la represión, lo recordaba con el lenguaje religioso que le servía en bandeja la Iglesia católica: “No es un capricho el sufrimiento de una nación en un punto de su historia; es el castigo espiritual, castigo que Dios impone a una vida torcida, a una historia no limpia”.

Cargar la responsabilidad sobre los vencidos es algo que también se hizo en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Y aunque hubo un acuerdo general en concentrar en los alemanes la culpa, el castigo y la violencia vengadora contra quienes habían luchado o colaborado con los nazis, causó estragos y no fue nada ejemplar, aunque se intentara saldarlo para el recuerdo posterior con los juicios de Nuremberg. En realidad, como señala Isván Deák, “en los anales de la historia nunca ha habido tanta gente implicada en el proceso de colaboración, resistencia y castigo a los culpables como en Europa durante y después de la Segunda Guerra Mundial”. En España se perseguía con saña a la izquierda y en otros países eran los fascistas, nazis y colaboracionistas el blanco de las iras como devolución al sufrimiento que ellos habían causado.

Cientos de miles de personas fueron víctimas de esa violencia retributiva y vengadora, con un amplio catálogo de sistemas de persecución: desde linchamientos, especialmente en los últimos meses de la guerra, a sentencias de muerte, prisión o trabajos forzados. En Francia, casi diez mil colaboracionistas, o acusados de serlo, fueron linchados en los últimos instantes de la guerra y en el momento de la liberación. En Austria, los tribunales iniciaron procedimientos contra cerca de 137.000 personas, aparte de los cientos de miles de funcionarios destituidos de sus puestos.

Un caso paradigmático de violencia antifascista fue Hungría. Entre febrero de 1945 y abril de 1950, casi 60.000 personas pasaron por esos tribunales; 27.000 fueron declarados culpables, de los cuales 10.000 fueron sentenciadas a penas de prisión y 477 condenadas a muerte, aunque sólo 189 fueron ejecutadas. Según László Karsai, unos 300.000 ciudadanos húngaros, alrededor del 3 por ciento de la población, “sufrieron algún tipo de castigo durante las purgas de la inmediata posguerra”. Al contrario de lo que ocurrió en otros países, en Hungría no hubo linchamientos de supuestos colaboradores o criminales de guerra.

Hubo, sin embargo, castigos ejemplares, que salieron de los catorce grandes juicios políticos que tuvieron lugar entre 1945 y 1946. Cuatro ex presidentes de Gobierno, varios ministros y altos oficiales del ejército fueron ejecutados. Ése fue el destino, en el juicio más esperado, de Ferenç Szálasi, principal instigador del paraíso nacionalsocialista, convertido en pesadilla de cientos de miles de húngaros, ejecutado el 12 de marzo de 1946. Un año antes, un decreto del 17 de marzo de 1945 había ordenado la expropiación de las tierras y de las propiedades de los miembros de la Cruz Flechada y de los principales criminales de guerra.

La mayoría de los actos de castigo “retributivo” a los fascistas, como señala Tony Judt, fueron llevados a cabo antes de que se constituyeran formalmente los tribunales establecidos para que pasaran por un juicio. De las aproximadamente diez mil ejecuciones sumarias que tuvieron lugar en Francia en la transición desde Vichy a la Cuarta República, alrededor de un tercio ocurrieron antes del día D, 6 de junio de 1944, la fecha del inicio del desembarco de Normandía, y un 30% más durante los combates de las siguientes semanas. Algo parecido sucedió en los países del este y en Italia, donde la mayoría de las 15.000 personas asesinadas por fascistas o colaboracionistas encontraron ese fatal destino antes o durante los días de la liberación por las tropas aliadas.

Además, como ocurrió con la Ley de Responsabilidades Políticas, la “legislación retroactiva” fue una práctica general en Europa durante ese tiempo de odios. Los legisladores húngaros, por ejemplo, establecieron en 1945 que los criminales de guerra podrían ser procesados “incluso si en el momento que cometieron sus crímenes, esos hechos no estaban sujetos a persecución de acuerdo con las leyes entonces en vigor”.

Como puede observarse, la violencia directa, dirigida en el momento final de la guerra en España contra los republicanos y en Europa contra los fascistas, y los procedimientos judiciales que siguieron, adoptaron una considerable variedad de formas, perfectamente comparables. En muchos casos, antes de que se montaran los tribunales o las instituciones “legítimas”, ya se había hecho justicia. La diferencia esencial fue la duración de esas posguerras y de la violencia contra los vencidos.

En Europa, tras los dos primeros años de posguerra, las sentencias decrecieron y pronto llegaron las amnistías, un proceso acelerado por la Guerra Fría, que devolvieron el pleno derecho de ciudadanos a cientos de miles de ex nazis, sobre todo en Austria y Alemania. En el este, fascistas de bajo origen social fueron perdonados e incorporados a las filas comunistas y se pasó de perseguir a fascistas a “enemigos del comunismo”, que a menudo eran izquierdistas, mientras que en Occidente, donde las coaliciones de izquierdas se cayeron a plazos en 1947, la tendencia fuer perdonar a todo el mundo. La identificación y el castigo de los nazis había acabado en 1948 y era un tema olvidado a comienzos de los años cincuenta.

0001En España, sin embargo, la posguerra fue larga y sangrienta, con la negación del perdón y la reconciliación, y con Franco, los militares y la Iglesia católica mostrando un compromiso firme y persistente con la venganza. Las leyes que siguieron a la de Responsabilidades Políticas, la de Represión de Masonería y el Comunismo de primero de marzo de 1940, la de Seguridad y del Estado de 29 de marzo de 1941 y la que cerró ese círculo de represión legal, la de Orden Público de 30 de junio de 1959, fueron concebidas para seguir castigando, para mantener en las cárceles a miles de presos, para torturarlos y humillarlos hasta la muerte.

Hacia 1950, todos los países del este de Europa estaban en el campo de las “democracias populares”, pero en la década anterior a la consolidación del dominio comunista la experiencia de cada uno de esos países, durante la Segunda Guerra Mundial y en la inmediata posguerra, había sido muy distinta. Los partidos comunistas, bajo el amparo del ejército rojo soviético, neutralizaron y reprimieron a todos los demás partidos antifascistas que habían formado coaliciones nada más derrotar a las potencias del Eje. El comunismo, como hicieron algunas democracias y el franquismo en España, reinventó la historia y durante años negó a la población cualquier posibilidad de un conocimiento crítico sobre ese pasado reciente.

En la posguerra, el “pacto de silencio” se convirtió en una estrategia de la política europea y fue ampliamente adoptada durante el período de guerra fría, cuando muchas cosas tenían que olvidarse para consolidar la nueva alianza militar frente al bloque comunista. El término fue utilizado en 1983 por Hermann Lübbe, en una descripción retrospectiva, para mostrar que mantener silencio fue una “estrategia pragmática necesaria” adoptada en la posguerra en Alemania, y apoyada por los aliados, para facilitar la reconstrucción y la integración de los antiguos nazis.

EichmannAdolf Eichmann durante su juicio, en un fotograma de Hannah.
Tras un período en el que la guerra y sus terrores parecían hundirse en el olvido, generaciones más jóvenes comenzaron a preguntarse en Alemania, Francia o Italia, desde mediados de los años sesenta, qué había pasado durante la guerra y la posguerra. “El cambio paradigmático del modelo del “olvido” a una reorientación hacia el “recuerdo” ocurrió con la vuelta de la memoria del Holocausto, tras un período de estado latente”. Desde las imágenes del juicio a Adolfo Eichmann en Jerusalén en 1961 al reconocimiento posterior en Alemania de su pasado como verdugos, el recuerdo, “recordar para nunca olvidar”, se convirtió en la única respuesta adecuada para esa experiencia tan destructiva y devastadora y se rechazó el modelo, que había estado vigente hasta ese momento, de sellar el pasado traumático y mirar al futuro.

Desde 1989, la apertura de archivos en Europa del este desafió también algunas de las construcciones de la memoria y al recuerdo del Holocausto se sumó el del sufrimiento bajo el comunismo. Cómo adaptar las memorias a la historia y la gestión pública del pasado se convirtieron en asuntos relevantes en la última década del siglo XX y en la primera del XXI, cuando se asistió en muchos países a una reorientación general desde el olvido al recuerdo.  Una reorientación que también se ha producido en España y en ello estamos, en medio de debates entre historiadores, manipulaciones políticas e indiferencia de una buena parte de la sociedad hacia las víctimas de la dictadura. Pero no somos tan diferentes, como demuestra esa historia y las tensiones que su recuerdo provoca en el presente.

Hay 22 Comentarios

Yo solo tengo claro algo que parece obvio, el UNICO hecho OBJETIVO, es decir NO interpretable es que durante la "paz" de franco hubo muchos muertos, lo que hubiera hecho o no el otro bando no viene a cuento porque los cerdos podrían volar pero...no vuelan. Es decir en una supuesta paz hubo verdugos y víctimas, no solo vencedores y vencidos y la mayoría de los cadáveres los pusieron los mismo en cantidades abrumadoras. Sigamos ahora con las pajas mentales.

Julián Casanova carece de objetividad. Su vena izquierdisla le pierde. Como muchos otros intelectuales de izquierdas, ellos nunca son culpables de nada. Que hubo represión de los vencedores sobre los vencidos, nadie lo duda. Y si hubieran vencido los que perderon, seguramente reprimirían con más cueldad porque asesinaron a curas y monjas que no habían hecho nada. Imaginémonos lo que harían con los combatientes.

soy hijo de un repatriado

soy hijo de un repatriado

JE, ................................................................................................................................................................................................................................................... ( me dejas sin palabras )

El cardenal Gomá, arzobispo de Toledo y primado de España, escribió: “¿La guerra de España es una guerra civil? No; una lucha de los sin Dios contra la verdadera España, contra la religión católica”. Dijo que el general Franco, líder de los insurrectos, era un “instrumento de los planes de Dios sobre la Tierra”. Otros obispos españoles expresaron sentimientos similares. Por supuesto, la realidad no era así de sencilla. Muchos de los que se encontraban en el bando republicano de la guerra también eran católicos sinceros, sobre todo en la región vasca, de recia tradición católica. De modo que la guerra civil enfrentó a católicos contra católicos, todos ellos, según la explicación que los obispos hicieron de la guerra, en pro del catolicismo español. Cuando las fuerzas de Franco por fin invadieron las provincias vascas, ejecutaron a catorce sacerdotes y encarcelaron a muchos más. En sus escritos sobre las atrocidades cometidas contra los católicos vascos, el filósofo francés Jacques Maritain dijo que “la guerra santa odia más ardientemente que al infiel a los creyentes que no la sirven”.
http://larutadelasratasnazis.blogspot.com/search/label/Fascismo%20Italiano%20y%20Catolicismo

La guerra civil española
Declaraciones de obispos
Poco después del comienzo de la guerra (1936), el cardenal Gomá se refirió al conflicto como una lucha entre “España y la anti España, la religión y el ateísmo, la civilización cristiana y la barbarie”.
La Guerra de España, 1936-1939, página 261.
El obispo de Cartagena dijo: “Benditos sean los cañones si en las brechas que abran florece el Evangelio”.
La Guerra de España, 1936-1939, páginas 264-5.
El 1 de julio de 1937, los obispos españoles publicaron una carta colectiva en la que se exponía la posición católica respecto a la guerra civil. Entre otras cosas, decía lo siguiente:
“La Iglesia, a pesar de su espíritu de paz, no podía ser indiferente en la lucha. No había en España ningún otro medio para reconquistar la justicia y la paz y los bienes que de ellas derivan que el Movimiento Nacional las fuerzas fascistas de Franco.”
“Creemos justa la denominación de Movimiento Nacional; primero, por su espíritu, que era el modo de sentir de la mayoría inmensa del verdadero pueblo español y la única esperanza de la nación entera.”
Enciclopedia Espasa-Calpe, suplemento 1936-1939, páginas 1553-5.
Los obispos católicos de otros países no vacilaron en apoyar a sus colegas españoles. El cardenal Verdier, arzobispo de París, dijo que la guerra civil era una “lucha entre la civilización cristiana y la civilización del ateísmo”, y el cardenal alemán Faulhaber exhortó a todos los alemanes a orar por los que “defienden los sacrosantos derechos de Dios, para que Él otorgue la victoria a los que pelean la guerra santa”.
Enciclopedia Espasa-Calpe, suplemento 1936-1939, páginas 1556-7.
http://larutadelasratasnazis.blogspot.com/search/label/Fascismo%20y%20Religi%C3%B3n

La historia de la selva animal es mas humana que la historia animal del ser humano. La mente humana parece oscilar entre la bondad y la maldad, y esta última, la maldad, tiene mas peso que la primera. Pregunto... ¿es un problema de creación biológíca o un problema de creación divina? El SIDA mental, que padece una gran parte de la Humanidad impide que ésta pueda alcanzar el nivel ético que sirven de fundamento a las ideas de solidaridad, fraternidad y libertad. No sé si será necesario vivir en otro planeta. De momento, seguimos viviendo en un planeta cubierto de heces fecales.

Son periodistas, tampoco puedes pedirle peras al olmo.

Por favor, las cosas que uno tiene que leer.
Gran Bretaña y Francia empezaron la II Guerra Mundial??
La República comienza la Guerra Civil (no entiendo, se auto dan un golpe de Estado??)?
Que cuento te contaron amigo, seguro que si te cuento que los Reyes son los padres te causo un ataque.
Tranquilo, la cura esta cerca.

Ah, en España la población quedó dividida porque los vencedores, dentro de la represión, fueron extremadamente benévolos. En Alemania, Italia, Francia, Ucrania, Hungría o Rumanía la población no quedó dividida sencillamente porque los ganadores se encargaron de exterminar a todos los que lucharon en el bando contrario. No hubo división porque no hubo nadie del otro bando, sencillamente por eso.

Hay una pequeña diferencia, que el articulista se olvida de reflejar. En el caso de España, los que inician la guerra son los que pierden, por lo que está más que justificada la posterior represión. En el caso de la II Guerra Mundial, los que inicial el conflicto (Gran Bretaña y Francia), son los que ganan, por lo que la represión no tiene justificación posible.

Vencedores y vencidos: La venganza. Pero cómo podemos poner en el mismo artículo las venganzas de unos fascistas sublevados, que terminaron con un régimen democrático establecido, apropiándose de los bienes de los demás, por el mero hecho de pensar distinto, cuando no eran envidias y acusaciones falsas para quedarse con las propiedades de los acusados y las venganzas contra los nazis y fascistas italianos, rumanos, ucranianos, etc. que asesinaron y destruyeron Europa. No tiene sentido. La venganza de los segundos está justificada, pues fueron los nazis los que atentaron contra toda Europa, invadiéndola y asesinando por doquier. Simplemente para limpiar de individuos los territorios que pensaban adjudicarse en el Liebensraum.
En la postguerra europea los americanos iniciaron la recuperación de Alemania liberando a los prisioneros alemanes para trabajasen por su país. Aquí en España seguían con la limpia hasta los años sesenta, ya avanzados. Nada que ver una cosa con otra.
Claro que los alemanes pagaron por su derrota, también económicamente. Rusia determinó, mejor dicho, Stalin, que los daños causados por Alemania a Rusia se cifrarían en 10.000 millones de dólares. Parte de ello se cobró llevándose las industrias, literalmente, a Rusia. Francia consiguió La Alsacia y la Lorena, en disputa durante años.
Los demás países se cobraron en dinero, que los alemanes tuvieron que pagar año tras año.
Lo de España fue otra cosa bien distinta puesto que los sublevados se quedaron, nunca fueron expulsados como los alemanes.

Eduardo: muy oportuno. Clarificador.

No entiendo que se puedan describir dos realidades tan distintas -la represion franquista y la que hubo en el resto de Europa despeus de la guerra- y decir que fueron iguales. Julián Casanova me parece un historiador digno de todo respeto pero es evidente que comete un error de juicio raro y descomunal.

Recuerdo un artículo de Tusell en que hacía la misma comparación, con resultados opuestos y me parece que mas ajustados a la realidad: En ninguna parte hubo una represion tan extendida, sistemática, cruel, y extensa...

Pretender que el trato a los vencidos en una guerra sea justo y equitativo es infantil, es ignorar totalmente la naturaleza de la guerra. La guerra es por definición y como nos recuerda Clausewitz un acto de violencia extremo en el que ambas partes pretenden imponer sus condiciones por la fuerza, al que se llega cuando se han roto las posibilidades de acuerdo civilizado. El uso de la violencia para coercer al otro es la esencia misma de la guerra. Lo es hoy y lo ha sido siempre. "Vae Victis" (¡Ay de los Vencidos!) ya era hace más de 2.000 años una máxima romana que recoge Tito Livio.

Me parece una ligereza comparar las penurias de los republicanos españoles con las culpas que expiaron los colaboracionistas franceses (que se acostaban con torturadores o genocidas, por ejemplo) o los criminales de guerra nazis. No se pueden igualar.

En el norte de Polonia está el castillo de Malbork, el más grande del mundo, levantado por los caballeros teutónicos en sus cruzadas contra los eslavos y objetivo, por tanto, de los nazis que deseaban recuperar las tierras de su antigua Prusia: hace poco descubrieron frente a la mole del castillo una fosa donde reposaban todos los alemanes que vivían en la ciudad hasta la entrada de los soviéticos, mirad: http://www.losmundosdehachero.com/viaje-polonia-el-castillo-de-malbork-es-el-mas-grande-del-mundo-y-ecos-nazis-ii/ Durante décadas se pensó que habían emigrado todos, ¡pero no! ¡estaban todos muertos! La venganza de polacos, judíos y soviéticos fue terrible y los fusilaron sin ropa, sin dientes de oro, sin nada de nada....... Claro que si uno es capaz de leer el Libro Negro de Vasili Grossman y Ehrenburg puede comprenderse algún comportamiento en parece incomprensible...

Al que ahora se llama Joaquín: no te da vergüenza comparar la tontería de Di Stéfano con el tema de la represión y la venganza?

En España de aquellos seres despreciables que buscaron venganza y humillación, pusieron las bases de un futuro dividido. Y aún hoy se extraña alguno.

Intentando mirar desde todos los ángulos a nuestro alcance y desde el tiempo ya pasado, solo se nos alcanza a ver personas que vivían en sus pueblos o ciudades, como siempre han vivido los españoles.
Bajo la tutela de un estado de derecho y legal, y al amparo de las leyes democráticas.
Con mejor o peor acierto, era democracia lo que había en España, era un estado y se tenía un gobierno.
Y gentes cada cual con sus problemas y con sus ideas.
Como tenemos ahora, más o menos.
Aunque bien es verdad, que entonces soplaban otros vientos allende los pirineos.
Que hincharon velas al socaire del momento, y nos llegó un levantamiento militar.
Un golpe de estado, y una guerra civil, durante la cual la gente que vivía en sus casas vio alterada su vida.
Para siempre.
Los mismos ciudadanos de antes, se les cauterizó la herida con un hierro caliente para evitar el repunte.
Para acallar los ánimos y tragarse la saliva.
Pero no para olvidar nunca que con aquellos vientos huracanados mucha sinrazón gratuita se cebó en personas simples y sencillas.
Solo por ganar apariencias, y aparentar ser más papista que el Papa, por ganar galones.
Y por quedarse lo que no era suyo.
Justificando con las voces altilocuentes la sinrazón y la injusticia, atropellando inocentes de solo estar haciendo lo que les tocaba.
Como ciudadanos normales, ejerciendo en democracia su responsabilidad social.
A mucha gente inocente, solo a veces por tener un terreno o una casa, o unos bienes.
Cualquiera mala persona los señalaba mal, y por un por si acaso, formaban la lista de los apestados.
No lo hemos vivido los de hoy casi ninguno, pero es lo que nos han contado que pasó, a la sombra de un orden institucional brotado por arte de magia y bendecido con todas las bendiciones.
Tal como lo vemos hoy a la luz de lo que se descubre, negando por activa y por pasiva.
Las víctimas inocentes.

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Historia[S]

Sobre el blog

Dado que el presente se levanta sobre lo que ya pasó, no es mala idea echar un vistazo atrás para entender lo que está pasando. Cicerón lo dijo antes y mejor: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser eternamente niños”.

Sobre los autores

Tereixa ConstenlaCoordinadora: Tereixa Constenla. Periodista de EL PAÍS. Descubrió la Historia en 2008, cuando aterrizó en la sección de Cultura, y comprobó que el pasado era un filón para el presente.

Isabel Burdiel recibió el Premio Nacional de Historia en 2011 por su biografía sobre Isabel II. Es especialista en liberalismo europeo del siglo XIX y catedrática de la Universidad de Valencia. "Para que sirva para algo, la Historia no tiene que quedarse en el círculo de especialistas", sostiene.

Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, defiende, como Eric J. Hobsbawm, que los historiadores son "los 'recordadores' profesionales de lo que los ciudadanos desean olvidar". Es autor de una veintena de libros sobre anarquismo, Guerra Civil y siglo XX.

Manuel Morales es periodista de EL PAÍS y profesor de Periodismo Digital en la Escuela de EL PAÍS/UAM. Para liberarse de tanta actualidad busca refugio en historias del pasado, sobre todo las que han dejado huella en la fotografía.

María José Turrión fue la primera directora del Centro Documental de la Memoria Histórica, creado sobre el esqueleto del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca. Cree firmemente que los archivos contribuyen "a la salvaguarda de los derechos humanos y al desarrollo pleno de las democracias".

Javier Herrero es documentalista de EL PAÍS y licenciado en Historia Moderna y Contemporánea. Le interesa indagar en los antecedentes históricos de acontecimientos que saltan a la primera línea informativa.

Eduardo Manzano Moreno es profesor de investigación del CSIC y autor de numerosos libros sobre Al-Andalus, la Edad Media y la memoria histórica. Cree en el poder transformador del conocimiento histórico y en la necesidad de forjar una conciencia que nos convenza de que se pueden cambiar las herencias recibidas.

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