Canallas que persiguen a canallas

Por: | 15 de mayo de 2014

Yampolsky
Reunión de escritores soviéticos en Dubulti (Letonia), en agosto de 1965. Yampolski está en la fila central (cuarto por la izquierda). El primero por la derecha en esa misma fila es Konstantínovski, con gorra blanca. / ARCHIVO PERSONAL DE YURI FIDLER

"Me siento como en un réquiem encargado para mí mismo". Quien escribió con semejante amargura fue el autor ruso de origen judío Borís Yampolski (1912-1972), que contó lo que contemplaba en las reuniones que la Unión de Escritores de la URSS celebró a finales de los años cuarenta y a las que él, como otros muchos, acudía invitado. Eran unas citas en las que, como en un proceso kafkiano, los jerarcas de las letras podían ensalzar a un novelista, con los consiguientes beneficios materiales, como un piso, o señalar a un poeta para convertirlo en un olvidado y que sus obras no se difundieran.

Durante años, Yampolski reunió apuntes, retazos de aquellos cónclaves en un manuscrito inacabado llamado Asistencia obligada, que confió poco antes de morir de cáncer a su amigo, el también escritor Ilyá Konstantínovski (1913-1995). Este añadió a las notas de Yampolski sus impresiones para dar forma a un libro que no vio la luz en la Unión Soviética hasta 1990 y que ahora, por primera vez, se ha publicado en España (Ediciones del Subsuelo).

"La Unión de Escritores de la URSS era un gremio al servicio de una causa e impartía directrices sobre la misión que debía tener la literatura", explica el prologuista y traductor de la versión española, Enrique Fernández Vernet. "El objetivo era difundir los valores que inspiraron la revolución socialista". Yampolski recogió, "con un estilo descriptivo, de muchas anécdotas y metáforas", lo que veía en aquellos encuentros de ambiente asfixiante, "en los que permanecía agazapado en la última fila".

El novelista recurre en ocasiones a la animalización de los asistentes, "como si fuera una fábula", dice Fernández Vernet, porque los hombres dejaban de ser hombres y se comportaban como animales: "Reuniones de gallinas, de ciempiés, de mariquitas, reuniones de pulgones". El prologuista destaca "las cualidades literarias de Yampolski". Un ejemplo son las descripciones de lo que observaba en la sala: "Un ovillo de figuras humanas, de calvas, cabelleras, narices largas, de rostros dentudos [...] diminutos y esmirriados, como peras en compota, larvas apergaminadas, como moscas adheridas a tiras engomadas, carirredondos y de rojos carrillos".

Nacido en la actual Ucrania, Yampolski fue un escritor precoz que con 15 años dejó su pueblo para ser periodista y con apenas 20 publicó sus primeros ensayos. Durante la Segunda Guerra Mundial fue enviado especial del periódico militar Estrella Roja y, después, del oficial Izvestia. Contó la guerra y combatió.

Yampolsky_BorisRetrato de Yampolski. / ARCHIVO PERSONAL DE YURI FIDLER

Tras el conflicto, sus muestras de desencanto hacia el estalinismo, aunque no llegasen al enfrentamiento con el régimen, bastaron para su caída en desgracia. "No se puede decir que fuera perseguido pero dejaron de publicarse sus obras", señala Fernández Vernet.

La puntilla llegó en 1968, cuando el partido lo amonestó por su defensa del denigrado novelista Andrei Platónov, cuyas obras seguían sin editarse a pesar de que llevaba más de tres lustros bajo tierra. Yampolski escribió un alegato, leído en una velada de escritores y filtrado después a las autoridades, que fue considerado "calumnioso e ideológicamente nocivo". Yampolski escribe cada vez más "para el cajón", sus libros ni se censuran, sencillamente no interesan. Harto del clima de persecuciones a grandes figuras, escribirá: "Y nuevos canallas hostigan abiertamente a otros canallas que en su día habían perseguido a personas íntegras".

Sus últimos años son los de un hombre enfermo "que sentía amargura por lo injusto de la vida". Fernández Vernet cuenta que hubo días que al acabar su tarea de traducción del original sentía "la tristeza de la vida de Yampolski, muy quemado porque había visto que no se reconocía a los mejores escritores, sino a los que medraban por su relación con las autoridades. Ni siquiera tuvo la resonancia de los grandes disidentes, como su amigo Vasili Grossman, o Solzhenitsyn". En la edición de este libro se incluye precisamente Último encuentro con Vasili Grossman, texto de Yampolski de 1969 que no se publicó hasta 1976 y en el que cuenta una visita al célebre autor de Vida y destino y su entierro, rodeado de algunas plañideras que en vida le habían traicionado. 

Asistencia obligada contiene también un útil "índice de autores rusos y soviéticos" de los siglos XIX y XX. Desde Isaac Bábel, víctima de la purga estalinista; el perseguido Mijaíl Bulgákov, el marginado Borís Pasternak y, en el otro lado, vates como Anatoli Sofrónov, antisemita, estalinista y autor de un sonrojante Himno al látigo.

Hay 5 Comentarios

jajaja, ya están los nostálgicos del régimen policial comunista intentado comparar la gigantesca prisión soviética con las sociedades europeas contemporáneas.

Yo diría que, con matices, la situación actual de la literatura no ha cambiado mucho. Si sustituimos la ideología comunista que describe el artículo con la tiranía del mercado y de la industria nos encontramos con que la literatura a secas sigue siendo en ciertas manos un instrumento para obtener algo: antes influencia, ahora beneficios.

Si amargura si, es a lo que induce la contemplación de .".Y.nuevos canallas hostigan abiertamente a otros canallas que en su día habían perseguido a personas íntegras". Una verdad historica en todos los campos de creación. La integridad creativa pura es escasa y el hostigamiento de la persona integra una autentica desintegración de la actividad creativa realizada precisamente por quienes carecen de integridad. Homo hominis lupus.

La Ideologia, amigo....la ideologia....Los tontos que quisieron desideologisar al Mundo...hoy no son ni ratas..

A ver, aquí se presenta esta historia como la opresión particular de un regimen. Pero eso, exactamente eso, subsiste en la actualidad, en estados y corporaciones. En México todos saben que los intelectuales y escritores adictos al poder tendrán muchas cosas, incluyendo pisos, casas, exposición pública, espacio en medios. Los críticos al poder, tienen por lo general que dedicarse a otras cosas. Y bueno, la corporación PRISA, donde se enzalsa a la familia Llosa a más no poder (aunque el 90% son muy mediocres como artistas, el 100% cómo opinionólogos) y se ignora se rechaza y se repele cualquier cosa que suene a progresismo latinoamericano. No me vengan con idioteces, esto pasa en los estados que ustedes consideran democráticos y en la propia corporación que lo difunde.

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