La mujer que Estados Unidos odiaba

Por: | 21 de enero de 2015

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Emma Goldman da un mitin en Nueva York el 21 de mayo de 1916. / CORBIS

Hostigada por la policía, los jueces y los matones a sueldo, la judía Emma Goldman fue uno de los líderes que intentó que brotase el anarquismo en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Nacida en Kaunas (Lituania) el 27 de junio de 1869, protagonizó una infatigable labor a través de sus escritos y en mítines y conferencias por suelo estadounidense para reivindicar derechos de los trabajadores, el amor libre o el ateísmo. A la vez, cargó contra el capitalismo que había convertido en desdichados de vida miserable a miles de personas y el militarismo, sobre todo cuando estalló la I Guerra Mundial. Goldman contó gran parte de su intensa existencia en Viviendo mi vida, libro escrito en Saint-Tropez (Francia) en 1931 y cuyo primer volumen, el que abarca hasta 1911, han reeditado en castellano Capitán Swing y la Fundación Anselmo Lorenzo. La segunda parte, en la que cuenta su oposición a la Gran Guerra y su presencia en la recién nacida Unión Soviética, verá la luz este año, señala la traductora Ana Useros.

Tras pasar su infancia en San Petersburgo, Goldman dejó la Rusia zarista en compañía de su hermanastra Helen. Como miles de inmigrantes, llegó a Nueva York (la gran urbe le pareció "fría y hostil") y con apenas 20 años comenzó a trabajar como costurera con jornadas maratonianas y por muy poco dinero. Ese vivir depauperado y la condena a muerte de cuatro activistas en noviembre de 1887 en Chicago, acusados de la explosión de varias bombas meses atrás, fueron determinantes para impulsar su trayectoria de sindicalista y propagandista de las ideas de Mijaíl Bakunin.
 
En las 574 páginas del primer volumen, Goldman detalla su actividad en el movimiento obrero, la llamada a las huelgas, las protestas, los mítines y la defensa de la libertad de expresión. "Era una todoterreno", destaca Useros, "una fuerza de la naturaleza capaz de llevar un hogar, escribir y dar conferencias y mítines durante todo el año".

En Viviendo mi vida, Goldman también desnuda su alma con el recuerdo de su violento padre y sus complicadas relaciones con los hombres. "Tuvo varias parejas por atracción intelectual. Cuando era joven, se trataba de la típica subyugación de mentor-alumna", apunta la traductora. "Pero más adelante sus relaciones son por deseo, incluso en ocasiones ama a dos hombres a la vez". Goldman se revolvió siempre cuando ellos le exigían "un papel más tradicional". A Useros le llama la atención en esta mujer "su resistencia a compartir habitación con sus parejas, a pesar de que viven en pisos que tienden a ser comunas, en las que entraba y salía gente. Quería su propio espacio".

Con su adelantado feminismo, se implicó también en la defensa del control de la natalidad y denunció la hipocresía social con la prostitución, por la persecución a las mujeres que la ejercían, lo que no ocurría con los hombres que contrataban sus servicios. Sin embargo, el libro no es únicamente la vida de una activista "con un gran poder de palabra y capacidad para arengar a las masas". Goldman también fue una mujer a la que le gustaba la música, el teatro, el arte, la literatura y el baile. Al contrario que algunos de sus correligionarios, no consideraba estas manifestaciones algo banal, sino placenteros modos de disfrutar de la existencia. Así, Goldman relata cómo en una reunión de camaradas que acaba en baile, uno de sus compañeros le afeó sus movimientos exagerados al ritmo de la música, a lo que ella respondió: "Si no puedo bailar, no quiero ser parte de tu revolución". 

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La activista anarquista. / CORBIS

En el texto, la anarquista combina su agitado presente con episodios de su infancia, la escuela y su familia, que les sirven para explicar sus reacciones e ideas. Sin embargo, en su deseo por contar hasta el último de sus viajes y actos por distintas ciudades de EE UU y Europa –en reiteradas ocasiones prohibidos o reventados–, el  libro se vuelve repetitivo. Hay episodios más interesantes en la vida de Emma la Roja, como la motejan sus enemigos: especialmente su condena en 1893 a un año de prisión por "incitación a la revuelta". Un periodo que aprovechó para leer a los teóricos del anarquismo y aprender el oficio de enfermera.


Ese será el comienzo de su complicada relación con la justicia estadounidense, agravada cada vez que se produce un atentado de un anarquista, porque en sus discursos intentan las autoridades hallar pruebas de que está detrás de esas acciones. Esta tensión la hará ser odiada y considerada poco menos que el demonio. El ataque en el que sí cooperó fue el que llevó a Alexander Berkman, –Sasha, como ella le llama, primero camarada y después amante– a 14 años de cárcel por disparar contra Henry Clay Frick, presidente de la compañía Carnegie Steel. Más adelante se la intentó implicar en el asesinato del presidente estadounidense William McKinley, perpetrado en septiembre de 1901 por Leon Czolgosz, un joven que días antes había asistido a un mitin de Emma y se había presentado a ella pero con otro nombre.

Otra cuestión llamativa en el relato es el papel de los periódicos estadounidenses. Goldman recupera informaciones que falsearon acontecimientos vividos en primera persona y que, con pocas excepciones, dejan a la prensa como un instrumento al servicio de magnates y políticos. "Ella supo manejar bien este asunto. Siempre buscaba hablar en los diarios con los periodistas más proclives a sus ideas", afirma Useros. Precisamente, una de sus preocupaciones será dar vida a una publicación que defienda la ideología libertaria y responda a los medios tradicionales. De ahí nace la revista Mother Earth en 1906.

Este volumen autobiográfico se detiene en 1911, pero la vida de Goldman no deja de ser apasionante ante los acontecimientos turbulentos que se suceden en el nuevo siglo. Así, se implicará en el pacifismo contra la Gran Guerra hasta que su país de adopción decide deportarla por "ser una mujer muy peligrosa"; después vivirá en la Unión Soviética hasta sufrir el desengaño por los métodos represivos y ayudará a la Confederación Nacional de Trabajadores, sindicato anarquista, en la Guerra Civil española. Esta mujer que conoció a Lenin, Kropotkin, Bertrand Russell, Gorki y Stanislavski, entre otros, murió en Canadá en 1940 de un derrame cerebral.

Hay 2 Comentarios

Grandes mujeres, incomprendidas en su época, pero impulsoras todas ellas de la igualdad femenina en un contexto hostil, fuertes como robles, necesarias para la evolución de todo lo humano.

Hola: una pena que aún no haya salido mi novela Antes muerto alrededor de la vida de Emma Goldman. Desfilan personajes que van desde Flores Magón, Durruti, Freud, Dos Passos, Eastman, Joyce, etc. Ya avisaré.

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Dado que el presente se levanta sobre lo que ya pasó, no es mala idea echar un vistazo atrás para entender lo que está pasando. Cicerón lo dijo antes y mejor: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser eternamente niños”.

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