Por Begoña Puente, profesora de Recursos Humanos de ESADE
“Necesito comentarte un tema, ¿podemos vernos?”. Esta es una pregunta que a menudo me hacen, tanto en las jornadas de formación como en procesos de coaching directivo. Y ahí es donde comienza todo.
Me cuentan y escucho. Pregunto y me responden. Intento conseguir que la persona, que ejerce la función directiva con la misma carga que su responsabilidad en ella, consiga eliminar o minimizar la dificultad que se le presenta al tomar la decisión más adecuada a la situación que me relata.
En todas las ocasiones observo un patrón común: la dificultad no se refiere tanto al desconocimiento en las alternativas que se plantean sino más bien hace referencia y está relacionado con la complejidad interna y personal para conseguir sentirse realmente acertado en la decisión a tomar y ejecutar. O lo que es lo mismo: ESTAR PLENAMENTE SEGURO. Porque no debemos olvidar que el ser humano tiende a la seguridad. Esta es la esencia intangible de la función directiva: la dicotomía entre conseguir seguridad mientras se avanza en la incertidumbre de dirigir.
“Necesito comentarte un tema, ¿podemos vernos?”. Nos vemos. Me cuentan. Empezamos por el asunto esencial de la preocupación del otro. Porque siempre empezamos de esta forma. Cada vez que deseamos consultar y compartir una preocupación con alguien vamos directos a la preocupación, sin darnos cuenta que el que nos escucha necesita poner orden y conocimiento en esa ignorancia de la situación. Y entonces nos vamos al principio.