Decíamos en la primera entrada de este blog que cada vez que escribimos zarpa una botella de la isla que somos.
¿Somos isla?. Tal vez sea la pregunta primera a responder en la carta de esta segunda botella que botamos en el mar de este blog.
De alguna manera lo somos. Una isla habitada, cada una distinta, pues, aunque vivamos en el mismo mundo, distinto es el que habita en cada uno, los seres, las experiencias, las ideas, las pasiones y los sueños, las memorias y las esperanzas que lo conforman. Cada uno es único. Cada uno isla.
¿Queremos serlo?. No del todo. Tal vez lo seamos tanto como queremos dejar de serlo. Tal vez seamos en realidad península, como nos sugiere Amos Oz en Contra el fanatismo:
"Me atrevería a añadir... que nigún hombre ni ninguna mujer es una isla, pero que cada uno de nosotros es una península, con una mitad unida a tierra firme y la otra mirando al oceáno. Una mitad conectada a la familia, a los amigos, a la cultura, a la tradición, al país, a la nación, al sexo y al lenguaje y a muchos otros vínculos. Y la otra mitad deseando que la dejen sola contemplando el oceáno. Pienso que nos deberían dejar ser penínsulas. Todo sistema político y social que nos convierte a todos y cada uno de nosotros en una isla darwiniana y al resto de la humanidad en enemigo o rival, es una monstruosidad. Pero al mismo tiempo, todo sistema ideológico, político y social que quiere convertirnos sólo en moléculas también lo es. La condición de península constituye la propia condición humana. Es lo que somos y lo que merecemos seguir siendo..."
Y para ser península escribimos cartas que lanzamos al mar desde la isla que habitamos, que somos; con la esperanza de que lleguen a otra isla, a otra orilla. Y que, al leerlas alguien, se haga entre su isla y la nuestra un puente. Para construirlo escribimos. Para construirlo leemos. Para ser península. Y al tiempo para no ser sólo "moléculas del continente", como nos dice Oz. Pues somos contenido y a la vez continente; islas que al hacerse península pueden llegar a ser continente, a ser mundo.
Por ello y para ello seguiremos escribiendo cartas; seguiremos metiéndolas en una botella que botaremos al mar con la esperanza de ser península, de ser del todo, de seguir siendo, de ser más plenamente nosotros.




Hay 2 Comentarios
Siguiendo su metáfora, creo que no todos somos isla, ni todos queremos ser península. Algunos son isla, otros son península, otras arrecife de coral, algunos cordillera, quizás la mayoría seamos simples praderas o yermo. Bueno, por mucha comunicación que intentemos, creo que es difícil dejar de ser lo que se quiere seguir siendo.
Publicado por: Gonzalo | 17/05/2012 11:02:30
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Publicado por: Quick Query | 14/05/2012 14:40:15