A quienes hayan leído el artículo “Esquipulas II + 25: cuatro legados y una reflexión de futuro” que, coincidiendo con el veinte y cinco aniversario de la firma del Procedimiento para alcanzar la paz firme y duradera en Centroamérica, conocido como los Acuerdos de Esquipulas II, publiqué ayer en la sección de opinión de El País, y al hacerlo se hayan preguntado también cuál es la película que lleva a la foto de la firma que conmemoramos, de qué argumento constituye escena final e inicial, y cómo y por qué se llegó a ella, va dirigida esta entrada de este blog Ideas subyacentes, que refleja a su vez parte del contenido de un trabajo más amplio, Esquipulas II + 25: Centroamérica en perspectiva, que ha publicado recientemente entre sus notas internacionales CIDOB. Y para responder a tales preguntas, invita al lector a realizar un itinerario intelectual que, partiendo de la consideración conceptual de lo que supone un proceso de paz, abordará la del conflicto y el proceso que lleva a Esquipulas II, la de su planteamiento y contenido, y la de su ejecución.
¿Qué supone un proceso de paz?
Un proceso de paz supone, en esencia, la resolución de un conflicto llevando a una mesa de negociación a los representantes de una serie de actores significativos del mismo que negocian una agenda sustantiva y operativa que acaba dando lugar a unos acuerdos firmados por ellos, papeles contenedores de compromisos de acciones cuya realización lleva a una transformación de la realidad para la canalización del conflicto por vías alternativas al recurso a la violencia como vía de acción colectiva y para la superación de las raíces de éste, especialmente considerando, como nos señala Galtung, que la violencia puede ser tanto directa como estructural – ausencia de democracia y desarrollo – y cultural, y que la construcción de la paz supone su superación en todas sus dimensiones. Supone tanto la negociación de los acuerdos de paz como su ejecución; y si bien la foto de la firma de éstos simbolizan al proceso en su conjunto, sólo puede comprenderse su significado junto a su negociación y ejecución, aprehenderse el entonces desde la consideración del antes y el después.
Del conflicto y el proceso que lleva a Esquipulas II
Puede considerarse que la entrada de los sandinistas en Managua el 19 de Julio de 1979 marca un cambio de época mostrando al tiempo el agotamiento de los regímenes autoritarios que, con la notable excepción costarricense, dominaban su vida política y la revolución armada como opción efectiva para el cambio político. Y que tras el golpe de los capitanes el 15 de Septiembre en El Salvador y la ofensiva final del FMLN en Enero de 1981, la política de tierra arrasada en Guatemala y la actividad militar de la contra con el apoyo de Estados Unidos en Nicaragua, a principios de los ochenta Centroamérica se encuentra inmersa en un conflicto a un triple nivel. Por un lado, los conflictos nacionales que enfrentan al Gobierno sandinista y la Contra y a los gobiernos de El Salvador y Guatemala, respectivamente, a los movimientos insurgentes del FMLN y la URNG. Por otro, la configuración de la región, en la perspectiva de Estados Unidos, especialmente a partir de la llegada de Reagan a la presidencia, como escenario de la confrontación global Este-Oeste; lo que, con la obsesión de evitar otra Cuba sin caer en otro Vietnam y el objetivo de revertir la revolución en Nicaragua e impedir su triunfo en El Salvador y Guatemala, le lleva a desarrollar una estrategia de conflicto de baja intensidad que implica el apoyo a los ejércitos de El Salvador y Guatemala y Honduras y a la Contra, evitando sin embargo el combate de sus tropas sobre el terreno; la promoción de elecciones democráticas que llevarán al acceso de civiles al Gobierno y a la elaboración de nuevas constituciones, promoviendo así la transición desde los regímenes autoritarios precedentes; y la realización de reformas socioeconómicas, especialmente en El Salvador, y el apoyo económico a los gobiernos afines. Lo que llevará también – y hete aquí el tercer nivel -, convertida Honduras en “portaviones de Estados Unidos” y base de apoyo a la Contra, a la regionalización del conflicto, en el que estarían enfrentados el Gobierno sandinista, el FMLN y la URNG a la Contra y los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras.
Este recurso generalizado a la violencia directa como vía de acción política tiene su causa fundamental en la violencia estructural que le precede y en la incapacidad de su superación, en un modelo socioeconómico agroexportador cuyo mantenimiento lleva a las élites, tras la crisis económica de 1929 y la irrupción política de las masas, desde los hechos de 1932 en El Salvador, el ascenso de Somoza en Nicaragua y el golpe que acaba en 1954 con la “primavera guatemalteca”, a recurrir a los militares para la gestión del sistema político, instaurando regímenes autoritarios que intentan legitimarse vía eficacia a través de la promoción del desarrollo y el mercado centroamericano. Modelo que, sin embargo, entra progresivamente en crisis en la década de los setenta por la crisis económica, la cerrazón de espacios a la oposición leal y la emergencia de una alternativa revolucionaria a ésta ante el agotamiento de las vías de transformación interna y el progresivo recurso a la represión como vía de mantenimiento del Gobierno en el poder, al no atender las demandas de apertura política y transformación socioeconómica.
Es precisamente el conocimiento de esa problemática y esas demandas y necesidades de transformación, y sobre todo esa regionalización del conflicto por su lectura en clave de confrontación Este-Oeste y la preocupación por su extensión, lo que lleva a México, Colombia, Venezuela y Panamá a reunirse en Enero de 1983 en la isla de Contadora y lanzar el proceso que lleva el nombre de ésta, en que los cancilleres de los cuatro países - a los que se unen en 1985 los cuatro países de América del Sur que, tras sus transiciones a la democracia, conforman en Grupo de Apoyo (Argentina, Brasil, Uruguay y Perú) -, con el apoyo de la OEA y las Naciones Unidas, buscan una solución negociada al conflicto que se plasmará en el Acta que el 6 de junio de 1986 someterán a la firma de los presidentes centroamericanos. Aunque no será firmada por éstos, el fracaso relativo de Contadora no puede ocultarnos su triunfo global: en la forma, al significar la irrupción de una dinámica de cooperación/negociación para la resolución del conflicto frente a la de confrontación hasta entonces dominante; y en el fondo, al marcar los parámetros del contenido de todo posible acuerdo y plantear el inicio de su resolución en el plano regional. Pues Contadora ofrece también una visión alternativa de la crisis. Deja tras de sí un vacío, que es al tiempo el espacio del que nace Esquipulas.
Nace Esquipulas en ese espacio en la estela de Contadora, gracias a ella, al alineamiento en torno ella de América Latina y la Unión Europea, y a la confluencia de una serie de factores y detonantes. Factores como el estancamiento militar y la deslegitimación que para la opción militar de Estados Unidos supone el escándalo Irán-Contra; la perestroika y su influencia en el relajamiento de la tensión Este-Oeste; la consolidación a raíz de Contadora y otras iniciativas como la Comisión Sanford, frente a la lectura Este-Oeste de la crisis de una lectura alternativa de ésta que identifica paz con democracia, desarrollo e integración regional; y el resultado de los propios procesos de transformación de los regímenes políticos, con la instauración de nuevos gobiernos constitucionales democráticos en El Salvador y Guatemala y la constitucionalización del régimen sandinista, todos ellos buscadores en la paz regional de reconocimiento y legitimación de su propio régimen. Detonantes o motores, como los procesos electorales que llevan a Oscar Arias y Vinicio Cerezo a las presidencias de Costa Rica y de Guatemala: la confluencia de sus iniciativas – Esquipulas I y el Plan Arias – hará posible, junto a los factores y razones señalados, la adopción del Procedimiento en Esquipulas II.
Una aproximación al planteamiento y contenido del Procedimiento de Esquipulas II
Viene el Procedimiento de Esquipulas II definido por el quiénes, el qué y el cómo.
Quiénes de los presidentes de las cinco repúblicas centroamericanas, lo que excluye, a sensu contrario, al FMLN, la URNG y la Contra que combaten sobre el terreno, o a Estados Unidos, la Unión Soviética y otros actores internacionales relevantes. Y supone, como se ha apuntado, su reconocimiento y legitimación, de especial valor en el caso del régimen sandinista, pues de alguna manera se reconoce con ello que la solución a la crisis no pasa por su derrocamiento militar, sino por la transformación interna que resulte del cumplimiento de los compromisos que adopte con los otros estados centroamericanos. Y, también, la identificación de la integración centroamericana con la solución de la crisis, la recuperación de una identidad política centroamericana que, desde la disolución de la Federación de las Provincias Unidas de Centroamérica en 1838, ha permanecido y permanece presente como elemento identitario en el imaginario colectivo de los centroamericanos.
Qué definido por la temática de sus once artículos: reconciliación nacional; exhortación al cese de hostilidades; democratización; elecciones libres; cese de la ayuda a las fuerzas irregulares o a los movimientos insurreccionales; no uso del territorio para agredir a otros estados; negociaciones en materia de seguridad, verificación, control y limitación de armamento; refugiados y desplazados; cooperación, democracia y desarrollo; verificación y seguimiento internacional; y calendario de ejecución de compromisos. Que conceptualmente identifica la construcción de la paz no sólo con el cese de hostilidades y la desmilitarización, sino también de la democracia y el desarrollo en un marco de la integración regional; la supresión de la violencia directa con la de la violencia estructural, la consecución de la paz negativa con la construcción de la paz positiva.
Cómo definido por los principios de simultaneidad, simetría, cronograma y verificación en el cumplimiento de los compromisos. Que, por un lado, promueve y posibilita su traslación del papel a la realidad; y, por otro, refleja, por el detalle en su concreción y verificación que, así como en el Acta de Contadora entre los tres componentes es el de la desmilitarización el que es objeto de mayor desarrollo – reflejo a su vez de que tal es la preocupación esencial de sus signatarios -, en Esquipulas II tal es el caso del de democratización; reflejo de que la preocupación esencial de los gobiernos centroamericanos es el carácter revolucionario del Gobierno sandinista, la eventual consolidación de la revolución armada como vía de acceso al poder, y su objetivo la afirmación como tal de las elecciones libres y competitivas: tal es lo que en esencia a través de Esquipulas II solicitan a éste y a su vez ofrecen como componente esencial de la paz a sus propios movimientos insurgentes.
Y una aproximación a su ejecución
Sobrepasa el propósito de estas líneas el análisis pormenorizado de las vicisitudes de la ejecución de los Acuerdos de Esquipulas II. Contemplada en la distancia, cabe señalar que se caracteriza por el cumplimiento de los compromisos de la primera fase de noventa días, especialmente en el ámbito de la instauración de los mecanismos de ejecución nacionales (comisiones nacionales de reconciliación) y de democratización y medidas de confianza. Tras ella, entra en un período de estancamiento que se superará en la Cumbre de Costa del Sol (Febrero 1989) con el compromiso de celebración al año siguiente de las elecciones en Nicaragua y al Parlamento Centroamericano bajo observación internacional; y en la de Tela, que aborda la desmovilización de la Contra y la no utilización del territorio de un Estado para la agresión a otro, dando lugar a la puesta en marcha de la Comisión Internacional de Verificación y Seguimiento y de la Misión de las Naciones Unidas para Centroamérica ONUCA para su verificación - pionera de una serie de misiones paz de Naciones Unidas en la región (ONUVEN, ONUSAL y MINUGUA) determinantes para la construcción de la paz en la misma -. Tales son los resultados esenciales que hacen de la ejecución de Esquipulas II punto de inflexión en la construcción de la paz en Centroamérica, al permitir la solución de la dimensión militar del conflicto en el plano regional y la celebración de las elecciones de Febrero de 1990 en Nicaragua, a partir de las que resultará posible la resolución del conflicto nicaragüense. Pues, como he explicado más detenidamente en mi ensayo El sueño de Sandino y la paradoja nicaragüense. Una aproximación al proceso nicaragüense, la paradoja nicaragüense consiste en que, así como sobre el terreno quienes combaten son el Ejército sandinista y las fuerzas militares de la Contra con el apoyo de Estados Unidos, no es la negociación y el acuerdo entre los combatientes la que lleva a la finalización del conflicto, sino el cumplimiento de los compromisos del Gobierno sandinista en Esquipulas II con la celebración de las elecciones y la aceptación de sus resultados, y a efectos prácticos el Pacto para la Transición en el Poder Ejecutivo entre éste y la Presidenta electa y los Acuerdos de Tocontín, suscritos entre ésta y la Contra para su desmovilización, suscritos ambos entre la celebración de las elecciones y la toma de posesión de Violeta de Chamorro, de modo que si las elecciones se celebran en un país en guerra, dan lugar a una toma de posesión en un país ya camino de la paz.
Lo que, por otro lado, no debe hacernos ignorar otros efectos y dinámicas engendradas por la ejecución de Esquipulas II, que dan lugar a los legados analizados en el artículo al que nos referíamos al principio, y entre los que procede destacar, por un lado, la consolidación de la dinámica de concertación regional a través de las cumbres de presidentes, que va concentrándose progresivamente en la agenda de desarrollo, dando lugar al Plan Económico de Cooperación de Naciones Unidas y al apoyo de la Unión Europea a través del Proceso de San José, y en definitiva al consenso progresivo de la Comunidad Internacional de cooperación para la construcción y consolidación de la paz y la democracia en la región. Y, por otro, la apertura del espacio necesario, si bien con otro marco negociador, para los procesos de paz en El Salvador y Guatemala. Marco claramente distinto en el caso de El Salvador, fruto de una correlación de fuerzas en que el FMLN no se siente reconocido en Esquipulas II – si bien a partir de ella se da su evolución interna hacia la consideración de la democratización como objetivo de su revolución -, recurriendo a partir de la ofensiva de 1989 a Naciones Unidas – con el apoyo del Grupo de Amigos integrado por tres estados de Contadora y España – como mediadora el proceso negociador que se inicia con el Acuerdo de Ginebra y finalizará con los de Chapultepec, que el lector interesado podrá conocer en profundidad en mi libro La metamorfosis del Pulgarcito. Transición política y proceso de paz en El Salvador. Y en el caso de Guatemala, evolución del iniciado por la Comisión Nacional de Reconciliación surgida de Esquipulas en el largo proceso de paz del que – como señalo en Guatemala: la transición disfrazada y los retos del futuro – se disfraza su transición democrática.
Sustantivamente, el resultado fundamental de Esquipulas II, además del cese de la confrontación armada, es la instauración de la democracia, en sentido poliárquico, en la región. Democracia sin embargo en consolidación, que puede ser objeto de concreciones de mayor o menor calidad; democracia electoral a partir de la que construir la social y ciudadana, a partir de la que puede proseguir el esfuerzo de avanzar en el desarrollo y la construcción de la paz positiva, de la erradicación de la violencia estructural y cultural.
El aniversario de Esquipulas II constituye, sobre todo, ocasión para pensar de nuevo Centroamérica a la luz de la experiencia adquirida y el camino recorrido, reflexionar hacia dónde queríamos que fuera y hacia dónde ha ido, preguntarnos por sus lecciones, hacia dónde queremos que vaya y cómo podemos recorrer el camino, qué pacto o qué pactos deberíamos negociar para ello. A ello quisieran haber contribuido estas líneas.




Hay 2 Comentarios
Un buen trabajo académico. La pregunta que se hace Manuel hay que responderla. Los resultados no han sido los esperados. Los más altos niveles de delincuencia aparecieron después de la guerra. La excesiva desigualdad social se mantiene. Pero es que no se previó en las negociaciones la influencia de las multinacionales, ahora dueñas de la banca, energía, comunicaciones, ni tampoco el uso de Centroamérica por grupos de Estados Unidos y Sudamérica, para el narcotráfico. Cualquier apuesta por la democracia integral y el manejo propio de los recursos económicos es llamado "chavismo". Honduras ha tenido un golpe de estado y 30 periodistas asesinados. En El Salvador, los militares en seguridad pública se arrodillan ante las maras. Las negociaciones contemplan el pasado y el presente, no el futuro.
Publicado por: felipe ortiz | 08/09/2012 19:02:08
STOP DISCRIMINACIONES HISTÓRICAS EN CENTROAMÉRICA
STOP COLABORACIONISMOS CON LOS PAÍSES CON RACISMO, MACHISMO Y HOMOFOBIAS DE ESTAD>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
Publicado por: CANCIONES DE HOY, MAÑANA Y SIEMPRE | 03/09/2012 7:41:03