Conviene leer y subrayar el discurso que el expresidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), Juan Ramón Quintás, pronunció el 21 de marzo en su investidura como miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Es la primera vez que habla desde que abandonó el cargo hace dos años y lo hace con ganas. Pero su ingreso en esta institución ha querido que lo haga en un momento en que la regulación y supervisión financiera ha sido cuestionada por su incidencia en la restructuración financiera, que él vivió en sus primeros compases y con cuyas directrices no se mostró muy entusiasmado.
Quintás no entra a juzgar la reforma. En su discurso, el catedrático metido a financiero desnuda el sistema, critica la regulación y la supervisión y su responsabilidad en las crisis y valora el cumplimiento de los cuatro pilares del buen gobierno: independencia, rendición de cuentas, transparencia e integridad. Pone el dedo en la llaga y, aunque se cuida de no poner nombres, se puede adivinar con facilidad a lo que se refiere y a quién se refiere.
Enfatiza, y lo repite a lo largo de 70 páginas, sobre los riesgos que corre el supervisor para guardar la estabilidad financiera, proteger a los clientes e inversores y vigilar los códigos de conducta ante los riesgos de captura. Es decir, de las injerencias políticas, los intereses de las entidades a las que supervisa o simplemente de los intereses particulares del supervisor (autocaptura).
Pero además, resalta otros riesgos como "mandatos confusos, incompletos o ambiguos; arquitecturas institucionales inadecuadas y un bajo nivel de los técnicos", sin contar que el contenido de la actuación sea técnicamente defectuoso o inferior en eficacia o eficiencia al de otras alternativas o que los beneficios sociales sean inferiores a los costos.
Quintás, que sostiene que la injerencia política es uno de los peligros más serios de las democracias, afirma: “La experiencia nos dice que el Gobierno y los partidos políticos presionarán para introducir criterios políticos en la regulación”. El ejemplo más frecuente “es la proximidad de las elecciones para disuadir a los supervisores que frenen la actividad a corto plazo o para que no cierre determinado banco (problemático) por el coste político”. Según Quintás, “en España, salvo honrosas excepciones, se rehúye el tema o se pasa de puntillas, como si su reconocimiento equivaliese a poner en duda el sistema y se respeta el mito de los supervisores y reguladores siempre guiados única y exclusivamente por el interés general pese a la extensa evidencia empírica disponible en su contra”. Para él, la independencia siempre ha sido parcial. “En España tropezó con una cultura política totalmente escéptica que respaldaba de iure y de facto la intromisión del Gobierno”.
“El problema surge cuando quien debería ser garante del interés general, y de algún modo árbitro de las propuestas y sugerencias de los distintos grupos interesados, es capturado por uno de estos”, incide con dedo acusador. Quintás destaca como vías de captura a nivel político el suministro de información, la colaboración en la consecución de fines gubernamentales, condonación de deudas y la simple corrupción.
Además de las injerencias políticas, “existen otras vías de captura como las frecuentes negociaciones a que obliga la propia regulación y la oferta de incentivos, (compensación por favores prestados)”. En estas se encuadran los grandes grupos, que “están mejor organizados, tienen más que ofrecer, se juegan más en el proceso regulatorio...”. Por ello, la regulación y supervisión suelen estar sesgadas en contra de la competencia y de la entrada de nuevos competidores”. “El sector bancario”, prosigue, “es sin duda uno de los que mejor se ajusta a las condiciones para la captura: su nivel de concentración es muy alto y su lobby muy eficiente; su clientela está poco organizada y para ella, individualmente, tienen escasa importancia los temas regulatorios; la asimetría de la información con la clientela es enorme; en muchos asuntos es necesario mantener la confidencialidad (lo que se aprovecha para crear una opacidad encubridora); la regulación es densa, compleja y con frecuencia ininteligible para legos, y los intereses en juego son extraordinariamente importantes”.
Esto lo dice una persona que ha estado 16 años en el puente de mando de la cajas, ocho como director general y ocho como presidente, y antes 10 años como director general de Caixa Galicia. Es decir sabe de qué habla. Y, en ese sentido, advierte también de “los errores y ambigüedades casi siempre favorecen a las entidades dominantes en Europa”. Pone el ajemplo de las pruebas de resistecnia hechas a la banca en 2011, “sospechosamente amables” con Alemania y Francia. A tal efecto, recomienda que “el Gobierno y el BE harían bien en fijar una estrategia que proteja mejor los intereses españoles”.
En cuanto a la rendición de cuentas dice que en España el control parlamentario es muy débil y la Ley de Economía Sostenible, “no mejora la situación”. Y sobre transparencia: “España, si bien puede ser hasta ejemplar en aspectos menores, presenta graves opacidades en otros más relevantes”. Se remite a las dificultades del Tribunal de Cuentas para fiscalizar trabajos del BE, CNMV y Seguros.
“En España el flujo [de contratación] es, prácticamente, de una única dirección, puesto que mientras que numerosísimos técnicos del Banco de España, de sus altos directivos e, incluso, algunos gobernadores y subgobernadores han disfrutado de excelentes oportunidades en la banca, no existe en cambio una captación de expertos bancarios o banqueros por parte del Banco de España de importancia ni remotamente similar”. Quintás toca un punto clave y es que la insuficiencia de recursos y la baja remuneración puede provocar efectos perversos en la supervisión. “Los salarios deben ser competitivos con los de los supervisados o será muy difícil contratar y, sobre todo, retener a personal suficientemente cualificado”.
Hay 4 Comentarios
El fondo de garantía de depositos lo han dejado tiritando, tiene 2500 millones de euros. Banesto tiene mas de 50000 millones en depositos. Por que no se habla de eso, como caiga un banco medio-grande el fondo de garantia no va a cubrir ni los intereses del deposito.
Publicado por: Fernando | 15/05/2012 17:02:30
Cuando Quintás abandonó la presidencia de la CECA, muchas de las Cajas disfrazaban los problemas que tenían (hiperdesarrollo, inflación de oficinas en lugares lejanos a sus centros naturales, excesiva concentración en el ladrillo, injerencias políticas, sátrapas como dirigentes puestos a dedo por el poder político de turno, sueldos megamillonarios y prebendas de todo tipo) con apelaciones al "liberalismo" (aunque algunos de los dirigentes pensaban que Adam Smith era el último fichaje del equipo deportivo que patrocinaban) y al sagrado mercado mientras que la CECA no decía nada. ¿Ahora nos viene a dar lecciones de qué? Si hubiese sido un poco menos discreto durante su presidencia, mejor nos hubiera ido a todos. A las Cajas las primeras.
Publicado por: fer | 16/04/2012 16:05:24
Quintás sabe de qué habla:
"Es una persona que ha estado 16 años en el puente de mando de la cajas, ocho como director general y ocho como presidente, y antes 10 años como director general de Caixa Galicia".
Y tanto que sabe: Han estado usando a las cajas de pin pan pún político.
Publicado por: tengo el dinero debajo del colchón | 16/04/2012 1:22:22
No he tenido ocasión de leer el discurso, pero del resumen que se puede extraer de su artículo falta cierta autocrítica por parte del expresidente de la CECA, confío que el Sr. Quintas incluya en su discurso referencias a la enorme injerencia política, clientelismo y falta de buena administración que en muchos casos han caracterizado a las cajas en los últimos 30 años (a destacar los últimos 16 años)
Publicado por: Miguel | 15/04/2012 23:57:48