El miércoles, el nuevo presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, reunió a los 300 principales ejecutivos de la entidad para trazar la nueva hoja de ruta. Acababa de reordenar la cúpula, de la que han desaparecido algunos históricos de Caja Madrid y Bancaja, como Ildefonso Sánchez Barcoj o Miguel Ángel Soria, y han aterrizado antiguos compañeros del BBVA, como José Sevilla y Antonio Ortega, que como Goiri vivían una prejubilación de lujo. Goiri, que es compresivo, ha mantenido en el puesto de consejero delegado a Francisco Verdú, aunque este ha perdido atribuciones en beneficio de aquellos dos. También se quedan Francisco Pons como vicepresidente (el repuesto de José Luis Olivas como cuota valenciana ya en tiempos de Rodrigo Rato) y Miguel Crespo, un hombre de Rato, en la secretaría general. Pero en el nuevo organigrama, al que se ha incorporado Amalia Blanco como directora de Comunicación, no había sitio para Juan Chozas (responsable de recursos humanos) y algunos otros fichajes del anterior presidente.
Goiri sabía en ese momento de la primera arenga que el comportamiento bursátil era uno de los peligros que se cernía sobre la entidad, quizá el más temido porque es el reflector más potente que hay y al que, cuando toma carrera, es casi imposible de frenar. Una solución es que se paralice la cotización; pero esa potestad la tiene la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y esta consideró que no había razón alguna para hacerlo ya que no existía ninguna anomalía en el flujo de información. De todos modos, no se sabe qué es peor, que la acción siga cayendo o que sea suspendida. El otro peligro es la retirada de depósitos, que también cundió en el mercado.
Y así ocurrió. Bankia entró en caída libre. Ante esa debacle, hubo una especie acción concertada entre el Gobierno y la entidad, del que también se hizo partícipe al sector, en un intento de tranquilizar a clientes y accionistas. Así que mientras el secretario de Estado de Economía, Fernando Jiménez Latorre, manifestaba que no se estaba produciendo la salida masiva de depósitos, Bankia sacaba un comunicado -quizá con algo de retraso, casi a las tres de la tarde- en el que subrayaba la existencia de un nuevo equipo gestor "con acreditada experiencia en el sector financiero" desde el pasado miércoles 9 de mayo. En el transfondo de las declaraciones de Latorre latía el miedo de contagio al resto del sector financiero. Al fin y al cabo, Bankia es un problema en sí mismo, pero no deja de ser un reflejo del sistema español, cuestionado en la Unión Europea hasta el punto de que el ministro de Economía, Luis de Guindos, ha cedido a las presiones dando vara de mando al Banco Central Europeo sobre el Banco de España.
En el comunicado tranquilizador Goiri -también grabó un video con el mismo objetivo- esgrimió precisamente la existencia del nuevo equipo para lograr la confianza de los depositantes y accionistas, lo que transmite el convencimiento de que la imagen que ha dejado el equipo de Rato roza la mínima consideración. "Los depositantes de Bankia pueden estar absolutamente tranquilos sobre la seguridad de los ahorros que han confiado a la entidad", comienza el comunicado. Después enumera una serie de argumentos para recuperar la confianza: normalidad en la red de oficinas, seguridad de que el saldo de depósitos no registrará cambios sustanciales en los próximos días, compromiso del Gobierno para aportar el capital necesario para realizar los saneamientos precisos y manifestación del Banco de España de que “Bankia es una entidad solvente que sigue funcionando con absoluta normalidad y sus clientes y depositantes no han de tener motivo de preocupación”.
Aunque ya había restado parte de la caída, la actuación debió aportar algo, ya que el título de Bankia pasó de caer casi un 30% a cerrar en 14%. La acción vale 1,42 euros, lo que da un valor total de 2.839 millones de euros a la entidad, lo que supone una pérdida de más del 62%, que es una caída considerable.
Es curioso, ahora que Bankia ha sido nacionalizada, resulta que vale menos. No es la primera vez, ni será la última, que entra el pánico, por otra parte lógico, y los pequeños inversores se lanzan a vender para no perder más (aunque las pérdidas sean virtuales mientras no se venda). La paciencia es algo que está reñida con el pánico. Es algo que no resulta extraño en la Bolsa. El miedo a que siga cayendo tras taponarse la herida al cierre del jueves está muy presnete en la sede de la torre inclinada de la madrileña plaza de Castilla. Y también al corralito que, por contagio, temen todos los ciudadanos, que no se fían de las llamadas a la calma y las explicaciones que lo hacen muy lejano.
Hay 4 Comentarios
Caixabank presiona a medios para no cubrir las protestas en Barcelona contra la entidad... bendita democracia...
https://twitter.com/#!/search/realtime/%23lacaixaesmordor
http://www.change.org/es/peticiones/silenci-medi%C3%A0tic-de-tv3-respecte-la-cassolada-davant-la-caixa
http://www.youtube.com/watch?v=ScgDQ_ZZT8c&feature=youtu.be
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Publicado por: Salambó | 20/05/2012 1:06:29
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Publicado por: Days | 17/05/2012 23:18:32
Yo creo que mirando la evolución del sector, por lo menos hace treinta años que esto se está cociendo. Creo que en una mano sobran dedos para contar banqueros decentes en este pais.
Y lo de las cajas ya es de chiste....
Yo empezaría por quitarles el chollo ese de los paraisos fiscales....
Publicado por: Carlos | 17/05/2012 22:44:24
Si Goirigolzarri quería dar confianza a los inversores, debería haber dedicado algunos millones de los que le dieron cuando dejó el BBVA a comprar acciones de Bankia, nada más ser nombrado, y haberlo hecho público inmediatamente.
Publicado por: Preocupado | 17/05/2012 22:26:53