Con el objetivo de llegar a la junta general de accionistas del día 29 de junio —en el límite del plazo legal— con el mayor número posible de deberes hecho, el equipo de Bankia encabezado por José Ignacio Gorigolzarri va haciendo camino y limpiándolo de obstáculos. Tiene que luchar contra los líos que existen alrededor de la entidad y de su antecesor, Rodrigo Rato, y contra los que no puede —ni debe— hacer nada pese a que alteran el funcionamiento diario.
Goirigolzarri tiene previsto presentar a la junta tanto las actuaciones llevadas a cabo hasta la fecha como un plan estratégico para su aprobación por los accionistas. En ese sentido se enmarcan los ajustes del equipo y del consejo de la entidad, que en la actualidad tiene 11 miembros tras los nombramientos del histórico Alfredo Lafita y Álvaro Rengifo y la dimisión de Wahnon Levy. Seguramente, se ajustará a un número máximo de 14 frente a los 19 que había en la anterior etapa.
A ello responde también el ajuste de los consejos de las empresas participadas decidido el jueves y que supone que habrá un 75% menos de representantes. La medida supone que los vocales, que en la actualidad ascienden a más de 1.000, no reciban retribución y que cuando la haya vaya a parar a las arcas de Bankia. La medida, dadas las circunstancias que atraviesa el banco, resulta muy cabal, ya que supone un ahorro de siete millones. Según la decisión del jueves, todos los representantes de Bankia van a ser ejecutivos o miembros de la alta dirección, pero no del consejo de administración de Bankia y la remuneración será para Bankia. Pero va a hacer rechinar a muchos de los voluntariosos consejeros que recibían en algunos casos suculentas remuneraciones.
El problema mayor reside en la representación en los consejos de administración de las grandes empresas participadas. Goirigolzarri repartirá responsabilidades entre la gente de su confianza del equipo ejecutivo, en el que ha sido bastante respetuoso con gente que estaba en el equipo anterior. En ese sentido, se espera la salida de Rodrigo Rato del consejo de Iberia, aunque lo más probable es que sea después de la junta general de accionistas para evitar cuestiones administrativas.
Aparte de Iberia, las otras dos empresas que forman el podio de participadas del grupo son Iberdrola y Mapfre. En Iberdrola, cuya participación proviene de Bancaja, ha habido un baile de consejeros: tras el abandono de José Luis Olivas (expresidente de Bancaja y exvicepresidente de Bankia) entró en el consejo Francisco Pons, que también ocupó la vicepresidencia de Bankia de la que ha dimitido renunciando a cobrar cualquier remuneración. Lo normal es que Pons se vaya. No se sabe quién será su susituto, aunque es seguro que Ignacio Sánchez Galán, presidente de la eléctrica, querrá que sea uno de los pesos pesados de la nueva cúpula. Bankia es el tercer accionista de Iberdrola, con cerca del 6%, y Galán siempre la ha mimado.
En cuanto a Mapfre, le gusta mucho a Goirigolzarri. El consejo de la aseguradora, aceptó recientemente la renuncia de Rato, poco después de que dimitiera de sus cargos como presidente ejecutivo de Bankia y de su matriz, Banco Financiero y de Ahorros (BFA). En este caso, dado que la única in versión considerada estratégica de Bankia es Mapfre, lo lógico es pensar que se produzca una excepción la regla citada y que sea el propio Goirigolzarri quien ocupe el puesto, lo que además consolidaría la confianza entre las dos entidades y la vocación de permanencia de la nueva Bankia.
Las otras participadas importantes son NH Hoteles, Realia, Indra, el grupo SOS, donde un pacto de accionistas colocó recientemente a Óscar Fanjul al frente, y el Banco de Valencia, que está en proceso de subasta por parte del Banco de España. No obstante, todo está por ver y por definir. Hay que esperar, precisamente, a la política de participadas que trace el equipo de Goirigolzarri y en el que tendrán mucho que decir las autoridades reguladoras.
En materia de participadas, Goirigolzarri mantiene la política que bebió en su etapa del BBVA, entidad en la que fue consejero delegado y donde los consejeros en participadas no eran ni son precisamente los que ocupaban los puestos de responsabilidad en la matriz. El BBVA también decidió, en su etapa, desprenderse de la mayor parte de sus participaciones después de haber sido uno de los bancos más industriales.
En cuanto a la fusión informártica, cuando se decidió la fusión, se acordó que el sistema informático que se utilizaría sería el de Caja Madrid, puesto que era la más grande de las cajas. El otoño pasado se comenzó con Caja Ávila, la más pequeña, para probar. Luego llegó el turno a Bancaja y se completó con éxito. Pero el prceso no ha terminado y, por eso, Goirigolzarri ha encargado a los técnicos que aceleren el proceso para que las otras (Rioja, Segovia, Canarias y Laietana) y, sobre todo, sus clientes puedan beneficiarse de las ventajas que supone tener un mismo sistema. Está previsto completarlo a lo largo del año. La integración tecnológica es el más complejo de todos los pasos de la fusión, ya que supone traspasar el dinero de todos los clientes.