Dice el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, que no habla de las condiciones del rescate porque no hay rescate. Montoro negó, en una interpelación socialista en el Congreso de los Diputados, que se vaya a necesitar ningún rescate "mientras el Gobierno mantenga el pulso de las reformas" y rechazó que el préstamo de hasta 100.000 millones de euros que aprobó el Eurogrupo el pasado 9 de junio para recapitalizar la banca sea tal cosa. En parecidos términos se han expresado responsables de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), cercana al PP, para la que "hablar de rescate ni es necesario ni realista", en palabras de su director, Javier Zarzalejos.
Las órdenes de partido para negar cualquier posibilidad de rescate, por muy evidente que sea, parecen claras. Y sobre todo, después de que en medios británicos hablaran de un rescate por valor de 750.000 millones de euros para España e Italia al alimón y de que el primer ministro italiano, Mario Monti, compañero de fatigas, propusiera que el Fondo Europeo de Rescate compre bonos soberanos de los países en crisis.
A Mariano Rajoy le temblaron las piernas. El presidente español dejó la cumbre del G-20 en la localidad de Los Cabos (México) atosigado por esa idea tras pasar dos días codeándose con los grandes líderes mundiales. Va a tener razón la portavoz socialista, Soraya Rodríguez, quien subrayó que, como un rescate es lo que cualquier Gobierno quiere evitar, "el presidente Rajoy, arrastrado por la presión mediática, compareció y mintió a todos los españoles, haciendo un daño sin precedentes a la credibilidad de su Gobierno, a la de España y a su propia capacidad como gobernante al presentar el rescate como un éxito, un préstamo sin condiciones para el Estado español y conseguido gracias a sus presiones a las autoridades europeas”.
Así están las cosas. Unos atacan. Otros lo niegan. La confusión se ha adueñado de los ciudadanos. Rajoy, que en efecto sacó todo el pecho que pudo el pasado día 10 de junio, un día después de que el Eurogrupo acordarse el citado préstamo que él no llama rescate y poco antes de volar a la bonita ciudad de Gdansk (Polonia) para ver el España-Italia, se ve obligado 10 días después a esconder sus propias palabras. El rescate que era bueno, ya no lo parece tanto; la prima de riesgo sigue dando sustos y no hay quien calme los mercados por mucho que Barack Obama repita que cualquier problema de Madrid es como si lo tuviera Pittsburgh o Milwaukee.
Todo es un desbarajuste, mientras se está a la espera de que las consultoras Roland Berger y Oliver Wyman desvelen los resultados de sus auditorías y se sepa cuál es la cantidad que, a su juicio, necesita la banca española. El FMI lo cuantificó en 40.000 millones y se estimaba que estas consultoras lo iban a cifrar en 60.000 millones y el Eurogrupo la subió a 100.000. Ahora, al menos en algunas partes del poder, se asegura que se necesitan más. Posiblemente sea verdad que esto no es un rescate: parece más bien un secuestro.