La entrada de competidores, la asimetría con el resto del mundo y una coyuntura deprimida obliga a los grandos grupos europeos a plantear la reordenación del sector
La reciente entrada del grupo del magnate Carlos Slim, América Móvil, en la holandesa KPN (28%) y en Austria Telekom (23%) ha encendido el piloto en el sector de telecomunicaciones europeo. Puede representar un cambio de las reglas del juego y el comienzo de la reordenación del sector en la Unión Europea. Las empresas empiezan a hablar de concentraciones. De grandes concentraciones. Posiblemente, los apuntes dados la semana pasada por la vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaria de la Agenda Digital, Neelie Kroes, sobre la necesidad de primar la fortaleza y sostenibilidad de las grandes operadoras por encima de una diseminación que debilitaría el sector, refuerza esa posibilidad.
Es un proceso que se considera lógico. Mientras que en Estados Unidos media docena de operadoras dominan el mercado y en Latinoamérica menos (una de ellas, la propia Telefónica), en Europa las compañías que se reparten con mayor o menor grado los mercados locales, regionales o nacionales superan con creces la centena. Esta diferencia no es ajena a la regulación europea que, en aras a la competencia, siempre ha favorecido la diseminación. Pero, al mismo tiempo, ha debilitado a las compañías frente a los competidores no europeos.
Esa particularidad llevó a César Alierta, presidente de Telefónica, a alertar a Kroes y otras autoridades europeas. “Lo único que puede traer consigo es la invitación a las grandes empresas de otros continentes a merendarse Europa”, insistió. Parece que esa profecía ha tomado carta de naturaleza con la doble operación de América Móvil y, precisamente, en el país de la comisaria, donde fue ministra de Telecomunicaciones. Se da la circunstancia adicional de que la estadounidense ATT posee el 24% del grupo de Slim, lo que amplifica la repercusión.
La amenaza de terceros, la citada asimetría de Europa con el resto del mundo, una coyuntura deprimida y larga y una inversión escasa, obliga a replantearse la situación. De hecho, las últimas operaciones importantes del sector europeo (alianzas de France Télécom y Deustche Telekom para operar juntas en el Reino Unido y de Telefónica y Vodafone para compartir redes) parecen responder a la necesidad de hacer frente a una situación que muchos consideran insostenible. Y abren perspectivas para aventurar operaciones de más calado.
La radiografía del sector europeo muestra una operadora global y bien colocada en el mundo, Telefónica. Arrastra un volumen alto de deuda (ratio deuda/fondos propios), pero que tiene mejor magnitud que ninguna otra, con una fuerte presencia en Latinoamérica, Reino Unido y la República Checa y cuenta con el 10% de Telecom Italia, además de su participación en China Unicom.
La italiana pasó una fase de agobio que supuso la salida de Marco Tronchetti. Ahora parece haberse enderezado con el paso por la presidencia de Gabriele Galateri di Genola y, en la actualidad, de Franco Bernabè, aunque arrastre problemas de estructura y deuda. Deustche Telekom (DT) y France Télécom (FT), por su parte, tienen que aclarar el futuro de la participación estatal y los excedentes de plantilla que, según los expertos del sector, son una rémora.
Dicho esto aparecen todo tipo de conjeturas. DT y FT pueden ampliar su alianza a la luz de su acuerdo en Reino Unido. Resultaría una compañía muy grande,aunque con volumen suficiente como para diluir los problemas particulares. Por otro lado, tendría que aclararse el significado de la alianza italoespañola. No parece excesivamente probable que la mezcla de la presencia global de Telefónica y la personalidad peculiar de Telecom Italia pueda dar muchos resultados a corto, pero ahí está el 10% que la firma española posee en la italiana.
Por otro lado está Vodafone. Mientras las citadas son compañías integradas (móvil y fijo), la firma británica solo es móvil. El hecho de que le falte una integración puede determinar su futuro. ¿Qué va a hacer sin redes fijas? Su diversificación geográfica, además, dificulta cualquier operación por la concentración de negocio que supondría una alianza con una de las operadoras citadas; por lo que tendría que mirar más a Estados Unidos.
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