Este miércoles toca junta directiva ordinaria de la CEOE y, en ella, la segunda parte del estudio de los nuevos estatutos de la organización, que en la junta extraordinaria del pasado jueves quedaron pendientes. Entonces se dio pase al Código Ético. Ahora toca completarlo con estos estatutos y someterlo a la aprobación definitiva de la asamblea general el 19 de junio.
Juan Rosell trata de dar el paso necesario para modernizar la patronal. Al menos, eso es lo que viene predicando desde que tomó el poder en diciembre de 2010 tras la abrupta salida de Gerardo Díaz Ferrán. El argumento esgrimido por Rosell de acabar con costumbres enquistadas que permitieron que DF se escudara en el aparato para mantener una especie de inmunidad justifica el proceso de cambio. "Estamos en la casa de los empresarios, donde parece que muchas veces vale todo; ha habido muchos excesos y debemos apostar por ser más rigurosos", dijo el jueves tras aporbar el Código Ético en clara referencia a asuntos recientes como el de Díaz Ferrán o el de Arturo Fernández, al que se ha investigado por una acusación de pagos irregulares.
El Código Ético aprobado el jueves trata de evitar, precisamente, casos de corrupción y sobornos. En ese sentido, "la CEOE se declara contraria a influir sobre la voluntad de personas ajenas a la organización para obtener algún beneficio mediante prácticas no éticas". Además, "los directivos o afiliados deberán actuar conforme a las leyes y, en ningún caso, podrán recurrir a aceptar ni tolerar sobornos de, o hacia, terceros" y prohíbe expresamente "realizar u ofrecer, de forma directa o indirecta, ningún pago en metálico, en especie o cualquier otro beneficio, a cualquier persona al servicio de cualquier entidad, pública o privada, partido político o candidato a cargo público, con la intención de obtener o mantener, ilícitamente, negocios u otras ventajas".
El objetivo de Rosell es que los empresarios, condenen cualquier práctica irregular y, para ello, ha impuesto controles internos para la buena gobernanza y transparencia. De su vigilancia se encargará la Comisión de Régimen Interno, un organo al que Rosell le ha dado mucho poder. En ese sentido, el nuevo código establece que la junta directiva pueda apartar de sus cargos, por mayoría, a los empresarios inmersos en algún procedimiento penal. También pone límites a la realización de declaraciones públicas. El código dice que se deberá contar con “la autorización necesaria para intervenir en nombre de la CEOE ante los medios de comunicación, participar en jornadas profesionales o seminarios, y en cualquier otro estamento que pueda tener una difusión pública siempre que aparezcan como empleados, cargos directivos o afiliados”.
Sin embargo, no ha encontrado precisamente un camino allanado para todas las medidas que ha barajado y propuesto. Sí han aceptado limitar en dos periodos de cuatro años los mandatos del presidente, que podrá ser sometido a una moción de censura si lo pide el 25% de la asamblea. En este punto no parece que haya controversia, que sí la hay en la intención de incorporar a empresas, con voz pero sin voto, o reducir el número de vocalías de la junta directiva. Rosell también quiere contar con una comisión permanente asesora, con personas externas en su mayoría.
Pero se quedan fuera algunas propuestas adelantadas como la reducción del número de miembros de la junta —en la actualidad 220— por la resistencia de organizaciones, que también se han opuesto a fijar en el 25% la representación femenina (ahora hay solo 10), porque eso implicaría nombrar mujeres en las presidencias de muchas organziacionesterritoriales y sectoriales. Sí se recortará el comité ejecutivo, pasando de los 48 actuales (38 vocales, nueves vicepresidentes y el presidente), aunque no será la mitad como era el objetivo inicial. También se quiere instaurar la moción de censura contra el presidente a instancia del 25% de la asamblea con voto secreto, la destitución por votación al presidente si es imputado.
Otros de los cambios que propugna, y que ha tenido constestación, es la limitación a dos mandatos para vocales y cargos directivos. Asimismo, tampoco guistaba la intención inicial era que si las empresas de un dirigente entran en concurso de acreedores tenga que retirarse hasta solventar la situación.