40 Aniversario

Verdades estadísticas

Blog de Javier Sampedro

Sobre el blog

Es sabido que hay verdades, medias verdades y verdades estadísticas. Mientras los candidatos discuten sobre las dos primeras categorías –como es de rigor en cualquier campaña electoral-, este blog irá discutiendo la tercera: el lugar donde las mujeres son más jóvenes al tener el primer hijo, la ciudad con el mayor índice de inmovilismo, la sociedad más rural, la provincia con los hogares más inhabitables…

Autores

Javier Sampedro nació en Madrid en 1960. Entre 1983 y 1993 se dedicó profesionalmente a la investigación genética, primero en Madrid y después en Cambridge. Desde 1995 es redactor de El País, donde actualmente escribe sobre sanidad, ciencia y tecnología. Asegura ser un dibujante con aptitudes (y sin paciencia) y un guitarrista de jazz solvente (aunque sin audiencia), pero ninguna de las dos cosas ha podido ser contrastada.

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27 mayo, 2007 - 21:06 - EL PAÍS

Abiertos a interpretaciones

Simplemente indicarles (como dicen los telefonistas) que tenemos abierto este quiosco-blog (qu-blog) para lo que tengan ustedes a bien comentar sobre los resultados electorales, a ser posible en sus ángulos estadísticos, pero a ver quién pone puertas a ese campo.

>(podéis ir siguiendo los resultados en tiempo cuasi-real en http://www.elpais.com/comunes/2007/elecciones/)

26 mayo, 2007 - 02:29 - EL PAÍS

Si no sabe, conteste

No pensará usted quedarse mañana en casa, ¿no? Ah, que usted ya sabe que estas elecciones no valen para nada porque no son más que una guerra mercadotécnica entre media docena de gabinetes de propaganda manipuladora. Pero qué listo es usted. También sabrá entonces el extremo hasta el que son irrelevantes los resultados del domingo para los problemas del mundo real, esos asuntillos menores como la salud, la enfermedad y la imposibilidad de comprar un piso con ese sueldo y ese Euribor que le han puesto los otros, los que no se presentan pero todo lo impregnan de colusiones de interés, comisiones de obra, coeficientes de caja, usted ya sabe.

Por supuesto que a usted le preocupa su vida y la de su gente, pero usted ya sabe que los políticos son todos iguales, a usted se la van a dar, como iguales son sus hueros discursos sobre las esencias de la patria y la extinción del cosmos. Muy bien. ¿Y qué más sabe usted?

Si vive en Madrid ya sabrá que no está solo, porque su comunidad consiguió en 2003 el mayor índice de abstención de toda la península Ibérica (36%). ¿Para qué votar si Madrid ya ostenta todos los récords que se miden en euros por metro cuadrado? ¿Para qué en Melilla (40%), si usted ya sabe que todas esas ruinas estadísticas no son sino fruto de la fatalidad, y que ningún político las va a arreglar jamás ni así se ponga a ello?

Y por supuesto que ni se le ocurra ir a votar en las islas, pero vamos ni en las Baleares (37%) ni en las Canarias (34%), a ver si van a cambiar las cosas, con lo bien que van allí de toda la vida, y aquello luego no va a haber forma de distinguirlo de esa basura de Península, puro garrafón. Usted no contesta con su voto porque ya sabe todo eso.

Pero si no sabe, conteste. Su voto en estas elecciones no va a cambiar el mundo ni a precipitar su final, pero sí le permitirá pedir cuentas en las urnas del futuro, cuando los ciudadanos hayamos aprendido -como ya aprendieron nuestros manipuladores- a fiarnos menos del brillo hechicero de las estrellas que de las grises verdades estadísticas que insisten en eclipsarlo.

25 mayo, 2007 - 00:27 - EL PAÍS

Retales, pares sueltos y prendas defectuosas

No todas las estadísticas son para sacar punta a las cosas. Por ejemplo, en España hay 1.607 espacios escénicos y 155.529 espacios deportivos. ¿Qué punta se le puede sacar a eso? ¿De qué se ríen? Haciendo un par de cuentas, lo primero da una butaca de patio -o escaño de gallinero- por cada 50 almas, y lo segundo sale a menos de un plinton por cada 250 cuerpos. El que no va al teatro es porque no quiere, desde luego, porque es cinco veces más fácil quedarse sin saltar al plinton que sin entrar al palco. Y encima vuelan las jabalinas, en algunos casos.

Las estadísticas del servicio de estudios de La Caixa (2004) computan 155.529 instalaciones deportivas en toda España, de las que 29.335 están en Cataluña, 22.026 en Andalucía y 15.328 en Madrid. Pero éstas son comunidades muy populosas. Afinando a la provincia y dividiendo canchas por personas obtenemos un palmarés insólito: Baleares, con 9,2 espacios deportivos por cada 1.000 habitantes; Guadalajara y Girona, con 8,1 por barba (y ya sé que eso parece de Espronceda o de su robot) y Soria con 7,8.

En casos de este tipo, los indicadores relativos (como "canchas por habitante") pueden resultar muy engañosos. La provincia de Barcelona tiene 18.910 espacios deportivos. Soria tiene 709 -la que menos de toda España, de hecho-, y encima repartidos por una superficie que casi triplica a la barcelonesa (272 frente a 100 kilómetros cuadrados). Lo que ocurre es que tan escasos espacios deportivos partidos por la aún más rala población soriana (37.000 habitantes) puede dar cualquier cosa: un típico punto descarrilado que más vale mirar de reojo.

Curiosamente -y para acabar de arruinar el sacapuntas estadístico aludido en el primer párrafo-, la comunidad más deportista es también la más teatrera. De los 1.607 espacios escénicos españoles, Cataluña alberga nada menos que 493, casi un tercio. (Estas cifras incluyen los "lugares utilizados habitualmente para exhibición de espectáculos, como teatros, auditorios y centros culturales"). Por mucho que uno quiera magrear y relativizar el récord, lo cierto es que ese absoluto y orondo 493 dice más en este caso que 100 tantos por mil. Y el segundo y tercer clasificados no hacen la menor sombra al líder: Andalucía (175) y Madrid (170).

Preguntaba ayer mi corresponsal Caracola: "¿Es Sevilla también una isla para el mar de las Andalucías?". Como Valladolid y Zaragoza lo son para los mares del norte, entiéndase.

Y la verdad es que no, o no mucho. Sevilla exhibe unos indicadores sociales muy similares a los del resto de Andalucía occidental, tanto en dinámica poblacional como en índice de renta, audiencia de diarios, sedentarismo y obesidad. Sevilla, le decía yo a Caracola, es el centro de gravedad de la gran base adiposa del tentetieso peninsular, que larga va de Cádiz a Toledo y ancha viene de Albacete a Badajoz. Sí que se distingue un poco en servicios sanitarios y nivel educativo, pero la distinción más llamativa es ¡el tabaquismo!, donde Sevilla sí que dibuja una gran isla nicotínica en un mar de (relativa) sensatez.

24 mayo, 2007 - 00:42 - EL PAÍS

Dos islas en el mar del tiempo

Hay quien dice que admito pocas peticiones del oyente, pues de eso nada que el oyente se llama Gooseboy (el niñato ganso, en la jerga) y pidió anteayer esta canción:

"Salen a menudo en los extremos de las estadísticas provincias del interior despobladas como Teruel, Cuenca o Soria. ¿Qué pasa con las capitales interiores más potentes como Valladolid o Zaragoza? ¿Respiran por algún lado, o el contraste entre la pujanza de su capital y el sopor de su medio rural hace que siempre se sitúen en la media?". Ya suena, ya suena para ti la melodía de Gooseboy, ¡sube ese volumen, Jeremy!.

Como sospecha Gooseboy, Zaragoza y Valladolid afloran en las estadísticas regionales como islas en el mar del tiempo, aunque ni las dos islas ni los dos mares son totalmente equiparables. Zaragoza, con 650.000 habitantes, es una de las seis grandes ciudades españolas (si aplicamos ese término a las que superan el medio millón), mayor que Málaga y no mucho menor que Valencia y Sevilla.

Valladolid en cambio no llega a media Zaragoza con sus 320.000 ciudadanos (por detrás de Murcia, Las Palmas, Palma, Bilbao, Córdoba y Alicante). Pero también es cierto que el mar que la baña es Castilla y León, que puntúa por debajo de Aragón en casi cualquier indicador del desarrollo socioeconómico que se considere, desde la renta hasta el equipamiento del hogar sin olvidar los servicios sanitarios. En la singular geografía de lo social una isla no es lo contrario del mar, sino su ideograma o su escaparate.

La mayoría de los "indicadores provinciales de bienestar social" (tomados de Anuario Social de 2004 de La Caixa) perfilan la vitalidad de estos dos grandes núcleos sobre el fondo apacible de sus aledaños autonómicos. Uno de los más representativos es el porcentaje de hogares con acceso a Internet, que dibuja una limpia pendiente en Castilla y León: Salamanca, Soria, Zamora y León (10%), Ávila (11%), Palencia (12%), Burgos (15%), Segovia (17%) y naturalmente Valladolid (23%).

Si les llama la atención esa desconexión salmantina, recuerden que ésta es la provincia con más pueblos de toda España -tiene 352- y que Salamanca capital es sólo la 39ª ciudad española, con 160.000 habitantes: menos de la mitad de las 350.000 personas de la provincia, que por cierto es la 38ª del país, en casi exacta correspondencia con el peso de su capital. Otra manifestación del efecto isla-ideograma que vimos antes.

Las dos vecinas autonómicas de Zaragoza, sin embargo, no pueden ser más distintas entre sí. Una es Teruel, que ya está en la mente estadística de todos -incluido algún inaugurador de piedra en descampado-, y la otra es Huesca, que en realidad supera a Zaragoza en más de un indicador. Vean por ejemplo el mismo porcentaje de conexiones a Internet: Teruel (9%), Zaragoza (17%) y Huesca (22%).

Efectos similares se aprecian con los índices de salud, sanidad, educación, ocio, vivienda y equipamiento del hogar. Uno de los efectos-isla más acusados es el de la población con estudios superiores, seguramente debido a las universidades de Valladolid y Zaragoza. ¿Y saben qué indicador es la excepción, con niveles superiores en el mar que en las islas? La renta.

Tanto estudiar para eso.

23 mayo, 2007 - 03:17 - EL PAÍS

Hay un método en su locura

La ministra Elena Salgado presentó el pasado marzo una Estrategia en salud mental del Sistema Nacional de Salud acordada con todas las comunidades autónomas, en un raro ejercicio unánime de racionalidad científica. La psiquiatría española ha pasado del furgón del subdesarrollo a la primera clase internacional en sólo un cuarto de siglo, pero ésa es una medicina que sólo se ocupa del 1% de la población: el que padece esquizofrenia o trastorno bipolar, las dos enfermedades mentales clasificadas como "graves" por los organismos internacionales, y las únicas que tradicionalmente se han considerado merecedoras de una consulta.

Pero ese porcentaje de población sube al 10% en cualquier país occidental si se añaden al cómputo la depresión, la ansiedad, las fobias y otros trastornos que casi nunca llegan al especialista; por tanto, se quedan sin diagnosticar y sin tratar. Siendo un problema que afecta a cuatro millones de personas en España, parece obvio que sólo se podrá gestionar en atención primaria, y ése es el principal objetivo del nuevo plan.

El porcentaje de la mortalidad total que se debe a las enfermedades mentales exhibe notables oscilaciones geográficas, con los dos extremos de la distribución separados por un factor de seis veces. Y la provincia de los mil récords -conexiones a Internet, casillas aconfesionales del IRPF, pisos peninsulares de alquiler, audiencias cinematográficas- también lo es en esto: la mortalidad barcelonesa por enfermedad mental alcanza el 5,6%.

Alguno ya estará pensando en la tramontana, "el viento de más allá de las montañas" que hostiga esporádicamente la costa catalana, pero lo cierto es que ni Tarragona ni Girona (con un 4,0% por barba) alcanzan esas cotas censuales de mortalidad mental, ni mucho menos las Islas Baleares (3,2%), que también reciben de vez en cuando la caricia del célebre ventarrón del norte.

Las que siguen a Barcelona en ese indicador no son sus compañeras de tramontana, sino Álava (5,0%) y Soria (4,6%). Y su récord absoluto tampoco es deudor de su condición de gran ciudad, puesto que Madrid no pasa de un parco 2,9%. Hay un método en la locura de Barcelona, pero no sabemos cuál es. ¿Alguna idea?

La cordura brilla por su lado y sin impedimentos en las soleadas y dispares Sevilla (1,4%), Cáceres (1,3%) y Badajoz (0,9%).

Pese a la cateta tradición local de los chistecillos del diván, los trastornos mentales son cualquier cosa menos una broma: cuestan en España más de 3.000 millones de euros al año, según estima Sanidad, entre fármacos, gastos de hospitalización, pérdida de horas de trabajo, pensiones de invalidez y muertes prematuras, y suponen para toda Europa una carga de enfermedad mayor que el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, que sin embargo son las dos grandes causas de muerte en todos los países desarrollados -en España, el 27% de la población muere de cáncer y el 35% de infartos, trombosis y demás crisis cardiovasculares-.

A continuación, nuestro muy querido espacio A ti te encontré en un Blog, hoy con Conistorsis el onubense: "En el fútbol, las masas formamos parte del espectáculo. Seguro que si pusieran cámaras para grabar cómo bostezamos iríamos más al cine".

Capaz que sí.

22 mayo, 2007 - 00:46 - EL PAÍS

La reserva de Occidente no sabe, no contesta

No es necesario enumerar las posibles razones para romper un matrimonio -ni siquiera es posible, probablemente, en el espacio de esta columna-, pero las razones para no hacerlo sí podrían caber en este párrafo: la felicidad conyugal (se han dado casos), el conservadurismo religioso (no ya el otro, como saben) y la pura y simple dejadez biográfica, ¿no es cierto? Ay, amigos, los datos no se avienen.

La tasa provincial de rupturas matrimoniales -tomada del Anuario Social de España 2004 de La Caixa-, definida como porcentaje de separaciones respecto al total de matrimonios existentes, alcanza el clímax en provincias tan felices y misericordiosas como Santa Cruz de Tenerife (8,2 por 1.000), Girona (7,1) y Barcelona (6,8). Y las que no se separan ni haciendo palanca son nuestras viejas conocidas, Ávila (2,6), Teruel (2,1) y Cuenca (1,7), epítomes del absentismo cinematográfico, la inexistencia pertinaz y la parva lectura, respectivamente.

Quien recuerde la cantidad de tonterías que se han dicho en este país sobre el divorcio -aquello iba a ser la antesala de la degeneración moral de Occidente, o al menos de la reserva espiritual de Occidente- estará en su perfecto derecho de partirse de risa ante esas cifras. Quizá disolver mucho el santo lazo matrimonial no sea tanto como un signo del progreso de una sociedad, pero disolverlo poco sí que parece serlo de su rezagamiento.

Los datos no consisten en meras fluctuaciones provinciales, porque el gran cuadro autonómico es bastante coherente con ellas. Las mayores tasas de separación y divorcio asoman de forma consistente (de mayor a menor) en Cataluña, la Comunidad Valenciana y los dos archipiélagos, y las menores en Extremadura y las dos Castillas.

Y la reserva espiritual de Occidente, pese a todo ello, sigue ganando a los puntos. Hay más casados (47% de la "población que reside en viviendas familiares") que solteros (43%), y desde luego muchos más que separados y divorciados (3%). Eso suma 93%, ¿dónde anda el resto del personal? Pues anda agazapado bajo los epígrafes de la viudedad (casi el 7%) y de la 'no constancia' (el susodicho casi).

En cuanto a la actividad casamentera, en parte alguna es tan diligente como en Andalucía, Madrid y la Comunidad Valenciana (todos por encima de los 53 matrimonios por cada 10.000 habitantes), ni tan reposada como en Canarias, Castilla y León y Galicia (todos por debajo de los 41).

El doblete canario es interesante: las islas no sólo parecen imprimir un empuje rupturista a las parejas residentes, sino también refrenar su inclinación nupcial. Por algo será (y no por lo mismo que en Girona, donde según chascarrillo recabado de un observador barcelonés "ayuntar no es un pecado: es un milagro"). Por lo demás, el bodorrio religioso prima en el sur peninsular, el civil en Cataluña y -una vez más- los dos archipiélagos. Tal vez la reserva espiritual de Occidente se haya empezado a agotar en las islas, después de todo.

El prestigioso premio A ti te encontré en un Blog, que se viene concediendo cada martes 22 de mayo desde 2007, recae hoy en una serie de eruditas consideraciones de mis corresponsales:

- Como decía Castelao, eu bebo para afogar as penas, pero as condenadas aboian (Babel, desde Galicia).

- Ya es un milagro que haya vida en Galicia, coñe: se ceban sobre nos todos los males sociales, las debilidades corpóreas y todos los vicios del espíritu, incluido el que impulsó a los nativos a votar a Fraga durante 16 años (Divine, desde -¿lo adivinan?- Galicia).

21 mayo, 2007 - 01:30 - EL PAÍS

¿En qué gasta un gallego lo que ahorra en tabaco?

¿Por qué fuman tanto los vascos y tan poco los gallegos? Pues por qué va a ser: porque tienen más pelas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT), que agrupa a 40 sociedades científicas y sanitarias españolas, saben muy bien que encarecer el tabaco es la medida más eficaz para reducir su consumo. Para las economías similares a la española, la OMS calcula que una subida media del 10% en el precio de las cajetillas reduce un 4% el tabaquismo de los paganos.

Ésa es la razón de que la fiebre de las marcas baratas -o genéricos del cigarrillo- acaecida durante 2005 amenazara con dinamitar preventivamente la Ley de Medidas Sanitarias contra el Tabaquismo, que estaba entonces a punto de entrar en vigor (lo hizo en enero de 2006). No hay prohibición explícita, amonestación implícita ni luctuosa etiqueta que desaliente tanto como un importe de dos guarismos: pongan a 10 euros la labor de 20 pitillos y verán cómo deja de fumar hasta Carrillo (con perdón por la hipérbole: me he dejado llevar por la retórica).

Naturalmente, y aunque no lo diga la OMS, hay una medida exactamente igual de eficaz que subirle el tabaco a la peña: bajarle el sueldo a la peña. De ahí este nuevo tipo de excepción gallega que nos ocupa ahora. Porque no se habrán pensado ustedes que los gallegos fuman poco porque están más ansiosos sobre su salud que la media de las Españas, ¿no? Verán ahora mismo que no.

Trate de imaginarse a un bebedor español quintaesencial y pintoresco, a ver qué le sale. ¿Le sale un bilbaíno en plena ronda matinal de zuritos? ¿Un leonés de alta montaña trasegándose las calorías que le niega la brisa serrana? ¿Un sevillano hirviendo en manzanilla entre dos casetas de feria? Pues nada de eso, amigos.

El índice español de consumo de alcohol, medido como porcentaje de la población que pone en riesgo su salud por esta causa (lo que no incluye a los consumidores moderados) es máximo en Ourense (19,9%), Lugo (18,8%), Pontevedra y Palencia (17,6%). Ya ven en lo que parece gastarse la gente la plata que se ahorra en hebras, pitos y picaduras. Los más parcos en darle al elixir forman, a diferencia de los gallegos, un colectivo francamente desperdigado: Almería (4,7%), Segovia (4,6%) y Las Palmas (3,1%).

Sobre la sociología financiera del tabaco, tienen un gran interés las consideraciones publicadas en este diario por el economista de la salud Ángel López Nicolás, de las universidades Pompeu Fabra y Politécnica de Cartagena: "Según el estudio reciente más riguroso (The Price of Smoking, MIT Press, 2004), cuando un individuo típico de 24 años decide empezar a fumar, genera un coste a lo largo de su vida equivalente a una hipoteca de 143.000 euros. De esa hipoteca, el fumador paga 118.000 euros. No sólo por lo que gasta en cigarrillos (11.000 euros), sino también por años de vida perdidos, años de vida con limitaciones de salud, pérdida de ingresos laborales, gastos médicos y, muy importante, un balance negativo entre contribuciones y prestaciones a la Seguridad Social, planes de pensiones y seguros de vida".

Y el doctor House acapara hoy nuestra celebrada sección fija A ti te encontré en un blog: "Hugh Laurie", nos informa el corresponsal Tostadora, "es licenciado en antropología y arqueología, escritor más que decente, compositor, buen pianista, guitarrista y remero en la Universidad de Cambridge".

Si es que siempre fuimos mejores que los de Oxford, pese a lo que digan las estadísticas.

20 mayo, 2007 - 02:03 - EL PAÍS

La paradoja vizcaína era esto

Veíamos ayer que el "índice de vejez" de Valencia o Alicante es muy similar al de Madrid. ¿Por qué entonces la Comunidad Valenciana se pone púa de medicamentos (204,9 euros por habitante y año) mientras que Madrid parece tenerles alergia (129,2 euros)? ¿Eh?

"Los guiris no están empadronados, y para unas estadísticas cuentan y para otras no", propone Suriñach (http://blogs.elpais.com/javier_sampedro/). Y mi corresponsal estadístico Eduardo le da la razón: "Como bien dices, algunos extranjeros no estan empadronados, pero su consumo farmacéutico sí puede estar incluido en esas cifras. Hacen crecer el gasto per cápita porque debido a su edad necesitan muchos medicamentos, pero sólo suman en el numerador, y no en el denominador". Venga, pues vamos a ver qué tal funciona esta elegante explicación.

La población extranjera en la Comunidad Valenciana (8,6%) es en realidad menor que en Madrid (9,9%) y desde luego que en las Islas Baleares (13,0%). Pero ya Eduardo nos había prevenido de que "estamos hablando de extranjeros añosos, no de los marroquíes o latinoamericanos jóvenes típicos de Madrid o Barcelona". Y es cierto que sólo el 26,2% de los extranjeros de Madrid provienen de la UE, mientras que la cifra alcanza el 48,9% en la Comunidad Valenciana. Haciendo la cuenta, el 4,2% de los valencianos son de otros países de la UE, por sólo el 2,6% de los madrileños. Bien por mis corresponsales.

Pero hay nubes bajo el sol radiante, porque en ese terreno no hay quien gane a las Islas Baleares (8,4% de extranjeros de la UE) ni a la provincia de Málaga (7,5%), donde el consumo de fármacos se queda en unos escuetos 163,5 euros por habitante y año, por debajo incluso de Huelva (182,1%, dicho sea en honor de mi corresponsal Conistorsis el onubense).

Luzazul nos aporta otra idea: "¿Cómo está el consumo de tabaco por estos pagos?". Pues el plusmarquista absoluto es Vizcaya con un 34,1% de "población de riesgo para la salud" por causa del tabaco. Pero el segundo sí es Alicante (32,2%, por delante del 31,8% de Cantabria y Navarra). No está mal, aunque tampoco demasiado bien, porque dentro de la Comunidad Valenciana el gasto en fármacos es mucho más alto en Castellón que en Alicante. A fumar poco no hay quien gane a los gallegos: A Coruña (21,8%), Ourense (20,6%) y Lugo (20,4%).

Tal vez hayan oído ustedes que fumar es malo para la salud. Vizcaya padece, en efecto, el segundo mayor índice de mortalidad por cáncer (30,8%), por delante de Burgos y Pontevedra (29,8%) y sólo por detrás de Álava (31,6%).

Sin embargo, la principal fuente de mortalidad relacionada con el tabaco no es el cáncer de pulmón, sino la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC, antes conocida como enfisema), y aquí surge una paradoja.

Vizcaya tiene una de las tasas de mortalidad por dolencias del sistema respiratorio (excluyendo el cáncer de pulmón) más bajas de todo el país (8,6%), empatada con Sevilla y sólo por delante de Segovia (8,4%) y de Melilla (6,8%). Y el récord aquí corresponde a Cáceres (12,9%), de mediocre tabaquismo (27,2%).

La mortalidad vizcaína por infartos y demás crisis cardiovasculares también es del montón (32,5%). En este capítulo no hay rival para Sevilla (41,3%), Castellón (39,1%) y -preste atención mi corresponsal Conistorsis- Huelva, con un aventajado 38,5%. La paradoja vizcaína era esto, amigos míos.

19 mayo, 2007 - 00:16 - EL PAÍS

Del doctor Fleming al doctor House

Lo primero que haría el detective Carvalho tras colarse por la claraboya en la buhardilla de Joe Zutano, un sospechoso de algo gordo, sería echar un buen vistazo a la estantería de su salita. ¿Ha leído Zutano La saga / fuga de JB, Tiempo de silencio o El Jarama? ¿y Los mares del sur, por cierto? ¿O no ha leído nada y la estantería no tiene más que polvo y un par de jarritas de las casas colgadas, y es increíble que no pase un día sin que citemos a Cuenca? O peor aún, ¿ha leído varias veces Al tercer día resucitó? Carvalho obtendrá así detalles muy serviciales sobre el temperamento del insidioso Zutano, o al menos obtendrá algo de combustible para su chimenea voraz, de vuelta a Vallvidriera.

Pero lo segundo que haría el detective sería mirar el botiquín del cuarto de baño. Si allí no hay más que un peine olvidado y un par de desenfrioles sueltos de caducidad dudosa, será que Zutano está hecho un chaval. Y despeinado. Muy distinta clase de sospechoso será Joe si el cajón está a reventar de antidepresivos, omeprazoles, estatinas y el nomenclátor de todos los antibióticos conocidos desde el doctor Fleming hasta House.

Pues el botiquín estadístico de las Españas nos dice lo siguiente (datos del Anuario Social de España 2004 de La Caixa): la Comunidad Valenciana se atiborra de medicamentos a base de bien (204,9 euros por habitante y año), seguida de Galicia (199,6) y Asturias (193,7), todos muy por encima de la media española (173,4).

La evolución de la factura farmacéutica, un crecimiento firme y perseverante, suele atribuirse sobre todo a dos factores: el envejecimiento de la población y la incorporación de nuevos medicamentos cada vez más caros. Lo segundo ocurre igual en todas partes -depende de decisiones tomadas en la Agencia Europea del Medicamento, cuando no en su homóloga estadounidense, la FDA-, y lo primero tampoco nos ayuda mucho a interpretar el botiquín de Joe Zutano.

Lugo y Ourense están muy envejecidas, pero ni A Coruña ni Pontevedra ni Asturias lo están tanto. Y el imbatible plusmarquista medicamentoso, la Comunidad Valenciana, se mantiene más joven que las dos terceras partes del país. O las pastillas que toman los valencianos son las de la juventud eterna, o aquí no se entiende lo que pasa.

De hecho, el "índice de vejez" de las provincias de Valencia o Alicante es muy similar al de Madrid, que es justo la más rácana de todo el país con el consumo de fármacos: sólo 129,2 euros por habitante y año. Le siguen en espíritu ahorrativo las islas: tanto las Baleares (132,3) como las Canarias (155,6), que sí destacan por su juventud y por tanto -esta vez sí- cuadran con la expectativa. Por lo demás, se admiten ideas.

La posible existencia de Teruel suscitó ayer un furor filosófico (http://blogs.elpais.com/javier_sampedro/) del que ofrecemos un extracto en nuestra aclamada sección fija a ti te encontré en un blog:

"Pienso en Teruel, luego existe" (Josef K).

"Y si no existiera aún, a base de mentarlo en este blog seguro que aparece en algún mapa" (Espiral).

"Los bancos y cajas (y no me refiero a los lugares donde duermen los indigentes) creen que "ambiente natural" es un sitio capaz de atraer alemanes susceptibles de abrir una cuenta" (Mariano).

"¡Viva Teruel!" (Alcaniz el turolense).

18 mayo, 2007 - 02:02 - EL PAÍS

Pruebas de la existencia de Teruel

Un cuarto de millón de turolenses había en 1910 y ahora no llegan a 140.000, lo que indica una manifiesta escasez de turolenses en nuestros días. Según la coordinadora Teruel existe (http://www.teruelexiste.net/), el 90% de los 236 pueblos de la provincia "rebasan el umbral de los muy viejos y el 32,6% se consideran terminales". De hecho, hay 68 pueblos que no alcanzan los 100 habitantes, y otros 120 que sí pasan pero no mucho, porque no llegan a medio millar. En cinco puntos se queda corta su población activa de la media española, en diez su crecimiento poblacional (que no es tal: -5% de crecimiento vegetativo, o nacimientos menos muertes).

Nada de esto implica que Teruel no exista, sin embargo. Lo que sí implica es que dejará de existir si la autoridad competente no crea empleos, construye ferrocarriles, adecenta carreteras y estimula enseñanzas, y es sabido que las autoridades competentes son poco propensas a esas actuaciones, salvo esporádica inauguración de piedra en descampado.

Pese a todo ello, Teruel tiene una probabilidad aceptable de seguir existiendo a trancas y barrancas mientras su entorno natural lo permita. Ésta es la lección que nos enseñaron Rapa Nui y el resto de las islas de pascua colonizadas por los austronesios en el Pacífico. Como el antropólogo Jared Diamond demuestra de manera aplastante en Colapso (Debate), la correlación entre la ruina del entorno y la defunción de una sociedad es poco menos que matemática en ese enjambre polinésico.

Y, por muy dañinos que pudieran ser los turolenses para su medioambiente, no parece probable que lo puedan dañar mucho siendo tan pocos. Seguramente hemos encontrado aquí, por fin, la prueba ontológica de la existencia de Teruel, ¿no creen?

Pues no señor, si hemos de fiarnos del índice de "medioambiente y entorno natural" del servicio de estudios de La Caixa (del que les recomiendo vivamente la versión en papel: no hay otra), que da notas del 1 al 10 como si de electrodomésticos se tratara. Tres dieces orondos para las Islas Baleares, Guipúzcoa y Pontevedra. Y un mondo y pelado uno para Teruel. Si las desgracias son como las cerezas -que vienen a pares-, las desgracias turolenses se parecen más a los racimos de uvas que a ninguna otra fruta.

¿Qué quiere decir ese indicador? Muchas cosas: agrega la extensión de bosques (no mucha), incendios forestales (del montón), espacios naturales protegidos (vulgar), ruido, contaminación, suciedad y pestilencias industriales (templado), número de días con el mercurio bajo cero (frío) y playas distinguidas con la bandera azul por la Unión Europea (gélido).

Le decía yo a Conistorsis el onubense que "no hay mejor estrategia en la vida que nacer en el lugar adecuado, aunque también ayuda elegir a los padres correctos". Responde Conistorsis: "Si pudiera elegir padres, me quedaría con los que tengo, gracias. Si pudiera elegir genes, sería un cruce entre Brad Pitt, Einstein, Woody Allen, Rafa Nadal y Nacho Vidal. Y si pudiera elegir ciudad, me iría a aquella que tuviera mejores restaurantes, bibliotecas, cines y teatros; que amara más la ciencia y la verdad, y menos el fanatismo religioso o nacionalista; que fuera más hospitalaria y cosmopolita; y que tuviera menos delincuencia: Nueva York".

¿Pruebas de la existencia de Teruel? Quédense con la de Voltaire: si Teruel no existiera, habría que inventarlo.

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