Sobre el Blog

Lo que pasa y no se cuenta. Lo que se ve y no se dice. La actualidad y el pasado en un blog que mezcla artes, política y fútbol. Como una plaza pública.

Juan Cruz, escritor y periodista canario, adjunto a la dirección de EL PAÍS. Su último libro es 'Ojalá Octubre', y el próximo, 'Toda una vida preguntando'. Es autor de 'Una memoria de EL PAÍS'.

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07 diciembre, 2009 - 10:52 - Juan Cruz

Instrucciones para ganar tiempo

Un amigo me preguntó esta mañana cuál sería la fórmula ideal para ganar tiempo. Sin querer ser ni exhaustivo ni exacto, le conté algunas, y ahora las anoto:

1. Intentar no tener mala fue.

2. No entretenerse en explicar por qué decimos no.

3. No entretenerse en explicar por qué decimos sí.

4. No entretenerse.

5. No explicar demasiado por qué hacemos tanto.

6. No esperar que te agradezcan los consejos.

7. No dar consejos.

8. No perder el tiempo insultando.

9. No perder el tiempo respondiendo insultos.

1o. Ganar tiempo.

 

06 diciembre, 2009 - 11:34 - Juan Cruz

Entusiasmo de saber

Decía esta mañana el académico Ignacio Bosque, director del equipo que ha hecho la primera gramática hispanoamericana de la lengua española, que lo importante en la vida es saber las cosas, y no saberse las cosas; aprender a saber, no aprender a saberse las cosas, practicar la memoria de las palabras, lo que éstas han sido y lo que son, y no aprenderse de memoria nada. Algo parecido había dicho poco antes, en otro contexto, el científico Carlos Martínez Alonso, el ex secretario de Estado de Ciencia e Investigación; hay que saber, pero hay que saber aprender. En el caso de Bosque, que hablaba, como Martínez, en el programa de Montserrat Domínguez, en la SER, se trata de profundizar en las palabras, en los que éstas dicen, en lo que contienen, en la propia memoria que tienen las palabras. Las palabras son el material de la lengua, no sólo son el instrumento de la lengua, decía Bosque; para utilizarlas bien, es imprescindible saber qué dicen, qué hay en su interior; y la lectura, el contraste con lo que se lee, es lo que permite asomarnos en las profundidades de lo que nos quieren decir. Bosque es un gran apasionado de la música; sabe, además, que no hay palabras sin música. El otro día hablaba en Guadalajara, México, con Pablo Ordaz, sobre lo que hay en una buena crónica, o en un buen discurso, a partir de lo que le habíamos escuchado a Mario Vargas Llosa hablando de Juan Carlos Onetti. Yo le dije que, a mi juicio, lo que debe haber detrás de cualquier artículo, o de cualquier intervención pública, como aquella perfecta del autor de La ciudad y los perros, es entusiasmo; el entusiasmo ayuda a saber saber, y además contribuye a profundizar en lo que se sabe, y si uno aprende a decirlo todo surge con una enorme fluidez. El entusiasmo, le decía a Pablo, es la base de la sintaxis. Mi maestro Lledó hablaba del entusiasmo en ese sentido: el entusiasmo por lo que se quiere saber ayuda a que se sepa mejor. A que haya música al contarlo.

05 diciembre, 2009 - 18:09 - Juan Cruz

Sosiego y extrañeza del regreso

Siempre que vuelvo, y he vuelto ya de tantos viajes, me da la sensación de que algo se abre otra vez, un mundo entero, como si regresara de siempre, o de nunca, hacia siempre; y aunque regrese a Madrid, a esta casa en la que escribo, junto a la azotea en la que pasó la guerra Vicente Aleixandre, delante de la casa en la quevivió en Madrid Juan Marical, el que puso a Azaña otra vez en el mapa tras los silencios de la posguerra, la sensación que tengo es de que vuelvo a mi casa de Tenerife, a oler los olores del mar, a pisar la arena de la playa. Tengo esa sensación, que a veces se cumple. Pero ahora estoy acá, después de muchas horas de vuelo. Hice una escala en México DF, desde Guadalajara, y quedé a almorzar en el Hotel Camino Real con Carlos Marichal, historiador económico, profesor en el Colegio de México, hijo de Juan Marichal. Quedamos en ese hotel porque en 1973 ahí estuve con sus padres, con su madre Solita Salinas, la hija de don Pedro Salinas, y Juan Marichal, tinerfeño como yo, uno de los intelectuales que con mayor profundidad ha calado en el pensamiento iberoamericano del siglo XX; gran escritor, hombre de un estilo que entrevera la precisión anglosajona con la pasión española para contar la historia y para hacer los retratos de los personasjes (literarios, políticos) que son de su interés. Estuvimos con Carlos, que nos llevó (a mi y al director de Él País, Javier Moreno, que tuvo una interevención con Jon Lee Anderson en la Feria del Libro de Guadalajara) un libro que ha dirigido. Se trata de una serie de estudios sobre el origen de los nombres de cada una de las repúblicas latinoamericanas, desde Brasil a Cuba. Otro día les hablo de ese libro verdaderamente curioso e interesante, que han escrito profesores que fueron alumnos de Carlos. A éste le dejé mi ejemplar de La noche de los tiempos, la extraordinaria novela de Antonio Muñoz Molina, en la que se mezclan claves de la vida en la guerra civil y en el exilio y en la que se transparentan historias como la que vivió el abuelo de Carlos, el poeta Salinas. Estábamos, pues en el Camino Real, y ahí recordé, con la melancolía que marca el tiempo, aquellas noches con Caballero Bonadl, Juan Rulfo, Octavio Paz, Francisco Giner de los Ríos y Juan Rejano. Era 1973, habíamos ido a un homenaje a León Felipe, una estatua que le levantó el Gobierno en el parque de Chapultepec. Y en ese hotel nos quedábamos todos. De esa atmósfera sentimental, literaria y política, he escrito muchas veces, y escribiré más. Después me fui al aeropuerto, adonde llegué horas antes de partir. Y en el avión quise leer, hasta que me venció el cansancio y el sueño me duró prácticamente hasta que desembarcamos en Madrid. Al salir de la recogida de equipajes me encontré con una concentración de jóvenes actores que protestaban por la retención de la activista saharaui. En unas horas, aquella historia que parecía haber acabado ha vuelto otra vez a llenar de pavoir y extrañeza a los mismos que la vimos subir al avión de regreso. El cinismo de Marruecos está colmando de rabia la paciencia de los que hasta ahora sólo pueden gritar contra esa ignominia. Allí estaban aquellos jóvenes, gritando en silencio, perplejos, ante la arbitrariedad criminal del poder. Eran más de las dos de la tarde; seguí camino, en algunos quioscos ya no estaba EL PAÍS, pero al lado de mi casa pude comprarlo, ahí está, y el quiosquero estaba desempacando los ejemplares que le han enivado de la novela de Muñoz Molina, así que ahí tengo otro ejemplar. Aquel lo tienen ahora Marichal y su hijo. Es una sobresaliente crónica de ficción de un mundo que está detrás de la melancolía que Juan siempre sintió ante la historia. Y ahora acá estoy en la melancolía del largo puentes, expuesto otra vez a los ruidos españoles de los que yo mismo soy partícipe.

04 diciembre, 2009 - 14:00 - Juan Cruz

Jordi Solé Tura

Me conmueve mucho la muerte de Jordi Solé Tura. Recibo la noticia en este momento de la despedida de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, un acontecimiento cuya energía y cuyo valor cultural tendría que trasplantarse a muchos lugares donde se habla español; en España hace falta algo así como agua de mayo, y Liber podría ser el lugar para hacerlo. El Líber, o la Feria del Libro de Madrid, que tendría que ser un acontecimiento en el que no hubiera sólo firmas y desfiles, además de los actos culturales que con tanto afán organizan Teo Sacristán y su equipo; tendría que haber algo como lo que se ve aquí, una concentración apabullante de gente interesada por escuchar a los escritores contar cómo van naciendo sus libros, qué ideas están detrás, cuáles han de confrontar todavía. En fin. Me estoy yendo, quería hablar de esas cosas, y del encuentro de anoche con Mario Vargas Llosa para contar su libro sobre Onetti (mi compañero Pablo Ordaz hará una crónica, feliz como todas las suyas), pero la noticia de que aquel buen amigo, un hombre ingenuo y entusiasta, lleno de historia y de enorme sensatez política y amistosa, ha muerto, me ha cambiado el ánimo, me ha puesto en el pasado, y ha rescatado de ahí la imagen de Jordi siempre a punto de un abrazo o de un consejo. Dejó de estar con nosotros, perdida su memoria en la nada más absoluta, desde hace tiempo, y ya esa fue una dolorosa despedida. Siempre estuvo en la primera fila del compromiso y de los afectos. Quiero hacer partícipe a la gente de buena voluntad para que tenga un momento de recuerdo para este espléndido, generoso, ser humano, que fue político porque la vida le puso eso por delante, que fue historiador, ensayista, ministro..., pero que sobre todo era un hombre de mirada franca, un verdadero amigo tranquilo.

03 diciembre, 2009 - 16:06 - Juan Cruz

Los tesoros y los sueños

Anoche llegó aquí, a Guadalajara, Manuel Rivas, el poeta gallego, el novelista de Ella, maldita alma, el autor de La lengua de las mariposas. Hablar con Rivas, como hablar con Borges, o como hablar con muchos poetas, es entrar de lleno en un hormiguero de metáforas. Y de pronto, mientras íbamos hacia una cena en un restaurante típicamente mexicano de nombre Sacromonte, surgió el asunto de los tesoros. Cunqueiro hizo leyenda de los tesoros que se guardaron durante siglos, bajo tierra, en Galicia; en su discurso de ingreso en la Academia gallega, donde entra el 12 de diciembre, Rivas hablará de esa tradición de los tesoros. Mientras contaba sus descubrimientos yo recordé lo que eran para nosotros los tesoros en la adolescencia. Íbamos con los compañeros de la escuela en busca de chatarra en los barrancos, y cada vez que encontrábamos plomo o bronce lo celebrábamos como si hubiéramos hallado oro. Cuando era niño mi madre contaba que un hermanastro suyo había ido a Cuba en busca de un tesoro que soñó que había enterrado en el montículo donde pastaba una cabra. Cuando pasaron los años, llegué a la conclusión de que en realidad mi madre se había inventado el sueño y el tesoro. Delante de la casa, mientras me contaba estas historias, ella veía el montículo donde pastaba su propia cabra, a la que mi madre ordeñaba al amanecer. Los tesoros. Uno los buscó en medio de la nada, y alguna vez halló los sueños en los que se escondían.  

02 diciembre, 2009 - 16:00 - Juan Cruz

"Recuerda ahora a su padre de pie en el herrumbroso balcón..."

La hija de Juan Marsé, Berta, escritora como él, autora de En jaque, que ha publicado Anagrama, protagonizó anoche en la FIL de Guadalajara un acto emocionante y sencillo, el relato de los mundos de su padre, el autor de Ultimas tardes con Teresa. He escrito una crónica sobre ese acontecimiento, que aparecerá en elpais.com a lo largo del día. En su intervención, que fue un comentario desenfadado y especialmente emotivo sobre el universo que rodea a Marsé, Berta leyó el principio de la novela que ahora escribe su padre. No es muy común que Juan divulgue lo que está escribiendo, pero a ella se lo dejó, y debo decir que esa memoria que hace Marsé del día en que las tropas nacionales entran en Barcelona, el 26 de enero de 1939, sobrecoge no sólo porque habla del final (o de la continuación) de la mayor tragedia española sino porque refleja, otra vez, la capacidad del escritor por poner en primer plano el recuerdo como sustento de toda su literatura. Aquel muchacho, esta sombra, es el título del libro que Marsé está escribiendo. Viendo anoche las imágenes de su mundo uno entiende mejor de donde viene su decisión de convertir lo que pasó en un episodio en el que siempre está mirando ese niño que fue, aquella sombra. La novela empieza diciendo: "Recuerda ahora a su padre de pie en el herrumbroso balcón que han dejado atrás, le ve todavía allí embutido en un grueso abrigo con las solapas alzadas...". Mientras Berta leía, detrás se veían los desfiles de las tropas nacionales, y en el ámbito en que la escuchábamos, un salón repleto de la FIL, resonaba el Marsé de Un día volveré, reclamando el derecho a ejercer la memoria frente a las mezquindades a que obliga el olvido.  

01 diciembre, 2009 - 23:43 - Juan Cruz

Saramago con Haidar

He visto ahora la fotografía de José Saramago con la saharahui Haidar, en huelga de hambre en Lanzarote. Veo a José arropado con una chaqueta marrón, abrigada, como decimos en Canarias. Desde muy lejos, desde esta Guadalajara en la que concentra ahora la energía de los lectores como un resorte del que parten la solidaridad y el conocimiento, quiero destacar ese retrato del escritor y la activista como un símbolo de lo que pueden hacer los nombres propios a favor de la gente que lucha por el lugar donde nacieron y del que son. Ayer decía en la Feria de Guadalajara el editor alemán Michael Krüger, que ha recibido aquí el premio de la FIL por su actividad como poeta y como editor de libros, que aprender a leer es aprender a vivir. Saramago dijo una vez que leer es bueno para la salud. Moussa, el autor de En el desierto no hay atajos, al que entrevisté ayer para elpais.com y para la edición internacional de EL PAÍS, está en la feria para proclamar su lucha a favor de la educación como una manera de aliviar los males de África. Leyendo, y él se hizo hombre leyendo El principito, los africanos pueden subir su autoestima y por tanto su poder de lucha. El mensaje de Saramago tiene que ver con estos mensajes, y es una muestra de solidaridad que los canarios, que tanto tenemos que ver con los saharahuies, saludamos desde donde estemos. 

30 noviembre, 2009 - 16:27 - Juan Cruz

José Emilio Pacheco

La alegría que se siente en la Feria del Libro de Guadalajara por la noticia de la concesión del premio Cervantes a José Emilio Pacheco no tiene que ver sólo con la admiración que despierta su obra, reconocida en toda la lengua española como una indagación implacable en las razones de la melancolía. Tiene que ver también con el enorme aprecio que esta figura singular despierta allá donde va. Esa capacidad de afecto nace de su ausencia de envidia y de otros defectos que son tan naturales en el oficio de poeta y en general en todos los oficios del hombre. Es un gran poeta, y a esa grandeza que está en sus versos (y en su prosa) este hombre de la estirpe genial de los grandes mexicanos, él le añade una bondad rara, que es la que ayer, con sus versos, agitaba el amor que se le tiene en Guadalajara y en cualquier sitio. Viva José Emilio, y viva su poesía viva.

29 noviembre, 2009 - 15:32 - Juan Cruz

La magia de América

De nuevo en América. Esta Feria Internacional del Libro de Guadalajara es mágica, incesante, llena del poderío que tienen las cosas que nacen desde abajo. Las salas donde los escritores, desde Orhan Pamuk a Carlos Monsiváis, desde los más anónimos a los más encumbrados, leen sus libros o discuten sobre ellos, están permanentemente llenas de público, que pregunta, indaga, está en desacuerdo y escucha con enorme atención, en un silencio que parece sobrenatural en gentíos así, lo que les gusta y lo que les disgusta. Es, sin duda, la feria del libro más importante del mundo en nuestro idioma; se mantiene porque es una buena idea, y porque es necesaria; se convierte en el lugar de un eco, es una manifestación de la importancia cada vez más evidente que han tomado la literatura y la comunicación global en este idioma. Venir es ya una obligación de editores, libreros y autores; el encuentro es, para muchos, un trampolín y una saludable manera de debatir sobre lo que se piensa, se crea. Que el público responda con este entusiasmo es un estímulo que conviene tomar en cuenta para imitar su fórmula en otras ferias o en otros acontecimientos culturales. A partir de hoy haré algunas crónicas sobre lo que oiga y lo que vea, para elpais.com. Y aquí seguiré contando también lo que vaya saliendo al paso.

27 noviembre, 2009 - 14:06 - Juan Cruz

Almunia

En esta madrugada de México leo la noticia de que a Joaquín Almunia lo han nombrado vicepresidente de la Comisión Europea. Es una noticia que me ha dado mucha alegría. Almunia es uno de los políticos más sensatos y trabajadores que ha dado la política española de la democracia; su paso por los gobiernos socialistas dejó siempre, desde mi punto de vista, una estela de esa laboriosidad y de esa sensatez; su fracaso electoral del año 2000 le retiró de la primera fila de su partido y de la lucha por el poder; pero su trabajo en la Comisión Europea, un modelo de independencia de criterio, de defensa de lo que se llamaría todavía la idea de Europa y de sentido común, ha puesto su personalidad y su nombre en el lugar de prestigio que se merece. Este puesto le da a él ahora en la construcción de una Europa distinta un papel singular, del que el Gobierno español (éste, el que venga) tendría que aprovecharse. Almunia es un gran negociador y un gran consejero, y la política española de ahora no está sobrada de estos elementos. Cuando lo nombraron portavoz de su grupo en las Cortes, después de la primera derrota electoral de los socialistas en 1996, le regalé un libro de Manuel Rivas, En salvaje compañía; y a lo largo del tiempo le he ido regalando libros concretos en momentos concretos de su vida, aunque el último, Anatomia de un instante, de Javier Cercas, fue porque creí que a él le interesaría muchísimo ese asunto que vivió dentro del Congreso. Ahora le voy a enviar la biografía de Manuel Azaña escrita por Santos Juliá. Y quería trasladar aquí mi alegría por ese nombramiento, una alegría genuina por algo que sucede en torno a alguien que siempre ha despertado en mi el sentimiento de nobleza y honestidad que la política tiene que despertar en quienes la vivimos viéndola.

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