El País ha ganado un premio internacional, el Newspaper, por la campaña con la que se difundió la nueva etapa del diario, Querer Comprender. Es una excelente noticia que colma, en parte, el esfuerzo que el equipo encargado de aquella campaña en octubre del pasado dedicó a contar cómo iba a ser el periódico nuevo. Registro aquí el hecho porque no siempre los periodistas hablamos de esa parte fundamental de la vida de los periódicos, la que protagoniza la gente que alimenta la imagen de los diarios, la difunde y la consolida, la gente de marketing y publicidad. Esa es una excelente noticia para una excelente campaña, cuyo enunciado, Querer Comprender, tanto tiene que ver con la ansiedad de este tiempo: qué pasa, cómo debe contarse, qué es lo importante de lo que pasa, ¿y lo entendemos? Vivimos un tiempo en el que el exceso de información, y los excesos, requieren una pausa que acaso no se tiene para lo importante ni para lo accesorio. Ese eslogan está, como se dice, muy bien traído, y ahora que ha pasado el tiempo es cuando mejor lo podemos comprender.
Aplicado a lo que pasa, he aquí hoy una noticia de calibre conocido pero igualmente duro. Lo que ya pasó y es grave, sigue siendo grave, y aún más grave se presenta cuando vuelve a pasar. Acaba de ocurrir de nuevo la muerte en Euskadi; la mano asesina, basta una mano asesina, rompió otra vez la armonía del día, puso a este país ante la puerta de la desgracia, manchada de nuevo de sangre, de la sangre reiterada y terrible de la muerte. En fin, hasta cuándo es una pregunta que se estira cada vez que Eta mata, y hasta cuando es una soga que envuelve de terror la propia pregunta. Hasta cuándo.
Hoy escribo otra vez en el viejo ordenador que se había llevado Juan Saavedra, el sobresaliente informático. Lo ha traído con un nuevo teclado. Es un poco más rugoso que el anterior, como si fuera un inquilino nuevo, con otra voz, en esta escalera. Lo envió a Alemania, porque esos teclados sólo se arreglan allí, y ya se lo han devuelto rehecho. Ahí está, todas las letras con su definición y su claridad, cada una esperando su oportunidad bajo los dedos, involuntarias pero firmes, dispuestas las teclas a ayudarme a comprender, quieren comprender también las teclas su función respectiva, la función de la a o de la x, la función de las mayúsculas y de los puntos y de las comas, la función diversa de la letra m, para el amor, para la madre y para la muerte, la l de libertad y también de lesión y de lectura, y así sucesivamente...
Mal día en Madrid. Anoche acabamos cantando Zamba de mi esperanza. Y ahora ya ves, la esperanza está rota, como los carteles del día del amor frraterno al final del día en Jauja, aquel notable relato de Luis Alemany Colomé.