Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Un tipo verdaderamente entretenido

Por: | 31 de agosto de 2007

Me caía muy bien José Luis de Vilallonga; era un tipo verdaderamente entretenido. Tenía una charla inteligente, llena de nombres propios y de anécdotas, y era un placer escucharle, porque narraba bien las cosas que sabía, aunque imaginé alguna vez que muchas se las inventaba. Hoy he escrito un largo texto en EL PAIS de modo que no voy a elaborar mucho más sobre él al menos en esta ocasión, pero sí diré al menos un apunte que quizá rodee un poco su personalidad y que explica acaso algunos acontecimientos de los últimos tiempos de su vida. Era un hombre que quiso vivir siempre mejor que lo que le deparaban sus posibilidades, de modo que siempre necesitó más dinero que el que tenía. Eso le hizo proponer o aceptar libros que no eran sino ritornellos de los que ya había escrito, y le dio a sus memorias tantas vueltas que en un momento determinado, para sus lectores, lo que contaba era ya demasiado sabido. Pero, ya digo, era un tipo muy entretenido y mientras le vi, que fue durante algunos años, como periodista primero y como editor después, me gustaba oírle conversar.

Dicho esto, que era lo que quería decir, quisiera apuntar algunas consideraciones que quizá ayer no se resaltaron como es debido. Yo no sé muy bien lo que es un blog, pero me lo tomo muy en serio; es lo primero que escribo, nada más despertar, y lo suelo hacer con cierta rapidez, porque no me fío de mi destreza con las máquinas, de modo que siempre imagino --y la verdad es que esto ha sucedido varias veces-- que una mano aviesa lo va a borrar de la pantalla. El asunto que suelo introducir es el que en aquel momento está más de actualidad en mi mente y por tanto en mis preocupaciones. Lo hago con los materiales que tengo más cerca, que me son más propios, pero procuro no usar jamás ni rumores ni descalificaciones. Procuro hacerlo con honestidad; siempre he procurado hacer, cualquier trabajo, con honestidad y con esfuerzo. Tengo facilidad para escribir, pero este es un valor que sólo tiene consecuencias mecánicas. De modo que creo mucho en la preparación, en el sosiego para pensar y en el respeto para recibir las opiniones contrarias. Eso no está automáticamente asociado a lo que uno hace: es un ejercicio, me lo impongo como tarea.

Ayer alguien dijo aquí que no me tomo en serio el blog, que lo dejo suelto y luego soy un mal albañil, que abandona la obra. Seré un mal albañil por otras cosas, pero no por eso; lo veo, intervengo a veces a lo largo del día, y en todo caso estoy atento por si hay que reactualizarlo. Bueno, ustedes saben esto, y ese exabrupto de ayer no tiene más importancia. Lo que sí quería decir es por qué me ocupo de unas cosas y no de otras, que lo dije ayer muy rápidamente en un comentario pequeño. A veces en el periódico se publican cosas que me gustaría comentar, pero ya están suficientemente dichas ahí, y yo las leo y las degluto como cualquiera de los lectores; si no sé mucho prefiero no decir nada, y a veces lo que me sugiere una cosa ya lo he visto dicho en otro sitio, de modo que abandono el asunto como tema del blog.

Por otra parte, como decía JABA ayer, imaginen que tuviera que opinar de todo lo que sucede. Sería una locura, y sería una descortesía que yo mismo le pidiera a cualquiera que estuviera de servicio y de guardia hasta cuando debe dormir.

Dicho esto, sí reclamaría sosiego y cultura; estos días ha habido intervenciones extraordinarias; el machaconeo a que he sido sometido por algunos para que hable de esto o de lo otro lo tomo como un vademecum cariñoso de asuntos, pero si no me ocupo de ellos no se me solivianten.

Bueno, y ahora le voy a dar al Guardar y veamos si todo lo que he escrito no se ha ido como agosto.

Dentro de todo sí hay un pequeño no

Por: | 30 de agosto de 2007

Ayer noche estuve hablando con Vicente Verdú de la demagogia. La hay de derechas y de izquierdas; hay, incluso, la demagogia de los indiferentes, aquellos que tienen a gala no preocuparse de nada, no leer los periódicos, no creer en los políticos; la demagogia de los indiferentes es una demagogia muy peligrosa, porque incluye la obligación de que tú seas como ellos; no hay nada más irritante que esa frase: "Aprende de mí". La dijo Franco: "Aprenda de mi, no se meta en política".

Íbamos por la carretera del sur, en Tenerife, de regreso al Médano, y llamé a Verdú, para hablar; lo hago con algunos amigos habitualmente, lo hago con Azcona, con Verdú, con Vicent, con Cueto..., llamo mucho por teléfono a mis amigos; me dan información, a veces también me dan ternura o consuelo, y yo procuro darles lo que tengo, y en este momento lo que tengo es agua de mar. Y ayer hablé un rato con Verdú sobre la demagogia; cuando llegué a casa abrí un libro que tenía por ahí y que redescubrí el otro día, mucho tiempo después de haber sido escrito y publicado, de Stephen Vizinczey, el autor de En brazos de la mujer madura. Se titula Verdad y mentiras de la literatura, está publicado por Seix Barral. He leído, al principio del libro, un interesante decálogo sobre lo que debe hacer un escritor y después me introduje en el cuerpo del libro, sus ensayos literarios. En uno de ellos topé con esta frase que creo que añade argumento a aquella charla sobre la demagogia, en este caso sobre la demagogia de los escritores: "Cuando nadie está en una posición segura y no se puede dar por sentada ninguna idea, es el momento en que emergen las verdades sobre nuestra existencia". En ese conflicto surge lo que pasa más allá de lo que dictan las ideas preconcebidas.

En nuestro país se articula ahora una demagogia muy peligrosa, basada en las ideas firmes, incontrovertibles y picudas, en el decir de Ganivet, y hace falta mucha comprensión del otro, mucha tolerancia del de enfrente, para que se instale entre nosotros aquella hermosa frase con la que Emilio Lledó educó a muchos de sus estudiantes: "Dentro de todo no hay un pequeño sí, y dentro de todo sí hay un pequeño no".

Por cierto, Vizincey pone como exponente mayor del escritor incapaz de demagogia a Stendhal, que "escribió en el eterno tiempo presente". Voy a seguir leyendo el libro y ya les iré trasladando mis subrayados. Mientras tanto, vayan identificando demagogias, y defendiéndose de ellas; están dentro de nosotros.

Una visita a María Rosa Alonso

Por: | 29 de agosto de 2007

Perdonen la tardanza; estoy de viaje por la isla de Tenerife y esta mañana he ido a visitar a María Rosa Alonso. Cumplirá 98 años el día de los inocentes de este 2007. Con orgullo, y también con rabia, contó que sólo le  faltan dos años para el siglo, pero dijo que ya tiene ganas de morirse. Para ella la vida es la juventud; su juventud fue en la universidad, con Ortega y Gasset, con Américo Castro. La guerra civil la obligó a varios exilios, a Venezuela, a su propia tierra, Tenerife, y al exilio interior que sólo se alivió porque a mediados de los 50 se encontró en Madrid con una ciudad entrañable, con sus amigos de Politeia, una organización educativa que seguía los rumbos de la Institución Libre de Enseñanza. Escribió mucho y sigue escribiendo, en la leonera que ahora es su habitación, en la casa de su sobrino Elfidio, el líder de Los Sabandeños.

Escribió textos sobre la poesía canaria del pasado, e interviene en la discusión actual con una virulencia tremenda, con la que combate la edad. Hablamos del vacío que ahora se percibe en la sociedad, en la cultura, en la educación, en los medios; percibe también ese vacío en la política que se ha desinflado de personajes que en otro tiempo alentaban ambiciones que ahora son chiquitas. Nostalgia, pero rabia. Le pregunté a María Rosa Alonso si la vejez tiene algo bueno. Me miró con sus ojos afilados: "No."

Agosto y sin Umbral para siempre

Por: | 28 de agosto de 2007

Sólo falló cuando su cuerpo lo juzgo imprescindible, como su amigo Eduardo Haro Tecglen; y ahora ya no estará para siempre Francisco Umbral en su cita diaria con los lectores, primero en cualquier parte, luego en EL PAIS, después en Diario 16 y finalmente en El Mundo, cuya última página fue su sede. Ha sido un columnista magnífico, un memorialista sobresaliente y un novelista voluntarioso al que el columnismo, que fue su vocación febril, le restó los personajes que regaló con profusión al periodismo. Inventó un modo de hacer periodismo, directo y sincopado, irónico, desgarrado a veces; su personalidad se fue haciendo también la de sus columnas. Ejerció la memoria como una de las artes y escribió un libro emocionante e inolvidable, Mortal y rosa, en el que el alma desgarrada de este hombre se mostró con la encarnadura veraz que tenía. Aunque escribió muchísimo, esa biografía suya a la que siempre ladeó a veces por pudor y a veces porque la urgencia le llevó a otras cosas estaba sin completar; el tiempo se le fue achicando con enfermedades que fueron gravísimas y de las que él se levantó acaso porque le esperaba la columna diaria. Nunca falló, hasta que llegó el viento helado de agosto, el mes en el que descansaba, y como si hasta esto fuera metáfora de su sentido del cumplimiento ha sido en este tiempo cuando le ha sobrevenido la muerte. Como Haro, o como Vázquez Montalbán, no hubo un solo encargo que no cumpliera. De una raza antigua de periodistas o de colaboradores de prensa, Umbral sabía que lo que vale tu firma es por lo último que has escrito, y él escribía siempre, como si le estuviera esperando una urgencia como la que ahora, indefectiblemente, le ha dejado ya en la memoria y sin escritura. Agosto y sin Umbral para siempre.

El cuerpo sabe que es lunes

Por: | 27 de agosto de 2007

He estado leyendo los periódicos de ayer, por si así engañaba al cuerpo, pero desde que me desperté, hoy más temprano que durante el fin de semana, fui consciente de que el cuerpo sabía que era lunes. Me comenzó una pequeña migraña concentrada primero en la cabeza y desplazada luego a centros nerviosos muy importantes del cuerpo, la herida que me hice en la isla de Lobos volvió a latirme como si supiera también que era lunes, y la casa y los periódicos e incluso la radio que escucho en el televisor latían como si todo conspirara para que mi cuerpo no tuviera duda alguna de que hoy es lunes. Así que acepté que el cuerpo me trasladara con tanta vehemencia el calendario, y me puse a pensar por qué el cuerpo, que es esta cosa que debía moverse según la voluntad de su inquilino, tiene tal constancia de que llega un día tan significativo como el lunes y se apresta a obdecer sus innatos impulsos físicos de orden negativo. Ya el sábado empecé a vislumbrar que alguna vez pasaría algo de esto, que un día de la semana como este sentiría esa punzada tremenda del día concreto, porque el sábado sentí, y lo dije, que parecía que era domingo. Estábamos en el Flashpoint, al final del paseo de madera de la playa de El Médano, un lugar muy querido por mi hija y por sus amigos, había una niña que jugaba a que sus padres le prestaran atención, unos amigos (de ellos mismos, yo no les conocía) hablaban de la guerra de los medios y alrededor todo parecía pacífico y bello porque el mar desprendía esa sensación extraordinaria que tienen algunos domingos. Y entonces lo dije: "Parece domingo". Pero era sábado; como si mi cuerpo se me estuviera adelantando, como si fuera un día por delante del calendario. Y ahora, que por fin es lunes, el cuerpo se ha puesto en hora y me ha dicho lo que es obvio: es lunes, lo es desde que desperté y sentí esa migraña que el doctor Lozano dice que se cura con Fiorinal, y también empezó a crecerme un dolor que creía eliminado, en las lumbares. Presa de la melancolía que también otorgan los lunes (escuchen esa hermosa canción de Guaraní, "yo seré siempre lunes sin remedio", o ese hermoso libro de Eliseo Alberto, a partir de un verso de su padre, "La eternidad por fin comienza un lunes") me puse a mirar al horizonte, a un amanecer que parecía un homenaje al viernes. Pero era lunes, y las nubes lo supieron en seguida, así que cuando mi mujer bajó a desayunar (le dolía un pie, claro, es lunes) dijo: "Jo, se ha puesto la nube de los lunes". Y así estamos, de lunes sin descanso. A lo mejor en otro sitio es viernes.

Hay que pelar los melocotones

Por: | 26 de agosto de 2007

En mi casa llevan raro que yo me siente ante el blog nada más despertar; hoy me he despertado más tarde de lo que es habitual, y me he situado en seguida ante este blog, que es lo primero que hago, como trabajo, al comienzo de la jornada. Tan ido me deben ver que, cuando ya he verificado los últimos comentarios y he bajado a prepararme el desayuno, han sentido la necesidad de decirme: "Hay que pelar los melocotones". He pensado que esa admonición es una buena frase para definir mi relación con la realidad más contingente de la vida, que es tan frágil que incluso puede olvidárseme que los melocotones, como los mangos y como la s mangas y muchísimas frutas más, han de pelarse. ¡Y los plátanos, por cierto! Yo no pelo ni las peras ni las manzanas ni los albaricoques, si es que los albaricoques se pelan, que a lo mejor también habría que pelarlos. Pero comprendo que haya gente a mi alrededor que dude si no meto los melocotones en el té y me como las galletas en bocadillo. Ya al sol, y pelando el melocotón, grande, fresco, muy propio para la imagen marina que veía desde la terraza, el correo de los mensajes me devolvió a la realidad tanto como el pelado de los melocotones. Mi amiga Maruja Torres me escribía desde Beirut, donde vive desde hace tiempo y desde ha escrito un bellísimo libro de amor a esa ciudad. Me vino a la memoria lo que sucedió hace un año, aquella guerra terrible que a ella y a muchos tuvo en vilo; en aquel entonces, finales de julio de 2006, la contienda la había hallado en Líbano, el periódico le había pedido que enviara trabajos sobre el asunto, y a Maruja no hace falta pedírselo, siempre está al pie de donde están los cañones y las noticias, y a mi me agarró el asunto en una playa de Ibiza, esperando a que fuera la hora de hacer uno de los trabajos de verano que me había encargado el periódico. Estaba metiendo un pie, el derecho, en el agua, cuando sonó el móvil y era Maruja desde Beirut. Era tan dramático el momento que allí se vivía que a mi, francamente, me dio vergüenza decirle donde estaba yo. Luego lo escribí en un libro, de modo que a estas alturas ya es posible que Maruja conozca la razón de mi silencio de entonces sobre el sitio tan placentero donde me encontraba en el instante de su llamada. Y esta mañana recibí otro mensaje de Rafael Azcona, que me explicaba las razones de la victoria de su equipo, el Real Madrid, no, no es del Logroñés, sobre el Atlético de Madrid en el partido de anoche. El héroe fue Pablo, y no Pepe, me dice; yo le expliqué que su equipo arranca con las mismas inseguridades que han destrozado al Barça: las de la puerta de atrás. Veremos qué pasa hoy en el Sardinero. Después, finalmente, y hasta el momento, me fui al periódico, y hasta ahora sólo he podido ver el texto de Millás, que viene en la primera de elpais.com. Siempre en el momento adecuado, subrayando la frase adecuada, esta vez de Zapatero en Asturias, donde por cierto también pasa sus tiempos Juan José. Pasen y lean.

Y una vez dilucidado que la realidad está ahí, como el mar, moviéndose, subí a escribir habiéndome lavado las manos porque el melocotón te las deja imposibles. Hagan ustedes lo propio, porque si no dejan horribles las letras del ordenador.

Ah, lo que me pregunta un amigo sobre las televisiones y el fútbol. EL PAIS está dando muy buena información, y parece natural que yo no la tenga mejor.

La cuestión es como decirlo

Por: | 25 de agosto de 2007

El pensamiento es libre, ¿cómo no se va a poder decir? Se puede decir todo, y se puede pensar absolutamente todo, naturalmente; nadie está obligado a pensar como el otro, pero sí tiene derecho a decir que no opina como el otro. La cuestión es saber decirlo. Para eso se han fabricado siglos de civilización después de la barbarie, aunque muchas veces, hasta ahora mismo, civilización y barbarie han coexistido. Aquí hubo ayer un vivo debate --a mi juicio a veces desmesurado en las formas, sin duda por mi propia culpa-- sobre algo que se dijo y que chirrió en algunas mentes, incluida la mía. Luego alguno de los que replicó también se pasó de la raya, de nuevo a mi juicio, y puede que al de otros. Yo creo que lo que se dijo podía decirse; más bien estoy en contra de cómo se dijo. Cuando uno entra en una casa ajena --y una discusión siempre se convierte en una casa ajena, en la que uno entra con los debidos permisos-- ha de procurar guardar las formas, y del mismo modo que no se debe jamás confundir sinceridad o razonamiento con grosería, no se deben decir cosas poco fundamentadas que hieran sin necesidad ninguna el sentimiento de los otros. Se podría hacer una reformulación de todo lo que se dijo y ya verían ustedes que las mismas ideas no hubieran sido tan afiladas, y tan inncesariamente afiladas. Decía Ángel Ganivet que hay ideas redondas y picudas; pues ayer hubo algunas ideas picudas que quizá hizo falta redondear.

Ah, y hay unos chistes de Tony Leblanc que siempre uso para explicar cómo hacer cuando uno no quiere caer en lo más grueso.

Decía Tony: "Ultimamente hablamos fatal. Decimos: de los cuarenta para arriba no te mojes la barriga. Cuando podríamos decir: Si has pasado de los cuarenta y vas a Hendaya/ no pases de la arena de la playa". O, decía, Tony, "decimos: éramos ocho y parió la abuela. En lugar de decir: Eramos cuatro en casa ya / y tuvo un hijo la mamá de papá".

Pues eso.

Ah, hoy empieza la liga. Veré el Real Madrid-Atlético. Mi deseo es que gane el Barça.

Madrugada de la bestia

Por: | 24 de agosto de 2007

Madrugó la bestia y lanzó su zarpazo. Sucia, maloliente, ha vuelto por los montes ya escarbados por su zarpa y ha vuelto a intentar la muerte como si ésta fuera su firma. Vuelve Eta donde solía, y vuelve a oírse que son sus últimos coletazos. Cada vez que escucho ese deseo me pongo en guardia, e imagino que así harán los que la vigilan y que deben saber, mejor que el resto, en qué condiciones se encuentra este bicho prehistórico que sigue deseando, además, la prehistoria, donde se siente más libre que en la civilización preparada para la alegría de la vida. Es una noticia horrible; sólo se pueden oponer, a las noticias horribles, las noticias de la vida; este bullicio que hay ahora en el bar Ambigú de La Gomera, los barcos que vienen y van, este mar límpido y extrañado de existir desde hace tantos siglos, esos montes humildes y bellísimos que tienen el color de los burros a mediodía y que por las tardes tienen el color del sol cuando se va. Oponer la vida a la bestialidad: esa es la única forma que toma la esperanza cuando la despiertan noticias así.

POR QUE NO LE RESPONDO A GUTIERREZ

Porque ya dije lo que tenía que decir. porque él tiene derecho a decir lo que ha dicho, y ustedes a opinar como quieran. Y porque yo no escribí con propósito de polémica, e imagino --tengo derecho a imaginar-- que él tampoco.

LA OROTAVA

Me voy a La Orotava. De chico iba allí; allí vi El Graduado por primera vez. En la plaza de La Orotava buscábamos chicas con las que ligar. Tuve una novia en La Orotava; era muy dulce. Ahora es muy temprano en La Gomera y en la televisión del bar suena, con el estrépito de las malas nuevas, otra vez la voz del atentado. Ojalá sea la última vez. Ojalá es la única palabra que nos mantiene en momentos oscuros.

Carta de José Luis Gutierrez*

Por: | 23 de agosto de 2007

José Luis Gutiérrez, periodista que escribe en El Mundo con el seudónimo de Erasmo, envió a ELPAIS.com esta carta que ocupa ahora el espacio de mi blog. Se refiere a un texto que salió aquí recientemente con el título En defensa de Rosa. Me agrada mucho darle cabida, y me abstengo, como es natural, de hacer apostilla alguna al texto con el que ha tenido a bien replicarme.

Sr. director de ELPAIS.com

En el Blog de Juan Cruz, en uno de sus últimos textos- "En defensa de Rosa"- aparece un breve comentario en el que me menciona de forma derogatoria, malintencionada y casi insultante.

En su texto, Cruz, entre otras cosas, dice, tras asegurar que "hay periódicos que deforman y por tanto no forman": "Gutiérrez, a quien llaman Guti (…) , recientemente se sacó a toda página, en portada, en la revista que posee, Leer, por una riña que tiene con el rey de Marruecos".

Cruz perpetra una cuádruple ofensa. Contra la verdad, contra la libertad de Prensa, contra su propio periódico (El País) y, finalmente, contra quien esto escribe.

Lo que Cruz llama "una riña" es el caso más escandaloso que se ha dado en España en los últimos tiempos en cuanto a atentados contra la libertad de Prensa se refiere, que me ha tenido pendiente de los tribunales y sus sentencias- condenatorias- durante nada menos que los últimos 12 años y que resumo: en 1995, el periódico que dirigía (Diario 16), publicó una historia, la captura en Algeciras por la Guardia Civil de cinco toneladas de hachís en un camión de Dominios Reales, empresa familiar del rey de Marruecos. La historia era rigurosamente veraz, yo tan sólo el Director del periódico que la publicaba y tras la correspondiente demanda de protección del honor del ya fallecido sultán marroquí Hassan II, fui condenado por un juzgado de Madrid y confirmada la condena por la Audiencia provincial y más tarde por el Tribunal Supremo…al aplicárseme la Ley de Prensa de 1966 de la Dictadura de Franco, que aún sigue vigente.

Es decir, 12 años de persecución judicial en todas las instancias que me han obligado a escribir un libro ("En defensa propia", Editorial LEER, Madrid, 2004) y cientos de artículos y columnas sobre el asunto, a la espera de lo que decida el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, donde he cursado la correspondiente denuncia contra los tribunales españoles. El asunto, en cambio, es para Cruz- que en su columna protagoniza un emotivo ejercicio característico de los que siempre acuden en defensa de los poderosos- una simple "riña".

Todas las organizaciones del mundo de defensa de la libertad de Prensa me han apoyado firme e inequívocamente con sus comunicados, resoluciones y documentos, justo lo contrario de lo que hace Cruz, que escribe sobre mi con una evidente intención ridiculizadora y ninguneadora.

Y, además, ofende indirectamente a su propio periódico, El País, que, en esta historia, ha procedido hasta ahora con una gran elegancia democrática, recogiendo respetuosamente en varios ocasiones todos los pormenores del affaire, incluidos mis detallados textos sobre el largo y lamentable proceso judicial de 12 años de duración.

Gracias por su ciberhospitalidad y mi saludo.

JOSE LUIS GUTIERREZ*

Escritor, periodista, Director de LEER y ex Director de Diario 16

Niebla en el Garajonay

Por: | 23 de agosto de 2007

Ayer fuimos desde San Sebastián de La Gomera a Valle Gran Rey, por la carretera de la cumbre; dicen que hay otras, pero esa es espectacular, y la seguimos aun a riesgo de perdernos en lo que en algún momento se convierte en un bosque de nieblas y de misterios. En la corona final de la montaña, en lo alto del Garajonay, las nubes reclamaban lluvia y más nubes, y el coche se adentraba en aquella superficie boscosa como si estuviera a punto de integrarse en la acción de Apocalypse Now. Apunté en mi cuaderno algunas impresiones, y mientras lo hacía percibía que esta pasión mía por anotar me impedía contemplar el paisaje como éste se merecía. Y pensé que me he pasado la vida anotando; tengo miles y miles de cuadernos, algunos siguen existiendo y otros están en el recuerdo, que es la parte visible del olvido. Aun así, apunté algunos detalles del viaje y del paisaje, memorias antiguas de viajes que fueron distintos, y al final del recorrido, cuando ya quedaba atrás la niebla del Garajonay y enfilamos las curvas de Valle Gran Rey, ese magnífico paraje de palmeras, laderas y sol, contemplé una vez más el escenario más fascinante de las islas, esa mezcla de desierto y mar juntos, en una combinación que parece ser la de la salud y también la de la eternidad. Llegamos a Valle Gran Rey después de haber almorzado en el magnífico parador que César Manrique diseñó en una de las laderas; espléndido, cae sobre el paisjae como un ojo, y desde fuera sólo se percibe como una señal de respeto a lo que la gente ha de ver, que no es otra cosa que la naturaleza tal como fue. Siempre que recuerdo a César Manrique le imagino gritando contra la barbarie urbanística, y ahora se hubiera desgañitado. En Valle Gran Rey estuve mirando los comentarios del blog, en uno de los numerosos cibercafés que ahora dominan el lugar, y me sentí muy gratamente confortado al comprobar el entusiasmo con el que ustedes tomaron la propuesta de Héctor Abad de buscar en Borges los versos que él quería corroborar. Al final, mientras me iba, encontré a un borracho que llevaba dos latas de cerveza Dorada, mi favorita, y escuchaba en una radio vieja una música de rock mientras se acariciaba su barba, que en ese instante parecía también su compañera.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal