Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Gelman después de la medianoche

Por: | 30 de noviembre de 2007

Mario Benedetti me dijo ayer tarde, cuando supo que Juan Gelman había ganado el premio Cervantes, que Juan era su candidato; no hacía falta que lo dijera; se sabe, se sabe que Mario siempre ha sentido en Gelman no sólo a un colega sino a un hermano menor, símbolo de lo que Benedetti ama en la poesía, el compromiso con la experiencia. Desde Montevideo, desde la calle donde ha vivido sus mejores años y sus últimos años, ya sin Luz, junto a su hermano y sus libros y sus recuerdos, la alegría de Benedetti representa la mejor metáfora de lo que es el compañerismo literario; merecedor claro de este premio casi desde que el premio nació, el autor de El olvido está lleno de memoria, jamás ha lamentado la suerte adversa que su nombre alcanza en este galardón que se da en Madrid para toda la lengua española; y sin embargo jamás ha alzado ni la voz ni la amenaza de los truenos cuando se ha fallado y tampoco ha rozado la cualidad de su poesía. Ayer, en concreto, estaba muy feliz, casi tan feliz como cuando Gelman recuperó a la nieta que le hicieron desaparecer los militares argentinos, después de asesinar a su hijo y a su nuera.

La alegría de Benedetti fue la alegría de mucha gente; yo he escrito en EL PAIS impreso un artículo sobre un recuerdo que tengo muy fijo en mi memoria: cuando Gelman leyó en el Ateneo de Madrid los versos de aquella pérdida; le presenté yo, le vi a mi lado, nervioso, tambaleante, triste, muy entristecido. Y tengo otro recuerdo de él, entre muchos, en mi casa, una casa que tuve en la calle Núñez de Balboa. Habíamos bebido mucho los dos, habíamos bebido whisky, había muchos amigos, y había una amiga uruguaya, Cecilia Ceriani, traductora, muy querida amiga mía, y entonces Juan y yo cogimos --perdón, argentinos y mexicanos: agarramos-- una guitarra que me había comprado Pedro Ávila para que estuviera siempre en mi casa; Juan y yo fuimos a la máquina de escribir y quisimos escribir una canción para Cecilia. En algún lugar deben estar esos versos; ayer me acordé cómo reía Juan con la guitarra en la mano, y reservé esta anécdota para ustedes, y para mi memoria.

Antes hablar voy a decir unas palabras

Por: | 29 de noviembre de 2007

Ha habido grandes frases en la Feria del Libro de Guadalajara que he dejado hoy atras, camino de Mexico y de Espanha (de nuevo una maquinita sin la enhe, ese invento espanhol tan sombreado). Pero entre las frases que he escuchado la mejor de todas es la que dijo Fernando del Paso parodiando a Cantinflas: "Antes de hablar quiero decir unas palabras". La verdad es que la fraseologia paradojica del gran comico mexicano da para mucho; es un precursor de Mister Chance; nos lo tomabamos a conha, pero era capaz de hacer saltar la solemnidad en mil pedazos y dejar pensando en lo obvio al tiempo que se llegaba a lo contrario de lo obvio.

Se acabo (para mi) Guadalajara; fue una excelente experiencia, muy estimulante, y en cierto modo muy creativa, porque la reunion de tantos libros incita siempre a creer en la posibilidad inmortal de leerlos todos; esta manhana vi apilados miles y miles de libros, y de pronto me entro la fascinacion o la ilusion o la locura de llevarmelos todos. Elegi uno, Noticias de Rulfo, que llevo en la maleta.

Goyo Rodriguez, el subdirector de Cultura (Babelia, El Pais Semanal, etcetera) regresa conmigo; a la venida leyo con pasion La carretera de Cormack Mc Carthy, y Antonio Munhoz Molina lo supo por este blog. Munhoz Molina fue el primero que escribio de La carretera en Espanha, se lo dijo al llegar a Guadalajara, donde coincidieron. Luego Antonio le regalo a Goyo Travesias, el libro de textos periodisticos que ha compilado el autor de El jinete polaco, una de las figuras mas requeridas y escuchadas de esta feria. Goyo se ha traido tambien dos obras de Fernando Vallejo, La virgen de los sicarios, que esta terminando de leer, y El desbarrancadero. Entre Travesias y lo que le queda de Vallejo tiene larga lectura para esta larga travesia. Yo tratare de escribir un reportaje sobre el Teide, y tambien tratare de dormir, como si asi olvidara la tremenda impresion que dan los aviones grandes a los que nunca nos hemos acostumbrado a creer que los aviones verdaderamente vuelan.

Ahora estoy en el aeropuerto, terminando de escribir este blog, y me pregunto: habre hablado antes de decir unas palabras?

Por cierto, la maquinita tampoco tiene acentos. Pero si se fijan bien todas las palabras tienen su acento, no hace falta ponerlos.

Los exiliados

Por: | 28 de noviembre de 2007

Hoy pueden charlar, o pueden haber podido charlar, con Jordi Soler en EL PAIS digital. Sus dos libros sobre el exilio de su familia en La Portuguesa, la selva veracruzana, son dos monumentos de reconstrucción de un ambiente que simboliza en un trazo que parece íntimo y se vuelve colectivo del drama personal de los exilios, en este caso del exilio republicano.

En Los rojos de ultramar (Alfaguara) Jordi reconstruye el exilio desde el punto de vista de la experiencia de los adultos; visita, por hacerlo así, la ilusión no correspondida de hombres que quisieron seguir haciendo la guerra por otros medios y vivieron el sueño de que Franco cayera del poder inmediatamente; en La última hora del último día (RBA), Jordi ve esa experiencia desde los ojos del niño que fue; en este caso, elabora un memorable fresco del horror, una tía loca que ataca a su madre y a la que él quiere ver muerta. La paciencia, el dolor, la esperanza, la fiesta y el drama recorren el libro con la inmediatez poderosa de una literatura que en él se ha sedimentado como una piel verdadera. Da, pues, escalofrío por la historia, fascinación por la capacidad de contarla.

Estos días tuvimos aquí, en Guadalajara, otro latido de aquel tiempo, del exilio; Santos Juliá y José Álvarez Junco presentaron la compilación de las obras de Manuel Azaña, ya con lo que había requisado la Gestapo. Es algo más que una restitución; es el homenaje a un hombre a quien se le hizo imposible gobernar un país cuya mitad luego tuvo que vivir otra hora, otra ilusión y otro tiempo. Sólo quienes han padecido el exilio conocen el drama de no volver.

Yo vuelvo hoy. Qué tiempos aquellos, y estos qué tiempos son. Aquel fue un drama. ¿Y ahora qué vivimos? ¿El olvido?

Los editores

Por: | 27 de noviembre de 2007

Mis antiguos compañeros de Alfaguara, donde trabajé seis u ocho años, ya no me acuerdo, me invitaron ayer a su almuerzo anual en Tlaquepaque; lo celebran (lo celebrábamos) cada vez que nos reuníamos en Guadalajara, para la Feria Internacional del Libro. Allí amasamos muchos proyectos, cuando yo ejercía como editor, y ahora los he visto amasar. Muchos de los reunidos eran muy jóvenes, acababan de llegar, y ahora ya son prestigiosos editores, en Colombia, en México, en Argentina, en España... Ahora los he visto discutir y entenderse, buscar en los libros que hacen otros la ilusión de su vida, y he estado pensando en ese oficio extraordinario, en el que hay que conservar la cabeza fría, la humilidad y la emoción de descubrir a partes iguales. Es un oficio generoso en el que a veces florecen también los que nada tienen que ver con esa palabra y lo usan para su propio brillo o para su propio nombre. El editor es un mensaje entre el escritor y el lector; de su entusiasmo depende el catálogo de su firma, y el catálogo no lo hace un hombre sino que lo hace la historia, es decir, la lectura. Por la noche estuve en el homenaje que la FIL dedicó a nuestro presidente, Jesús de Polanco. Fue un momento muy emocionante para nosotros, los que trabajamos en este grupo; Jesús reunía esas virtudes de claridad de mente, de distancia de su propio ego y de entusiasmo para publicar y para vender libros. En vida sufrió mucha mezquindad, y ahora la sigue sufriendo, porque la vida es así, y la verdad es que él se tomaba esa mezquindad agresiva que padecía con muchísima filosofía; un reconocimiento como el que se le reiteró en Guadalajara, reconforta en la ausencia siempre sentida de este hombre que emprendió aventuras para que los otros tuvieran barco en el que navegar. El homenaje fue en el marco del tributo editorial otorgado a Christian Bourgeois, un gran editor francés que hizo resaltar en su país la literatura de otros países, entre ellos la española. En esa isla cerrada que es a veces la cultura editorial francesa, su gestión ha sido importantísima para divulgar lo que aquí hacemos. Luego, al final de la tarde, presentamos la nueva Babelia en la FIL, con el director del periódico, Javier Moreno, Goyo Rodríguez, que es el subdirector del periódico que se ocupa de toda la zona cultural y de EL PAIS Semanal, y numerosos escritores de todas partes, sobre todo colombianos, que son los invitados este año en la feria. Y editores. Goyo adelantó ahí que no habría problemas de espacio en BABELIA. Es una buena noticia para la expresión escrita en revistas o suplementos culturales. Luego me tomé dos whiskies, porque en definitiva había culminado mi actividad profesional en la feria; muchos me han pedido que tome tequila a su salud, porque la tequila es aquí lo suyo. Sufrí un a vez el latigazo del tequila; ya no más. Esta mañana me ha escrito un mensaje la pareja que dedica Artemisa, una joven editorial canaria que ya se ha afincado en Madrid, y que acaba de publicar a un símbolo de la literatura colombiana, precisamente, La vorágine, de José Eustasio Rivera. Marian y Ulises son los responsables de Artemisa. He leído que están aquí, aunque ya sabía que vendrían. Esta mañana viene Peter Mayer, el hombre que reedificó Penguin y que me enseñó muchísimo como editor. O sea que estoy rodeado de mi vieja vida, debatiéndome entre el amor al periodismo y el reconocimiento a un oficio, el de editor, que es incomprendido a veces pero que representa uno de los más bellos empleos de la tierra: facilitar que las palabras, las buenas, las regulares e incluso las malas, circulen.

Catorce por ciento

Por: | 26 de noviembre de 2007

Tengo problemas con el ordenador; ahora sólo tiene un catorce por ciento de batería; como si estuviera en el último suspiro de Luis Buñuel. Telegráficamente, pues: estuver, en efecto, en la conferencia de Antonio Muñoz Molina, sobre la vida y la ficción. El escritor de Úbeda lee siempre, esta vez introdujo algunas divertidas digresiones, pero fue y vino de su vida y de los libros que leyó con el mismo vigor melancólico con el qwue ha combinado su buena memoria: la escritura es memoria, y en Muñoz Molina eso ha sido así incluso en sus ficciones. Lo imagino --él se contó así-- pensando en la débil línea de un argumento mientras toma el sol en una plaza. Ese carácter retraído que la gente le atribuye es sobre todo el carácter de un muchacho que aún no se ha acostumbrado a tener el pelo gris y sigue dándole vueltas a los recuerdos que le hicieron, y que hacen ahora la vida de su ficción.

Y cierro. Ya no queda ni el 14%.

hasta luego.

Carlos Fuentes lee de pie

Por: | 25 de noviembre de 2007

Siempre he visto de pie a Carlos Fuentes; firma los libros de pie, lee en público de pie, cuando va a los coloquios exige hablar de pie. Es un hombre de pie, como aquellos hombres de los que hablaba Salvador de Madariaga, retrato de un hombre de pie. En ese libro, Madariaga hacía una curiosa comparativa entre el hombre y la vaca, pero esto no viene al caso ahora. Fuentes habló de pie en esta Feria del Libro de Guadalajara, y así leyó un capítulo entero de su nuevo libro, que tiene como fondo y como tema el asesinato a sangre fría, en un avión, de un ex guerrillero colombiano que había abandonado la guerrilla y luchaba por su país ya sin las armas. Llevaba guardaespaldas que le guardaron mal, y le mató un joven sicario que viajaba oculto en un cuarto de baño. Cuando perpetró el asesinato fue cuando los guardaespaldas se percataron de su presencia asesina, y lo mataron. En el zapato el chico llevaba una nota recordando a quienes le habían encargado el crimen que le dieran a su mamacita los 2.000 dólares que le habían prometido por su fechoría. La historia es real, tiene nombres y apellidos, y Fuentes la ha transmutado a su manera de decir literaria, que el colombiano Juan Gabriel Vasquez, que le presentó, calificó con palabras de Musil: lo que Fuentes ha hecho con su escritura es tratar de contar el mundo, abarcarlo, decirlo. Pues lo dijo con el vigor de sus mejores libros, y lo dijo en alto, rabioso y perplejo. A mi no me suelen gustar las lecturas públicas, porque mientras el autor lee mi cabeza frecuentemente se va por los cerros de Úbeda, pero esta vez debo decir que Fuentes me arrebató, hizo de su lectura un espectáculo literario de primer orden. Antes había escuchado a Xavier Velasco, que acaba de publicar Este que ves, sobre su infancia; hizo un monólogo ayudado por los espectadores, que le enviaron en avioncitos de papel más de treinta preguntas sobre esa época de su vida y sobre otros sucesos que se derivan de la creciente literatura de este mexicano que guarda aun los gritos de la niñez como si fueran ranas o tigres o leones en la garganta. También habló de pie Velasco, vestido como para salir en los dibujos de Snoopy; es curioso, él no lo quiere parecer, quizá, pero encuentro en sus ojos, ya, la sombra benéfica de una madurez literaria que le dará pronto su asentamiento en un modo de decir que a él, y a los lectores, nos traerá muchísimas satisfacciones. Este mediodía voy a escuchar a Antonio Muñoz Molina, que es de los españoles que han venido; no sé si hablará de pie, pero su literatura siempre ha estado de pie, con el vigor, por cierto, que la memoria le da a los que escriben como Dios.

Hay una juventud que aguarda

Por: | 24 de noviembre de 2007

Nunca me he olvidado de Francisco Candel, jamás. Le empecé a leer cuando empecé a leer; su escritura era cortada, desmañada, directa; heredaba de Hemingway, imagino, como todo el mundo entonces, y de un amigo suyo, que fue quien le ayudó a salir adelante, Tomás Salvador. El libro que leí primero se titulaba Hay una juventud que aguarda, que reflejaba las inquietudes de un joven de entonces, y de muchos jóvenes de entonces, en una sociedad que se había hecho definitivamente opaca y cabrona. Me lo supe tan bien ese libro que una vez descubrí un plagio del que había sido objeto; un compañero de una revista que yo dirigí en el Valle de La Orotava, Ahora, no tuvo otra ocurrencia que tomar regalado del libro que yo acababa de leer un texto que firmó con su nombre. Fue, acaso, mi primera anécdota literaria, cuando yo tenía quince años y la cabeza llena de palabras y, supongo, de manías de futuro. Luego Candel escribió un libro muy polémico sobre el lado de allá de Barcelona y la inmigración de entonces, que fue la primera inmigración masiva que hubo en este país, Donde la ciudad cambia de nombre. Ese libro armó un escándalo monumental; los vecinos, a los que aludía con mucha precisión, quisieron lincharle, y se salvó de muchas palizas. Él era un hombre bajito, enclenque, pero tenía, tuvo hasta el final, muchísima energía, y afrontó aquello con humor y literatura, así que hizo un libro sobre el escándalo, que tituló Dios la que se armó. Sobre esa época le hice hace algún tiempo una larga entrevista para EL PAIS Semanal. Fue en su casa de siempre, en el barrio donde sucedieron todas esas cosas, rodeados de plantas y de un pajarito que él cuidaba como si fuera un pariente. Ahora acaba de morir Candel y a mi me entró una verdadera congoja. Y lo que son las cosas: me habían pedido el miércoles un artículo para As, sobre unas declaraciones escandalosas de un futbolista del Barcelona, y titulé mi artículo Dios la que se armó, como el libro de Candel, a quien citaba convenientemente. Ayer por la mañana, jueves, encendí el portátil y allí me encontré, abrumado por la coincidencia, con la tremenda noticia de la muerte del escritor que yo tanto admiré en los primeros años de mis lecturas.

Ya estoy en Guadalajara, México, para asistir a la Feria del Libro. Les contaré.

¿Se le ofrece alguna otra?

Por: | 23 de noviembre de 2007

Me llamó la atención lo que nos dijo el otro día David Antón, escenógrafo muy importante de la ópera y compañero de Fernando Vallejo, sobre la conducta de los mexicanos. Lo había leído ya en el libro de Jorge de Ibargüengoitia, Instrucciones para vivir en México, pero David lo decía ahora con mucho énfasis: a pesar de la fama de inseguridad que se ha ganado esta ciudad, el mexicano es solidario y generoso, es capaz de crear a su alrededor un ambiente de confianza que no se corresponde con esa atmósfera de peligro constante que ahora forma parte del estigma de esta urbe de veinte millones de habitantes. Ayer mi compañero de viaje, Goyo Rodríguez, subdirector de EL PAIS, quiso cruzarse la ciudad a través del bosque de Chapultepec, y lo hizo, en mi compañía; fue un viaje interesante; yo lo hice persuadido de que en algún momento me iba a encontrar con el monumento a León Felipe, que se inauguró en 1973, ante una colonia de republicanos españoles que se sabían de memoria los versos del gran zamorano del destierro. No vi el monumento, pero vimos por dentro el pulmón gracias al cual aún respiran los mexicanos del Distrito Federal. Por el camino preguntamos varias veces las direcciones por donde debíamos estar andando, y todos nos acogieron con gran gusto. Al regreso ya se hizo de noche, preguntamos por donde andar; un hombre nos mandó a varias direcciones contradictorias, otros nos hicieron indicaciones que nos hubieran llevado al punto de partida y no al de llegada, y otros quisieron acompañarnos para que no nos perdiéramos. Hasta que un señor nos indicó un camino que parecía correcto, pero luego nos llamó a gritos, y cuando ya nos tuvo cerca nos dijo:

--No, mejor no. Mejor se toman un transporte. A esta hora ya está oscuro, y ustedes saben que ya no es como antes.

El circunloquio quería decir que tuviéramos cuidado, que no nos arriesgáramos a tener algún contratiempo en medio de la boca oscura de la gran ciudad.

Por la noche, en una cena en la que estaban Ángeles Mastretta, su esposo, el también escritor Héctor Aguilar Camín, y el director de fotografía Javier Aguirresarobe (hace la película a partir de Arráncame la vida, basada en la novela de Ángeles), Héctor nos dijo que, en efecto, los mexicanos son muyr serviciales, siempre quieren ayudarte, incluso cuando no saben qué dirección darte.

Y nos contó esta anécdota. Iba él a buscar a un amigo suyo escritor a algún lugar de la ciudad y halló a una persona que quizá le podía ayudar. Le dijo el nombre de la calle, Moliere, pongamos por caso, y el transeúnte se le quedó mirando, con ganas de ayudarle, hasta que le dijo:

--No sé dónde sea Moliere. ¿Se le ofrece alguna otra calle?

En Canarias y en Cuba la respuesta es más expeditiva, o más ambigua, según se mire. Cuando no se sabe a dónde mandar a quien pide una dirección, es fácil escuchar esto:

--Si le digo le engaño.

En casa de Marichal

Por: | 22 de noviembre de 2007

Estoy en Cuernavaca, Mexico, donde Malcolm Lowry escribio Bajo el volcan. Estoy bajo el volcan. Ayer, cuando iba a hacer este viaje, estuve en casa de Fernando Vallejo, en la colonia de La Condesa, de Mexico, y alli estaba, amorzando con nosotros, el mitico traductor de Bajo el volcan, Raul Ortiz. Hablamos de su traduccion, de Lowry, y de Cuernavaca, de los ricos que lo habitaron y que la habitan, de su clima, que es primaveral como el de mi pueblo; hablamos de muchisimas cosas, de religion (Vallejo acaba de publicar La puta de Babilonia, sobre las iglesias), de politica, de los mexicanos y de los latinoamericanos, y luego emprendi el viaje; el destino era visitar a Juan Marichal, un profesor extraordinario, un hombre lucido que vive ya, a los 86 agnos, el retiro en Cuernavaca, junto a su hijo Carlos, profesor de Historia Economica en el Colegio de Mexico, y un hombre inquieto, cuya gran ilusion es ver que alguna vez el gran tesoro de la cultura --literaria, economica, historiografica-- latinoamericana se pone en comun. Vinimos con Carlos y con su mujer, Soledad, antropologa tambien del Colegio de Mexico, por la carretera que hizo famosa Carlos Fuentes (fue Carlos Fuentes?, fue en Cambio de piel?) y llegamos al atardecer a Cuernavaca. Con don Juan compartimos algunas memorias comunes, la de Domingo Perez Minik y sobre todo la de Solita Salinas, su mujer, la hija de don Pedro. Solita acaba de morir. La presencia de su alegria y de su sonrisa es visible en la casa, sera visible siempre para los que la conocimos. Un dia escribire mas de esta visita, que es muy emocionante para mi. Ahora escribo en el estudio de Carlos. Me acaban de dar tres noticias: ha muerto en Las Palmas Lola Massieu, una artista plastica de la generacion de Millares, que revoluciono con su melena roja las quietas aguas de nuestra tierra; le han dado el premio de Fomento a Lectura a Jose Maria Guelbenzu, y Ana Maria Matute ha ganado el premio de las Letras. Todo ha venido por el movil, el mundo carece de distancias, las noticias revolotean en el aire como mariposas brillantes a veces oscuras casi siempre. La vida es un torbellino. Ayer nos despediamos, hoy damos enhorabuenas. El destino del hombre es, recuerden el famoso verso de Neruda, amar y despedirse. Y yo me despido, vuelvo a Mexico DF. Alli me espera el sonido del trafico, el aire de sus chimeneas.

Fernando

Por: | 21 de noviembre de 2007

Estábamos en el Zócalo, en México, cuando llegó la temida noticia de la muerte de Fernando Fernán-Gómez. En un café italiano, sobre una sevrilleta, escribí algunas imágenes que me vinieron a la memoria cuando supe que había muerto. Con mucha emoción escribo ahora en el blog. Era un hombre fantástico, un sabio; en otro país ya tendría la avenida más grande a su nombre, y nadie le hubiera regateado nada ni nadie le hubiera hecho preguntas estúpidas ante las que él exhibió su justísimo cabreo. Fue un actom memorable, y como memorialista dejó el tiempo amarillo que vivió esculpido en la aguda piedra de su inteligencia. Su última aparición pública fue memorable, esa La silla de Fernando que hicieron Luis Alegre y David Trueba es el testamento de su inteligencia, que fabricó a partir de la duda y también del reconocimiento de que casi todo es miseria, aunque por encima de la miseria a veces revolotean mariposas de colores brillantes que llevan el aire de ser gente como él.

El País

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