Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Y en primer plano, la chaqueta

Por: | 31 de enero de 2008

La chaqueta, o americana, o saco, según donde se diga. En el circo periodístico nacional ha aparecido una chaqueta. "Y en primer plano, la americana del entrevistador". Ya es famoso el pie de foto: la americana en primer plano, y al fondo el entrevistado, el candidato del Partido Popular. Tiene un antecedente, en Tenerife. Tinerfe, famoso cronista deportivo de EL DIA, que entonces era mi periódico, fue al estadio Heliodoro Rodríguez López a entrevistar al entrenador del Albacete, que era el equipo visitante del Tenerife. Fue con él Rafael Ramos, el fotógrafo, que luego sería muy famoso (también) porque un toro lo corneó mientras retrataba en la plaza. Pero esta vez tenía que fotografiar al entrenador del Albacete. Y el hombre se olvidó. Así que Tinerfe optó por ilustrar su entrevista con la foto del equipo. Y en el colmo de la síntesis escribió así el pie de foto: "El equipo del Albacete. Y ya fuera de la foto, nuestro entrevistado".

El viejo periodismo

Por: | 30 de enero de 2008

Ayer vi que Efe transmitía una noticia que nos afectaba directamente, a ustedes y a mi. A mi como periodista y a ustedes como blogueros. Resulta que un grupo importante de periodistas reunidos en Burgos han pedido la vuelta al periodismo tal como se hacía antes y han alertado contra el supuesto de que esto que hacemos, los blogs, sea periodismo. Yo opino igual, esto no es periodismo tal como se hacía antes, porque no responde al viejo código (¿viejo?) de que periodista es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente. Es cierto, lo que hacemos (lo que hacen ustedes, también) es opinión. La opinión es una parte del periodismo, pero no es el periodismo. El periodismo es la búsqueda de noticias de lo que sucede (malo, bueno o regular, pero casio siempre, sobre todo, lo malo) con instrumentos que son avalados por una técnica que tiene en cuenta la antigua atribución de fuentes (Onetti hablaba del señor Fuentes, el señor más citado en el periodismo mundial) y por una experiencia. Cualquiera no puede ser periodista, aunque periodista pueda ser cualquiera... si se prepara para ello, claro está. Muchas veces se confunde a los opinadores (que puede ser todo el mundo) con los periodistas, y acaso por eso cada vez hay más gente que opina en los periódicos y en estos instrumentos nuevos. (Periodista puede ser cualquiera: periodista puede ser una americana, como hemos visto recientemente en una muy publicitada entrevista política). Y como los opinadores escriben y publican (instantaneamente, como es este caso) ya se dice que son periodistas. Sobre esa confusión parece que alertaban los periodistas reunidos en Burgos. Es una materia de reflexión a la que yo añadiría una preocupación por el anonimato creciente de los que frecuentan los blogs, incluido este. Entiendo la existencia de nicks y de otros subterfugios para disimular la personalidad, pero objeto que los nicks sirvan para ocultar la identidad de los que insultan o faltan al respeto a las personas, titulares de blogs o usuarios del sistema. Una vez propuse aquí que los insultos o las faltas de respeto se publicaran siempre con el verdadero nombre propio y que los halagos o los comentarios neutros se firmaran con seudónimo. No tuve éxito y supongo que hoy tampoco convenceré a nadie  de que me siga. Al contrario, imagino que si por comentarios inocuos en el pasado me han dado hasta en el carnet de identidad (eso sí, verdadero), ahora me van a llover chuzos de punta. En fin, a todo se acostumbra uno, o quizá no. De momento ahí queda mi nombre bajo el rótulo que cada día uso, y ahora se va a cumplir un año, que no es poco tiempo de relación con un instrumento que comenzó a juntarme con ustedes precisamente desde Colombia, de donde acabo de venir ahora.

Montes

Por: | 29 de enero de 2008

Durante este año de blog, que se cumple ahora, ninguna noticia me ha producido una satisfacción más íntima, un gozo más grande, cercano, verdadero, humano, que la decisión del tribunal de justicia de restituir en sus derechos y en su honor a Montes y a sus compañeros médicos del hospital de Leganés. El cinismo persecutorio perpetrado por Aguirre, Lamela y la Cope --acompañados ahora por el silencio más ominoso-- contra estos profesionales recordó la vieja Inquisición, y ahora ha sido desmontado en su babosa zafiedad. En Cartagena de Indias hay una ventana que se llama La Ventana de la Inquisición. A ella acudían los anónimos denunciantes, para llevar a la hoguera a sus íntimos enemigos. Aquí ha funcionado también la ventana anónima, a la que Lamela hizo caso de inmediato, secundado por Aguirre. Anoche decía Montes que se pasaba al segundo acto, al de las responsabilidades políticas; puede haber perdón humano, decía, pero hay unas graves responsabilidades políticas que ahora se empiezan a eludir como si la piedra la hubieran lanzado otros. Ya han empezado por callar. Terminarán diciendo que olvidan. Vaya desde aquí, como señalaron algunos blogueros ayer tarde, la expresión de gozo íntimo, verdadero, por el desenlace de la malhadada historia.

Qué raro, lunes

Por: | 28 de enero de 2008

Acabo de regresar; las maletas se multiplicaron, vinieron nuevos libros, compré café en el aeropuerto de Eldorado, vi dos partidos de fútbol, conversé con amigos que encontré en el viaje de vuelta, una amiga me dejó una pastilla para dormir, y dormí ocho horas, desde las dos de la madrugada a las diez de la mañana. Las maletas salieron (en la T4) extrañamente pronto, en el taxi comprobé ya el aire limpio de Madrid, como si lo hubieran lavado, y por el camino sentí en la ciudad un extraño silencio, como si estuviera a la espera de algo. En la puerta de casa había unos obreros hablando portugués y la casa estaba silenciosa y quieta como un café que reposa. Luego abrí el ordenador, que se resistía, llamé al periódico e hice otras llamadas igualmente umbilicales, como si estuviera rompiendo el silencio que se siente cuando regresas al sitio donde estuviste y te encuentras a ti mismo esperándote. Luego leí los comentarios del blog e imaginé qué hubiera escrito yo si escribiera comentarios en este blog. De pronto miré al frente y en las estanterías de mi vida vi cuántas veces antes fue lunes también, qué extraño. Ahora me voy a duchar, la vida es lo que sigue.

La pasión

Por: | 27 de enero de 2008

Se acabó Cartagena. Me iré con nostalgia, a mediodía. Ayer a mediodía encontré un hueco en el suelo, se había roto una cubierta, y se lo dije a un guardia, cualquiera se puede caer por ese hueco. Cuando volví al festival mi compañera Pilar Reyes lo advirtió: habían puesto la cubierta. Estuvimos almorzando un bocadillo en una cafetería que Pilar cree que tiene los mejores bocadillos del mundo. No me parecieron tan allá, pero allí dentro estuve como si en cualquier momento fuera a entrar por allí alguno de mis sobrinos, con los ya numerosos sobrinos nietos. Por la tarde, después de la actuación de Sabina, que estuvo memorable, vine al hotel; es una casa enorme, coronada por una piscina espléndida; para entrar, a cualquier hora del día, tienes que tocar al timbre, y ya dentro sientes la atmósfera de que estás invitado donde te conocen de hace años. El hotel se llama La pasión, fui conducido aquí por la mano de Carolina Rojas, que me ha hecho de fundamental cicerone en este viaje, y aquí he conocido al hombre, Thierry, francés, a quien se le ocurrió este hotel familiar y chiquito en el que he vivido la sensación de que estaba en mi casa, pero no en mi casa de ahora, sino en las casas a la que íbamos los chicos cuando éramos niños y otros amigos nos invitaban a pasar allí las horas o los fines de semana. En medio del calor y del ajetreo caribeño, decidí subir a la habitación, a ver cómo era el silencio, y de pronto tocaron al timbre. Unos jóvenes periodistas, querían hablar. Subí con ellos a la piscina, y allí, bajo aquel entoldado natural de hojarasca, les estuve contando qué sé yo qué cosas. Cuando se fueron me quedé a la sombra, pensando. Qué raro, a esta hora de la tarde, tan lejos, pero en mi casa. Luego me lo dijo Thierry. Estás en tu casa. No lo sentí como un cumplido, es verdad. Me he sentido bien en Cartagena. Y me voy. Uno es la sombra que le sigue.

Los países de uno

Por: | 26 de enero de 2008

La primera vez que fui a México me sentí extrañado, atrapado por el mal de altura, pero pronto me sentí como si hubiera llegado a una tierra en la que podía quedarme a vivir toda la vida; hace unos meses, de viaje desde Cuernavaca, sentí de pronto la atmósfera que había vivido en el Valle de La Orotava de mi infancia, mirado por el volcán, sumido en una geografía que parecía por una mano que nunca pensó que su huella estuviera en peligro de borrarse. Después vine a Colombia, y en el barrio de La Candelaria sentí, en efecto, como si regresara a La Laguna de MC Guimerá, y al fin y al cabo La Laguna fue el modelo de ciudad que España exportó a América Latina. En Cuba, alas dos horas, ya estaba en el patio de mi casa, con los helechos, con las frases, con las palabras que fueron alguna vez mi primer aprendizaje. En Uruguay me sentí como en Canarias, porque es una prolongación de Tenerife, y en Venezuela experimenté el sabor de mi pueblo detenido en el tiempo. Argentina, y sobre todo Buenos Aires, es la prolongación del folklore que uno escuchó en los tocadiscos de la juventud. Y Cartagena de Indias. Anoche sentí que estaba en el viejo Santa Cruz de los cruceros, y en el aire límpido de la mañana, en la terraza del hotel, pensé, con la suposición alegre de que la vida es eterna, qué pasaría si me quedara aquí. Estaba desayunando con algunas de las personas que acuden al Festival Hay. Y alguien evocó el nombre de Fernando Vallejo. Cuando escuchó el nombre del escritor de El desbarranccadero, una mujer morena, de ojos claros, se levantó de su asiento y preguntó si Vallejo estaba aquí, en Cartagena. Luego se identificó, es Gabriela, la viuda de Roberto Fontanarrosa, uno de los escritores y humoristas más importantes de hablaba española, lamentablemente ya fallecido. La melancolía del recuerdo de Fontanarrosa se añadió a la melancolía que me produce reencontrarme con el pasado, con su olor y con sus palabras, y con su emoción grande o chica pero insoslayable. Ahora escribo en el patio del hotel, arriba queda la habitación desordenada, y su desorden evoca la necesidad de ir haciendo las maletas. Gracias, MC Guimerá, por tu evocación en el blog de ayer.

El nombre de la refinería

Por: | 25 de enero de 2008

El viaje de Bogotá a Cartagena de Indias te lleva de la planicie contaminada de las montañas a un mar embravecido donde los contrastes de la vida se hacen aún más evidentes, como agujas que te asaltaran a la vista. A un lado, los palacios aéreos donde viven los que quieren disfrutar de los dos lados del mar a toda costa, edificios altísimos que parecen, en efecto, agujas en los ojos; y en el otro lado inmensas hileras de casas miserables, donde persiste la metáfora obvia de la miseria y la persistencia. ¿La persistencia? A mi lado viabaja en el avión un joven empresario, de 31 años, de nombre Daniel; llegó al avión haciendo negocios por el móvil, luego siguió trabajando en un block amarillo sobre el que escribió anotaciones pertinentes para el día que estaba iniciando. No disponía de bolígrafo, algo propio de un hombre de las nuevas tecnologías, y le dejé el mío. Por eso entablamos conversación. Él vio que yo llevaba libros, recortaba periódicos, me metía en un mundo de palabras mientras que él iba de las palabras a las cifras, así que pensó que quizá yo tenía algo que ver con estos mundos de la sintaxis. Es brasileño, estudió en algunas de las universidades más importantes del mundo, y ahora es el vicepresidente de una compañía de petróleos que pone en marcha una refinería en Cartagena. Lleva ya años ocupando cargos ejecutivos en distintas compañías, y en esta tiene una responsabilidad extraordinaria: es la cuarta empresa de Colombia y acaba de hacer la mayor inversión de la historia del país. Él cree que Colombia es un superpaís, así lo dijo, donde merece la pena invertir y vivir. Sobre el suelo de este país, desde el avión, sus predicciones parecían el relato de un entusiasta, pero él está convencido, lo cree así, está decidido a contribuir a que sea verdad ese sueño que deletrea con cifras y con proyectos. Cuando pasamos por las chabolas que son vecinas de los rascacielos le conté la anécdota que le ocurrió a la Reina de Inglaterra cuando fue a Lisboa. El ministro de Asuntos Exteriores portugués le mostraba la ciudad, y cada vez que pasaba por una zona tan miserable como esta que ahora veíamos desde el aire, el ministro exclamaba: "Son existencialistas, Majestad". Hasta que le reina le preguntó a qué se refería con que esas cuevas estaban habitadas por existencialistas, por qué son existencialistas. "Porque se empeñan en existir". A Daniel le hizo gracia este cuento de la persistencia, y luego hablamos de cada uno y del porvenir. Me dijo su edad. "El año pasado cumplí treinta años y ahora tengo 45". Las responsabilidades de la vida le han llevado canas al pelo y cansancio a la vida. En Bogotá conocí a un alto ejecutivo de las finanzas que un día dijo adiós a todo eso y se hizo gerente de la escuela donde había estudiado de niño. Eso no se lo dije a Daniel, que ahora está enfrascado en una búsqueda en la que quise ayudarle: el nombre de la refinería que está en marcha a diez kilómetros de esta geografía que empezamos a pisar. En Cartagena estuve escuchando luego, hablando de boleros, a Serrat y Sabina, pero de eso ya hablé en elpais.com ayer mismo, mientras estaba ocurriendo. Hoy sigo en el Hay Festival, pero eso se lo cuento a ustedes en otro sitio de este mismo sitio web.

El número 13

Por: | 24 de enero de 2008

Bogotá es una ciudad bellísima que arrastra como una nube su pasado. Brasil es el país del futuro y siempre lo será, decía Stefan Zweig. Bogotá es la ciudad del pasado, una piedra grande, la piedra de la pesadumbre, le pesa y la arrastra a recordar; por aqui mataron a Jaime Garzón, me dijeron anoche, aqui fue el bogotazo... Todos los rincones de la ciudad, bellísimos ahora, cuidados, denotan el amor de sus habitantes por este lugar a más de dos mil metros de altura que ahora contrarresta su contaminación lujuriosa con un arbolado cada vez más frecuente. Y debajo de esa nube de gasolina que a los asmáticos nos mata, la disucsión es cómo dejar de recordar la maldad y preparar el futuro, el futuro de una Colombia que no tenga en sus calles y en sus recuerdos las etiquetas de un horror que parece un pegamento. Lo que sorprende y estimula es escuchar la risa, la autocr{itica, el análisis, a veces sosegado y a veces tan duro; una senadora, Piedad Córdoba, contaba esta mañana en la radio los insultos que recibió en un avión que la llevaba a Caracas, por parte de partidarios de la manera que tiene el presidente Uribe de llevar la política antitterrorista; ella representa ese sector que quiere un acuerdo humanitario que acabe con la existencia de cautivos de la guerrilla. La virulencia con la que atacaron es la virulencia que crece en la población, dividida sobre los modos de afrontar la lucha contra el terror. Hay miles de matices, Colombia, como Bogotá, que es su metáfora, está llena de sutilezas que hay que tocar con sumo cuidado hasta hacer un diagnóstico del futuro. En un célebre documental colombiano le preguntaron a un niño sobre el futuro, en una de las villas miserables de Medellín, y el chico dijo: "El futuro? Eso no hay". Eso no hay? Lo hay, pero está detrás de un número trece que le ha tocado en la lotería de la vida a este pueblo cultísimo que no sabe cuándo acabará la losa que le obliga a hablar del pasado como si siempre estuviera sucediendo.  Algún día explicaré por qué se metió en mi cabeza el trece como metáfora. Hace calor en Bogotá. Esta mañana dijo un locutor: "Día de verano en Bogotá". Ayer también fue día de verano, pero por la noche me helé de frío.

Suceso en la biblioteca

Por: | 23 de enero de 2008

Hace cinco años el escritor colombiano Fernando Vallejo dijo: "A Colombia sólo la podrán arreglar cincuenta años y un poeta". Con esa frase fui a entrevistar a varios escritores e intelectuales colombianos. Hice las entrevistas después de una visita a la biblioteca Virgilio Barco, en las afueras de Bogotá; allí están expuestas las cifras del horror, los años que llevan en cautiverio cientos de personas inocentes que fueron secuestradas por las Farc. Comencé las entrevistas un sábado, y empecé por María Mercedes Carranza, poeta, cuyo hermano Ramiro llevaba entonces casi cuatro años en poder de sus captores. Ella había acabado de correr en un parque bogotano, y parecía serena, incluso feliz, tranquila; después de hablar de su propio drama, que es el de su país, estuvo intercambiando bromas con su colega el escritor Rafael Humberto Moreno Durán y con el también escritor mexicano Sergio Pitol. Un mes después de esa conversación, María Mercedes se suicidió, no pudo soportar la negra certeza del muro que se cierra cuando ya no hay más preguntas. Anoche una periodista me preguntó cuántas veces había venido a Colombia, y le referí, entre otras, esa dramática experiencia, y le hablé del terrible testimonio que había visto, también, en la biblioteca. No recordaba el nombre. Ella me lo refrescó, Virgilio Barco. Se quedó demudada. Por qué te asustas?, le pregunté. Y ella me refirió lo que hab{ia sucedido aquella misma mañana, en la biblioteca Virgilio Barco. Un lector de muchos años, un hombre mayor, un lector, se había sucididado con su pistola en medio de los restantes lectores, atónitos. Yo también me quedé demudado, y sólo acerté a preguntarle, sobrecogido por estas coincidencias: Y cómo no detectaron que llevaba pistola? "Es que era un lector habitual", me dijo.

Lejos de casa

Por: | 22 de enero de 2008

El primer pais de America Latina al que vine fue Colombia. Entonces estuve tan solo en Bogota y descubri aqui que la noche duraba varias noches. He vuelto muchas veces despues, y a muchos sitios, desde Santa Marta y Aracataca a Manizales y a Cali y a Medellin. En mi memoria hay momentos memorables de mi paso por Cartagena de Indias; la ultima anecdota que me paso en la bella ciudad caribeña y tan española es que perdi alli una (valiosa para mi) coleccion de apuntes y de libros en un taxi que de pronto se esfumo en medio de los vericuetos casi morunos de ese lugar fascinante. Lo busque por todas partes, hice recorridos agotadores, y al fin regrese, resignado, a escribir de memoria, en mi hotel; cuando iba a empezar, el taxista aparecio por la puerta con el cargamento que yo le habia dejado en el asiento de detras del coche. El alivio que un periodista (o cualquiera) siente en una situacion asi solo se puede describir en el instante. He vivido situaciones asi y he vivido momentos que los colombianos han hecho fascinantes, con su sentido del humor, con su sensibilidad, la que les ha puesto en la cabeza de la creacion artistica en nuestra lengua. Ahora estoy aqui, en Bogota, escribiendo en un ordenador que no tiene acentos, pero tiene eñes; como, en Colombia, pueden permitir que un ordenador no tenga acentos, esta cuna verdadera del idioma bien acentuado. Estoy aqui, despues de hacer una escala en Cali, nadie entiende por que el avion de Madrid tenia que parar en Cali; anoche cene con varios amigos, entre los cuales estaban los responsables de El Malpensante, una excelente revista literaria que ahora tiene diez años y que se mantiene muy campante, haciendo una indagacion colombiana, es decir, critica, abierta, sobre la cultura que se hace en el mundo. Y estaba tambien un gran periodista venezolano, Ibsen Martinez, que nos dio una leccion, tambien muy instructiva, sobre el galimatias Chavez. Al final le dije: "Ibsen, tienes que hacer una enciclopedia para entender que pasa en tu pueblo". Y el añadio: "Si, una enciclopedia que vaya de la C a la Z". Pues eso. Luego me fui a dormir, y esta mañana he amanecido como si por mi cabeza estuviera laborando una taladradora. El jet lag funciona siempre como un reloj. Y viene de que uno no le hace caso al reloj. Nos recuperaremos, y nos escucharemos.

El País

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