Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Años sin Octavio

Por: | 20 de abril de 2008

Algunos lectores recordaron ayer en este blog la figura de Octavio Paz con motivo de los diez años de su muerte en México, después de una enfermedad dolorosa que llevó dolor y desolación, pero no falta de poesía, al mejor escritor mexicano del siglo XX, una de las cimas de la poesía en castellano. Era luminoso, su poesía nacía del sol y de la mente; cumplió con todos los afanes que su voluntariosa vanidad le impuso, pero ese ensimismamiento egocéntrico no le impidió fijarse en la humanidad alrededor; y aunque fuera un hombre ocupado en gran medida de sus asuntos personales más autosatisfactorios, cumplió la misión de ocuparse del pasado, del presente y de la historia. Fue una figura extraordinaria. Le conocí, le traté mucho, guardo de él anécdotas muy divertidas y sabrosas, algunas vividas por mi mismo y otras contadas por sus numerosos conocedores y exégetas; siempre me fascinó. Fue siempre un hombre joven, que mantuvo a machamartillo la juventud de su mirada, acaso ese fue el origen de su egocentrismo: que se veía inmortal, no podía morir  nunca, no debería morir. Murió, incluso murió antes de tiempo, según la cadena Televisa había muerto una noche, y era mentira, el propio poeta salió a antena a desmentirlo. Murió luego, poco después, seguramente creyendo que la muerte era una voluta más de la poesía, una incredulidad más regalada por el surrealismo en el que bebió mirando al sol. El sol fue su tema, y también fue su último tema. Era la vida. El sol, como la piedra. Larga vida a la poesía de Octavio Paz, gran cronopio.

Porque hoy es sábado

Por: | 19 de abril de 2008

Viernes intenso el de ayer. Fue muy emocionante ver las imágenes de Isabel y de Jesús de Polanco al principio de la entrega del premio Alfaguara; dediqué a la ocasión un artículo que ha estado colgado (y creo que lo vuelve a estar) en elpais.com. El ganador del Alfaguara, editorial a la que estoy sentimentalmente tan vinculado, y de lo que me siento muy orgulloso, habló de la historia de ese sello, desde los tiempos de Jaime Salinas. Los que estábamos allí, muchos de los que estábamos, escuchábamos a Antonio Orlando Rodríguez sabiendo que la continuidad de esa historia marcada por la Alfaguara con la que él se hizo lector en Cuba fue posible por el entusiasmo, la ingenuidad y la fuerza tranquila de esos dos personajes ya fatalmente fallecidos a los que se rendía recuerdo en el escenario y, sin duda, en el alma.

Fue un momento muy emocionante, debo decirlo; a veces uno no dice por escrito lo que de veras siente, por pudor o por la distancia que el rigor de la vida nos va imponiendo. Pero quiero dejar ahí, al final del insomnio de la noche, este subrayado más personal que nunca.

Por la noche cumplió años mi hija; el medicamento que me han dado contra la contractura que ya me abandona, por fortuna, tenía la contraindicación del uso del alcohol, como es natural. Pero cómo me iba a saltar en una noche así el brindis del cumpleaños. Me salté el medicamento, y brindé con manzanilla bien fresca a la salud de esos años. Lo hicimos en un restaurante donde siempre me siento como en casa, Casa Mundi, en la calle Donoso Cortés de Madrid. A medianoche, en la calle, hacía frío; llegué a casa y estuve leyendo un hermoso libro reencontrado, Londres victoriano, de Juan Benet. Benet: fue el ingeniero mayor de aquella Alfaguara de la que Orlando nos había hablado por la mañana. La vida es así, se va haciendo como si fuera un hilo. Ahora ya es de día, otro día. Sábado.

Gracias a Manolo

Por: | 18 de abril de 2008

Refleja muy bien Miguel Ángel  Villena en su crónica de hoy en El País el espíritu con que se reivindicó anoche en el Círculo de Lectores la poesía de Manuel Vázquez Montalbán como la más alta seña de identidad del gran escritor polifacético. Echanove leyó los versos con potencia e intimismo, a la vez; a veces nos puso los pelos de punta ("Yo creía que no quedaba otro exilio que la muerte") y otras nos hizo sonreír o reír, como con el poema sobre Yvonne de Carlo, que Villena reproduce. Después del acto estuve con el hijo de Manuel, Daniel, con Josep Maria Castellet, el altísimo crítico que inventó los novísimos y que ha paseado su mirada honda por la génesis y la totalidad de la poesía de Manolo, con Manuel Rico, que es el más devoto estudioso del autor empecinado, y con Manuel Fernández Cuesta, el editor. Les comenté que si hubieran ido al acto todos los que algunos vez le pedimos a Manolo un prólogo, una entrevista, un artículo, su actuación en un acto público, unas letras para la faja de un libro, un libro propiamente dicho, etcétera, allí, en el salón de actos del Círculo no hubiéramos cabido; el acto tendría que haberse hecho, si hubiera sido así, si toda esa gente hubiera acudido, en la plaza de Las Ventas o en un estadio de fútbol, incluido el Bernabeu. Pero allí éramos ochenta, devotos de Manolo, rindiendo homenaje a lo más grande que nos dio, su poesía, y recordando muchos, todos los que le conocimos sin duda, como decía Castellet, la inmensa generosidad, casi suicida, del escritor más prolífico y uno de los más brillantes que ha tenido el periodismo español. Jamás le negó su colaboración a nadie, nunca dijo no sin que el motivo fuera una causa de fuerza mayor. Y no es inolvidable sólo sobre esta circunstancia insólita en el mundo en que vivimos, sino porque todo eso que hizo lo hizo siempre con inteligencia, con rapidez, con hondura y con entusiasmo. Yo le decía a veces que parecía que dentro de su cabeza funcionaba un motorcito que le iba dictando, como desde otra voz, un conocimiento exhaustivo, elaboradísimo, sobre las materias más diversas, a las que se refería con una solvencia teórica imbatible. Un tipo fenomenal. Pues allí estuvimos, celebrando su poesía, que es como si hubiéramos estado brindando por su vida.

Pero, ¿qué dice Berlusconi?

Por: | 17 de abril de 2008

He escuchado a Berlusconi hablando en la radio para explicar las ofensas que profirió contra las mujeres a cuenta de lo que él cree que es el Gobierno rosa de Zapatero; a él no le molesta el color rosa, lo que no le ha parecido bien es que Zapatero haya roto la familia tradicional. Eso, al menos, entendí. Y claro, estas piedras ruines son las que luego alimentan los diálogos en la sacristía, en los taxis rabiosos y en las radios de los cantamañas: ¿qué aquí se rompió la familia tradicional? ¿Quién la ha roto, con qué martillo? Por si vale una familia sola, miren la de Zapatero. Bueno, hablando en serio: David Trueba, que estaba a mi lado ayer en un almuerzo, me enseñó un sms que le venía de un amigo italiano, director de cine. La vergüenza con la que leemos aquí cosas que dice Berlusconi allí se sienten en carne propia. Ahora será primer ministro y luego será presidente de la República, y mandará algún día más que lo él mismo quisiera mandar. Luego la historia resumirá en unas líneas su paso por el poder, y entonces importará menos que ahora. Pero ahora incordiará muchísimo.

Ah, lo del té. Es un te verde, normal; me dijo Lozano que no debía tomar café por las mañanas, bajo ningún concepto. Así que ese es el té de la mañana; me dijo algo Lozano de los radicales libres, y me lo explicó tan bien que yo creo que en aquel momento me curó el estrés que sufría entonces. Lo que me ha ocurrido ahora es una contractura muy dolorosa, concentrada en una zona lumbar que me hace dificultoso el viaje en coche o en tren o en avión. Por eso he tenido que suspender un viaje que tenía esta tarde a Córdoba. Me habían pedido los amigos de Cosmopoética que hablara allí de mis poetas; y me había preparado el repertorio, que es muy largo y va desde Rilke a Manuel Rivas pasando por Gil de Biedma, César Vallejo, T S Eliot, José Hierro, Octavio Paz... Uff, si yo pudiera leer cada día poesía probablemente no tendría esta contractura que me ha impedido ir a Córdoba a hablar de los poetas.

Una última cosa: Eta ha vuelto a intentar sobresaltar a este país. Esa es la verdadera contractura de España.

Las cosas que nadie rompe pero se rompieron

Por: | 16 de abril de 2008

Hay unos platos blancos en la cocina, de café, que me gustan para tapar el té mientras desayuno. Agua, yogur, nueces, algunas frutas, y luego el té que me recetó el doctor Rafael Lozano, el gran médico que me ha salvado tantas veces del estrés al que nos somete la vida, estrés que me tiene ahora baldado de la espalda, baldado, la palabra que le gustaba a mi madre. Siempre uso los platos blancos, que además están bastante inaccesibles, debajo de una torre de tazas de la misma camada. Pero me gustan esos platos, son neutros, no tienen dibujos, son platos como los de toda la vida. Pues esta mañana, extraje el plato cuidadosamente, cuidadosamente lo situé en el poyo de la cocina y cuidadosamente el dichoso plato se fue cayendo, primero sobre mi pie izquierdo y después sobre el suelo de la cocina; se rompió por una esquina, fue una rotura nítida, perfecta, casi recta. Se rompió, qué vamos a hacer. Para estas cosas yo uso mucho unos versos de Pablo Neruda que acaso ya utilicé aquí para alguna otra rotura acaso más compleja que la rotura de un plato. La Oda a las Cosas Rotas, "las cosas que nadie rompe pero se rompieron". Pero mientras pensaba en la oda de Neruda en casa se puso en circulación el título que preside este blog y que preside la conversación doméstica en cualquier parte: Mira que te lo tengo dicho. Claro, hay otros platos más viejos, que no importaría tanto romper. Mira que te lo tengo dicho. Intentamos unir con pegamento la parte rota, pero no hubo manera: el pegamento estaba seco, pegado. Pensé que eso sería un atenuante: si el pegamento estaba seco sería porque desde hacía mucho no se había roto nada en la casa. Pero luego en casa contaron los platos: faltaban, seguramente porque yo mismo los había roto y los había ocultado. No me consta. Ya no quise defenderme más. Ahora no sé qué hacer, si aprenderme de memoria la oda de Neruda o dejar de usar platos para tomar el té. ¿Y dejar de tomar el té? Bueno, hoy empieza la vida parlamentaria, y mañana se presenta la poesía de Manuel Vázquez Montalbán. Siempre hay cosas más importantes que los platos rotos. Ah, y va a llover a cántaros. Otra cosa: lean el reportaje de Javier Rodríguez Marcos sobre el legado de Monterroso, al que he contribuido con una pequeña crónica de bromas. Javier escribió hace unos meses un reportaje sobre el legado de Cortázar que está en la Fundación March. Este es igualmente brillante.

Un acto de devolución

Por: | 15 de abril de 2008

Ángeles González Sinde, la presidenta de la Academia de Cine, dijo anoche en el homenaje a Rafael Azcona en el Círculo de Bellas Artes que aquel era "un acto de devoloución". Lo era: del genio del escritor, de la precisión del guionista, de la lealtad del amigo, de la estatura del padre. Varias generaciones de actores leyeron sus textos, hicieron reír a los más risueños, y dieron un retrato cabal de Azcona aquellos que reflejan la ironía y la rabia de sus despedidas. Pocas veces en la historia de la cultura pública se verán tantas generaciones juntas para celebrar a alguien que se ocultó siempre, se hizo humo para que otros prosperaran. Detrás de mi estaba Fernando Trueba, gracias a quien yo me atreví a llamar un día de 1996 al autor de Los ilusos. Como muchísimos de los que estábamos allí, esa amistad fue luego una lealtad para siempre. Por allí, por la sala del Círculo, revoloteaban las cuatro nietas de Rafael, sus hijos Bárbara y Daniel, Susi, su mujer. Me parece que fue Juan Luis Galiardo (un día le dijo Azcona: "Con los dramas que te han pasado a ti Dostoievski no tiene ni para media página") quien leyó aquella confesión de Rafael sobre el mejor momento de su vida: cuando se dedicó a hacer aviones de papel en la azotea de un hotel de Roma, hasta que uno de esos avioncitos se mantuvo diecisiete minutos en el aire. Al final del acto la gente se tomó "un vino con Azcona", que así se titulaba el evento. Yo no bebí nada, a pesar de lo cual anoche tuve un incendio hasta las cuatro de la madrugada. Me dio tiempo para escuchar varios programas de radio y para escuchar al gran Ricardo Cantalapiedra en El larguero cantándole a Getafe. Y, claro, para rememorar la melancolía que siempre produce la despedida sucesiva en que consisten los días y las noches. Ahora hace un sol espléndido, otra vez. Ah, ayer por la mañana abrí uno de los mensajes que me envió Azcona, al correo electrónico. Era un chiste italiano, sobre un gandul que le da la hora a un transéunte que se la pide valiéndose de los testítulos de un burro. Y Azcona añadía, como comentario suyo: "Italia. Qué país!. Pues eso, Italia, qué país.

La República de Rafael

Por: | 14 de abril de 2008

Rafael Azcona nos enviaba a todos sus amigos el 14 de abril de cada año un recordatorio del aniversario de la República. Él se crió en la República, en su casa sufrieron la represión que siguió a la guerra civil, y sus recuerdos infantiles eran republicanos. Cuando venía un día como el de hoy, Rafael volvía a ser aquel niño republicano, que lo fue Eduardo Haro o como lo fue Fernando Fernán Gómez, y nos mandaban a todos un recordatorio de lo que para él era inolvidable. Hoy, 14 de abril, casi un mes después de la muerte de Rafael, el teatro del Círculo de Bellas Artes se abre en su homenaje; se reunirán allí artistas, actores, escritores, cineastas; a lo largo del día se pasarán películas en las que él trabajó como guionista, y a las 19.30 habrá un acto en el que intervendrán algunos de los que estuvieron más próximos a él y a su obra. Él no hubiera ido, porque no iba a sus homenajes, pero le hubiera gustado que un agasajo cualquiera, este mismo, se hiciera el día de la República. Allí estaremos.

Ángel González

Por: | 13 de abril de 2008

Sí, estuve el viernes por la noche en la presentación de la antología de Ángel González que ha hecho Benjamín Prado para Alfaguara Juvenil. Escribí sobre ello ayer por la mañana y lo he publicado hoy en La Provincia de Las Palmas, que fue el primer periódico que me pagó una colaboración cuando yo era aun adolescente, y donde escribo cada quince días, en prueba de mi gratitud por aquel gesto del que hace ahora cuarenta años. Ese mismo texto sobre Ángel y la antología se publica en La Nueva España (www.lne.es) de hoy; es un periódico asturiano al que Ángel quería mucho, creo queén él escribi´`o al principio de sus tiempos de periodista, y allí Ángel tiene su raíz, sus amigos, su memoria nació allí y desde allí se ramificó por el mundo y hoy su ausencia es para nosotros un hueco grande, sentimentalmente muy doloroso. Anoche vino Julio Llamazares a ver conmigo el partido del Barça; muchas veces venía Ángel, se sentaba en la esquina del sofá rojo, pedía un whisky muy cargado, con hielo, y se disponía ver el fútbol con un enorme distanciamiento, porque ya el fútbol que él quería sólo se practicaba en su memoria; ahora un grupo de multimillonarios se burlaban del público. Él lo veía así, y viendo jugar anoche al Barça hubiera dicho exactamente lo mismo. Julio dijo en algún momento lo que yo estaba pensando: "Cuánto se echa de menos a Ángel". En el acto del viernes había esa melancolía; yo veía allí a los amigos que veía con Ángel, y aunque Ángel no era ni imponente ni entrometido, llegaba y estaba en su rincón, tímidamente, se sentía allí que falta su presencia íntima pero imponente, la de un poeta que antes era un amigo, un ser silencioso que te abrazaba como si se estuviera yendo, y luego se mantenía en silencio, como si sólo esperara que empezara la música. Sí, estuve el viernes allí, cómo no, y me fui con esa melancolía que anoche sentimos Julio y yo, sentados delante del televisor, contemplando un nuevo fracaso del Barça. Como escribía Miguel Hernández de Ramón Sijé, nos hace una falta sin fondo. La ausencia multiplicada de tantos que ya nos hacen una falta sin fondo. Hace sol, Madrid es hoy un domingo de primavera.

La ministra de Defensa

Por: | 12 de abril de 2008

Han pasado siglos para que una mujer esté al frente de los militares en este país. Bachelet fue ministra de Defensa en Chile, y ahora es la presidenta de su país. Carme Chacón es la ministra de Defensa del Gobierno de Zapatero. Esta noticia pone en su sitio a la historia y recupera para la milicia un tributo a la vida, un reconocimiento social, político y cultural al 50% de una población a la que el machismo hispano, y los hábitos de un país arrojado a la caverna durante tantos años, había situado en el apartado Sus Labores. Es un nombramiento significativo y emocionante; lo mejor que le ha pasado a España en este último periodo de su relación con la historia es que los militares sean profesionales que se quedan en sus cuarteles o en sus misiones teniendo en cuenta tan solo las obligaciones estrictamente militares de su oficio. Durante demasiado tiempo fueron la brújula (equivocada) del estado de ánimo de la ciudadanía; hace varias décadas (¡no tantas!) que no se habla del ruido de sables, aunque hubo un tal Mena que hizo sonar el suyo en Sevilla hace dos años; se lo envainó, aunque ahora se ha jactado de su picolisima asonada en un libro. En mi tierra, en Canarias, el capitán general fue (y para algunos, ay, lo sigue siendo) un virrey a quien debía rendirse pleitesía. Hoy Defensa es un concepto, el Ejército es un instrumento valioso en ese marco, pero quienes mandan en una y en otro son civiles que conducen los batallones a asegurar al país, a colaborar a la seguridad internacional, abandonada toda tentación de mezclarlo en la conducción de la vida civil. En ese contexto, el nombramiento de Carme Chacón es un subrayado más de la normalización y de la modernización de un país que ya no hace desfiles militares para amedrentar a la ciudadanía. Carme Chacón espera un niño; es un símbolo más de este nombramiento. Ella es una mujer de cultura, buena lectora, estuvo al frente de los intereses culturales del partido socialista durante algunos años. Un día cené con ella, en el restaurante Kikuyu, de Madrid; ella hablaba con gente para preguntar qué se podía hacer para revitalizar el Museo del Prado, que entonces estaba gestionado como si fuera un museo local. Preguntaba y escuchaba. Ahora gestionará el Ejército, que durante años fue gestionado en este país como si fuera un cornetín que conducía la vida civil. Ya no es así, y su nombramiento viene a corroborarlo una vez más. Preguntará y escuchará. A lo mejor aprende como la Bachelet.

La verdadera turbulencia

Por: | 11 de abril de 2008

Ayer tarde vine a Murcia, en avión; para venir a Murcia, donde hay aeropuerto, hay que venir al aeropuerto de Alicante; hay vuelos más frecuentes y además la ciudad queda a la misma distancia, prácticamente, desde un aeropuerto y otro. Es así esto de tal modo que ayer venía con nosotros, sentado en preferente, el presidente de Murcia. Pensé que le debe dar como repelús al presidente de Murcia desembarcar en Alicante, por una cuestión de fronteras, digo yo. Bueno, aparte de esta broma sobre las fronteras, lo que me pasó (nos pasó) en el avión fue perfectamente serio. A la altura de Albacete, más o menos, el viento debía ser insoportable para el avión y el aparato empezó a dar bandazos de un lado al otro del aire, las risas se trocaron en palidez, hasta que al final se estabilizó aquel baile y ya empezamos a pensar, o al menos yo pensé, que estábamos salvados. Yo iba escribiendo el texto que sale hoy en El País sobre el libro póstumo de Rafael Azcona, Los ilusos, que sale ahora en Ediciones del Viento revisado por completo por Rafael durante el periodo en el que luchó al tiempo contra la enfermedad que al fin le venció. En un momento determinado de la escritura, mientras ocurrían esas graves turbulencias, paré de escribir. Decía Bertolt Brecht que también se debía escribir o cantar en los tiempos oscuros, pero no dijo nada de las turbulencias aéreas. Es curioso, nada más llegar a Murcia, cincuenta minutos después del aterrizaje, me recibieron en el hotel dos sabios tranquilos, dos contertulios de esos que te escuchan como si tú tuvieras cosas que decir, José María Pozuelo Yvancos y Manuel Longares, y de lo primero que me habló Pozuelo, con admiración y conocimiento, fue del libro Los ilusos, que él acababa de leer. Es posible que por el aire viajen las coincidencias. Luego estuvimos hablando de literatura y de la vida. Pero ahora me espera un taxi para ir al aeropuerto de Alicante, otra vez, camino de Madrid. Paren el viento.

El País

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