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09 enero, 2009 - 07:57

La existencia de Dios

"Yo no sé si existe Dios, tal vez sí, tal vez no; pero es seguro que almuerza en la mesa del patrón". Eso cantaba Atahualpa Yupanqui en los años sesenta del pasado siglo. ¿Existe Dios? ¿No existe? ¿Dónde almuerza? Hace años que dejó de interesarme la discusión, que se convirtió en algún momento en una sorda lucha íntima, animada por las lecturas de Unamuno, de Kierkegaard, de Camus... Además, por la lejana lectura de un libro de juventud, El diario de Daniel, de Michel Quoist. En una época de nuestras vidas, la adolescencia va unida a la búsqueda de una verdad extraña, separada de la realidad pero tangible, que personificamos en Dios, o en su búsqueda. En mi caso, esa búsqueda se diluyó, y ahora es más una preocupación intermitente, pero dolorosa, sobre el sentido que tiene la vida en la tierra, de dónde viene el gen de la maldad, de la mezquindad o del miedo, qué hace el mal, qué lo constituye. Pero Dios ha dejado de ser el protagonista de esas preocupaciones. En un tiempo hice información religiosa en El País, y tomé contacto con muchos sacerdotes, y he sido amigo incluso de obispos inolvidables, como Iniesta. Y aprendí mucho de los que saben de Dios porque han estudiado a fondo esa figura diluida y decisiva en el mundo, y porque creen en su existencia. También he conocido ateos, como no, los conozco, convivo con muchos, son mis amigos. Como es natural, respeto todas las creencias (las de que lo admiten o lo adoran, y las de aquellos que no creen en Dios). No se puede herir a quienes creen, jamás, no se puede herir. Pero se puede descreer, respetuosamente. Estos días una guerra de autobuses (guaguas decimos en Canarias) desatada por una uniciativa que marcha en Londres opone en los anuncios de este medio de transporte a los que estiman que Dios existe y los que opinan que no existe Dios, y que por tanto muchos de los placeres de la vida que la religión cohibe deben estarnos permitidos. Hagamos de este escenario bloguero un autobús y que cada cual exponga su criterio. Respetuosamente, eso no hace falta ni decirlo.

Iglesiaytormenta

Post data: Después de escribir el blog me asomé a la venta y encontré esta imagen que envié a Rosa en la que la Iglesia y la nieve se juntan. Luego vino la tormenta. A lo mejor la nieve, la Iglesias y la tormentan constituyen juntas una metáfora concentrada del tiempo que vivimos.

Comentarios

Anoche durante la cena, se oía la tele de fondo.Mi hija me dijo:
" Sabes mamá,creo que Dios no existe ".
El run-run de fondo era la contabilidad de muertos en Palestina,pero hubiera dado igual si hubieran sido muertos en el Congo, o Afganistán.
¿ Por qué dices eso,le pregunté?
Es que ya me estoy mosqueando, cada día muere mucha gente.

Queridos JC y amigos blogueros: buenos días.

El día se presenta calentito aquí dentro, porque lo que es por ahí fuera... (al menos en esta Península, porque en Argentina (gracias Adrián por tu mención de anoche) están a punto de cocción).
Dios existe, pero le malinterpretamos, desde el principio. (Ya me he lanzado, como ayer con los cuentos y ahora, cómo me explico). Dios existe, digo, y sin embargo, como el aire, hay que detenerse unos instantes y reflexionar sobre su presencia. Dios existe, digo, aunque una buena parte de nuestra andadura histórica parece empeñada en contradecir esta afirmación.
Es el problema de la libertad. Bendito problema por otro lado.
Dios existe, pero no vive en las iglesias, ni en las sinagogas, ni en las mezquitas. Intuyo que ni siquiera llegó a entrar en ellas el día de su inauguración. Dios existe y se camufla en los corazones de quienes se duelen con el dolor ajeno, en los corazones de quienes sufren y no se rinden y evitan el sufrimiento de los demás, de quienes padecen y piensan que otros padecen más que ellos, de quienes miran al otro y contemplan a un hermano, no a un enemigo.
Dios existe, pero su tarea no es la de demostrar su existencia, sino la de ser consecuente con ella, y eso que se lo ponemos cada día un poco más difícil. Los que más tenemos y más podemos hemos dejado a su suerte a miles de millones de hermanos y como grupo (lease civilización) hacemos bien poco, hasta nos cuesta el famoso 0,7.
Los humanos fuimos nombrados sus colaboradores, y le empezamos a fallar muy pronto. Por eso interesa decir otras cosas, por eso interesa manipularlo, vaciarlo de contenido, recluirlo entre vestimentas talares, maquillarlo con herméticas palabras que nadie entiende. Cuando alguien llega y dice las cosas con sencillez (JC ha citado a Iniesta, por ejemplo), todos lo entendemos.
En todo caso, de la batalla de las guaguas, deseo que tanto los unos como los otros, lleguen a la conclusión de que la primera parte de la frase, en el fondo nos lleva a la misma conclusión: disfrutemos de la vida... supongo que ambos grupos se referirán a la humanidad al completo.

Feliz viernes a todos desde Segovia.

A mi que exista para algunos no me molesta, iba a decir allá ellos.

pero si existe que sea el misericordioso, el caritativo y no el vengativo que echa bombas matando sin cesar.

ESO DEPENDE DE A QUE AUTOBUS MIREMOS

http://comielotrodia.wordpress.com/

No sé si existe Dios, pero a tenor de lo que estamos viendo en el mundo, debe estar en las listas del Paro.

Creo que la mejor definición sobre la existencia o no de Dios fue la que dio Laplace:
"Dios es una hipótesis innecesaria".

Partiendo desde el respeto que me merecen cualquier tipo de creencia religiosa, lo que me indigna es la intención permanente de imponer por parte de los de siempre sus creencias personales a otras personas y a la sociedad en su conjunto. Como si sus creencias fueran una verdad absoluta y no lo que son: creencias personales. Absolutamente respetables, pero ni más ni menos, tan sólo creencias y PERSONALES.
¿Porqué intentan imponernoslas?
No tenemos ya bastante con haber sido educados en una moral judio-cristiana, sino que además tenemos que asumir como dogmas sus interpretaciones sobre la vida, la suya y la de los demás.
Que cada cual crea en lo que quiera, respetando al resto.
Y otra discusión (o la misma), sería lo de la educación religiosa en las escuelas y el pago por parte del Estado de los profesores de unas creencias determinadas.

Amigos Juan Cruz y blogueros, buenos días en este reciente mes de un año reciente. "Si Dios no existe, todo está permitido", decía un personaje de Dostoyevsky. Camus lanzaba contra un Dios indiferente al sufrimiento su poderoso lenguaje, su convicción aterida por el espanto del siglo XX. Entre uno y otro, Unamuno buscaba "creer en lo que no creo". Maeztu indicaba, en "La crisis del humanismo" (un libro interesante, olvidado por la deriva política de su autor, como tantas cosas de interés que dijo el escritor vasco, rescatadas por González Cuevas y por Villacañas no hace mucho, tras un largo silencio), que el antropocentrismo humanista había acabado con una moral que buscara su punto de referencia más allá de la satisfacción de los deseos del hombre, convirtiendo al humanismo en su contrario: un ejercicio de la voluntad de poder que habría de tener espeluznantes ocasiones de mostrarse en los años que siguieron a la Gran Guerra.

En todas estos planteamientos, lo que se encuentra es saber si la existencia o no existencia de Dios determina la bondad de nuestros actos. Los terroristas de cualquier época, los verdugos y torturadores, han esgrimido el "Gott mit uns" de la Wehrmacht con tanta convicción como quienes, quemados en la hoguera por herejes, despeñados en el silencio por la censura eclesiástica, condenados a la indigencia espiritual por un exceso de espíritu impuesto, han reclamado su derecho a tener una visión de Dios distinta a la que se petrificaba en las instituciones, en los dogmas, en la tradición revestida del oropel de la autoridad. A Camus se le puede recordar que, en nombre de Dios, los jóvenes de la Rosa Blanca defendieron al dignidad igual de los seres humanos en el Munich de 1943, de la misma forma que el fascismo alemán, como el español, se consideró portador de esa consigna de lealtad a la obra del "Supremo Creador", como Hitler llegó a llamar a la estrategia del genocidio. A uno u otro lado de la barrera del espectáculo del dolor y de la perversión, no se encuentran ni el poder ni la gloria, sino la interpretación dada por el hombre en favor del reino de este mundo. El cristal a través del cual se ha contemplado la divinidad por todos ha sido el de nuestra experiencia en la tierra, nuestras esperanzas e incluso nuestras mezquindades. Creer forma parte del legítimo temor a la muerte y de la aspiración a la eternidad, del inconformismo ante una contingencia que se consuela mediante una posibilidad de trascender a través de ser portadores de una voluntad necesaria y permanente.

Como todos hemos conocido creyentes despiadados y ateos piadosos, cristianos que creaban el cielo en este mundo atendiendo a quienes sufren o agnósticos que edificaban el infierno de los otros, no puede decirse que en la creencia está el problema o la solución. Lo está en la conducta que no necesita obedecer a una conciencia superior, sino al propio juicio moral con el que nos desenvolvemos. La creencia puede mantenerse, en vilo, como algo que se da por supuesto, colocada en el desván de la historia de los hombres, mientras los acontecimientos transcurren, indiferentes a la existencia o no de Dios. El ateísmo no actúa de una forma distinta, aunque a veces proclame su elección del hombre FRENTE a Dios, para aplicar deleznables versiones de un historicismo que hace de cada individuo un fragmento más o menos prescindible de la especie, o un rincón más o menos superfluo de la Historia.

Porque, como dice Juan Cruz, nos importa saber esa existencia o no: a ninguno de nosotros nos ha despreocupado en algún momento de nuestra formación (¿qué madurez podría asentarse en quien no se pregunta por su propia condición de hombre, lo cual implica su relación con el tiempo universal, con el diseño cósmico o la ausencia de éste?). Sin que haya dejado de interesarnos, ha perdido su calidad angustiosa, agónica a la manera unamuniana, o de rebeldía y reproche en la elocuencia de Camus. Importa conocernos, reconocernos en los otros y disponer de esa pequeña prueba de divinidad o de humanismo sin Dios (que cada uno escoja) que es nuestra conciencia, donde habitan la solidaridad, la compasión por los débiles y el desprecio por los malvados. Incluso debería estar allí nuestra propia justificación de una vida privada, que corresponde a cómo comportarnos en nuestro círculo más íntimo, incluso en nuestra zona personal e intransferible. Donde depositamos esas preguntas que nunca nos hacemos en público o que sólo hacemos en un espacio de acceso restringido. Saber si valemos la pena: el dolor de habernos traído al mundo, el sacrificio ajeno que ha comportado, la bondad que nos han otorgado los amigos, la pareja e incluso los desconocidos. Preguntarnos si nuestra existencia está justificada, sin creer que no tenemos que explicarnos ante nadie sino ir tirando, ir viviendo sin demasiados interrogantes que nos pongan en duda no a Dios, sino a nosotros.

Adaptar nuestra vida a la existencia de Dios no es lo mismo que adaptarla a las instrucciones de una religión. Los creyentes a los que respeto nunca lo considerarían a sí con respecto a los no creyentes. Saben que han cometido demasiados errores y que buena parte del descreimiento del mundo procede de una imposición, obligando a creer en un Dios que toleraba lo que estaba sucediendo en el mundo en épocas de espanto. Nos lo pusieron muy difícil. Y, luego, muy fácil, los bondadosos creyentes que nunca tratan de convencer, seguros en su propia fe humilde, a resguardo de la petulancia del proselitismo. La transversalidad entre quienes actúan de buena fe es bastante más importante que la comunión de quienes creen en lo mismo, pero actúan como si dispusieran de un Dios creado a la imagen y semejanza de sus actos.

Soy creyente, un humilde creyente, y suscribo totalmente punto por punto lo que dice mi compañero de transversalidad Ferrán Gallego.

Y que mas da?, una cosa es que nos lo preguntemos, y otra cosa es la respuesta que escojemos.

Las religiones se empeñan en mostrar el camino y creen, desde siempre, que tienen el patrimonio en estos temas, olvidando que es una pregunta intima, en la que todos los pensamientos son igualmente validos, y la suma de pensamientos no pesa mas que el individual. Mas alla de lo que haga cada cual con su vida.

Puestos a opinar, opino que si existe. Preguntas a las que no imagino respuestas.

¿Como empezo todo, como podemos saberlo?, si lo que percibimos ya existe. La particula original de donde salio? Cuando la encontremos, seguiremos buscando.

¿El universo es infinito o finito u otra cosa?

Variaciones geneticas nos bajaron del arbol, y tambien hicieron que nos preguntaramos estas cosas? y que las asociemos a un principio de bondad, basado en el amor?

Y cuando siento el amor y pienso en Dios, que es eso que siento?

Pero ¿y que mas da?, que crea o no crea. Interesa mas por ejemplo que sea justo. Si Dios me acerca, de putamadre, si creyendo, me alejo, pues mal; si lo soy sin creer, de putamadre, si no lo soy y no creo, pues mal.

Al final me subo al autobus del blog, que como pone Amando, tiene como slogan "disfrutemos de la vida" y como todos deseo que toda la humanidad lo logre. Puede parecer una utopia, pero hasta donde se, utopia e imposible son cosas distintas.

Soy ateo. Agnóstico no, ateo. ¿Por qué? No lo sé, he reflexionado sobre ello durante mucho tiempo y la única conclusión a la que he llegado es que lo soy, pero no por qué.
Respeto profundamente las creencias de los demás siempre y cuando sean creencias respetuosas con la persona.
Es lo mínimo que se nos puede pedir a los creyentes, a los agnósticos y a los ateos.
Sólo me rebelo contra aquellos que utilizan de escudo a dioses violentos y vengativos, a dioses que están más pendientes de castigar que de otra cosa; y por desgracia en las instituciones religiosas hay mucho con escudo.
Un abrazo zurdo para todos y todas.

¿Quién es Dios?. No lo sé; si lo supiera o yo sería Dios o Dios no sería Dios. Pero para entendernos decimos: "Es un ser infinitamente perfecto; tiene todas las perfecciones en grado sumo; es independiente de todas cosas y del cual dependen todas".

Quise decir "Tiene todas las perfecciones en grado sumo".

Sr. Cruz. Gracias por recordarme a Athahualpa Yupanqui (todavía conservo dos LP's). Precisamente por aquellos tiempos dejé de creer en Dios. No hay como una formación religiosa impuesta, castigadora y literalmenete incuestionable, para ver y vivir la hipocresía y el cinismo. Características, por otra parte pertenecientes a culaquier ser humano, (creyente o no).
Permítame sin embargo y con todo respeto a los creyentes, recordar cuántas guerras se han producido a causa de las religiones. Un saludo

Hombre

Luchando cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuando
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tu me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven sus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Blas de Otero

Pero, al final, va a resultar que si, que exite dIOS y encima es judío, es decir, "justiciero", sangriento y vengativo. Vamos, que quien sepa rezar, que blasfeme, como decía el inolvidable Chumy Chumez

Yo creo. Creo como Saramago: “Dios es el silencio del universo, y el hombre el grito que da sentido a ese silencio”.
Pues eso. Y en el cachito de dios que cada uno de vosotros, amigos míos (mayormente transveersales) llevais dentro o yo quiero ver así, no sé pero por ahi, por ahí anda esa cosa...

La religión es una industria.
El asunto de los autobuses genera sus buenos duros para todos.
Los ateos también tiene derecho a participar en la tarta como una religión más.

¡Upalalá, Juán, has amanecido sencillito hoy!
Ayer nos mandabas a las cosas menudas y hoy al Creador.
Será que, para el equilibrio, los complementos son necesarios o que de tan a fondo, fisgoneando en la pequeñez, te haya emergido la inmanencia divina o tal vez sea cierto eso de que los extremos se tocan o que las guerras “santas” obligan a la pregunta...en fin, de cualquier manera no sólo a los adolescentes le pica la pregunta parece que, los jovatos *, también nos rascamos de lo lindo. El dicente incluído.

No puedo ahora, el tema requiere tiempo, pero luego entro con mi reflexión al respecto, sólo pasé a ver de qué venía la cosa hoy.
¡Jo...hombrepordios!

_______________________________
Voz del lunfardo: viejo.
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La religión es una industria.
El asunto de los autobuses genera sus buenos duros para todos.
Los ateos también tiene derecho a participar en la tarta como una religión más.

¿Que si existe Dios??? ¿A dónde puede conducirnos ese debate...? No creo que de su existencia o no dependa el respeto y el amor con el que deberíamos tratarnos y tratar a nuestro mundo, cada vez más necesitado de manos piadosa que nos ayuden a frenar la violencia. Procuraría en cambio, una sostenida discusión sobre la existencia o no del amor. Personalmente, creo profundamente que existe y vivo con la convicción de que habita en cada uno de nosotros como posibilidad expansiva. Entiendo que, quienes viven desde el odio, no experimentaron en su cuerpo ni en su alma el amor. Nadie les dio esa oportunidad. Está en nuestras manos el encontrar la manera de evolucionar desde lo mejor del ser humano. Entonces el debate que me gustaría proponer es: de qué forma podemos transmitir que se vive más feliz desde el dar y desde la bondad, … que las guerras y la violencia no logran más que pérdidas humanas y, los que quedan, son muertos en vida? Si Dios existe, confío que le resultaría lo más importante y, si no existe; sería bueno para la humanidad en general y para cada hombre en particular!!!

Los comentarios que se suscriben al blog son estupendos.
No me parece que sea posible comprender la existencia de Dios a través de la biología y del pensamiento humanos.
Pero los creyentes lo sienten.
Si que se nos ha otorgado la capacidad de amar por encima de nuestra propia naturaleza o existencia. Porque los animales también aman desde nuestro punto de vista.
De cualquier forma, se espera más de la especie humana de lo que estamos dando o demostrando desde hace milenios.
Eso es lo que creo: que tanto si existe Dios como si no existe, la especie humana como tal no está a la altura ni en las condiciones de planteárselo. Y por eso se ha sacado el debate. Porque hoy por hoy, es para morirse de vergüenza.
Nos superan los animales desde el punto de vista ateo o agnóstico en cuanto a las condiciones en que mantuvieron el planeta cuando no existíamos y cuando aparecimos. Nos superan hoy por hoy en capacidad y esfuerzo por comunicarse con nuestra especie y sobrevivir.
Las plantas nos superan en cuanto a su aportación a la supervivencia del planeta.

A los creyentes supongo que les queda la esperanza de ir sumándose como antaño para que el hombre -entendido como ser supremo de la creación- no se convierta definitivamente en un monstruo para el hombre. Porque ya lo es para el resto.

A mi juicio el problema (y el debate) lo genera la convicción humana en la dualidad de las cosas. La "ajenidad" de todo aquello que nos rodea. Así, inventamos dioses bondadosos y perversos, que premian, castigan, perdonan y condenan al individuo en función de sus actos. Luego aparecen las religiones y todo el "negociado" de las mismas que aprovechan "el temor de dios" para vendernos lo que quieren y cuando quieren.

Por mi parte, estoy convencido de que la mentada dualidad es un "facilismo innecesario". Somos todo y uno, parte de lo mismo. Unidad pura y dura. Los dioses somos nosotros, cada uno en su reino, y el universo que somos capaces de proyectar como un reflejo de nuestra existencia.

Prémiese usted compañero/a y luego perdónese por todos sus errores. Invente su suerte y su destino, no lo deje en manos de "falsos profetas". Sea feliz y regale indiscriminadamente todo el amor que sea capaz de fabricar. Que eso de dios y las religiones es otro cuento de esos que nos inventan para meternos miedo, manipularnos y obligarnos a hacer lo que les da la gana.

Juan, curiosa la campaña que los religiosos o creyentes y los ateos están haciendo en los autobuses.
Hasta ahora era frecuente encontrar a personas creyentes de Dios haciendo proseletismo, en la tienda de comestibles, en una libreria o en la parada del autobus.
Dificil era ver a un Ateo hablarlo en público sobre la imposibilidad de que exista alguien que nadie a visto y es capaz de hacer milagros, pero incapaz de evitar que niños inocentes mueran de hambre y por las guerras.
Hemos progresado, ademas de hablar de la ropa que llevaba la ministra de defensa en la recepción del día de la Pascua militar,ya no hablamos del ruido de sables de los generales. Hemos logrado alcanzar un discreto encanto burgues, que nos distancia de las cosas pequeñas, aquellas que nos hacian felices con cero pesetas.
Atahualpa Yupanqui le conoci en discos y en el Teatro Romea sobre los últimos años de la decada de los sesenta.
Lo considerabamos un canta autor de protesta porque decia cantando lo que no nos atreviamos a decir en la España de charol negro y capotes verdes.
Salud.

Hola Juan, Feliz año!!
Hoy nos presentas el tema que siempre está ahí, cíclico y que el hombre se plantea desde que existe.
Y más concretamente a lo que se refiere a la fe en la Iglesia Católica en estos últimos 2008 años.
Yo soy creyente, y gracias a Dios, no pierdo la esperanza que el "hombre" deje de hacer las barbaridades que hace tanto en guerras como en robos y aniquilación de personas y naturaleza.
Por ello, además de por mi y mi familia, tambien pido en mis oraciones a Dios, por las plagas que vivimos y que las ejecuta el "hombre".
Un saludo y que tengais un buen año, si Dios quiere.

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