Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

El verano no dura nada (en Madrid)

Por: | 28 de febrero de 2009

El verano del que hablábamos ayer no ha durado nada; en Madrid hace hoy frío, y este frío es el presagio de un mes cuyo recuerdo para mi es odioso. Marzo fue el año pasado un mes terrible; murieron algunos amigos míos muy queridos, y su ausencia ha marcado mi ánimo y mi vida. Pero aún estamos en este mes indeciso, este mes de febrero del año más duro de nuestras vidas recientes. Ha habido años peores, quizá, pero cuando se hace más sólida la sensación de que estamos en un mal momento ha sido ahora, cuando el invierno se ha instalado en la mente y en su manera de afrontar el futuro. Yo apelaría a lo que decía el otro día Moisés Naim en EL PAÍS: habría que buscar razones para el optimismo, no razones estúpidas ni bienintencionadas, aunque la intención resulte buena. Razones para percibir la vida de manera diferente. Y ahí les dejo el reto: qué proponemos para afrontar este tiempo con optimismo y con ganas. No podremos rasgar las nubes del cielo, pero sí podemos arrojar luz a estas tinieblas en las que nos envuelven las noticias. Y una última palabra sobre este invierno: lo que dijo y volvió a decir un político gallego sobre la vida privada de un oponente suyo es grave. Pero es más grave lo que subrayó al día siguiente: que lo que había dicho era porque había oído rumores. El que difunde rumores es más culpable que el que los genera. Eso forma parte del invierno vital que estamos atravesando: vulgaridad para sobrevivir, qué lejos está la grandeza.

Estos días que parecen verano

Por: | 27 de febrero de 2009

Estos días que parecen verano son muy gratos, como si fueran bendiciones después de la larga letanía del invierno. Así que ayer salí a la calle con esa pequeña euforia que da el regocijo del tiempo, y primero que nada me encaminé hacia Alcalá, 91, donde se inauguraba el centro canario de cultura que ahora complementa en Madrid la excelente labor de la Casa de Canarias. Es una excelente idea: colocar en Madrid un lugar donde la gente a la que le interesen los libros y las artes hechas en Canarias puedan encontrar los libros y las exposiciones que contengan el resultado de la imaginación que ahora tarda tanto en traspasar el Atlántico. Había muchísima gente a mediodía, y me dijeron que había muchísima más por la noche, cuando se inauguró la exposición que incluye obras de artistas jóvenes y veteranos muy interesantes y muy reconocidos, entre los cuales, por ciertto, está mi amigo el fotógrafo Carlos A. Schwartz, protagonista de tantos momentos gratos o inolvidables de mi propia vida. Estaban mis editores favoritos, los de Artemisa, Marian y Ulises, y mi amiga y editora también favorita Olga Álvarez, de Tauro Ediciones. Y muchísima gente que me encantó encontrar, como Dulce Xerach, que ahora es bloguera reputada y diputada y que antes fue una emprendodra cultural desde la política, y Cristóbal de la Rosa, consejero del Cabildo, y Alberto Delgado, el viceconsejero de Cultura, y Milagros Brito, la consejera, y Caco Senante, y Sabas Martín, y José Luis Toribio, y el presidente de Canarias, Paulino Rivero, y mi amigo don José María, y Elvireta Millares, y Martín Rivero, y don Ángel Hernández y Aida Luque, ex presidente y presidenta de la Casa de Canarias..., y tantos otros. En fin, fue un buen regreso a la tierra en Madrid, y el descubrimiento de un lugar donde podré, al fin, comprar libros canarios o de canarios sin necesidad de esperar a mis viajes isleños...

Y a mediodía fui al Palace, a escuchar a Arturo Pérez-Reverte en la presentación de un libro sobre el centenario del Palace; y luego, almorzando en un italiano, le entregué un ejemplar a Francisco Ayala, centenario también, que está a punto de cumplir 103 años; comimos con Carolyn Richmond, su mujer, y en concreto él se comió un rissotto con queso parmesano estupendo, o como decía don Domingo Pérez Minik muy estupendo, y se lo comió con el mismo apetito con que degustó primero uno, y luego otro, y luego otro vaso de vino.

La jornada culminó, por la noche, asistiendo en el Círculo de Bellas Artes a un acto muy estupendo, la presentación del libro Vidas y muertes de Luis Martín Santos, de José Lázaro, premio Comillas de memorias, editado por Tusquets. El formato fue muy bien llevado por el propio Lázaro, que congregó en las primeras filas a las personas que le ayudaron a hacer esta biografía insólita, escrita con la pasión de un novelista y el rigor abierto de un ensayista; algunas veces me ha recordado, por el estilo, es decir, por lo antiacadémico que es, a la reconstrucción de la vida de Dionisio Ridruejo que hizo Jordi Gracia (Anagrama). Como dijo Javier Pradera en el acto, cuando fue convocado por Lázaro a hablar, Martín Santos ha estado ensombrecido (por el título de su libro, Tiempo de silencio, que tan notorio es en la memoria literaria de los 50) y merecía esta reconstrucción verdaderamente magistral de José Lázaro. Sería imposible aquí hacer un resumen de lo que se dijo, pero hubo momentos muy emocionantes, uno de los cuales lo protagonizó el hijo del novelista, Luis Martín-Santos Laffon, que habló de su padre con esa convición íntima que sólo los hijos tienen acerca de la herencia sentimental de los padres. Y lean el libro, merece la pena que se acerquen hoy a una librería, andando bajo el sol, inaugurando este amago de verano que hoy ha vuelto a sacarme a la calle como si al final de este momento hubiera una playa seca.

Contra esto y aquello

Por: | 26 de febrero de 2009

Mi primera pasión literaria, quizá lo he dicho ya, fue Miguel de Unamuno. Luego ha habido otros autores, pero el primero fue Unamuno, aquella escritura hecha de jirones, como si estuviera arañando una piedra, rabioso consigo mismo y contra esto y aquello. Luego leí a Albert Camus, mucho más dubitativo, más extrañado de existir; y Sartre, hastiado de existir. Y llegué a Francis Scott Fitzgerald, perplejo, debilitado por el alcohol, entusiasta e ingenuo. Vuelvo con frecuencia a esos autores, y ayer estuve pensando en Unamuno, en su modo de ser y de oponerse. Y estuve pensando (no podía hablar, mi lesión de la lengua me sumió en el silencio durante algunas horas del día, era muy incómodo hablar, y comer) en ese modo de oponerse: radical, contundente, como si el mundo estuviera hecho para hacerle daño a él, personalmente. Su reacción era la de un elefante herido, que procura que su grito se escuche en toda la selva. Es un mal ejemplo para un periodista, un gran ejemplo para un poeta y un mal ejemplo para un periodista. Un periodista es alguien que recopila información y la cuenta; pasada por su tamiz, claro; un periodista se parece al novelista del que hablaba Stendhal, un espejo al borde de un camino. Pero uno siempre cuenta desde un sitio del camino, desde un espejo que selecciona, inevitablemente, las imágenes. Alguien escribió ayer aquí que observa que muchas veces yo adopto posturas que no son equilibradas ni equidistantes; uno debe procurar la imparcialidad, o la objetividad, pero ese es un objetivo, un ideal, eso es muy difícil de conseguir, acaso imposible. A uno lo hacen las lecturas, las conversaciones, las relaciones, las preguntas, el modo de preguntar, el pasado; la consecuencia de ese cúmulo de hechos y de experiencias es una toma de posición. En mi caso, esas tomas de posición tienen que ver con ese cúmulo de factores, y hay algunas cosas que me gustan y otras que me disgustan, y ambas las pongo de manifiesto con la máxima honestidad posible; el valor de un periodista es que se le pueda lesionar la lengua pero no la honestidad, y en eso fue ejemplar el discurso de John Carlin ante los estudiantes de la Escuela de Periodismo de EL PAÍS. Honestidad, respeto. Aquellos fueron mis referentes, mi educación, mi medio ambiente escolar, o casi; si me hubiera criado en otro ambiente, en otras lecturas, en otra época, probablemente sería otro. A lo que me obligan estas posiciones es a respetar las otras, a entender que no puedo estar de acuerdo con todo el mundo ni todo el mundo puede estar de acuerdo conmigo. Y he de concluir diciendo que esos desacuerdos para mi no son insatisfacciones sino estímulos. Tener razón sólo sirve para verse más guapo en el estómago. Y hay épocas de la vida en que el espejo está dentro de nosotros, y no fuera, no fuera.

Onetti y una escuela en África

Por: | 25 de febrero de 2009

Anoche estuve escuchando a Antonio Muñoz Molina hablando de Juan Carlos Onetti en el Centro de Arte de Galielo, 52, rodeados de apasionados onettianos y de libros latinoamericanos que yo me hubiera llevado conmigo, y con las palabras de Muñoz Molina. Es antigua la pasión de Muñoz Molina por Onetti; es una pasión tranquila, honda, y eso es lo que transmitían sus palabras: amor por la literatura en la que hay que entrar como pidiendo permiso, fijándose mucho, sabiendo que cada palabra es un estante más, una escalera nueva. Me fui, y tuve un extraño incidente en la calle que contaré algún día, y no sé cuándo. Lo cierto es que tuve un día de incidentes: en la comida tuve uno, estúpido e involuntario, me mordí la lengua, pero literalmente, y el efecto dura hasta ahora mismo; es un efecto difícil de resvolver porque la lengua va por su cuenta, y tiene sobre el ánimo general un efecto que acaso sólo podría contar Onetti, o Muñoz Molina. En fin. Pero hoy quería ceder este espacio a una hermosa historia, la historia de la escuela africana que ahora lleva el nombre de mi compañera Lola Huete. Ahí dejo el espacio para que lo ocupe ella. En cuanto Rosa Jiménez pueda pondrá ahora la historia, yo ahora me callo la dolorida lengua.

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La estética de la alegría, los límites del anonimato

Por: | 24 de febrero de 2009

Entiendo muy bien la alegría del PP cuando uno de sus objetivos políticos, que dimita el ministro de Justicia, se cumple. Pero debía haber cuidado la estética de esa satisfacción. No debía haber sido Federico Trillo, de tantas sombras pasadas, la principal de las cuales es su torpe gestión del accidente del avión que transportaba soldados españoles, el que saliera a la palestra a leerle la cartilla al PSOE. Lamento mucho tener que referirme a esto, porque no soy partidario de la literatura comparada de las culpas, pero si me dejo llevar por la memoria, y ésta no es siempre mala consejera, también me irrita que un ministro que formó parte de un gabinete que aprobó la intervención en Irak y que aplaudió unánimemente esa decisión de Aznar en el Parlamento sea quien muestre la reacción del PP ante la salida que el propio Bermejo le dio a la crisis que propició. Hay en el PP gente que podía haber dicho lo mismo sin que a los que escuchamos, o a parte de los que escuchamos, se nos superpusiera la imagen de aquel Trillo que sabía más de Shakespeare que de lo suyo.

Y unas palabras sobre los límites del anonimato: nadie me ha explicado aún por qué es razonable que la gente no use sus nombres propios y verdaderos para escribir en los blogs de Internet. Me sorprende siempre que gente que escribe muy bien, que tiene buenas ideas, que sabe lo que dice, oculte su nombre detrás de un nick. Y me sorprende aún más cuando ocultan su nombre para descalificar a los otros, a los intervinientes o a los autores del blog. A mi me parece que esta es una carencia del sistema, y lo pongo de manifiesto porque jamás he recibido ninguna explicación convincente sobre esta anomalía. Debería haber una campaña mundial contra el anonimato. Y yo, modestamente, la voy a poner en marcha ahora mismo. ¿Cómo? Se admiten propuestas. La primera la hago yo mismo: no respondiendo jamás, ni aquí ni en ningún sitio, a quien no firme sus opiniones o sus aportaciones. 

La dimisión de Bermejo

Por: | 23 de febrero de 2009

La dimisión de Mariano Fernández Bermejo concluye unas semanas muy intensas de hechos, mentiras, falsedades y errores; ese tremendo error de la cacería era, sin duda, y él lo dijo ahora mismo en su reunión con los periodistas, después de acudir a la Moncloa, un obstáculo para su continuidad en el ministerio, y además un problema para el Gobierno. Su marcha precisa de análisis más serenos que la urgencia de un blog, pero hay dos cosas que quisiera subrayar en este instante. El error principal se produjo en esa cacería, y a la cacería se sumó la huelga. La cacería fue un error difícil de neutralizar, porque afectaba a la imagen del ministro, de la Justicia y del Gobierno, aunque fuera posible explicarla desde el punto de vista de las equivocaciones humanas. Peor en política las equivocaciones son políticas. Sobre ella, sobre esa equivocación monumental, se ha montado una cacería de otro carácter, y han aprovechado contra él, el PP y los medios que le querían cercar, hasta los rumores que situaban a Bermejo pagando con billetes de quinientos euros los cuernos de una cacería en la que no cobró nada. Lo decían porque lo habían oído, no había otra certeza que la de hacerle daño. Ha concluido este calvario (para él, para el Gobierno, para la Justicia) y se inicia ahora otra etapa. En la que acaso tendrán que retratar sus culpas y sus equivocaciones los que ahora han vivido de la cortina que les ha regalado aquella cacería. 

El premio de Penélope

Por: | 23 de febrero de 2009

Una gran alegría el premio de Penélope. Es una actriz extraordinaria, no necesita el premio para que se sepa, pero es bueno para se diga en todas partes, y para que ella misma reciba ese mensaje de calor y de admiración por su trabajo, y para que el cine español, por el que tanto ha hecho, adquiera un poco más de la autoestima que le falta. Este es un momento crucial para las artes en España, y sobre todo para el cine, y un triunfo como este seguro que tiene sobre los que lo protagonizan el efecto que tuvo entre los que acompañaron a Noé el conocimiento de que afuera había diluvio pero dentro estaban todos juntos. Y cuando se acabe el diluvio que haya más y mejores pélículas, y que en ellas esté Penélope, esta muchacha de Alcobendas que acaba de ganar el Oscar de Hollywood.

La Defensora del Lector

Por: | 22 de febrero de 2009

Milagros_Perez_Oliva EL PAÍS ha nombrado Defensora del Lector a Milagros Pérez Oliva, que sucede en el cargo a mi compañero y amigo José Miguel Larraya. La institución del Defensor del Lector, el ombudsman, es una de las buenas noticias que EL PAÍS le dio al periodismo español. Hoy creo que existe otro ombudsman en La Vanguardia, y no tengo noticias de otros que cumplan idéntico cometido en los periódicos de este país. Defender al lector debiera correspondernos a todos los periodistas; ahora que nace para el siglo la prensa digital, me parece que las funciones del ombudsman se van a multiplicar, porque el ejercicio del oficio está ahora aún más amenazado por vicios antiguos, entre los cuales el anonimato y la ausencia de verificación caen como cuervos sobre el prestigio de lo que antes se imprimía y ahora se difunde dándole a una tecla desde cualquier teléfono. Son momentos que requieren reflexión y autocrítica y nada mejor que un ombudsman, en este caso una ombudsman, para que ejerza sobre nosotros el dictado de lo que algunos hemos dado en llamar la mano de Onetti. Escribía el extraordinario melancólico uruguayo que los periodistas y los escritores deberían tener al lado una mano que les golpee cada vez que escriben un tópico o una barbaridad. Algunos estaríamos con la mano enrojecida por el efecto de esos azotes onettianos. Algunos de los que escribimos y algunos de los que nos reprochan lo que escribimos, porque ayer me parece que algunos de los que intervinieron no leyeron verdaderamente todo lo que yo escribí acerca del ahora llamado caso Bermejo. A Milagros le espera una gran tarea para la que está tan preparada como lo ha estado para el extraordinario periodismo que ha hecho aquí durante tanto tiempo.

Por cierto, absténganse los que quieran decirme ombudsman en este caso debe ser ombudswoman, es una palabra sueca, no tiene que ver con los género.

Foto: Cristóbal Manuel

Bermejo

Por: | 21 de febrero de 2009

Por razones que alguna vez he explicado, en el periódico o aquí, en este blog, el ministro Bermejo me resulta un hombre aguerrido, comprometido y simpático; he comentado alguna vez estos días que su participación en la cacería en la que también estaba el juez Garzón se compadece mal con la estética política a la que se debe a un ministro, e incluso a un juez; dicho esto, y asumiendo que su error ha sido mayúsculo, carece de sentido que se quiera enmarañar lo que sucede en el fondo (la trama de corrupción que llevaba años investigando la fiscalía anticorrupción) porque se haya producido ese cúmulo de disparates estéticos cuyo centro es la infausta cacería. El fondo de la cuestión es uno, y los accidentes son otros. A los accidentes se suma el nerviosismo central del PP, que viene de una crisis no resuelta y que ahora quiere resolver uniéndose contra el ministro y contra el juez. La apelación de Camps a su indefensión, como han hecho Rajoy y él mismo, es una muestra de su falta de fe en el Estado de Derecho, al que en otras ocasiones apelan: ¿indefensos? Usó Camps (como Esperanza Aguirre) un verso de Brecht para añadir dramatismo a esa indefensión de la que habla. ¿Indefenso Camps? Indefenso Brecht entonces, pero un ciudadano en el uso de sus derechos no está indefenso en un Estado como este. Si las cosas fueran como están poniéndolas, no podrían ni siquiera insultar al ministro y al juez desde distintos sectores de la prensa que apoya a Camps y a Esperanza Aguirre, que son los presidentes más tocados por esta investigación que, por cierto, no ha hecho Garzón sino un equipo de investigadores de la fiscalía anticorrupción, hasta que llegó al juez. Es decir: el ministro se equivocó, sin duda. Pero ese es otro sumario, si ustedes quieren. El sumario que da origen a que este crujir de dientes se relacione con la cacería es otro, y está en curso, aunque el juez se halle ahora retirado de la circulación por un ataque de ansiedad. El sumario Bermejo-Garzón es uno, y a ese se agarran ahora en el PP, y el sumario Gürtel es otro, y ese es el que quieren hacer desaparecer moviendo las fichas de la partida para despistarnos con respecto al resultado que está habiendo. Cuando no tengan a Garzón, que es lo que quieren, tendrán a otro, pero tendrán también el sumario. Ese es el asunto, pero mientras tanto las fichas se desordenan y la partida se cambia de lugar para que la gente crea que no existe.

Poetas

Por: | 20 de febrero de 2009

Hoy escribe en EL PAÍS Javier Rodríguez Marcos sobre el poeta José Antonio Muñoz Rojas, que cumple cien años. Ayer leí en algún sitio que no-sé-dónde (y están ustedes invitados a informar aquí de dónde, yo no lo recuerdo) se iba a producir un recital continuado de versos de Antonio Machado. Esta mañana, en Jaén, Paco Ibáñez iba a cantar para la Ser algunas de las canciones que le convirtieron a finales de los 60 en el poeta de la voz rasgada que salvó para una audiencia masiva los poemas de Gabriel Celaya, por ejemplo. Estos días merecen poesía. Estamos viviendo en una sociedad a la que le falta reflexión y poesía; se está produciendo una ventolera muy violenta, y se requiere sosiego; en lugar de revancha, sosiego, en lugar de armas, palabras, en lugar de insultos, palabras, en lugar de piedras, poemas. En lugar de crispación, autocrítica y preguntas. Si el hombre (o la mujer) antes de arrojar una certeza se preguntara por sus propias culpas todo sería distinto; si los que ya lo saben todo de antemano, si los que saben de antemano que sus semejantes son idiotas, pensaran que quizá ellos también son un poco idiotas, la vida sería más sencilla, más honda y más silenciosa. Un día les contaré una enseñanza que me sirvió mucho cuando yo aún no había cumplido 35 años e iba por el mundo con las certezas que ahora critico. La duda no ofende, la duda ayuda a los otros a entender mejor nuestros argumentos, o nuestras preguntas. Leamos poesía, seamos dubitativos como los poetas; así nos curaremos, por ejemplo, de los males del patriotismo cuando éste se convierte en un arma que uno arroja al que no tiene los mismos conceptos que tú. Y de otros males. Quizá ustedes se animen a decir de qué males nos puede salvar la poesía. Ah, y felicidades a Muñoz Rojas por su centenario.

El País

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