40 Aniversario

Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

La vaca de Pedro

Por: | 31 de marzo de 2009

Ahora Pedro Almodóvar es un cineasta mundialmente famoso, una estrella; conserva el aire de un artista primerizo y melancólico, eso no se lo puedo quitar, y probablemente eso es lo que le ha hecho grande, la melancolía, ese poder extraño que reside en los ojos y sigue ahí mientras duran la creatividad e incluso la vida. Le conocí en la casa de unos amigos, en torno a 1980, cuando aun trabajaba en Telefónica y era el autyor desconocido de cortos geniales; en seguida irrumpió en el firmamento de la fama. Ha huido de ello a veces, y a veces ha entrado de lleno en el espejo que la fama le puso. Pero ha seguido siendo Pedro mucho más allá de las aclamaciones, aquel Pedro. Anoche soñé con ese Pedro, es curioso; estábamos en su casa, en una azotea nocturna; su padre estaba vestido de blanco, y vino a la cocina a explicarle a Pedro que aún estaba en la casa un tipo al que él no conocía bien. Pedro acariciaba una vaca muy dócil, a la que acariciaba sobre todo el lomo. La vaca era su fetiche, decía, después de cada estreno metía una vaca en casa, le daba suerte. Pero el padre insistía: hay por ahí gente que no conozco. Entonces acompañamos a Pedro a la espléndida azotea rara, y all´había un montón de gente que yo conocía, entre ellos varios periodistas, uno de los cuales fumaba sin descanso, y yo me acerqué a preguntarle por qué fumaba. En la azotea había tendederos vacíos, y Pedro iba caminando y tocando los alambres del tendedero. Después me desperté, muy temprano, y me pregunté qué debía hacer con este sueño. Y pensé que quizá la mejor manera de recordarlo era contarlo aquí, como un homenaje a Pedro y como recuerdo de un extraño sueño que quizá sólo él pueda descifrar. 

Aprendiendo con Rosa

Por: | 30 de marzo de 2009

Acá estoy desde que se celebró el Congreso de la Lengua en Cartagena de Indias, a principios de 2008. Desde entonces han pasado los días y los años, he escrito de todo lo que he podido escribir, y un día me dijeron: "No eres autónomo". ¿Y qué es ser autónomo? Autónomo es el que, en este sistema, resulta capaz de hacerlo todo sin asistencia exterior. Por ejemplo, hasta ahora Rosa (con la que aprendo) me sube las fotografías al post. ¿Qué mérito tengo? El de crear, dice ella; más bien, el mérito es del paisaje, de la gente, de la realidad que pasa y que yo cuento fotografiando. Pero, para ser autónomo, además, hay que saber hacer enlaces, como ese que queda más arriba. Ahora haría otro enlace. Vean ustedes: Rosa tiene un blog, pues si ustedes quieren entretenerse mejor que con este, pinchen aquí y hallarán a Rosa en su esplendor torero. ¿Qué más? Hoy me hubiera gustado escribir sobre la venganza, esa peste, y quería enlazar con alguien que hubiera escrito algo interesante sobre la venganza. Ahora bien, lo que he enlazado me parece bastante malo, lo he visto así, como si estuviera ensayando, y me encuentro con alguien que: escribe con seudónimo, con minúsculas, despierta demasiada poca autoridad como para recomendarlo. Aun así, como ejercicio creo que más o menos ha funcionado. Ayúdenme ustedes a que ya nadie más me diga que no soy autónomo. La lección será esta: ¿autónomo para qué?

Los alimentos de Brian

Por: | 29 de marzo de 2009

Cuando llegué a Londres, en 1976, viví en la casa del poeta Brian Patten, a quien hace años que no veo. Una mañana apareció por mi cuarto, recién afeitado, de modo que estaba irreconocible, con la mirada de siempre pero con el deseo evidente de decirme algo que acababa de decidir. Desde ese día, me dijo, ya sólo tomaría alimentos saludables. Aquí no entrará sino comida saludable. No era un ecologista, ni un abstemio; era, más bien, un bohemio, como yo lo era entonces; dormíamos a las horas en que nos entraba el sueño, y comíamos lo que encontrábamos en las neveras propias o ajenas, en los bares o en los chiringuitos. Para nosotros la vida tenía aún muchos años, y nos preocupaba muy poco la calidad de lo que ingeríamos. Ahora he recordado esa anécdota con el inolvidable Brian Patten pensando en otra cosa, en la grandeza, en lo que uno debe leer, mirar, conversar, pensar, para que la vida sea más nutritiva, más especial, más grande y más honda. Los libros, la música, las películas, la pintura, la conversación, la comida. No debemos conformarnos con lo que tenemos a mano, debemos buscar en las estanterías, en el consejo, en la cartelera, en la vida, aquello que nos resulte nutritivo y profundo. Mi amigo Manuel Longares dice, con respecto a la escritura, que uno debería medirse, al escribir, con Valle Inclán, o con Cervantes. No se trata, claro, de una arrogancia comparativa sino de un objetivo. Se trata de parar un rato y decir: qué estoy comiendo, qué estoy leyendo, qué estoy diciendo. Y medirlo, saber para qué te sirve, cómo te oyes. Y luego callar, escuchar el viento y ver si el viento no se lleva las palabras que no pesan nada. Y luego volver sobre ti mismo para que la grandeza que buscas deje a un lado la mezquindad que se te ofrece como salida veloz a tus deseos.

Campo de amor

Por: | 28 de marzo de 2009

Marta Toledo, la hija mayor del doctor José Toledo, cantó ayer en La Almudena, antes de la incineración del cuerpo de su padre, el poema Campo de amor, de Blas de Otero; nos pasaron a todos los amigos la hoja del poema. Fue un momento especial: la voz de la hija, la guitarra desnuda, el recuerdo múltiple de Pepe recorriendo los rostros de los que estábamos allí, trasplantados de la memoria de la arena de El Médano, su lugar más amado en el mundo, al sitio de una despedida. Como si la pesadilla estuviera ensombreciendo la claridad de una vida, y Marta cantando: "Si me muero, que me mueran antes/ de abriros el balcón de par en par./ Un niño, acaso un niño, está mirándome el pecho de cristal". Luego Guillermo, Willy, el actor, el hijo menor de Pepe, leyó un poema de éste, Con minúscula y sin acentos. Toledo amó la poesía, recitaba a Miguel Hernández, a Antonio Machado, y leía al Unamuno de Fuerteventura; también recitaba en inglés, recitaba a Shakespeare, decía frases que nunca he olvidado: Be good, be whatever you want to be as long as you don´t hurt anybody... No hirió a nadie, salvó, y le hirió la vida. Decía en ese poema, escrito en la navidad de 2004: "menuda mayúscula la vida/ fuerte acentuación la enfermedad/ pienso y lloro sobre el libro de la vida.../ pero no cejo/ resisto/ aquí estoy/ aquí vamos..." Fue un momento muy especial, muy íntimo, una herida más, la muerte de un amigo, su despedida. Pasó por mi mente muchas veces, pasa hoy también, pasa siempre, la imagen noble de mi amiga Isabel, que tal día como hoy murió hace un año. Como si el cinturón de la vida se estuviera rompiendo por donde más ha querido uno, hoy cae sobre mi recuerdo esa otra pérdida. Por la noche, ayer, Ana Lorite, me trajo a mi sitio de trabajo el libro que ha hecho con los textos de su compañero Pepe Comas, nuestro compañero en El País, fallecido también hace un año, y que tuvo el arrojo de ir contando paso a paso, para sus amigos, la implacable violencia del mal que finalmente le venció. Con humor asturiano, como si la vida pudiera más siempre. Puede más siempre gracias a ese campo de amor que dejan atrás los que se despiden antes. Dirán ustedes: menuda racha. Así es, dispara la vida. Hace sol. "Un niño, acaso un niño, está mirándome/ el pecho de cristal". Menuda mayúscula la vida.

El silencio como insulto

Por: | 27 de marzo de 2009

El portavoz de Justicia del partido de la oposición en el Parlamento, Federico Trillo, acudió ayer al Congreso a escuchar al nuevo ministro del Ramo, Francisco Caamaño, y ante la puerta del lugar donde iba producirse la sesión en la que iba a hablar el sucesor de Mariano Fernández Bermejo creyó oportuno bromear con los periodistas que le preguntaban por lo que está pasando en el juicio sobre las gravísimas consecuencias del accidente del Jak. Los periodistas querían saber qué pensaba de lo que están diciendo en ese juicio los militares que en 2003 estaban a sus órdenes. Y él, que es de palabra pronta, saludó a los periodistas como si no estuviera oyendo, con esa gracia que él inventó para situaciones así (un día le tiró un euro a una periodista que le propuso una cuestión incómoda), y entró en la sala, a acosar al ministro, él sí, a preguntas que juzgaba incómodas. Por ejemplo, sobre la libertad de conciencia. Lo que están diciendo los militares sobre el apresuramiento que les impuso Trillo marca una actitud, y este silencio del ex ministro marca ahora la dimensión de su desfachatez. Y desfachatez de la justicia, que no creyó pertinente llamar a declarar al ministro que mandaba sobre los militares que ahora dejan en evidencia aquella tremenda improvisación que de manera tan honda ha indignado a los parientes de los soldados muertos y a la sociedad española. Pues ahí lo tienen, entrando en la comisión y diciendo que no tiene tiempo para otra cosa.

Ayer murió el doctor José Toledo, uno de los médicos más extraordinarios que he conocido. Una persona cabal, un poeta. Hoy escribo sobre él en El País. Una pérdida que me llega al corazón; otra vez marzo con su viento implacable.

John Berger, Manuel de Lope

Por: | 26 de marzo de 2009

Los libros son noticias, gente, palabras a montones, caminando. Uno va hacia los libros como si en ellos, en alguna de sus palabras, estuviera la salvación, una ayuda, una lágrima común, la vida; una palabra tuya, escribían las sagradas escrituras, y Elvira Lindo, una palabra tuya bastará para sanarme. A veces hay libros que te llevan en volandas, quisieras vivir en ellos; me ocurrió con Tres tristes tigres, con Rayuela, con los poemas de Rilke, con libros inolvidables, con El extranjero, con Cesare Pavese... Ahora me han venido, casi al tiempo, dos libros, uno de John Berger (De A para X, Alfaguara) y uno de Manuel de Lope (Otras islas, RBA); son dos grandes autores a los que estimo mucho, dos personajes también importantes en mi vida; cuando fui editor, ambos fueron autores de la editorial para la que trabajé, Alfaguara; a ambos los he entrevistado; a Berger lo entrevisté en una casa cerca de París, a Manuel de Lope lo entrevisté en Aix. Berger se agarraba la cabeza como si le sonara su pensamiento, De Lope era más recatado, más sobrio, un castellano trasplantado a la ligereza del Mediterráneo. Aquí están los libros, por leer, flanqueando un ordenador que ha restaurado mi amigo Juan Saavedra; en este ordenador comencé hace algún tiempo un libro raro y grande, imagino que no grandioso, qué más quisiera, que ya va caminando como si quisiera ser interminable, y que se hace, en gran parte, gracias a la mirada estimulante de un gran autor al que también estimo muchísimo, y que me parece que también tiene casi a punto una novela nueva, Manuel Longares, el autor de Romanticismo. A Longares no lo he entrevistado. ¿Y por qué? Interesante cuestión que espero resolver entrevistándole algún día, aunque entrevistar a Manuel es como tratar de entrevistar a Salinger. Ah, ayer estuve hablando para los chicos que estudian Periodismo en El País. Ahí estaban, preguntándole a un veterano desde la voluntad de saber de los novatos. Y no saben ellos cómo se siente de novato este veterano.

Tierra sin nosotros

Por: | 25 de marzo de 2009

Publica hoy EL PAÍS una hermosa antología de los versos de José Hierro, y ese, Tierra sin nosotros, es el título de uno de sus libros. Hierro era un poeta terrenal, testimonial, enamorado de la tierra, optimista melancólico, apasionado por la tierra, cultivador del vino, cocinero, amante del vino y de los aguardientes, dibujante del café y de la vida, retratista; un tipo que hasta el último suspiro quiso a la vida como si la estuviera abrazando. Me da una gran alegría que el periódico haya hecho esta colección, y que en ella esté Hierro, con su cabeza afeitada y roja, su tez morena, su manera de andar. Todo lo que era Hierro por fuera lo era también por dentro. Y era, sobre todo, un poeta del hombre en la tierra. Ayer me decía una buena amiga: ¿Por qué escribes tanto de Tenerife en el blog? Porque es mi tierra, la tierra es el olor de la memoria, es la memoria misma. Es curioso: cuando vuelvo a la tierra me vuelven no sólo los recuerdos de la tierra sino la memoria entera. A medida que pasan los años, además, la tierra nos habla más, como si en ella habitara un eco que avivan nuestros pasos. Pues Hierro es mi ejemplo, un poeta de la tierra, en la tierra, con la tierra, de la tierra. Terrenal que no terráqueo, caluroso o invernal, un poeta.

"Teníamos un amigo maravilloso"

Por: | 24 de marzo de 2009

Desde que murió Rafael Azcona nuestra vida, la de los que le conocimos y le quisimos y le admiramos, vale mucho menos. No es dramático, es así, es tangible. Es una persona inolvidable; y no por lo que nos enseñara, de su arte, de su experiencia, en los almuerzos y en las conversaciones, no por lo que escribiera o dijera, no por su disponibilidad absoluta y por su generosidad ilimitada, muchas veces anónima, sino por el aire secreto de todas esas actitudes; era el hombre que no alardeaba, el personaje sencillo que podía estar en silencio en el borde mismo de todas las conversaciones, para apuntar, acaso con la mirada, el más sabio de los subrayados de la charla. La mirada de Rafael Azcona era la mirada sencilla de un amigo que te espera. La frase con la que José Luis García Sánchez nos despertó a la evidencia de la muerte de Rafael Azcona aquel día 24 de marzo del año pasado es la mejor despedida que él se merecía, la más exacta, la más sensata, la más directa, la que él hubiera dicho si hubiera dejado un mensaje escrito en la arena o en el aire sobre alguien a quien él hubiera querido: "Teníamos un amigo maravilloso". Pasaron unos segundos después de lo que decía José Luis cuando adivinamos la esencia del mensaje: se había muerto Rafael. Había muerto unos días antes, pero le había dicho a Susan, su mujer, que no fuera comunicado el hecho hasta terminaran todos los trámites funerarios. Se fue un amigo y la vida en efecto adquirió un hueco grande. En marzo del año pasado tuvimos otras pérdidas grandes, José Comas, Isabel Polanco; fue un mes terrible, y ahora es terrible percibir alrededor este vacío que ellos dejaron y que de manera tan esencial refleja aquella frase sobrecogedora, tan azconiana, de José Luis. Tenías un amigo. Teníamos unos amigos. César Vallejo, José Hierro, José Luis Hidalgo..., hay muchos poetas narrando la muerte de los amigos, y esa frase, Teníamos un amigo, es la metáfora de la más honda de las despedidas.

Una lenta lluvia de avellanas y silencio

Por: | 23 de marzo de 2009

Ha salido en Hiperión una antología poética de Julio Llamazares. He aquí un verso, con el libro abierto al azar: "Y recibo el recuerdo como una lenta lluvia de avellanas y silencio". Sé muy bien, escribe también Julio, que este es el mes de la desesperanza. Yo abro el año ahora por cualquier sitio y me salen enero, febrero, marzo, los meses de la desesperanza, la ruptura total, el olvido y adiós; la vida va marcando sus meses, a fuego y a recuerdo, y a olvido; noviembre, el lejano octubre, el diáfano agosto, julio haciendo remolinos en el agua del sur. Julio Llamazares es un poeta interior, del alma, y aunque se asome a sus versos la vida cotidiana ("Pero era en este mes cuando buscábamos orégano y genciana...") ésta siempre le devuelve un latido interior, el eco de un resplandor opaco, inexplicable. Le leo desde hace muchos años; leí La lluvia amarilla como el relato magistral de la soledad y de la devastación; él lo escribió desde la nieve, yo lo leí junto al bullicio de una playa del sur, y aún así esa soledad prosperó como una marca. El libro se titula Versos y Ortigas, y aquí está, amarillo o beis, un testimonio de una poesía que es también la crónica de una herida, la que la edad le va haciendo al tiempo que no se mueve. Julio dice que se escribe para detener el tiempo; ahí viene el tiempo hablando su soledad de lluvias y de nieves en la poesía de Llamazares. Como una lenta lluvia de soledades y silencio.

Natalicio

Por: | 22 de marzo de 2009

Milagros Pérez Oliva, la nueva ombudsman de EL PAÍS, cuenta hoy algo preocupante con respecto a los datos que se publican en la red y que se quedan ahí para siempre. Hay cosas que yo he leído de algunas personas, y de mí mismo, que no son ciertas, o que son innecesarias, y que además de ser innecesarias resultan ofensivas, y que ahí se quedan, como chicles en los sillones del auditorio. Yo le hubiera contado a Mila una anécdota muy divertida que sucedió en Gran Canaria hace muchos años, y que le hubiera servido, quizá, para darle pimienta antigua a su preocupación actual. Resulta que en las notas de sociedad, un periódico, quizá Diario de Las Palmas, que ahora está agrupado con La Provincia, dio la noticia, en las notas fúnebres, de la muerte de un señor que seguía vivo, Despavorido, el afectado fue a la Redacción del diario a protestar. Estaba vivo, eso era obvio, el periódico tendría que rectificar. Rectificarían, al día siguiente. Y al día siguiente, el señor al que dieron por muerto observó que no había rectificación alguna. Perplejo, acudió de nuevo a la sede del periódico. En el periódico le atendieron con la amabilidad que uno dispensa a un resucitado. Cuando él expresó su protesta, le replicaron con mucha naturalidad: "Pero, ¿usted se ha fijado en natalicios?" En lugar de rectificar, le habían situado como uno de los recién nacidos, y así consideraban que aquel hombre asustado copmo un espectro había vuelto al mundo de los vivos.

El País

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