Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Las preguntas de Galeano

Por: | 30 de septiembre de 2009

Hacía mucho tiempo que no escuchaba un aplauso tan cerrado, y tan largo, como el que recibió anoche en el Círculo de Bellas Artes el escritor uruguayo Eduardo Galeano, el autor de Las venas abiertas de América Latina. Había muchísima gente muy joven, y había todo tipo de público; desde el estrado, Galeano saludó a Marcos Ana, el ex preso del franquismo, y a José Ángel Ezcurra, el director de Triunfo, una revista fundamental para los que vivimos bajo el franquismo y para los latinoamericanos que vivieron aquí por exilio o por propia voluntad, entre ellos el propio Galeano. El autor uruguayo recibió la medalla de oro del Círculo, que le entregó su presidente, Juan Miguel Hernández de León. A mi me correspondió hacerle una entrevista pública, para la que preparé un largo cuestionario, a partir de sus libros. En uno de esos libros, el que contiene una antología de sus artículos o reportajes de prensa, encontré una larga lista de preguntas, precisamente. Me recordó esa lista aquella frase que el escritor ecuatoriano Jorge Enrique Adoum vio escrita en una pared ("la pared es la imprenta de los pobres",  dice Galeano) en Quito: "Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas". Galeano me precisó la frase (que a mi me refirió Mario Benedetti, seguramente correcta, yo la deformé): "Cuando teníamos todas las respuestas nos cambiaron las preguntas". Bueno, pues esta retahíla de preguntas del propio Galeano fue la que le propuse ahora en el escenario. "Preguntando y preguntándome: este mundo nuestro, este matadero, este manicomio, ¿es obra de Dios o de los hombres? ¿Qué tiempo pasado ha parido este tiempo presente? ¿Por qué unos paíases se han hecho dueños de otros países, y unos dueños de otros hombres, y los hombres dueños de las mujeres, y las mujeres de los niños, y las cosas dueñas de las personas?" Galeano me escuchó releer sus propias preguntas, y al final me dijo: "Pues así es, exactamente". Un aplauso atronador acogió sus preguntas, y sus respuestas, acabó la conversación, y ya se llenó el escenario de lectores y amigos que le abrazaban como se abraza a un amigo recién llegado al pueblo o a una estrella de la canción. Firmó libros, atendió preguntas, y se fue yendo como si fuera el flautista de Hamelín. Las preguntas siguen ahí, intactas, para que las respondan la vida y el viento.

 Ah, la entrevista la colgarán en la radio del Círculo, creo, y la publicará el Círculo en la revista Minerva. Eso creo.

No se enfaden con Paco, acaso tiene razón

Por: | 29 de septiembre de 2009

No se enfaden con Paco, acaso tiene razón. Uno no escribe por trámite, nunca lo hago; por ejemplo, el domingo no escribí por trámite mi largo post sobre las conversaciones de Formentor. Y de pronto se lo tragó el ciberespacio. Lo que ocurrió fue lo siguiente: el hotel no tenía suficientes enchufes, y yo había escrito mi post en un lado de la habitación. Cuando estaba acabando, el ordenador produjo la dichosa advertencia: ha llegado usted al límite. Y entonces me cambié de lugar, enchufé el ordenador para que no se perdiera lo escrito. Y en ese trámite se perdió todo. Luego lo escribí de nuevo, pero en la oficina de las Conversaciones Literarias de Formentor. Traté de reproducir mentalmente lo que había escrito antes, pero eso no funciona. Y no era de trámite lo que escribí, pero tiene Paco derecho a pensar que era de trámite. Lo que sucedió ayer es menos azaroso, responde más a mi voluntad, o a mi ocupación como periodista: tenía un coloquio en la radio a las nueve de la mañana, y una entrevista (la que se publica hoy) con Amin Maalouf, el escritor libanés. Suelo prepararlas muy temprano por la mañana, así que me levanté a las seis y me dediqué a eso, exclusivamente, con lo cual dejé el blog para cuando pudiera. Pude a las doce del mediodía, y antes de ponerme a escribir tuve que ir al dentista, para algo sin importancia, con lo cual el tiempo se me fue achicando. Mientras iba a casa leí un comentario de Bea (alguien que se firma como Bea) hablando de Brigitte Bardot, y se me vinieron a la cabeza los recuerdos que ya dejé escritos. La verdad es que fui muy feliz rememorando, y a Bea le agradezco que me propusiera sin querer esa oportunidad. Después me fui al cine, a ver un pase de Ágora, la nueva película de Alejandro Amenábar. Impresiona como producción (imponente, extraordinaria) y como metáfora (la oscuridad entra en el mundo cuando ya nadie duda, cuando la certeza se convierte en un arma con la que acallar, para siempre, a los otros); después fui al periódico, escribí la entrevista, entré y salí del blog, y me sorprendió ver que entraba alguien con el nombre de Hipatia, que es el personaje principal de la película de Amenábar. Luego estuve oyendo la radio, interesado por saber cuál es el porvenir de este caso Gürtel (versión valenciana) que quisieron ocultar y que reaparece ahora con una fuerza que ya no es sólo periodística: Trillo dijo el viernes que todo esto se lo inventaba un periódico (este); ahora resulta que el sunami es imparable, y puede que lo termine impulsando el propio PP. Y esta mañana, otra vez, tuve que preparar una entrevista que tengo hoy (pública, en el Círculo de Bellas Artes) con Eduardo Galeano, y de nuevo se me hizo tarde para entrar en el blog y cumplir con una obligación grata que entiendo que a veces alguien considere que está poco elaborada. Pero, hombre, Paco, tú tampoco elaboraste mucho el reproche. Y esto no es un reproche, es tan solo un cariñoso acuse de recibo, expuesto a que ahora ustedes hagan las consideraciones que estimen pertinentes. O impertinentes.

BB

Por: | 28 de septiembre de 2009

Bea recuerda hoy que Brigitte Bardot cumple años, y que cumpla muchos. Cuando yo era un joven periodista en Tenerife, un buen amigo, Antonio Cos Feliú, me prestó un piso que aun estaba acondicionando; no había nada en el piso, yo traje una colchoneta, y busqué dos sillas, en las que acomodé la colchoneta, hasta que conseguí hacer una cama. Y traje velas, porque el piso aún no tenía luz, y papel de periódico, para poder pisar sin ennegrecer demasiado mis pies descalzos. Iba de noche, me iba de día, no hacía falta demasiada luz, porque había luz cerca. Y había una ducha espléndida, a oscuras. La única distracción en las paredes era una fotografía fantástica de Brigitte Bardot que alguien me había regalado. La coloqué con chinchetas; en aquella época de posters, ese era mi poster, y lo fue mientras viví allí. La foto de BB saliendo casi desnuda de una piscina era lo más parecido a la imagen del vigor de la salud que había entonces alrededor, y yo la miraba maravillado del milagro en el que se fijaron tantos cineastas de entonces. Luego pasó muchísimo tiempo para todos, y para BB también, pero mi  recuerdo de ella sigue estando centrado en esa evocación de aquella casa vacía en la que ella era la única mirada que desprendían las paredes.

La mamarrachada de la novela global

Por: | 27 de septiembre de 2009

Los compañeros de mesa se entretenían hablando del lenguaje, de la ética y de la estética, y algunos hablaban de la novela sin fronteras, hasta que Eduardo Jordá, uno de los participantes en estas Conversaciones Literarias en Formentor exclamó: "Cuidado con esa mamarrachada de la novela global". Luego hablaron otra vez del lenguaje como elemento primordial de la narración, y de nuevo Jordá advirtió: "Cuidado con magnificar el papel del lenguaje en la literatura. Si no hay vida no hay nada". Me gustó la discusión sobre las fronteras y sobre los viajeros en la novela; Manuel Rodríguez Rivero dijo que Oxford, donde escribió Faulkner, es más o menos como Calafell, donde escribe Marsé, y que tampoco hay que exagerar la importancia de los sitios como lugar de la literatura; la literatura vive por su cuenta, no tiene fronteras, pero no tiene por qué aspirar a ser de todos los sitios y además simultáneamente. Por eso era tan pertinente aquella exclamación de Jordá. Luego hubo un diálogo entre el peruano Roncagliolo y el argentino Pron, Santiago y Patricio; hablaron de los padres de su literatura; Santiago dice que empezó a escribir para no ser como Vargas Llosa, y Pron explicó que si tuviera que matar a sus padres literarios tendría que viajar por muchos países con un arcabuz al hombro. De las cosas que escuché estos benéficos días en Formentor me llevo grabada esta confesión de Félix de Azúa: "Sé que se acabó la época del papel. Desisto. Da una enorme satisfacción abandonar el reparto cuando la obra se acaba". Me voy yo también, es decir, me voy de Formentor;´el día amanece plácido, sosegado, en este magnífico lugar que, como decía esta mañana Javier Fernández de Castro, ya es como una nueva ventana para una casa ideal, la casa ideal que sólo vive y viaja en la mente y en la memoria.

Formentor

Por: | 26 de septiembre de 2009

En Formentor. De nuevo, las Conversaciones Literarias. El año pasado fueron rescatadas gracias al entusiasmo sin red de Bárbara Galmes, entonces consejera de Cultura de Baleares, y este año, cuando se cumple medio siglo de aquella iniciativa de Camilo José Cela, Carlos Barral y Jaime Salinas, regresan las conversaciones, impulsadas ahora por la propia consejería y animadas por la Fundación Santillana que dirige Basilio Baltasar. El marco es extraordinario y el ambiente es cálido, propicia precisamente la conversación, el sosiego, la calidad de la palabra e incluso la posibilidad de las bromas. Estuve ayer tarde en un coloquio muy interesante, en catalán y en español, en el que intervinieron Félix de Azúa, Javier Fernández de Castro, Llucia Ramis, Ponç Pons, Sebastiá Perelló y Biel Mesquida, que hizo de (afortunado) moderador. Me gustó mucho la intervención de Fernández de Castro, en torno al tema central del asunto, el territorio, o la patria, o la cartografía, de la literatura. Fernández de Castro (el autor de una novela que yo leí cuando todos éramos chiquillos, Alimento del salto, entre otros libros) construyó una especie de casa ideal que le permitía contemplar desde su ventana los paisajes que hicieron su vida, gracias a que su padre fue constructor itinerante de azucareras. Por un lado de la ventana de su escritorio, ve la playa de la Concha, por el otro ve el valle de Cabuérnigo, si mira hacia atrás ve la bahía de Nápoles, desde otro lugar del cuarto ve un jardín inglés, ve caballos y mastines, asiste a la maravilla del Peñón de Ifach... Un territorio fantástico en el que la imaginación viaja como si fuera un caballo libre de pies ligeros. Una intervención estimulante para los que creemos, como Rimbaud (lean la traducción de Paula Cifuentes en Barril y Barral), que lo mejor que le puede suceder a la patria es que viaje, o esté sentada. Esas exaltaciones de Fernández de Castro me animaron la tarde, y escuché a todos los intervinientes como si yo mismo estuviera de viaje, exaltado, mirando por las ventanas como si mi propia vida me devolviera exaltaciones similares a las que disfrutaba este compañero de generación al que la suerte ha traído a este paisaje del sosiego en el que vivo la víspera de mi vejez.

Tapaban la luna con el dedo

Por: | 25 de septiembre de 2009

Vinimos anoche de Segovia, del Festival Hay, leyendo con Álvaro Pombo la noticia que revela lo que de veras era el Gürtel en Valencia: una estructura de poder financiero para obtener dinero ilegal con el que apoyar al PP de la Comunidad. La noticia la dio elpais.com, firmada por mi compañero José Manuel Romero, y al acabar nuestro diálogo en Segovia, abrí el móvil, me encontré con esa noticia y se la estuve leyendo a Álvaro Pombo, que iba en el asiento delantero. No es una sorpresa la noticia, pero sí es bueno subrayar el cinismo que encierra la actitud de los dirigentes del PP que han estado señalando al dedo para ocultar la luna. Han querido que nos fijemos --todavía hoy, a través de sus medios afines-- en las filtraciones de la información y no en la información misma. La información misma es una denuncia de manejos intolerables en democracia. Y lo que parece más intolerable es que esa cúpula del PP haya conseguido que el juez De la Rúa elimine del proceso ese informe que ahora sale a la luz. La amistad de De la Rua con el presidente Camps sería razón suficiente para recusarle. No se entiende cómo los socialistas valencianos no han recusado aún a ese juez tan ponderado en Valencia por los que han querido que el dedo sea más que la luna.

Respuestas

Por: | 24 de septiembre de 2009

Agustín, debió haber algún problema técnico con tu comentario. Lo leí, me pareció interesante, y después dices que ha desaparecido. Intentaré averiguar qué ha sucedido. Si te lo hubieran borrado, cosa que sucede rara vez y tan solo si en el comentario se contienen insultos a terceros o alguien simula varias identidades para aparecer sucesivamente creando falsas discusiones, hubiera sido difícil que entraras otra vez, de modo que ha debido producirse un defecto técnico por el que yo te pido disculpas.

Dumi, me ha gustado reencontrarte en el blog después de años de nuestros encuentros laguneros. No te amohínes; parece que el destino de estos sitios es ese: crear un clima al que de pronto le entra un escalofrío. Ray Loriga hablaba de esto anoche en un encuentro con suscriptores de El País. Internet propicia muchas cosas, buenas y malas, y hay que convivir con ellas, si uno quiere comunicar también con aquellos que también quieren el clima que nos gusta.

No suelo responder. Leo el blog --es decir, lo que ustedes escriben-- cada día; a veces intervengo, cuando considero que algún dato no se corresponde con la realidad que yo conozco; me desagradan las desconsideraciones a terceros; las que se tienen conmigo no me importan tanto, porque ya me he acostumbrado. Si intervengo hoy con estas respuestas es acaso porque quisiera precisar mi estima por algo esencial en los intercambios: el respeto, la consideración por el otro, el sosiego y la armonía en el que debe desarrollarse cualquier conversación, en internet, en la casa o en la calle.

Y una sola cosa: sólo pido que retiren posts cuando se producen insultos a terceros, o cuando es manifiesta la desconsideración hacia personas que intervienen aquí. Esa es mi actitud, y yo también tengo mi libertad para ejercerla. Son pocas reglas; aquellos que no las consideren apropiadas tienen todo el ciberespacio para ejercer las suyas. Adelanto que ejerceré las mías con la misma pasión con que ejercen las suyas quienes intervienen aquí desde el ruido y desde la furia tan solo para que sobresalgan el ruido y la furia.

Malcolm o el nacimiento de una editorial

Por: | 23 de septiembre de 2009

Ayer vine a Barcelona, a dar el adiós a Toni López, el editor de Tusquets, y por la noche me fui a ver a Malcolm Otero Barral, el nieto de Carlos Barral, uno de los grandes editores de la cultura española de la posguerra. Al nieto Malcolm, al que van dedicados algunos hermosos versos del abuelo, le picó la misma mordedura de publicar, de leer para publicar; ha hecho su trayecto en grandes editoriales, Destino, RBA, y por ahí le he ido viendo, buscando materiales, tratando autores, arañando de la experiencia ajena lo que es ahora su propia experiencia. Y finalmente ha creado su propia editorial. La ha hecho con su amigo Joan Barril, escritor y periodista, y gourmet; y la han llamado Barril y Barral. De nuevo, le decía anoche, ese apellido pugnando por estar entre las letras altas del alfabeto editorial español. Barral. Estuve en la editorial; huele todavía a nueva. Le hice a Malcolm una fotografía, que procuraré enviar hoy a Rosa para que la suba al blog, cuando mi correo deje de estar sobresaltado. Y estuve hablando con él sobre esta mordedura que él mismo padece y que yo también gocé durante una decena de años. Publicar es una pasión; acertar ya es sublime. Barril y Barral han publicado ya las cartas completas de Rimbaud (que están reeditando), las Nuevas cartas a un joven poeta, de Joan Margarit, y Tengo quince años y no quiero morir, de Christine Arnothy. Es aún una editorial juvenil, una especie de sueño adolescente que Barril y Barral cumplen tratando de estar de acuerdo con ellos mismos: publicar tan solo aquello que les entusiasma. Es posible que luego la vida les lleve, también, a hacer renuncias; eso sucede en este universo, más de la cuenta. Pero este temblor de ahora, esta época inaugural, desprende un entusiasmo envidiable, del que aquí hago crónica. Después de estar en su sede Malcolm me llevó por Barcelona hasta la casa de otro editor, Toni Munné, que trabaja para Círculo de Lectores, y ahí tiene el privilegio de preparar ahora las obras completas de gente como Guillermo Cabrera Infante, Mario Vargas Llosa y Juan Goytisolo. Estuvimos hablando de Miriam Gómez, de la fascinación que desprende la obra de Guillermo vista con quien fue su mujer, su musa, la persona que fue también su alegría. En casa de Munné vimos el partido del Barça frente al Racing, y al término escribí para As un texto acerca de ese encuentro aburridísimo en el que el equipo azulgrana exhibió una antología de su sabiduría y luego se echó a dormir. Menos mal que está Messi, que a veces es como un fulgor, se levanta, inventa y corre. Esperando por él pasamos el partido, y no nos defraudó nunca.

Photojcruz


Generoso, discreto y bueno

Por: | 22 de septiembre de 2009

Malcolm Barral, su joven colega, me envió a las tres y media de la tarde este mensaje: "Toni López ha muerto". Yo almorzaba con don Emilio Lledó, el filósofo, y con el editor Emiliano Martínez, y se me vino una nube negra, la sensación enorme de una pérdida. Malcolm me envió después este otro mensaje: "Generoso, discreto y bueno. Se ha ido uno de los que merecen la pena". Hasta el jueves último fue a trabajar a Tusquets, su casa, y ayer ya no pudo más, murió a la una y media de la tarde. Rosa Mora escribe hoy sobre los rasgos de su biografía y sobre su alma de editor caballeroso, risueño, generoso con los suyos y con los que no eran suyos, y Almudena Grandes, su autora, habla de él como el hombre con alma de padre, de hermano mayor, de camarada. Un editor como hay pocos: atento, con Beatriz de Moura, su compañera, a la tradición y a lo nuevo, capaz de combinar la artesanía con el futuro, la apuesta con la respuesta abierta al pasado. Le recuerdo en muchos momentos; en Francfort, en Guadalajara, en Madrid, en Barcelona; en lugares y en instantes en que florecía su buen humor como una seña de identidad, como una identificación con lo más sabroso y también lo más hondo de la vida. La celebración de los cuarenta años de Tusquets, en la hermosa casa de Barcelona, fue, lo vemos ahora, un homenaje que Beatriz creó con elegancia y con cariño para el hombre que, con ella, ha llevado a cabo el esfuerzo editorial más perdurable y elegante de los últimos decenios del mundo editorial. Editar es respetar y animar, a los autores, a los lectores, a los libreros. La pareja ha cuidado eso hasta la extenuación, y en esa labor Toni ha sido ejemplar, generoso, discreto y bueno, como decía Malcolm, y como dicen hoy quienes trabajaron con él, los que le quisimos y le admiramos como un maestro en el arte de juntar la vida con el trabajo y salir risueño del intento. Nos enseñó a ser mejores; quizá no hemos aprendido, pero él se fue con sobresaliente de ese aprendizaje propio, carente de vanidad y de envidia, generoso con los defectos ajenos, olvidadizo de las malas prácticas, siempre esperó perdonar antes de calificar. Lo que nos dejó es inolvidable. Era un gran hombre cuya memoria hizo mucho mejor este sector en el que habitó su ánimo.

Rita ve menos

Por: | 21 de septiembre de 2009

Entre las noticias que recibí ayer, internacionales, nacionales, regionales, provinciales, locales, quiero fijarme en una que parece minúscula pero que esta mañana sigue dándome vueltas en la cabeza como una noticia que dice mucho más que lo que dice. Rita, la perra de mi hija, ve menos, está perdiendo visión. Nació en el año 2000, o quizá en diciembre de 1999; nació con el nuevo siglo, pues, y en un día muy temprano del nuevo siglo, cuando se estaban cambiando los ordenadores y los relojes, mi hija se la encontró abandonada en la playa, sola y tiritando. Cuando llegó a casa era una cosa que se movía lentamente, tímida; ahora sigue siendo tímida, pero casi tiene diez años. Su década ha sido intensa, como mis sesenta años, casi, ella muestra seguramente la timidez de entonces pero también la inseguridad de una edad que se multiplica por cuatro y que ahora le afecta al apetito (come menos, o al menos no come con la voracidad de antaño), y a la vista; anoche pugnaba por encontrar algo en el suelo de la cocina, un pequeño alimento, cualquier cosa que hace un tiempo hubiera hallado a la primera. Luego fue a buscar agua, golpeó el recipiente, reclamando agua, y regresó a mirar por la ventana de la terraza. Me produjo una enorme ternura la súbita noticia que entonces me dio Eva: ya Rita ve poco. Como si la edad que se refleja en todos tuviera en ella la metáfora viva, exacta, de lo que sucede cuando el tiempo golpea y golpea en la puerta y, en el caso de hoy al menos, se llama otoño. Rita entra en el otoño, a una edad tan temprana. Pero ahí está, ve menos, pero ladra, sigue ladrando, alegre, cuando uno abre la puerta de la casa, como si uno hubiera estado fuera un año o quizá un siglo.

El País

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