Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

2009

Por: | 31 de diciembre de 2009

El esfuerzo inútil conduce la melancolía.

En el sitio de los entrenadores

Por: | 30 de diciembre de 2009

Mi primer trabajo fue en una pirotecnia; luego trabajé de oficinista, en una concesionaria de automóviles, y finalmente fui corresponsal de un periódico deportivo, el Aire Libre, de Tenerife. En realidad, hice las tres cosas casi simultáneamente, pero la más importante, para mi vida, fue la tercera. Cuando empecé a escribir, a pesar de que era un chiquillo, la Federación Tinerfeña de Fútbol pensó que quizá podría simultanear, también, mi oficio de cronista de fútbol con el de seleccionador del fútbol infantil de la zona norte de la isla. Y eso hice, seleccionar a los chicos que más destacaban entre los que jugaban en las categorías infantiles de los equipos insulares del Norte. Ahora, casi cincuenta años después de aquello, mi amigo Alfredo Relaño, director del As, donde colaboro escribiendo acerca del Barça, que es mi equipo, me ha hecho revivir aquella experiencia tan extraña y tan inolvidable, invitándome a acudir a la final del campeonato internacional de fútbol infantil que cada año celebra en Canarias la Fundación El Larguero de José Ramón de la Morena. Este año se ha celebrado en Arona, cerca de mi casa, y allí fui ayer tarde, dispuesto, después de tantos años, a escuchar el sonido del cuero lanzado por unos muchachos que aspiran a ser el Iniesta o el Fernando Torres (ambos fueron descubiertos en esta competición) del futuro inmediato. Relaño me sentó en las sillas de los entrenadores, y allí estuvimos viendo el partido entre el Borussia y el Sevilla, que jugaron la final en el estadio del Marino. Fue un partido muy bien jugado por el Borussia, aunque el Sevilla sacó en un momento determinado su garra y pudo marcar dos goles que le dieron esperanza de remontar el 3-0 que ya iba en su contra. Pero el Borussia se impuso finalmente y ganó por un 5-2 que a mi me pareció merecido. Fue muy emocionante volver a un estadio, sentarme ahí a ras de hierba, escuchar tan de cerca los sonidos y los olores que desprende el césped, sentir la inclemencia que se vive en todo estadio (fui sin abrigo, y un compañero me dejó un suéter, gracias al cual sobreviví). Luego estuve saludando a algunos de los amigos que acudieron al estadio, y me sorprendió ver a José Antonio Alonso, el portavoz socialista en el Parlamento. Es un gran aficionado (al Real Madrid y al fútbol de base) y tiene un hijo de siete años que, dice él, juega ya muy bien. Se quejó de que ahora el fútbol infantil sea más físico, más violento, que hace unos años, y yo rememoré el partido y le di la razón. Los chicos tienen ya una envergadura superior, chocan como los adultos, son más pícaros porque ya ven fútbol a todas horas, y lo que los mayores hacen (hasta besarse el anillo, como Raúl) lo hacen ellos, lo imitan a la perfección... Luego me fui del estadio como uno se va de los estadios, hacia la soledad de la calle, a buscar un taxi, y en mi caso también a confundirme con el aire de otra rememoración, pues ahí, en Los Cristianos, cerca de donde se celebraba el partido, fue la primera vez que viví unas vacaciones de playa, gracias a la invitación de un amigo, Juan Antonio Pérez Méndez, que me invitaba a libros y que en este caso me invitó, también, a arenas... El aire es el mismo, el tiempo ya es otro, pero Los Cristianos sigue teniendo, lo he comprobado el otro día, la suave, finísima, arena de una playa en la que fui feliz. 

Libros para el amigo hipertenso

Por: | 28 de diciembre de 2009

Un amigo de Santa Cruz se sintió hoy repentinamente mal; le dolió la cabeza desde el amanecer; se sintió embotado, cansado antes de caminar. Me llamó; me preguntó si eso fue lo que me había sucedido a mi mismo hace algunos meses, y le dije que sí, esos síntomas parecen los de una hipertensión. Es bueno, le conté, controlarse las subidas y las bajadas, vigilar comidas y cenas, así como el alcohol y otras circunstancias que en días como estos que corren suelen ser pasadas por alto como si no incidieran en esos índices fatales. Como no es muy proclive ni a esos controles ni a los controles sanitarios, me pidió que le acompañara a una farmacia, a tomarse la tensión arterial. Vimos con preocupación, y él con cierto pánico, que le había subido la presión alta hasta los 17, y la baja se acercaba a los nueve. El farmacéutico le explicó que por esa vía podía llegar a tener algún disgusto, que debería cuidarse esas constantes. Él se quedó pálido, como se quedan los hipocondriacos que de pronto observan que es urgente cuidarse. Pero tuvo una salida que me dejó estupefacto, o divertido. Me dijo: "¿Tú crees que esto se calmará leyendo?" Y yo le dije sí con la cabeza. "Entonces, préstame libros". Y yo fui a la biblioteca que tengo en Tenerife, en la que están algunos de mis libros preferidos, y ahí tengo un paquete para él, para que lea curándose el estrés y los excesos de estos días, y de los días que han precedido a estos días, y así sucesivamente. En el paquete he metido dos libros de Caballero Bonald, Tiempo de guerras perdidas y La costumbre de vivir; las poesías completas de José Hierro y la poesía amatoria del propio Caballero Bonald; Saber perder, de David Trueba; La novela del corsé, de Manuel Longares, y Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé. Seguramente ahora le llevaré el paquete y me dirá que ya lo leyó todo. Da igual, le diré, releer relaja aún más. Ya informaré sobre el estado de su tensión, por si resulta que leer es también como un medicamento. 

Mis premios, de Thomas Bernhard

Por: | 27 de diciembre de 2009

Aunque no le gustaban ni los buscó, ni se postuló para ellos; aunque despreció la sociedad que se los daba, el Estado que lo acogía y el mundo en que vivía, el escritor austriaco Thomas Bernhard recibió una docena de premios en su país (al que repudió hasta términos indecibles) y en Alemania. Y cada premio tuvo su historia. Esas historias que él asoció a cada uno de los premios que recibió fueron escritas por él y guardadas en un cuaderno que años después encontraron sus amigos, editores o albaceas. Ahora ha salido ese libro en castellano, publicado por Alianza Editorial. Salió hace poco, y hasta ahora no lo había podido leer. Lo recomiendo a todos los amigos con los que me correspondo estos días, y lo hago aquí. La escritura de Bernhard es ácida, corrosiva; lo es también en Mis premios. Pero al contrario que en la mayor parte de esos libros que escribió para tacharse a sí mismo y para tachar la humanidad entera, este extraordinario libro tan peculiar está lleno de sentido del humor e incluso de ternura en algunos de sus flecos. Son recuerdos de momentos en los que él se sintió particularmente feliz por los reconocimientos que recibía, pero también consciente de estar metido en un engranaje maléfico en el que la mediocridad le usaba para sentirse mejor, para lavar la conciencia burguesa con el apoyo fraudulento a artistas por los que no se tiene verdadero interés o reconocimiento. Leer riendo no es muy frecuente ante autores así, pero este libro se lee riendo, y esta es una sensación fantástica que me gustaría compartir con mis amigos. La traducción es de Miguel Sáenz, y es buenísima, como todo lo que toca este extraordinario poeta y traductor.

Anido e Irago, periodistas

Por: | 24 de diciembre de 2009

La decisión de un juez de Madrid de dictar prisión e inhabilitación para los periodistas Daniel Anido y Rodolfo Irago, director y director de Informativos de la Cadena Ser, ha causado conmoción en ámbitos profesionales y judiciales. El juez entiende que una información que, bajo la responsabilidad de ambos, emitió la Ser en 2003 se ajustaba a todas las normas del oficio; sin embargo, el juez entiende como delictivo el hecho de haber divulgado en Internet algunos documentos relativos a esa información. Estima el magistrado que lo que se publica, o emite, en la radio, está amparado por la Constitución, porque la radio es un medio de comunicación social; Internet, sigue pensando el juez, no tiene igual amparo, porque la red es un medio de comunicación universal. Pero lo que publicó Internet (la web de la Ser) es la documentación que avala la información que emitió la radio. Muchos de los que ya han opinado sobre la sentencia --en la radio, en la prensa y en internet-- la juzgan como una pieza disparatada desde el punto de vista legal. Los compañeros de la Ser la van a recurrir. La gravedad del precepto dictado por el juez pone de manifiesto la impunidad en la que a veces actúan los magistrados en el ejercicio de su responsabilidad. El origen de aquella información fue la afiliación irregular de miembros del Partido Popular, denunciada por la alcaldesa de Villaviciosa de Odón, también del PP, en 2003, en medio de los conflictos causados por la actuación de los diputados madrileños Tamayo y Sáez; esa afiliación irregular se montó para impedir unas elecciones normales dentro del Partido Popular, controlado entonces por Romero de Tejada. El juez considera que esa información era correcta; divulgar en Internet el documento en el que se apoyaba es lo que no le ha gustado al magistrado, porque Internet es un medio universal, según él incontrolable. ¿Medio universal Internet? Claro que sí, pero hoy todos los medios pueden ser universales. ¿Y la radio que se escucha por Internet? ¿Y la prensa que se lee por Internet? ¿Y los blogs, como este, que se lee en Internet? ¿Y las sentencias judiciales que se divulgan en Internet? El juez ha puesto en manos de la sociedad una polémica que deja chica la controversia sobre las descargas; y mientras tanto ha arrojado sobre dos periodistas excelentes una sentencia que dibuja, en torno al espejo judicial, la sombra de la duda razonable: ¿sabe de qué está hablando el honorable magistrado, de dónde puede obtener el argumento que le lleva a asestar esa dicotomía entre lo que él llama medios de comunicación social y medios de comunicación universales? ¿Sabe él lo que es la red, lo que abarca hoy? Y si juzga que una información es impecable, ¿cómo puede reprochar que se apoye con datos? Demasiadas preguntas para tantas obviedades.

La lluvia en el mar

Por: | 23 de diciembre de 2009

Llueve en El Médano; al llegar, ayer, la tierra parda reflejaba esa especie de pereza del cielo encapotado; como una sombra de burro pacífico parecía el color de la isla al mediodía; ahora una lluvia fina cae sobre el mar y lo hace aún más gris; las olas, sin embargo, están mansas, igual de perezosas que las nubes; no se oye en la playa ni en los alrededores de estas orillas pacíficas otro rumor que el de esas pequeñas olas acercándose a la arena, y la arena está húmeda y mojada, absorbe sin esfuerzo alguno el agua salada, el agua dulce, el agua del mar, el agua del cielo. Cuando llegué, un brote cálido de humedad sustituyó al viento que suele ser habitual en el aeropuerto del Sur. En el avión vine leyendo el libro póstumo de Carlos Castilla del Pino, Conductas y actitudes (Tusquets). Me detuve en el capítulo sobre la envidia, un ejercicio interesantísimo de identificación de la envidia como enfermedad. Su lectura no resulta sugestiva sólo por la capacidad teórica que desarrolló Castilla del Pino como psiquiatra, sino porque identifica con ejemplos concretos los límites a los que puede llevar esa enfermedad a los seres humanos. El libro concluye con un capítulo sobre el odio. Ambas actitudes, o ambos defectos, ambas posibilidades oscuras a las que llega el alma humana, son comunes en todas las personas, están latentes; su identificación sirve, dice Castilla, para tratarlos, pero sólo una gimnasia constante de generosidad y de tolerancia permite que desaparezcan, y jamás del todo. Recomiendo mucho este libro, y recomiendo Mis premios, de Thomas Bernhard, que ha publicado Alianza Editorial. Y ahora volveré a mirar el mar, tan extraño esta mañana.

El principito, El extranjero

Por: | 22 de diciembre de 2009

Unos amigos de El Médano me pidieron ayer que les recomendara un libro que aconsejar a los escolares de este querido pueblo del sur de Tenerife. Me acordé de inmediato de lo que le sucedió a un adolescente nómada de Mali, Moussa Ag Assarig, a quien unos pilotos del París-Dakar le regalaron hace años, cuando él debía tener entre doce y trece años, El Principito, de Antoine de Saint Exupery. Moussa convenció a su padre para que le llevara a una escuela de la capital, para aprender a leer. Aprendió, y leyó El Principito. Esa lectura cambió su vida; ahora él mismo escribe libros (el último, En el desierto no hay atascos, publicado en España por Sirpus) y destina sus derechos de autor a montar escuelas para los niños nómadas de su país y del resto de África. La propia familia del autor de El principito le ayuda a financiar este proyecto, que Moussa presentó en la última Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Es un hombre de mirada luminosa, que refleja una ilusión que viene, dice él, de haber aprendido a leer; la lectura le ha abierto al mundo, le ha dotado de un entusiasmo con el que ahora viaja, contagiándolo. Y por la noche un compañero me preguntó por algún libro de Albert Camus, aparte de La peste, que ya había leído. Le recomendé El extranjero, un relato que transmite desolación y extrañeza, una novela de rara perfección que siempre me ha subyugado. Le recité uno de los párrafos que quedaron en mi memoria, y que siempre he asociado a las playas perfectas en las que el viento a veces reina como una premonición o como un manto: "Comprendí entonces que había roto la armonía del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz". Me parece que esa es la traducción de José Ángel Valente. Un libro sobrecogedor, escrito con una sencillez extraordinaria que contribuye al clima aparentemente distante con el que el narrador va contando su desoladora historia. A mediodía comí con un científico que me preguntó por lecturas para estos días. Le aconsejé que leyera la autobiografía de Mario Vargas Llosa, El pez en el agua, y dos de Orhan Pamuk: La maleta de mi padre y El museo de la inocencia. Este último es un libro que a mi me parece importante, en el que hay que entrar con ganas de sumergirse, de dejarse perder en una historia de amor que te va envolviendo hasta que se convierte en algo propio. Como estamos en tiempos de consejos, aconsejo también La noche de los tiempos, de Muñoz Molina, y Caín, de Saramago, de los que ya he hablado aquí alguna vez. Y, para releer, poesía, las poesías completas de José Hierro. Y lo que aconseje un buen librero, por cierto. Creo que una manera de luchar contra las habladurías acerca del porvenir de los libros es ir a las librerías a ver qué nos dicen los libreros.

Los toros

Por: | 19 de diciembre de 2009

Conozco a muchísimos españoles (y extranjeros) que aman la fiesta de los toros; y conozco a muchos extranjeros (y españoles) que la detestan. Y ambos tienen sus razones. Lo que me resulta extravagante es que la oposición a los toros, legítima como cualquier oposición, se identifique como un calco con la actitud de los nacionalistas catalanes ante la lidia. Ni soy nacionalista ni jamás lo he sido, y lo único que me gusta de los toros es la escritura sobre los toros, especialmente la de mi admirado y añorado compañero y amigo Joaquín Vidal. Imagino que habrá muchos catalanes (y españoles) que disfrutan de la fiesta de los toros, y tengo la certeza de que otros muchos (nacionalistas o no) la detestan. Pero eso pasa en Burgos (como decía ayer Ignacio Escolar),  en Andalucía, en Galicia, en Euskadi, en Canarias, en Madrid, en Valladolid y en todas partes. Reducir el asunto (como hacen estos días los medios de derecha y de ultraderecha, patrióticos vociferantes de su propio patriotismo) a una disputa política de raíz independentista es olvidar que la gente tiene sus gustos y sus disgustos, y hay personas que con toda la legitimidad del mundo ama los animales y considera que el sacrificio al que se somete a los toros daña sus convicciones y su entendimiento de lo que debe ser un juego cara al público. En Canarias se prohibieron los toros, y nadie dijo que ese era un signo del independentismo salvaje de los paisanos. Que en el quiosco de hoy la decisión parlamentaria catalana de dar vía libre a una discusión sobre si en esa comunidad se abre paso la prohibición de los toros prime sobre la decisión acerca del cambio climático indica que al presunto interés del nacionalismo catalán se le opone con uñas y dientes el interés del presumo nacionalismo español, el patriótico, es decir, el nacionalismo bueno, el verdadero.

Aminetu en El Aaiún

Por: | 18 de diciembre de 2009

Aminetu Haidar ya está en El Aaiún, después de un mes en el que su propia angustia ha regado el mundo, y sobre todo nuestro mundo, de preguntas sobre nuestra propia conducta con relación al Sahara, la colonia española que este país abandonó en 1975 en manos de Marruecos, tras la Marcha Verde. El esfuerzo de Haidar, que a veces ha sido entendido y a veces ha sido vapuleado, ha alcanzado un objetivo que acaso es la razón sentimental y política de su gesto: que no se olviden las reivindicaciones de sus paisanos y de su territorio, sobre una patria que ellos consideran usurpada. El esfuerzo de Haidar ha sido apoyado por muchísima gente, en las redes sociales, en persona, allí, en el aeropuerto de Lanzarote... Los que la han apoyado han sufrido también, aparte de la intemperie y otras calamidades, la incomprensión e incluso el descrédito; en eso han sido acompañados, en cierta manera, por funcionarios españoles que también han sido desacreditados por aquellos que, reiteradamente, los consideraban incapaces de hallar una solución diplomática o política al asunto. Ahora que la solución ya está, imagino que éstos, los agoreros que veían en el negro futuro del programa la posibilidad de una nueva crisis que sumar a las crisis del Gobierno, expresarán de algún modo su alivio porque al fin Aminetu haya logrado las garantías suficientes como para volver, sin humillación, orgullosa de la valía de su esfuerzo, a su lugar en El Aaiún. Pienso ahora en mucha gente que le apoyó, e imagino también el alivio que sienten al haber cumplido con lo que su conciencia les fue dictando a estos esforzados amigos que Haidar tuvo a su alrededor.

La mar de mares

Por: | 17 de diciembre de 2009

Estuve ayer tarde en Bilbao gracias a la iniciativa de mi amigo Tomás Ondarra, pintor, redactor jefe de Infografía de EL PAÍS. Ondarra acaba de abrir en Fundación Bilbao Bizkaia Kutxa (BBK) una exposición de su obra pictórica dedicada al mar. La muestra se llama La mar de mares, y fue el entorno en el que él habló acerca de las particularidades de la infografía en la prensa de hoy; a mi me tocó hablar del presente y del futuro del periodismo, este oficio nuestro que a mi me sigue apasionando como cuando era un crío y empecé a publicar en el Aire Libre de Tenerife. Pero hablemos de Ondarra. Su exposición es una excursión espiritual por lo que queda en la retina, o en el alma, tras la contemplación del mar. Ahí está el mar sonando, desde una ventana, desde el fondo, desde la balaustrada, desde la desembocadura de los ríos; el mar tangible e intangible, el mar rojo y el mar violeta, el mar de cristal, y el mar azul. El mar no es nunca el mismo mar, y Tomás, que es un hombre de una sensibilidad extrema, de una gran delicadeza para reflejar lo que sabe o lo que piensa, lo ha pintado en movimiento, el movimiento de su propia alma. Leí en su catálogo: "Busca en el agua todas las certezas porque todo en ti es mar". Conozco pocas metáforas más grandes y misteriosas de la vida como la metáfora incesante del mar. Después de ver la exposición me senté a escuchar a Tomás hablando de la infografía. Partió de varios mapas, hasta que llegó al mapa de su infancia, las calles por las que caminaba con su hermana, hasta que ambos se bifurcaban en busca de escuelas distintas. Ese mar de calles que dibujaba en la pantalla del salón de actos del BBK me llevó a mi mismo a una época igual, cuando, de niño, me imaginaba los territorios que aún no conocía, o cuando memorizaba, mirando al techo del cuarto donde vivía, viajes que ya había hecho, conversaciones que había escuchado, imágenes que ni siquiera estaban en la vida y que venían alentadas por el viento inexplicable que domina la infancia. Y, al lado, la radio abriéndome al mundo. Fui a escuchar hablar de infografía y terminé escuchando la voz de este poeta que hace cada día que sea más fácil interpretar la realidad con sus mapas y sus dibujos en el periódico de papel y en el periódico de Internet. Ahora sé, también, que la esencia de su aplomo se la da el mar, un compañero sobresaltado que jamás es igual, como la risa o como el viento que lo mueve.

El País

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