40 Aniversario

Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Chile

Por: | 28 de febrero de 2010

Entre los nombres propios, esa filigrana de tierra que parece la raya del mar es el país que ahora está en los corazones del mundo. Chile. El dramático recuento de la tragedia llena ahora las primeras páginas de la prensa y está alumbrando con sus pavesas humildes los noticiarios de la televisión. La radio transmite la voz entrecortada de los que sufren. Chile siempre fue, para nuestra generación, la sucesión de todos los sentimientos: la alegría del cambio, el estupor de la matanza que siguió al golpe, la esperanza, y definitivamente el final de la dictadura y el principio, otra vez, de la ilusión de un territorio que contaron  Huidobro y Neruda y tantos cuyos versos sirven ahora para llenar de metáforas el silencio que deja la herida. Chile. Un temblor inmenso, el mayor de la historia, parece, y ha dejado atrás la metáfora de la peor desolación. Un abrazo y Chile.

27F

Por: | 27 de febrero de 2010

Mientras aquí nos preparamos para lo que se ha llamado la tormenta perfecta, que empezó en mi tierra, pero parece que sin la gravedad temida, y seguirá en Galicia y en otros lugares de este país, en Chile ha temblado la tierra mientras se preparan para darle a la lengua los académicos que hablan y escriben en español. Bella portada, inquietante y sugerente, en Babelia, anunciando el artículo de don Emilio Lledó. Rojo y negro, el color de la tierra, la atmósfera de los terremotos. Chile es siempre una memoria, una herida y una melancolía, y ahora llegan de allí las noticias inquietantes que hasta ayer tarde temíamos que se produjeran aquí. Allí ha temblado la tierra, aquí anunciaban que temblaría el aire. Temible febrero terrible. Lo de Cuba es un drama distinto, y es un drama grande. No se puede decir sobre Cuba nada con sosiego. Durante muchos años mi generación miró hacia Cuba con devoción y esperanza; íbamos a los barcos a llevar medicinas y vituallas, veíamos aquel proceso como si en efecto se fuera a producir el milagro del hombre nuevo. La desilusión fue como la que se produce cuando te rompe una foto muy querida un avieso compañero de colegio. Pero en muchos ámbitos parece un pecado, aún, decir que te has desilusionado. Estuve en Cuba en 1990, con un amigo muy querido, que profesaba hacia la isla las mismas ilusiones que hasta algún tiempo antes yo mismo había abrigado,  y tanta gente más. Hicimos un día una fotografía y un soldado nos metió en un cuartel, presos, porque en aquel lugar no se podían hacer fotos. Le dije: ¿Y dónde está que esto está prohibido? "Ahí hay un cartel, lo que pasa es que lo ha tapado la hierba". Fue una anécdota que nos puso el miedo en el cuerpo. Hubo muchas anécdotas así. Pero la categoría, lo que resultaba insoportable porque además era inexplicable, fue que mis amigos cubanos no podían ir a los mismos sitios a los que íbamos los extranjeros. Muchas veces me lo han explicado, con buena voluntad, cubanos y amigos que no son cubanos, y que tienen siempre la voluntad de disculpar explicando. Pero yo no entiendo. Yo no entiendo nada. Yo no entiendo que revolución signifique falta de libertad, desdén por los derechos de los que disienten, burla de los que están en desacuerdo y se oponen. No lo entiendo. Y como no lo entiendo desde aquel viaje dije que no volvería a Cuba hasta que lo entienda. Y sigo sin entender. Lo que sucede ahora es una parte gruesa de lo que no comprendo.

25F

Por: | 25 de febrero de 2010

El chaparrón que ha caído hoy sobre Madrid era la realidad. A veces uno pregunta qué es la realidad. La tentación es creer que ésta se manifiesta en los hechos que le conciernen, en lo que está más próximo, la comida, el sueño, la casa, la vida doméstica, el trabajo. La realidad es lo que no se controla. La atmósfera, los terremotos, la lluvia, el sol azaroso que ahora ya no sale nunca. Cuando llueve así es como si jamás fuera a volver el sol. Se tupe el cielo detrás de una nube gris terrible, y bajo esa lluvia caminan cabizbajos seres humanos que ya son tan grises como el clima. En medio de esa excursión tremenda por lo más gris de la calle escuché la voz de Cristóbal Montoro burlándose de la ministra de Economía, Elena Salgado. Él fue ministro de Economía, y ella le ha invitado ahora a un pacto. Él se burla. Podemos entrar en las razones de la burla, de hecho él las explicaba. Pero a mi lo que me interesó (lo que me perturbó) fue el tono. Y he pensado que quizá la cosa no es tan grave (es decir, la crisis no es tan grave), porque si fuera grave uno que fue ministro de lo mismo no se reiría de la que lo ha invitado a reflexionar sobre la gravedad de la cosa que él controló una vez también. El que se burla de cómo lo hace alguien que hace lo que él ya hizo debe ser muy arrogante, un tipo que no se equivoca jamás. Me dejó muy perturbado el ex ministro, como si arrojara veniza de tabaco de después de comer sobre su sucesora en el cargo. Bajo la lluvia ya el clima me pareció menos oscuro que lo que escuchaba, y seguí andando como si hubiera entrado un poco de primavera. Uno se burla y se ríe. Debe ser que ya se va aclarando el tiempo, eso pensé aunque diluviaba. Y pensé que mañana (eso debe querer decir Montoro, sin decirlo) será otro día y no tan malo. Aunque miré el parte meteoróligo y dice que otra vez va a jarrear en Madrid, y en mi tierra anuncian vientos de enorme calado. ¡Uf! A ver qué dice Montoro mañana, porque a lo mejor otra vez me aclara el día.

24F

Por: | 24 de febrero de 2010

La calma viene después de la tempestad, o viceversa. Ayer Madrid era una tormenta perfecta; a las cinco de la tarde fui a una librería del centro, la Antonio Machado del Círculo, y en el trayecto del paso de peatones a la librería propiamente dicha me cayó el chaparrón más grande del día. No uso paraguas, con lo que evito la fatalidad de perderlo, así que entré empapado en esa atmósfera que combina silencio y curiosidad, rodeado de novedades, en medio de personas que buscan con la avidez tranquila de los lectores aquello que les mira desde algún lado del alma de las estanterías. Mientras tanto, en la calle seguía el chaparrón del que yo había huido y que amenazaba muy gravemente la manifestación de los sindicalistas. Estuve con ellos en la cafetería del Círculo. Departían con sus equipos; era como la preparación de una excursión de montaña, una especie de encuentro para ver qué hacían en una sesión de trekking. Finalmente mejoró el clima, el sol no llegó a salir pero se abrieron las brumas de febrero. Esta mañana me han dicho que sobre las medianías y las cumbres de Tenerife habrá vientos este fin de semana: 100 kilómetros por hora. ¿Qué está sucediendo? ¿Qué es lo que sopla para que se produzca esta revolución del clima? Tenía un amigo que decía que, como él era bajito, cuando arreciaban las tormentas se pertrechaba sobre su estatura, recogía sus brazos, se hacía él una figura pétrea, y dejaba que pasara la tormenta. Habrá que hacer eso, mirando las nubes. En Madrid ahora hay calma, pero es tensa, no se fíen. 

23F

Por: | 23 de febrero de 2010

En medio de todos los afanes privados, públicos o mundiales siempre hay alguien en cualquier lugar del universo cuya memoria se debate a favor de una lucha íntima, la supervivencia de la madre. Una amiga mía me escribe hoy desde Uruguay, donde su madre agota los últimos instantes de su esperanza, y ella lucha con ella, no hay tiempo para más, ni fuerza para más. Y esa lucha íntima es su vida, el horizonte se va difuminando, y ella está ahí viviendo cada día como la prolongación de una angustia ajena que le es tan propia, tan enraizada en su propia alma, en su misma sangre. Uno recibe esa noticia, que es mínima en su trascendencia mundial, pero que es una herida que se va haciendo en el silencio de un cuarto por el que circula el aire de la desesperación. Uno lee esas líneas conmovidas y luego se va al aire de la calle, a las noticias grandes o pequeñas, como si cualquier latido tuviera la misma importancia, y la ventolera del día cubre de ceniza el recuerdo de lo que ha marcado la mañana. Y no, ahí está el latido verdadero, el que conmueve hasta la desesperación el dolor de una hija que dice ún largo adiós a su madre.

Madeira

Por: | 22 de febrero de 2010

Nunca estuve en Madeira, y ahora muchos de mis paisanos ya han estado allí, en esa tierra tan próxima y tan parecida a la nuestra. No sólo nos acerca la geografía, ese Atlántico incansable, e inalcanzable; nos acerca también la historia. Y ahora nos acerca tanto la desgracia. Las imágenes terribles de lo que ha sucedido allí eran, han sido, están siendo, para nosotros, imágenes de una tragedia propia, porque además pudo haber sucedido perfectamente en nuestro propio martirizado suelo de estos días; la lluvia que cayó inclemente en las calles de Funchal es la misma lluvia que pasó sin piedad por encima y por debajo de los municipios canarios; llegó allí, a Madeira, con una fuerza imponente, y allí se quedó,  haciendo un daño del que brotaron lágrimas de desesperación, gritos que ahora se han calmado tan sólo porque los hombres sufren hasta que el sufirmiento es un llanto interior. Solidaridad con Madeira. Cuando Cristiano Ronaldo se levantó su camiseta del Real Madrid para celebrar el primer gol de su equipo y mostró la escritura torcida pero generosa de aquel nombre propio, Madeira, el nombre propio de su tierra, me emocioné con él y con todos los que vieron en ese gesto un grito grande, otro grito, una señal de ayuda desde una isla que de pronto recibió la bofetada de la mala suerte en forma de diluvio. Solidaridad con Madeira, ese jardín herido.

Carlos Álvarez-Ude, poeta, editor, durante años responsable de la pluralidad literaria e indagatoria de la revista Ínsula, acaba de publicar un libro de poemas, Los mares detenidos, que aparece en Trama editorial con un prólogo de la también poeta Ruth Toledano. Ruth, con otros amigos, organizó el 8 de diciembre un homenaje a Carlos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Se trataba de destacar una figura cultural muy singular en estos tiempos de España: el escritor generoso, aquel que se oculta detrás de la obra de los otros, y se empeña en su propio silencio para que prospere la voz ajena. Eso es muy poco frecuente, y Carlos Álvarez-Ude lo personaliza. Este libro es, pues, una excepción. Recuerdo dos casos algo parecidos: los de Manuel Padorno, el poeta canario, y Carlos Barral, el editor barcelonés de Seix Barral y después de Barral Editores. Mientras Padorno fue editor, con su mujer, Josefina Betancor, de Taller de Ediciones JB, apenas si publicó libros propios, y fue un mecenas inagotable (hasta que se agotó el dinero) de los otros, y sobre todo de los autores jóvenes. Cuando cerró la editorial y se volvió a su querida, y maravillosa, playa de Las Canteras, Manolo dio rienda suelta a su impresionante vena poética, que ahora llena estanterías de libros e inéditos. Además, siguió pintando, y ahora cubre su obra largas estanterías de un edificio casi secreto de las afueras de Madrid, tan lejos de su adorado salitre. Pero se ve que la meseta tiene más interés por Manolo que su querida patria salada. Pero, en fin. El caso de Barral es parecido: publicó a muchísimos, hizo acaso el mejor catálogo editorial de la cultura en medio del franquismo, pero escribió como a escondidas. Ahora Carlos Álvarez-Ude publica este libro de poemas y eso es un acontecimiento. Lo abrí al azar, cuando lo recibí, y me salió, en el colofón, esta invocación: "Si el viento fuera aire, Miles Davis volvería a estar con nosotros". Es como una imprecación a favor de la melancolía, la lujosa vitalidad de la esperanza diluida en aire y viento y música y pasado disfrazado de presente o de futuro. Y dice el primer poema sobre el que sopla Miles Davis con la voz de Carlos: "Un vaso en la tierra nunca se llena,/ pero rebosa una lágrima que coges caliente/ y, luego, se hace vapor, respiración, anhelo/ y palabra, sobre todo, palabra y, por si se pierde,/ un gesto, un simple gesto de amor infinito". Y, al final, una declaración de amor, es decir, la búsqueda tan difícil de la dualidad de la esperanza: "¡Suerte de vida!/ Mi compañía es de dos,/ tuya-mía, mía-tuya,/ y, si quieres, tu presencia,/ tu absoluta presencia,/ que no sólo es una sombra,/ es, eso, una oportunidad,/ una aparición del disfrute/ y también para que niegue/ que sin ti no hay nada." El volumen concluye con una serie de perfiles del editor y poeta. Antonio Gamonea los inicia con unas líneas en las que están estas: "Oír el nombre de Carlos me proporciona de inmediato, además de la representación intelectual de su rostro, la noción de un hombre que, a lo largo de numerosos años, se ha relacionado conmigo en modo notablemente amistoso, manifestando una inteligencia y una creatividad invariablemente cargadas de buen sentido y generosidad". Pues ahí está, la trompeta de Davis haciendo flotar sus vibraciones sobre los paoemas de Los mares detenidos de Carlos Álvarez-Ude.

Ariel Ramírez

Por: | 20 de febrero de 2010

Hay muchos datos (los amigos, la región en la que vivía, la abundancia de argentinos que pasaban por allí) que hicieron que nuestra música, la de los chicos de mi generación, fuera la música de Ariel Ramírez, de Atahualpa Yupanqui, de Eduardo Falú, de Mercedes Sosa... Cantábamos sus canciones, vivíamos pendientes de las novedades de Los Chalchaleros, íbamos a recibir a Yupanqui como un héroe civil... Ahora ha muerto Ariel Ramírez, el compositor de Alfonsina y el mar. Raquel Garzón escribe hoy en EL PAÍS la necrológica de este grande de la música que nosotros escuchábamos. Ahora viene aquel tiempo como una avalancha. Ariel Ramírez y Los Fronterizos. La inolvidable Alfonsina. La música inolvidable de Argentina, mi otro país gracias a la literatura y a la música.

Tenerife, Úbeda

Por: | 19 de febrero de 2010

La naturaleza es implacable, a veces piadosa, siempre indiferente. Al principio de la semana inundó Tenerife con un aguacero, y se desplazó, bestial, lenta, inexorablemente, hasta Úbeda, y allí cayó otro aguacero igual, en esos territorios de Mágina que tan magistralmente convirtió Antonio Muñoz Molina en metáforas del tiempo. Me llenó de melancolía imaginar los surcos raídos de la isla, cubiertos de agua hasta la nada del aire, y ahora he visto la misma progresión audaz del agua anegando los campos de aceitunas o de esperanza o de nada, que de todo ha habido siempre en los campos que uno mira bellos desde los aviones. Abajo hay sudor e incendio, e inundación; a la altura de los ojos de la gente hay lágrima, desolación y pérdida; y desde el techo de la vida las cosas se ven como sordas, el tiempo abrazando a los seres humanos sin que éstos puedan hacer nada por zafarse de las miserias que el tiempo contiene. Madrid ha amanecido otra vez mezclado con las nubes blancas que pintaron los melancólicos y a mi me entran unas ganas irremediables de sentirme en un pueblo con sol una noche después de un concierto. Anoche vi el mar en Madrid; lo llevó mi amigo el pintor Tomás Ondarra al Círculo de Bellas Artes. El mar detenido pero inquieto, las olas susurrando su quietud imposible en los oídos extrañados de los niños que crecen creyendo que el mar está quieto. Sobre esas olas dibujé esta melancolía.

Si uno no quiere

Por: | 18 de febrero de 2010

Ayer a mediodía me llamó una diputada del PP, que estaba exultante con la intervención de su jefe de filas, Mariano Rajoy, en el debate con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Por la tarde estuve con una diputada socialista, al final del homenaje que las Cortes le rindieron a Francisco Ayala, que fue letrado allí en el periodo republicano. Esta diputada socialista estaba feliz con la intervención de su jefe de filas. Por la noche estuve escuchando (y viendo) el programa de Gabilondo; y en ese programa, Hoy, de CNN+, había dos diputados discutiendo; una socialista y uno popular. Una estaba feliz por la actuación de su presidente y el otro estaba contentísimo por la actuación del suyo. La diputada que me llamó a mediodía me dijo que su jefe merecía más que un diez. En la prensa de hoy las encuestas y otras consideraciones dicen que no fue para tanto, ni para uno ni para otro. ¿Entonces? La política es cada vez más la expresión apasionada de los fans. ¿Carecen de capacidad de crítica los parlamentarios? No, porque a los adversarios los critican. ¿Entonces? Entonces lo que ocurre es que estamos en una época de defensa ante las ideas del otro, y así es imposible un pacto. ¿Se trata de un pacto? No lo habrá. Hay uno que no quiere perder y otro que quiere ganar. El pulso puede ser eterno, pero mientras haya pulso ni uno le dará agua al otro ni el otro dirá que la necesita. Y así hasta que la gente vaya a las urnas y vote, y entonces se resuelva el pulso que ahora acaba de ser inagurado. ¿Inaugurado? La verdad es que la lucha (y el desdén mutuo) no han acabado nunca. Ahora escucharé el debate entre Elena Valenciano y Esteban González Pons, en la cadena Ser. ¿Me quitarán esta tentación? Tengo derecho a dudarlo, porque no parece que vaya a producirse un día se produzca el milagro de que se den la razón los adversarios.

El País

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