Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Que la vida iba en serio

Por: | 30 de septiembre de 2010

Elvira Lindo eligió para culminar esta noche la presentación de su novela Lo que me queda por vivir (Seix Barral) a Miguel Poveda, y el cantante hizo honor a la hondura de su voz, y a la hondura de la obra, cantando tres canciones que a mi me conmovieron, y que hicieron levantarse al público que llenaba el Ateneo de Madrid. Cantó el bolero que le da título a la ficción de Elvira, luego cantó Vete de mi, de Bola de nieve, con una emoción que se parece a la emoción que causan las heridas del amor, y finalmente le puso música, y arreglos, por cierto, al poema extraordinario de Jaime Gil de Biedma Que la vida iba en serio. En cierto modo, esas canciones, y esa voz, junto con la conversación que Elvira Lindo mantuvo con Antonio Muñoz Molina forman parte de una sinfonía total, de un conjunto de propuestas que de pronto fueron ensambladas por la riqueza y por la profundidad del ritmo. Muñoz Molina puso el diapasón en algún momento: esta es una novela de una madre huérfana que es salvada por su hijo, precisamente. Esa es la raíz del drama, y también la raíz novelesca, el punto de partida de esta novela, cuyo capítulo primigenio, el que le dio el tono a la autora, fue leído ante el público por la actriz María Pujalte. Elvira no quiere (y tiene razón) que su ficción se lea en clave autobiográfica; es cierto que cualquiera puede ponerle a cualquier texto la etiqueta de la autobiografía, a veces por desconocimiento de las claves literarias, y la mayor parte de las veces por pereza. Leer la novela exige la generosidad con la que fue escrita, por lo menos; es una ficción sobre una década intensa, la de los 80, que no fue una década prodigiosa, dice Elvira, sino una década que precipitó novedades morales, culturales, políticas, que ya marcarían para siempre la vida cotidiana de todos nosotros. Y en ese sentido ha girado la novela de Elvira Lindo: una recreación, llevada a cabo con un ritmo formidable, de una vida (o de varias vidas) que no son exclusivamente de nadie, sino de una especie de imaginario colectivo al que ella le ha puesto nombres propios. La sala, digo, estaba abarrotada; Elvira Lindo ha conseguido una sólida relación con sus lectores, su voz, que ha cambiado de la radio (importantísima en el libro) a la creación de tipos infantiles o adolescentes, hasta la novela o los guiones de cine, ha arrancado en esta novela los jirones más visibles de una madurez que dará muchísimo de sí. Con Antonio habló de literatura, de la literatura que está detrás de sus libros y de sus ambiciones como narradora. Me sentí raro en algún momento: escuché tantas veces la voz de Elvira en el pasado, emociona tanto, ahora, verla tan madura, tan hecha, sobre ese escenario en el que se movía al principio como la colegiala que parecía ser siempre, hasta llegar a lo más sólido de esa madurez literaria de la que ahora disfruta. Cuando finalmente Poveda le puso música al ambiente parecía que el propio acto había sido diseñado desde lo hondo de esa manera de escribir que ha alcanzado la autora de Lo que me queda por vivir.

Las ciudades europeas de la cultura

Por: | 30 de septiembre de 2010

Acaba de fallarse la primera parte de la competición para designar la ciudad española que va a ser capital cultural europea de 2016. Estuve en la presentación de Las Palmas de Gran Canaria, a cuyo frente estuvieron el alcalde, Jerónimo Saavedra, el presidente del Cabildo grancanario, José Miguel Pérez, y el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero. Han sido elegidas para la fase final, junto con la capital grancanaria, Segovia, Burgos, Córdoba, Zaragoza y San Sebastián. Es natural y obligado que les desee suerte a todas en la siguiente fase, pero es legítimo expresar una gran alegría porque Las Palmas de Gran Canaria sea una de las elegidas. Las Palmas es una capital vivísima, vital, sus días y sus noches, su historia vieja y su historia nueva, su playa inmensa, su clima, la belleza de los lugares que la hicieron emblema de la conexión castellano-canaria-latinoamericana, su conciencia africana, su alma europea, su atrayente historia comercial, el carácter de su gente, todo conspira a favor de que compita en buena lid por esa capitalidad que tanto bien le haría al desarrollo cultural y económico de la región de la que provengo. Lanzo desde aquí, pues, mi alegría, en la que seguro que me acompañan isleños de todas las islas de este archipiélago europeo, americano y africano del que provenimos. Ojalá es mi palabra favorita. Ojalá que esta alegría tenga dentro de unos meses su reválida. Y si ganan otros, me alegraré también: en el futuro, Europa será más, y no menos, y ser más Europa será mejor para organizar la defensa de las nuevas generaciones, más solidarias, más atentas a un porvenir que no se puede hacer sin tener en cuenta todas las fuerzas positivas de todos los continentes que conviven en nuestras islas.

La huelga

Por: | 29 de septiembre de 2010

Escribí un blog sobre la huelga. Se lo tragó el espacio cibernético. Resumo lo que quería decir. Es muy estimulante para esta sociedad observar el carácter que está teniendo la huelga, de enorme respeto por los derechos de los que quieren hacer la huelga y por aquellos que no quieren seguirla. Me parece ejemplar la actitud de los sindicatos, zaheridos con la suposición de que la situación iba a ser diferente. Un ejemplo de tranquilidad y convivencia. Habrá habido perturbaciones, sin duda, pero pondero aquí la tónica que ha marcado hasta el momento la jornada.

Prestigio del anonimato

Por: | 28 de septiembre de 2010

Estuve anoche hablando en Pamplona del pasado, el presente y el futuro del periodismo. En algún momento evoqué allí una preocupación que me asalta cotidianamente cuando entro en el blog, no sólo a escribir el post, sino cuando leo los mensajes que tienen a bien enviar los blogueros que se deciden a entrar. Lo que me preocupa, y ya lo he dicho aquí algunas veces, es el anonimato, una de las formas más viejas del chantaje; ignoro de dónde viene el prestigio de esta forma secreta, o discreta, o sombreada, o encriptada, de la comunicación. Creo que el anonimato evita la información, la oculta; desde el anonimato, o desde el seudónimo, que es una fórmula más habitual, no se puede discutir de igual a igual con el que ofrece su identidad. Independientemente de lo que se dice, decirlo sin dar la cara es ya una manera de desdecirlo. En este blog entran muchas personas con su nombre propio (hace días entró una persona con su nombre y sus dos apellidos, lo cual me produjo una sorpresa muy estimulante; hizo una pregunta, aparantemente a gente que conoce, pero luego se diluyó, no volvió más; lástima) y otras muchas, muchísimas, con seudónimo. Respeto las tres categorías, pero evidentemente me siento más inclinado a ocuparme de lo que dicen las personas que ofrecen su identidad. Por supuesto que tengo en cuenta también las otras opiniones, porque me parece que ofrecen un abanico interesante de lo que piensa la gente, aunque yo no esté de acuerdo con lo que se diga. Pero esa no es la cuestión, que yo esté de acuerdo o no con lo se diga. Soy un apasionado del modo de decir, de la voz educada; soy totalmente contrario a que se haga uso del blog para insultar al otro detrás del abanico del anonimato o del seudónimo. Sé que todo esto que digo no contribuirá a que los que no quieren identificarse se identifiquen, pero por si acaso hay algunos que querrían expresar con su nombre y apellido lo que opinan de las cosas, ahí queda mi invitación para que se expresen con la identidad propia y no con identidades supuestas.

La voz de Javier Solana

Por: | 26 de septiembre de 2010

Acabo de escuchar a Javier Solana en la Ser, con Montse Domínguez; tiene la voz más clara, más pausada, como más descansada. La voz es el espejo del alma en la gente, y esto significa, desde mi punto de vista que Solana está en una época saludablemente reflexiva de su vida; su entusiasmo es el que tuvo, pero ese entusiasmo cobra capacidad didáctica en su voz renovada; ahora no quiere convencer; ahora convence, porque primero se convence a sí mismo. Esa es la consecuencia de la reflexión. Eso se ha notado en esa conversación radiofónica y eso se nota, aunque no se escuche la voz, en la larga charla que ha mantenido con nuestro compañero y amigo Lluis Bassets para el libro Reivindicación de la políca, editado ahora por Debate. Ese sosiego del que fue primer ministro de Cultura del Gobierno de Felipe González, y que luego ha tenido tareas decisivas en España, en Europa y en el mundo, les permite al entrevistador y al entrevistado cabalgar a lo largo de los últimos veinte años de su vida, que es una existencia en contacto con los grandes acontecimientos que han sacudido la época más complicada de las relaciones internacionales, desde la crisis del bloque comunista, los conflictos bélicos en Europa, las malandanzas internacionales en Irak y en Afganistán, y los restantes problemas relacionados con el subdesarrollo africano o los países emergentes, China e India, a los que con tanta pasión estudia en estos momentos. Con esa larga experiencia, que Solana ha vivido subiendo y bajando de los aviones, aunque desprendiera la sensación de que aún tiene tiempo para leer o escuchar música, se ha sentado con Bassets. Y ambos han producido un trabajo periodístico insólito, lleno de ritmo conversacional, siempre hondo, jamás excesivamente veloz y nunca demasiado lento. Los libros de conversaciones son muy complejos de cocinar, porque puede ocurrir que si se hacen a fuego lento el lector se desespere, pero si el fuego es demasiado rápido el lector sale como si hubiera comida cotufas, comida rápida cuyo sabor se diluye en seguida. Este libro está hecho en el punto justo de cocción: Bassets no ha dejado que a Solana le venza el diplomático, y el periodista no se ha quedado, simplemente, en el autor de un cuestionario; como Bassets sabe muchísimo (y yo sé porque sabe: porque estudia), es capaz de situar a Solana en la verdadera dimensión de los problemas mundiales, y aunque el ex ministro y ex de tantas cosas sea muy capaz de hacer declaraciones diplomáticas para posponer el uso de la cuchilla, Bassets le lleva hasta las últimas consecuencias de las opiniones. El resultado es verdaderamente un retrato a dúo de la situación en el mundo, una reivindicación de la política como resultado de la experiencia y como voluntad de servicio pedagógico. Solana pertenece a una generación que vio liberar a este país de las costumbres perversas del fascismo, y se empeñó luego en la construcción de una Europa que está aún a medio hacer, e incluso menos. Su entusiasmo es gemelo de su generosidad política; de eso habla en el libro, del compromiso, de la generosidad, de la pedagogía, y también de las frustraciones que esa generación suya deja encima y debajo de las mesas de negociaciones cuyos hilos revela como si viniera de un enorme circo repleto de misterios, algunos de los cuales él mismo sigue sin entender. Es un libro suculento, una alta expresión del buen periodismo de entrevista. Y una expresión cabal, un retrato, de uno de los grandes personajes de este tiempo. Ojalá en este país (y fuera) sepan sacar de él lo que, a otro nivel, ha obtenido Bassets. Hay Solana para rato, se dice a veces; sí, pero este es un país que deja pasar a la gente al tiempo que deja pasar el rato. Y se diluye el sabor de los que saben. Solana es una buena mirada. Vale la pena posarse sobre esa mirada que Bassets retrata.

Energía de la tierra

Por: | 25 de septiembre de 2010

Hace hoy dieciocho años murió en accidente, en Lanzarote, César Manrique, un canario decisivo en el siglo XX. Artista polifacético, tomó un día la decisión de poner de manifiesto, ante los isleños y ante el mundo, la belleza de la tierra. Y dedicó su energía, que fue muchísima, a esa tarea, con las consecuencias que él mismo pudo contemplar en vida. Siempre que llega este 25 de septiembre, desde entonces, recuerdo a César en su casa bajo la lava, mostrando los efectos visibles de esa energía que posee Lanzarote y con la que él se contagió para contagiarnos a todos de un entusiasmo que no se ha apagado gracias a la labor de la Fundación que lleva su nombre y a cuyo frente están Juan José Ramírez y Fernando Gómez Aguilera. César murió en accidente; salía de la sede de la Fundación, en Tahiche, en la que había sido su casa, convertida por él en museo abierto al público, un emblema de lo que él hizo en la isla. En el cruce no vio que un automóvil más potente venía a su encuentro, continuó su marcha y el choque fue terrible. La consternación fue grande en Canarias y en muchos de los lugares donde se sabía de las consecuencias de la energía de César; en cierto modo, lo que ha sucedido ahora con el duelo por José Antonio Labordeta se apreció entre nosotros, en las islas. Su ausencia no es tan solo una metáfora, el hueco que siempre dejan los que se van. César era un contrafuerte, la expresión constante de una protesta contra la manipulación del paisaje, contra la conspiración por convertir la belleza de la isla de Lanzarote en objeto de cambio, en dinero inmediato. Fue el martillo de los especuladores; la Fundación César Manrique ha seguido haciendo esa vigilancia, y por ello ha sufrido en Canarias persecución, insultos, incomprensiones. César sufrió lo mismo; él se defendió con su energía increíble, que es, por otra parte, la energía que han mostrado, sin desmayo, sus sucesores. Inolvidable César. Hace unas semanas estuve en Famara, en su playa fantástica; allí sientes el aire del que vino este hombre que nos dejó hace hoy dieciocho años.

Paisajes de la memoria, de Fernando Delgado

Por: | 24 de septiembre de 2010

Tarde de memoria en la Casa de Canarias, con Fernando Delgado, cuyo libro Paisajes de la memoria (Ediciones Idea) fue presentado por Pilar García Padilla, periodista. Se habló del desarraigo; Fernando, tinerfeño de Santa Cruz y también del sur, vive en la Península, en Madrid, en Segovia, en Valencia, sucesivamente, desde principios de los años 70, desarrollando en estos lugares su labor periodística y literaria, y ahora casi exclusivamente literaria. Ocupó diversos cargos en la Radiotelevisión del Estado, dirigió A vivir que son dos días en la Cadena Ser, ganó el premio Planeta, entre otros premios, y ha escrito novelas en las que ha rozado su propia memoria, la de Santa Cruz y la del sur, y ahora ha entrado, con este libro, que está entre la poesía y el recuerdo, su naturaleza, en la memoria de las personas. De la gente que ha conocido y que ha tratado, sobre todo en las islas, desde nuestro legendario Domingo Pérez Minik a Pedro González o César Manrique, artistas singulares que por donde han pasado han dejado una huella personal y cultural de gran trascendencia. En su exposición, Pilar se refirió a esa declaración de desarraigo que hace Fernando en su libro, y de ello hablaron un buen rato en la presentación. Luego Fernando habló, sobre todo, de César Manrique, y no fue casual. El artista (de cuya muerte accidental, y tan triste, y tan inolvidable, se cumplen mañana dieciocho años) es Lanzarote, en cierto modo, de la tierra, un hombre arraigado en su playa de Famara, en el paisaje que ahora ya se le parece; su tierra, la lava sobre la que construyó su casa, las cuevas que descubrió para el mundo, los paisajes que puso de manifiesto como si estuviera haciendo un cuadro. Un artista de la tierra, un arraigado. Creo que Fernando no es un desarraigado, que, al contrario, es él mismo un artista de mucho arraigo, cuyo desplazamiento por el mundo jamás le ha quitado el acento íntimo de su procedencia, y no me refiero, claro está, al acento de las eses y las zetas, sino al acento poético, a la memoria que siempre le convoca al arraigo. La raíz, como la isla de la que hablaba Samuel Beckett, va siempre con nosotros, y el isleño tiene el arraigo en el alma, da igual donde esté, ahí siempre irá con el niño que fue, con la tierra (o con el mar, sobre todo con el mar) de la que viene. De hecho, la evocación que hizo anoche Fernando de sus viajes al sur, aquel sur de los sesenta que parecía otra isla en Tenerife, fue una declaración de arraigo, una expresión de la naturaleza como parte principal de una personalidad que se hizo de esos encuentros con lo telúrico, con lo que se toca y es inolvidable. Luego vinieron los personajes, la gente de la que habla en el libro. Y esa gente es, también, parte esencial del arraigo que le devuelve la memoria.

Silencio

Por: | 23 de septiembre de 2010

En el fondo de La Caldera de Taburiente, en La Palma, lo que hay es silencio y aire. El silencio roto tan solo por el vaivén airoso de los árboles y por las pisadas lejanas de algún caminante. Junto a nosotros pasó, corriendo, un atleta de montaña, y fue como si entrara la velocidad en el territorio silencioso de la lentitud, allí donde cada paso parece pedir permiso al terreno y al aire, para no romper los arcos de su armonía. El paseo se hace lentamente, subiendo y bajando, con el ritmo que la naturaleza le ha dado a los pies antes de que se inventara la prisa por tardar. No hay voces, no hay gritos, ni siquiera llegan hasta aquí los cantos extrañados de los gallos, que en la isla cantan a cualquier hora; algunas vez se oyen grajas, el pájaro al que Antonio Capote, artista, ha dedicado un hermoso homenaje de hierros alados. Y los grillos también pugnan por hacerse escuchar en este ámbito en el que el aire es el mejor sonido, el más armónico, el más permanente. En uno de los altos del camino el aire empezó a ser denso, cálido, y era que se estaba preparando la tormenta húmeda que habría más tarde, hasta que ayer mismo cayó sobre la isla una intensa tormenta de agua. Ese calor húmedo que nos acompañó hasta la salida nos llevó luego hasta el coche y hasta Santa Cruz de La Palma, pasando por el Cubo de la Galga, que es como Garajonay, en La Gomera, otro reino del silencio donde la humedad y el agua tienen su asiento, son la voz íntima del bosque. Ayer por la mañana, cuando ya empecé mi vida cotidiana en Madrid, estuve hablando del silencio con Álex Grijelmo, periodista, que escribe ahora sobre el silencio; me olvidé de decirle que el día anterior había sido yo mismo enviado especial al silencio. Y ahora vuelvo al silencio, por cierto, un territorio desde el que se ve con tanta claridad el sentido que tiene el ruido.

Proteína canaria

Por: | 22 de septiembre de 2010

Manuel Vicent suele hablar de gente que se distingue por ser proteína pura, seres humanos a los que les sobran la grasa de la petulancia y la pesadez de la vanidad. En el primer lugar de esos personajes que son proteína pura él situaba al gran Rafael Azcona, cuya mirada sigue estando ahí como el brazo que reclamaba Onetti. Onetti decía que debíamos disponer de un brazo mental que nos golpeara fuertemente cuando corríamos el riesgo de deslizarnos por la senda de las vanidades. Pues para mi y para muchos de mis amigos el recuerdo de Azcona es ese brazo: cada vez que uno se precipita por el lado de la autosuficiencia, ahí está la mirada del maestro advirtiendo con su legendario ejemplo de sencillez. Pues en mi tierra, en Canarias, hay mucha gente así, como Rafael Azcona; la hubo en el pasado, la hay en el presente. Ahora acabo de recorrer la isla de La Palma con dos amigos recientes, Malula y Mauro, que se conocen aquel territorio como si fuera, exactamente, la palma de su mano. Y son proteína pura, gente que transmiten lo que quieren con la sencillez de quien comparte. Recorrer con ellos esa geografía es participar de su amor por esa piel que en el caso de esta isla es una piel bellísima y diversa, compuesta de tesoros que ellos levantan a medida que van ahondando en el trayecto. Y son proteína pura; ese amor por el territorio no está mezclado con la cursilería de los patriotismos o con la ingenuidad babosa del chovinismo, sino que procede de una apuesta tranquila, sosegada, por una geografía en la que nacieron sus más lejanos antepasados y que ellos han asumido como un compromiso que no excluye otras contemplaciones, otras rutas, y que tampoco deja a un lado la crítica de lo que allí, en la isla, no está bien. Fui a La Palma porque hacía mucho que no la visitaba a fondo, y ahora debo hacerlo porque escribo un libro sobre las islas. Malula y Mauro me sirvieron de guías sobrios, sencillos, puros: me dejaron mirar, y me hicieron mirar hacia lo que de veras dice el paisaje. Ojalá que lo que escriba sobre lo que vi esté a la altura de esta proteína pura que me han regalado a lo largo de unos días que ahora llenan mi memoria de un paisaje que se sintetiza en esa catedral de piedra y verde que es la impresionante Caldera de Taburiente, donde el aire tiene un monumento.

Labordeta

Por: | 19 de septiembre de 2010

Era, decía él, un cascarrabias irónico. No se conformó con el cuarto de las inspiraciones; recorrió España, la dibujó desde su mirada, contribuyó a mejorar el ánimo español; consiguió juntar canciones que dieron un retrato de su personalidad como activista y también como personaje que mezclaba la rabia con melancolía; dejó una legión de amigos de todas las clases y de todos los sitios, y asumió la enfermedad, y por tanto el dolor, con el ánimo de no dejarse contaminar por la dejadez que tantas veces ocasiona el sufrimiento. Regaló su tiempo y su voz, no sintió las tentaciones de la vanidad, así que siguió trabajando, escribiendo, hablando; en el parlamento fue una mosca cojonera que un día se hartó hasta gritar "váyanse a la mierda" a las señorías que lo incordiaban. Su música fue un lema y un eslogan y ahora su voz se canta como una mezcla ingrávida de inspiración telúrica y capacidad para tocar lo que de verdad es la tierra, sus caminos. Labordeta. Fue maestro. Y fue un maestro. El mejor amigo posible, dice ahora Luis Alegre en la radio. Emotivo adiós que se une al adiós multitudinario que se merece desde el alma.

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