40 Aniversario

Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Adiós a Guadalajara

Por: | 30 de noviembre de 2010

Las ferias son norias, al menos las ferias literarias; das vueltas a la rueda, te subes a ella, te bajas; me subí por la mañana, muy temprano, desayuné con Juan José Millás, le escuché sus agudas reflexiones acerca de lo que le está pasando al mundo, a raíz de las informaciones que publica El País recogiendo las filtraciones de Wikileaks. ¿Por quién estamos gobernados? ¿Qué hace esa ansiedad norteamericana por controlarlo todo con la información de que dispone? ¿Para qué quiere tanta información? ¿Por qué insiste en manipular la vida de los otros? ¿De dónde viene esa imperiosa necesidad, imperiosa en verdad, de hacer que los demás bailen al son que ellos tocan, desde sus embajadas, sus gobiernos y sus agencias de espionaje, incluidas las agencias que es evidente que son las embajadas? Luego estuve charlando con académicos para el reportaje que hacemos hoy Pablo Ordaz y yo en El País: ¿Cómo es que los académicos no siguieron adelante con sus recomendaciones ortográficas hasta convertirlas en normas? Pues porque no querían barullo, y además porque decidieron que era mejor que nuestros nietos escribieran solo sin acento que obligarnos a nosotros a interrumpir nuestra costumbre de acentuarlo cuando significa solamente... Después de escribir con Pablo esas y otras notas, y advertir otra vez el genio de periodista que habita en este muchacho que sigue siendo el compañero andaluz, nos fuimos a ver el partido de fútbol del que ya todos tienen noticia. Escribí un texto para As: el mejor fútbol de la historia. El titular me lo regaló Álex Grijelmo, el director de Efe, que es del equipo rival. Fue una sorprendente lección de fútbol, una excursión por lo mejor del equipo al que profeso lealtad (y a veces, como ahora, admiración) desde cuando era un chiquillo. Mi amigo Luis Alegre me envió este mensaje que le hizo llegar a su amigo Pep Guardiola: "Si vas a tener que ganar siempre con apuros mejor vete". Y después estuvimos Pablo y yo escuchando una brillante excursión de Elvira Lindo por su vida y por sus libros, por los que escribe y por los que lee, por sus escrituras favoritas (Virginia Woolf, Chejov...) y por los paisajes animados de su infancia tan movida de lugares. Después me fui a preparar una mesa redonda que habría de tener con Álex y con el mexicano Élmer Mendoza, a partir de esa frase que el redactor jefe de Hemingway le envió a éste antes de que cubriera algún acontecimiento, una guerra quizá: "Mándeme verbos". Antes de que empezara el coloquio caí rendido en un sillón, dormido, echado en ese futuro imperfecto que es el sueño; Myriam Vidriales, la jefa de prensa de la feria, captó la instantánea, dormido y con un libro en la barriga, la imagen exacta de cómo está el ánimo después del ajetreo. Pero me recuperé, hicimos el coloquio, ¡una hora hablando de verbos!: a medida que iba pasando el rato más sentía que lo que hace de veras un redactor jefe es eso, pedir verbos. A mediodía nuestro redactor jefe nos había llamado para que escribiéramos esa nota sobre la ortografía, y lo que había dicho, más o menos, fue eso: manden verbos, déjense de pavadas. Acabamos el coloquio, nos encontramos con Fernando Vallejo, acaso el genio más sorprendente de la narrativa en español desde hace rato, y nos fuimos a cenar con él y con algunos amigos, Álex, Myriam, Pablo, a una pizzeria. La otra vez que estuve acá, en agosto, nos fuimos con Myriam a comer perros calientes en la calle. Como si se hubiera creado una tradición, de nuevo fue ella nuestra gratísima anfitriona, y de nuevo me voy, me estoy yendo, para mi se acabó la feria, terminó la noria. 

La ortografía se queda quieta

Por: | 29 de noviembre de 2010

Para mucha gente ha debido ser un alivio la noticia de que la ortografía se queda quieta. Debo decir que la conferencia de prensa en la que se anunció aquí en Guadalajara ayer que no habría movimientos telúricos en lo más visible del idioma, las letras y los acentos, fue un modelo que hubieran firmado algunos de los grandes escenógrafos del humor contemporáneo, dicho sea todo esto con el debido respeto a los académicos de la lengua española de los 22 países que hablan este idioma. Se habían montado una enorme burbuja de discusiones sobre la eventualidad de que los académicos limaran la y griega y le quitaran a sólo, y no solamente, su acento. Las aguas empezaron a encresparse y se advirtieron movimientos de ciertos creadores académicos que se movieron en los sillones que tienen sus propias letras, y alguna voz especialmente apaciguadora debió decir que no estaba el horno para pan duro, así que se reunieron en Guadalajara, en el marco de la FIL, y le dejaron al académico mexicano José Moreno de Alba, que es un hombre que habla con una sintaxis superior, la tarea de decir que donde hubo algo no queda nada, que la be es la be lo diga Agamenón o su porquero. Fue espectacular, desde el punto de vista de la escenografía: nos citaron a la una y media de la tarde; un centenar largo de periodistas tomó con dificultad los asientos de una de las salas de la feria, y la concurrencia entonces vio un enorme presidium, constituido por los veintidós representantes de las veintidós academias que fijan el esplendor de la lengua. Moreno de Alba, un hombre reflexivo y encantador, leyó las actas que han firmado unánimemente; desde el principio de su lectura se podía suponer que la noticia era que no habría noticia, y así fue, pero él la dio como una noticia. Así dijo: Señores, "la be sigue siendo la be". Alguien del público exclamó: "Qué bien, qué sorpresa". El resto ya lo saben ustedes: los acentos, las novedades que habían salido (o que se habían filtrado) de las reuniones de San Millán de la Cogolla se quedan en lo que aparentemente fueron desde un principio: recomendaciones. Podemos seguir diciendo sólo como en sólo café, aunque debemos decir solo si el café es solo, y la y griega de nuestros amores seguirá con esas dos manos al cielo y llamándose, además, y griega, a no ser que donde ya se llama ye la gente la llame como siempre la llamó. Dijo Moreno de Alba que no hay coscorrones, ni los habrá, porque uno no siga las recomendaciones. Así que sólo, y griega, y todo lo que ustedes quieran decir, incluyendo be o be alta son tan legítimos como lo fueron desde que lo decimos así unos cuantos; y seguirá siendo legítimo que se diga de otra manera allí donde se dice de otra manera. Dijo el maestro Moreno de Alba que todo lo que tiene que ver con la lengua tiene su aspecto ambiguo, y que gracias a la ambigüedad hay poesía. Pues ayer a mi los académicos me parecieron entre poéticos y protagonistas de El gatopardo.

"Escribir solamente sobre las cosas que se aman"

Por: | 28 de noviembre de 2010

Estoy en Guadalajara, México; otra vez en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. La edición número 24. El acontecimiento editorial en torno a autores (no es una feria del libro en sentido estricto: se venden libros, se firman, pero la esencia es el debate entre escritores, y estos debates son numerosos y, para mi gusto, en su mayoría muy interesante y muy bien llevados) más importante del mundo en español. Este año, como ha contado Babelia en su número de ayer, está dedicada a la lengua española y a su cuna, Castilla y León, para lo cual se han desplazado 119 escritores, capitaneados por el premio Cervantes Antonio Gamoneda. Muchos escritores, pero ahí están, los he visto y se pueden contar. Los andaluces trajeron muchos escritores, y los italianos también, por decir dos lugares de los que han sido últimamente protagonistas de la feria, y los castellano-leoneses han venido en ese alto número. Estuve ayer en la entrega del premio de la FIL (que antes se llamaba Juan Rulfo) a la escritora mexicana Margo Glantz, que hizo un bello discurso, sobre todo cuando habló de aquel escritor taciturno que a veces parecía malvado (esa es la descripción de Margo) y que se llamó precisamente Juan Rulfo. Fue una descripción preciosa la que hizo Margo, y por eso solo valió la pena estar en este acto protocolario que (y esto lo conté para una crónica que publicó elpais.com) esta vez se salió de esas costuras tan solemnes que suelen tener las inauguraciones con muchísima gente en el estrado. la ministra española de Cultura, Ángeles González Sinde, hizo un discurso insólito en un ministro, pues fue muy interesante, y además lo escribió ella misma, cosa que siempre hace, y se agradece; incluyó una anécdota de su viaje a México (en el avión trataban mejor a un escritor de fama que a los políticos; a ella eso le pareció muy bien, "porque la política pasa, los autores quedan con sus libros"), resucitó algunos elementos de un famoso discurso nunca dado por Italo Calvino (sus propuestas para el milenio), y se salió, en general, de las costuras habituales de los largos parlamentos de los políticos. Me gustó, pasé un buen rato en este acto. En el estrado estaba J. M. G. Le Clezio, el escritor francés y de Isla Mauricio que ganó el Nobel en 2008. Me fijé mucho en él, en lo que hacía mientras hablaban los encargados de darle contenido verbal al presidium. A veces tomaba notas en unos papeles chiquitos, y a veces parecía muy concentrado pues tenía los ojos cerrados. Lo había recibido Margo Glantz con mucha risa: "¡Un Rulfo contra un Nobel!", ocurrencia que a él le gustó y que yo anoté en aquella crónica. Luego estuve pensando en esa ocurrencia mientras hablaban todos, de modo que la situé en el título de ese texto que salió también en la edición americana de El País. De regreso de esas ocupaciones periodísticas tuve que ponerme a otra: preparar una conversación con Le Clezio, precisamente, lo que me permitió, durante unas horas que jamás agradeceré mucho a quien me hizo el encargo, leer su libro fabuloso, El Africano, sobre la experiencia del padre médico en Nigeria. Conmovedor, íntimo, una reivindicación del viaje con tintes rulfianos, un viaje conmovedor a la infancia y a veces a la infancia de cualquiera, pues el regreso a los padres es en el caso de Le Clezio una búsqueda de la identidad humana. Lo recomiendo absolutamente. Y esta madrugada mexicana, haciendo pesquisas en esa personalidad para la conversación que he de tener con él dentro de unas horas, hallé esta frase que Rafael Conte expurgó de su libro El desconocido sobre la tierra y que identifica a Le Clezio excepcionalmente con el latido de esa obra autobiográfica sobre el padre: "Escribir solamente sobre las cosas que se aman. Escribir para unir, para reunir los fragmentos de la belleza, y después recomponer y reconstruir esa belleza. Entonces los árboles que están en las palabras, las rocas, el agua, las chispas de luz que están en las palabras, se encienden, brillan de nuevo, son puras, de lanzan y bailan". Era mi nota 30 de las que he ido tomando sobre Le Clezio y no me resistí a parar mi pesquisa y anotarla ahí, como quien anota unos versos o una noticia.

El premio de Ana María

Por: | 25 de noviembre de 2010

Hay un malentendido con respecto a Ana María Matute: el malentendido de la fragilidad. Durante toda su vida sufrió pruebas que ella superó con la destreza anímica de una superviviente en un campo de concentración; la alegría que ahora declara tiene que ver con ese poder suyo para dar saltos en el vacío, y a veces sobre el vacío cenagoso de la vida. Su literatura tiene que ver con esas dos zonas del salto: la realidad y la pesadilla, que ella convirtió, en muchos de sus libros, en el aleteo del azar y el sueño. No sé por qué siempre identifico su figura aparentemente frágil con la de un junco que ve pasar las aguas vertiginosas, las aguas de la traición o el desamor; su literatura nació de esos vectores, la memoria y la extrañeza, y el Cervantes que recibe no es sólo de justicia para ella sino de reconocimiento a una época que ella habitó con Ignacio Aldecoa o con Jesús Fernández Santos, buscando en un país raquítico el vuelo de una imaginación que a ellos los ayudó a vivir y a nosotros nos ha ayudado a entender aquella vida. ¿Frágil? Fuerte, poderosísima, por eso dice que salta de alegría.

Las fotos de Maragall

Por: | 24 de noviembre de 2010

Pasqual Maragall ha hecho un libro con las fotografías que ha tomado con su teléfono celular. Una manera de fijar la memoria por parte de un ciudadano que vive las ausencias del recuerdo. La fotografía es la compañía instantánea de lo que acaba de ocurrir, la posibilidad de comprobar lo que en efecto sucedió, en la cara, en el gesto, en la vida, en la vestimenta, en los ojos; lo que uno sabe que ya ocurrió. Mucha gente no tiene esa facultad de comprobar ni siquiera el ámbito en el que ha vivido su mirada. La fotografía es, como la poesía, palabra en el tiempo, pero a gente como el ex político catalán ese tiempo se le diluye, se le transforma en una perplejidad permanente, en un suceso nuevo en el mismo momento en que el instante es pasado. Para recordar recordamos, escribimos, fijamos lo que hemos ido viviendo en memorias, en cartas, hay objetos e incluso aires que nos devuelven la memoria de lo que es definitivamente pasado y que nosotros revivimos para que no se pierda jamás, para que nos acompañe y para que acompañe a otros, a los que están próximos e incluso a los que no saben de nosotros; la fotografía ayuda a saber qué aspecto teníamos, qué compañía llevábamos, qué ropa usábamos entonces; entonces, la palabra entonces, tiene una enorme dimensión que nos parece natural cuando dominamos su panorama. Pero la palabra entonces es un abismo cuando no se tiene recuerdo, cuando la memoria circula por la niebla de un tiempo que no sabemos cómo existió. La fotografía ofrece una expresión de fijeza, es un ojo atento que acompaña a los hombres por la orilla de los caminos que se bifurcan o se diluyen. Me ha emocionado mucho esa noticia, Maragall haciendo fotos, fijando el tiempo, tratando de apreciar los instantes para que su conjunto forme una memoria que dé noticia de la curiosidad instantánea con la que vive. A él le gustan los libros, leerlos y escribirlos; este es un libro para ver lo que ha visto; algunos veremos también por primera vez lo que para él es pasado.

"Vamos hacia el sur"

Por: | 22 de noviembre de 2010

Josep Maria Castellet coloca al principio de su libro Seductores, ilustrados y visionarios (Anagrama), con el que ha ganado el Premio Nacional de las Letras, este diálogo de La carretera, la novela de Cormac McCarthy:

    "¿Tú tenías amigos?

    Sí.

    ¿Muchos?

    ¿Te acuerdas de ellos?

    Sí, me acuerdo.

    ¿Qué les pasó?

    Murieron.

    ¿Todos?

    Sí. Todos.

    ¿Los echas de menos?

    Sí.

    ¿Adónde vamos?

    Vamos hacia el sur.

    Vale."

    Es un diálogo sintético, como todos los de esa novela, y como todos los de esa novela es muy emocionante, un destello, una herida, un abrazo despiadado y tierno a la vez. El viaje al sur, la búsqueda del final de la tierra, el lugar donde acaso estén las cenizas de lo que se perdió y se busca. Ayer fui a cenar a una pizzeria, en El Médano, el sur de Tenerife. Le pregunté a la chica que organiza las mesas por sus últimos tiempos; volvió a Italia, su tierra; allí estuvo discutiendo con su pareja sobre el porvenir; buscaban, de nuevo, un pueblo pequeño que estuviera en el sur, junto al mar; estuvieron andando por el sur de Italia, y por otros sures, hasta que un día hallaron que tantas vueltas sólo les conducían a un destino, a este pueblo del sur de Tenerife. Y volvieron al Médano. Hay en la atracción que produce este pueblo algo misterioso que tiene que ver con los sonidos del viento, con los rumores del mar, con el aire de la noche, con la luna llena, con la arena. Vamos hacia el sur. Allí es donde se escucha mejor el rumor en el que confluyen las voces de los amigos perdidos. Y, en definitiva, lo que uno busca es ese sonido que a veces trae nombres propios y a veces trae palabras que paulatinamente cobran su forma de recuerdo inolvidable mientras uno contempla aquella montaña a la que miraba el doctor Toledo, la Montaña Roja. Ahora suena el mar y el sol levanta las nubes como quien descorre las cortinas del sur.

¡Ya!

Por: | 20 de noviembre de 2010

35 años. Era tan evidente que esa noticia se iba a producir de un momento a otro, era tan obvio que cualquier día, de mañana, de madrugada, de tarde, de noche, se pararían las emisiones para dar LA noticia, que cuando la escuché en la radio de la cocina tan solo grité ¡YA!, y la casa se enteró de todo tan solo gracias a esa expresión de dos letras y unas interjecciones. Luego fui al periódico, donde un compañero lloraba; después hicimos el periódico, y aquel compañero se fue calmando. En la tele ponían imágenes que vio mi hija junto a mi madre, que estaba en el hospital. La niña tenía dos años, y se acostumbró a considerar esa como una noticia, porque todo el mundo miraba el aparato. Franco ha muerto. Pusieron muchas veces esa imagen de Arias Navarro llorando; era un hombre antipático, antipático como los hipócritas. Pero entonces era, para el régimen, la imagen que el franquismo quería: un hombre que lloraba mientras miles de personas, en el silencio aún impuesto de las calles, gritaban hacia adentro ¡YA! Ahora hace 35 años de ese grito. Como si el país hubiera estado taponado, un estanque quieto que de pronto se agitó y se puso a andar. El llanto de Arias duró un tiempo, pero este país quería quitarse de encima lo que significaba esa metáfora que Franco dejó encima de su mesa como un nudo: todo atado y bien atado. Basta es una buena palabra para decir lo que significa la expresión ¡YA!

El clima electoral

Por: | 19 de noviembre de 2010

Lo que está pasando en la campaña electoral de Cataluña puede interpretarse como un ensayo general con todo para unas futuras elecciones generales en España. Y la imagen es decepcionante, no sólo desde el punto de vista político, sino desde el punto de vista de las formas. No hay ninguna propuesta visible de proyectos que levanten el ánimo o la ilusión de los electores, y se producen cabalgadas de candidatos que ya están cansados antes de ponerse en marcha. Hay cosas que dan arcadas, como se ha dicho para hablar de uno de estos epifenómenos que se producen últimamente en los medios, protagonizados por periodistas que buscan en la notoriedad la disculpa para sus chantajes. Y hay momentos en que los candidatos se sienten obligados a lanzar propuestas o declaraciones que luego las realidad les aconseja retirar en medio del más vergonzoso de los arrepentimientos. En las elecciones catalanas sorprende el vuelo rasante, y muchas veces dubitativo, de los contendientes, animados por cortes propias que los llevan en volandas para salvarlos del contacto real con los problemas de la gente. Hay un envaramiento excesivo, una ausencia total de frescura. La frescura supuesta la han venido a dar algunos videos de gusto pésimo que alientan lo peor de la imaginación publicitaria. Con ese liderazgo político qué esperan de la respuesta de la gente. De todas las noticias que han salido la más suculenta es la que opone a un inmigrante con una candidata, pero ésta trata de acallarlo hasta que tengan un lugar más sosegado donde dirimir sus diferencias. Y entonces, ¿por qué salen a la calle? ¿Cuál es el objetivo de esas caminatas callejeras si no quieren sobresalto? Vine esta mañana en el avión revisando periódicos españoles de estos últimos días; la impresión de riña de barrio que desprende lo que se dice en la campaña me introdujo en un país que ahora parece un territorio cansado y falto de sustancia. Álvaro Pombo tiene un libro, Relatos sobre la falta de sustancia, que parece un lema del instante que estamos viviendo. Parece como si este país hubiera colgado el interés por la reflexión serena, por el debate profundo, y haya optado por los pespuntes más groseros de la realidad, la discusión barriobajera que acude, además, al estímulo de los peores instintos. A lo mejor es que nada más descender del avión había un clima sofocante de niebla y frío, pero lo cierto es que el contacto con el aire español de esta mañana fue como el encuentro con una atmósfera de plomo de la que sólo se saldrá si se rompe este cascarón de lugares comunes que estamos viviendo, a veces visiblemente y a veces de manera invisible pero igualmente atosigante.  

Viento en Columbus

Por: | 18 de noviembre de 2010

Vine hace algo más de un mes a este lugar de Manhattan, y aquí he querido estar de nuevo. Las ciudades son una costumbre; un golpe de vista te hace con ella y te devuelve a ella, como el sentimiento que nos hace regresar a las playas en las que fuimos felices. Vuelvo siempre a Famara, por ejemplo, y allí me gusta recorrer los lugares en los que alguna vez estuve, como si apropiándome de esos sitios de la memoria detuviera el tiempo. Ahora pasa igual; he llegado a este lugar, uno cualquiera de Nueva York, y mi mirada me ha devuelto aquellos días en los que aún el otoño no se había adueñado de las ventanas de Manhattan, que diría Antonio Muñoz Molina. Ahí están los mismos escaparates pueblerinos o apresurados, los mismos restaurantes, los bancos de la calle, la basura sin recoger aún en sus bolsas negras, los cristales opacos y la gente cansada, gritándose por el celular las consignas que uno dice cuando tiene prisa. Y también están los rasgos pausados de una ciudad que parece un conjunto de pueblos en miniatura; en los taxis anuncian la conveniencia de comprar en establecimientos pequeños, y en esta urbe enorme en la que coexisten todos los idiomas y también todos los caprichos hay tienditas en las que uno podría identificar aquellos comercios menores que alguna vez fueron el destino de nuestros mandados. Entre todos los sitios grandes en los que uno podría encontrar la metáfora de esta ciudad-jauría Elvira Lindo nos llevó a mediodía a Antonio y a mi a comer en un restaurante chico que por un momento nos trasladó, a pesar de todas las apariencias y de todas las nacionalidades, a las orillas de cualquier río italiano, de una pequeña ciudad italiana. Por la mañana estuve leyendo, o estudiando, cuando uno lee en público parece que estudia, como cuando estuvo en el Instituto, en el mismo bar donde hace mes y medio me tomé un té verde y una manzana igualmente verde, como si estuviera repitiendo el tiempo para detenerlo. Pero ahí está el tiempo, ahora es más otoño, y el viento baja como un cernícalo, o como un murciélago, hacia la confluencia de Columbus con la calle en la que he vivido estas cuarenta y ocho horas que me han hecho un ratito de este sitio en el que jamás hay una sirena callada. Y ahora vuelvo. Cuando llegué el policía chino se entretuvo buscando mi nombre entre los nombres sospechosos. Le duró algo la pesquisa, porque me dijo que hay muchos Cruz que han hecho maldades, y le salían todos en el ordenador. Yo no fui, le dije, y él bromeó conmigo. Luego me dijeron que no me anduviera con chistes, que en estos lugares hasta una broma es un indicio. Lo cierto es que nunca tardé tan poco en una aduana, lo cual no significa nada, sino que el policía no me encontró tan sospechoso como los otros Cruz que le iban saliendo en estampida por el ordenador opaco con el que me comparaba. El viento que me recibió me devuelve ahora a España, con la retina llena de este barrio en el que he vivido estudiando un rato, mientras se hacía evidente que había pasado el tiempo, o el viento. 

Lo de Sostres

Por: | 17 de noviembre de 2010

En la red ya están todos los detalles de la actuación del comentarista Salvador Sostres en el programa de Isabel San Sebastián en Telemadrid. De modo que esa actuación, que se comenta por sí sola, ya no requiere otros gestos que los de la vergüenza ajena, que por lo que vi comenzaba en los propios rostros de algunos de los otros contertulios. Lo que quería decir es que, independientemente del tono y del fondo de las propuestas que hacía el comentarista, lo que refleja ese modo de referirse a los otros (los otros, en general: mujeres, políticos, periodistas, etcétera) ya es común en muchas de las tertulias en las que intervienen periodistas y paraperiodistas; como si los que hablan desde el púlpito público (y a veces en programas de emisoras públicas) pudieran decir lo que se les antojase de los demás sin tener que cumplir las viejas (y nunca obsoletas) normas del buen periodismo, que se basa en el rigor, en el respeto a los demás, en el buen lenguaje, y en otros elementos que, por cierto, Albert Camus les aconsejaba a sus compañeros periodistas de Combat: no se dejen engatusar por el poder que tienen. El poder de hablar, el poder de escribir, el poder de conseguir eco con los medios que están a nuestro alcance nos obliga a no creer que ese poder es nuestro y que con él podemos hacer lo que nos plazca; ese poder está delegado por los ciudadanos, por los oyentes, por los lectores. El exabrupto (uno más) y las burlas (una entre miles) de ese periodista que usó los micrófonos de Telemadrid en un interregno publicitario para hacer gracias desgraciadas es sólo un incidente, un epifenómeno, de una epidemia que a quien perjudica en primer lugar, antes que a la audiencia, es al periodismo, al crédito que los ciudadanos tengan sobre el trabajo que hacemos. Y haría bien el periodista que ahora protagoniza esta desgraciada anécdota en pensar que no pasa a formar parte de los héroes, pues muchas veces parece que son héroes los que hablan más alto o más fuerte, sino que ya forma parte, y hace rato, de los que han hecho de la burla un modo de andar para burlarse del modo de andar de los otros. 

El País

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