Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Hasta Franco sabía que él era un dictador

Por: | 30 de mayo de 2011

Franco alcanzó el poder para implantar una dictadura; así fue. Hasta Franco lo sabía, pues él quien al fin impuso el sistema de gobierno que quería para acabar con la República y con la democracia. Ni Franco ni los suyos estaban interesados en ninguna forma de democracia; la repudiaban incluso los políticos que se sirvieron del sistema democrático para medrar en sus respectivas carreras al frente de las organizaciones que también vivían al amparo del sistema democrático. Tanto Franco como los suyos despreciaban la política de manera expresa, y en los años que van de 1930 a 1936, cuando al fin cuaja ese clima de odio que impusieron los políticos y los militares facciosos, con la ayuda a veces inestimable de las torpezas republicanas, que las hubo también y fueron abundantes, sus invectivas no fueron sólo contra la República legalmente constituida sino contra la democracia propiamente dicha. Esa dictadura, que tuvo al frente a un hombre que se llamaba a sí mismo Caudillo y que era reconocido por los suyos con el estrambótico apelativo de Generalísimo (ya no se puede ser más que eso en la vida, por la gracia de Dios, además; si eres Generalísimo ya no puede haber Muy Generalísimo), es una de las más longevas del mundo, de modo que ahora resulta inolvidable como tal incluso para las generaciones más jóvenes, educadas en el recuerdo de aquella época que sus bisabuelos, sus abuelos y sus padres vivieron de una u otra manera, conscientes siempre de que este sistema no era sólo autoritario, era dictatorial. Pues este hecho básico para los ciudadanos, y que debería ser también básico para los historiadores, no lo debía ser para el historiador Luis Suárez, que, como ha revelado Público y ha corroborado EL PAÍS en el reportaje que firma Tereixa Constenla, ha decidido que el dictador era simplemente autoritario, y que además ganó la guerra a un enemigo que, "en principio", tenía fuerzas superiores, y que se abrió paso hacia Italia y Alemania porque ahí había unos mercados que le impedían Francia e Inglaterra, que le eran hostiles. Esta distorsión de la historia no tendría ningún valor, porque todo el mundo tiene derecho a pensar lo que quiera del pasado (e incluso del futuro), y hay mucha gente que lo piensa de buena fe, y yo respeto ese pensamiento, faltaría más, si no fuera porque esas opiniones están vertidas por este historiador en un libro que publica la Academia de la Historia con el aval del dinero de todos los españoles, los franquistas, los no franquistas, los antifranquistas y los indiferentes, y además con un sello que lo marca como un criterio de autoridad (aunque, espero, no de autoritarismo). Llama la atención que esa entrada sobre Franco, en esta enciclopedia hístórica tan oficial, se le haya encargado ("porque él lo pidió", ha dicho el director de la Academia, Gonzalo Anes) a un franquista que ocupa lugares y tribunas en organizaciones de ese corte. Y llama la atención que Anes declare que esos apartados y otros que el profesor Suárez trata en sus textos sobre esa época no hayan sido revisados por la máxima autoridad responsable de este trabajo, es decir, el propio profesor Anes. En las dos últimas décadas ha habido intentos denodados por limpiar la imagen de la dictadura aludiendo a la guerra como un fenómeno en el que hubo dos culpables, como si esa equivalencia permitiera ya establecer varias verdades con las que todos deberían quedarse contentos. Esta manipulación del profesor Suárez es un gramo más en esa balanza a favor de una interpretación bonachona de la dictadura, con la que ésta se abrió paso también entre la ciudadanía, aplicando una demagogia que surcó a su antojo la época democrática. Como la democracia es por naturaleza mucho más porosa que la dictadura, y esta es una de sus enormes grandezas, esas interpretaciones han ido abriéndose paso y hoy son moneda corriente. Pero el colmo es que estas arbitrariedades tomen carta de naturaleza en forma de estudios que, según quien los ampara, pueden parecer tan canónicos que un día se expliquen en los colegios como el pasado verdadero que tuvimos. Y como el pasado no fue así, convendría que la Academia de la Historia rectificara pronto para que su crédito no sea nuestro descrédito como país ante nosotros mismos y ante los que supieron que las cosas fueron de modo diferente. 

Los cuatro del arroz

Por: | 29 de mayo de 2011

Hace cinco años EL PAÍS organizó unas entrevistas para la última página de agosto; la condición era que un personaje conocido escogiera a alguien con el que charlar ante la presencia de un periodista; entre otros, a mi me tocó pedirle a Andreu Buenafuente que escogiera pareja. Andreu me citó en Ibiza, donde pasaba el verano, y busqué a alguien más en la isla, para hacer el viaje más productivo. Y alguien me sugirió que eligiera a un mentalista famoso, Anthony Blake, que vivía también aquí. Andreu eligió para conversar a su amigo Mikel Urmeneta, el creador de Kukuxumusu. Y Blake escogió a Elena Ruiz Sastre, la directora del Museo de Arte Moderno de la isla. Después de las dos conversaciones, Elena se unió a nosotros para almorzar en la costa, un arrosito, como dice Andreu cada vez que convoca una comida. Fue un rato tan memorable que duró todo el día, de una manera o de otra, y su efecto fue tan especial que a mi me provocó un libro (sobre la alegría silenciosa que sentía mi padre cuando alrededor sentía amistad, y sobre los momentos que le produjeron el bienestar de la vida y el malestar de otras melancolías) y a todos nos unió como en una simbólica postal de un día precioso que ha sido inolvidable. A uno de nosotros se nos ocurrió rememorar la experiencia, y Elena se aprestó a organizar este mes de mayo un encuentro que tituló Los cuatro del arroz; nos trajo a Ibiza, nos hizo hablar de nuestras respectivas memorias (y de la contemplación del arte, y de Internet, y de la educación, y de la amistad, por supuesto), y también nos invitó a un arrosito en la ciudad, porque el acto era demasiado temprano y no daba tiempo de ir al mismo lugar de hace cinco veranos. El día fue de nuevo una manifestación de la alegría que son capaces de concitar estos amigos, el buen humor de Mikel, la inteligencia de Elena, la poderosa e íntima y respetuosa nobleza del humor de Andreu, que ha fabricado desde la sensatez una de las voces más interesantes del periodismo español. La jornada acabó viendo todos, con otros amigos también, el partido Barça-Manchester en el hotel donde nos quedamos. Somos del Barça Andreu y yo, y Mikel no es contrario; Elena no sabe lo que es el fútbol, pero disfrutó de esa victoria como mi padre disfrutaba, en silencio, de la alegría de los amigos que venían a casa. Un día hermoso que ya es otro hermoso recuerdo al que ahora se suman inolvidables amigos que se unieron a nosotros para ampliar la onda de aquellas buenas vibraciones.

Yo quiero vivir en la calle Pilar Bardem

Por: | 28 de mayo de 2011

Para humillar a alguien, para pegarle, hay que tener un desmedido sentido de la prepotencia, en todo caso es la salvaje pulsión del hombre puesta a su máxima potencia de desdén. Ocurre mucho en la vida diaria, y pasa sobre todo cuando los hombres están equipados con el casco de la autoridad, aunque ésta se enfrente a la pacífica demostración del ánimo indignado de los otros. Lo que ha pasado en Barcelona, donde los guardias de la Generalitat, los Mossos de Esquadra, han apaleado a los acampados, e indignados, es una muestra brutal de lo que es capaz de hacer un uniformado con una orden. Y de lo que es capaz de hacer el que da una orden con el poder que tiene delegado de la ciudadanía. Los oponentes de Felip Puig, el altanero conseller de Interior de la Generalitat, dicen que éste se ha pasado; es una manera de decirlo. Lo que ha hecho el conseller es un reflejo de la arrogancia con la que el poder interpreta que puede dirigirse a la ciudadanía, como si ésta fuera reo antes de juicio, o en todo caso como si fuera alguien que usurpara un derecho que sólo le corresponde a la autoridad, disponer del lugar público para expresar su disgusto o para expresarse, simplemente.

Es un ejemplo de la capacidad de humillación que tiene el hombre, y es una grave transgresión de la tolerancia con la que la autoridad debe conducirse ante una demostración pacífica cuyos cauces han discurrido hasta ahora en medio de una comprensión y de una solidaridad que aquí han quebrado Felip Puig y los seguidores de sus órdenes pasadas de rosca. En Madrid estuvo a punto de pasar algo parecido, pero la porra se detuvo a tiempo; y luego ha habido incitaciones (incluso judiciales) para que se perpetrara un desalojo similar; como no se hizo, la prensa ultraderechista y otros vocalistas escandalizados reclamaron la mano dura que finalmente no se ejerció. Y como no se ejerció, quien retiró la mano recibió todo tipo de improperios, hasta hoy mismo.

No es la violencia como respuesta el único instrumento de humillación del que se vale el hombre que tiene poder, aunque sea un poder chiquito, para golpear al otro, para tratar de hundirlo en el oprobio. El insulto es como un golpe seco envuelto en la toalla del anonimato, a veces, o en el disfraz de la venganza. Hoy mismo aparece en la prensa que el nuevo alcalde de Sevilla se dispone a quitarle a Pilar Bardem el honor de tener una calle en Sevilla. ¿El argumento? Borrarla, quitarla de la nomenclatura, vengarse en ella de tanta metáfora como esconde su nombre. La calle Pilar Bardem. Yo quiero vivir en la calle Pilar Bardem.

En este mismo blog entró hace poco un bloguero que escondió en su anonimato mezquino una alusión verdulera a un político joven al que la Eta intentó asesinar y finalmente lo despojó salvajemente de la pierna que ahora lleva como vínculo de su nombre con la dignidad de los golpeados y los humillados. He dejado que esa basura de comentario siga ahí para explicarme a mi mismo y explicarle a otros que la vejación en realidad se vuelve en contra del que la practica, pues lo ha hecho con la alevosía, desgraciadamente tan habitual aquí, del anonimato.

Pegar, humillar, menospreciar. Monedas tristes de la mezquindad, elementos habituales de la inquina, reflejos de lo peor que guarda el alma. Así que yo quiero estar en esa plaza donde han golpeado a los acampados y me encantaría vivir en el último número de la calle Pilar Bardem. Y me gustaría sentirme amiga de Eduardo Madina, golpeado por Eta y vilipendiado aquí por un sinvergüenza que lo insulta porque cree que la ley no puede hallar el nombre que oculta.

Luz de los poetas

Por: | 26 de mayo de 2011

Durante años, Ezequiel Pérez Plasencia, el escritor tinerfeño que murió en febrero, padeció en su isla el acoso íntimo de su timidez, y diversas ráfagas de la metralleta implacable de la vida fueron apagándole el ánimo, que levantó a veces y que otras veces hundió en lo oscuro; pero siempre tuvo sobre sí, en la victoria y en lo contrario, la luz de la literatura, que era su alimento obsesivo. El azar de la vida lo llevó a Cartagena, donde rehizo el ánimo y descubrió que la luz no estaba solo en la literatura, que siguió cultivando en sus dos formas más o menos imperfectas: la escritura y la lectura. De vez en cuando escribía a sus amigos para contarles sus descubrimientos; una vez me escribió para contarme, en abril de 2010, que inmediatamente sería su cumpleaños, y él quería marcarlo como una celebración de la vida, pues estaba realmente feliz, estaba contento, alrededor sentía la luz de un sosiego que perseguía leyendo o contando los conflictos que la poesía interior señala. En febrero murió, víctima de un accidente desgraciado. Hoy le dedican a él un homenaje en Cartagena los muchos amigos que tuvo allí. Y el último viernes, los muchos amigos que dejó en Tenerife le dedicaron a Ezequiel un homenaje en el Ateneo de La Laguna. En esta ocasión, en la que tuve el placer de participar, escuché muchísimas cosas que desconocía de Ezequiel, de sus trabajos periodísticos, de su lucha por esa luz que buscaba.

Y de esa luz y de Ezequiel me acordé anoche en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, antes y después de la presentación de la antología de la poesía de Manuel Padorno que preparó para Cátedra Alejandro González Segura. En el acto participaron Miguel Casado y Vicente Valero, poetas, además del antólogo. Padorno fue uno de los poetas mayores de su generación, la del 50. Pero fue un hombre de su propia dependencia, no figuró en grupos ni estuvo agrupado en la burocracia de la vida; vivía al revés, desayunaba cuando todos estábamos cenando y así sucesivamente. Y fue, con su mujer, Josefina Betancor, un editor doblemente generoso, de modo que ocultó su personalidad de autor, en Madrid, hasta que regresó a la luz de sus islas, se instaló junto a la Playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria, y dibujó (y además pintó) esa luz que buscaba, y que encontró, en libros de una pureza luminosa impresionante. Cada vez que algo de Padorno aparecía por ahí, o era citado el poeta en este blog, Ezequiel me escribía alborozado, como si él compartiera el descubrimiento de esa luz y se alegrara de que el nombre de Padorno fuera mencionado aquí o en cualquier parte. Formaba esencia de su ser, había entre ellos una comunicación sucesiva que jamás falló.

Anoche me vinieron a la mente esos dos universos, y quería compartir aquí la emoción que provoca la luz de las personas cuando ya no están, como un foco que amparara la incesante conversación que merecen. 

Galeano, Millás

Por: | 25 de mayo de 2011

Barcelona fue escenario ayer de la entrega de un premio que tiene un nombre glorioso para el oficio, el de Manuel Vázquez Montalbán. Varias instituciones a las que él estuvo ligado, incluido el Colegio de Periodistas de Barcelona y El Periódico de Catalunya, en el que escribió antes de ser columnista de EL PAÍS, crearon este premio para subrayar con ese nombre la labor de periodistas o escritores que hicieran honor a este oficio, y este año han ganado el premio dos grandes de la mirada, Eduardo Galeano, el escritor uruguayo, por su manera de ver la vida y el fútbol, y a Juan José Millás por su modo de contar la realidad. A Manolo le hubieran gustado los dos premios, porque ambos sustancian sus afanes como narrador de lo que pasa: hallar placer en la vida, pero comprometerse con la vida para que ésta sea mejor para los otros, cooperar, sentir con otros, compadecerse en el sentido literal de la palabra. Galeano es un escritor cuyo compromiso lo ha llevado a interiorizar América como un corazón y como un vocablo comprometido, y ya su visión es imprescindible para sentir América y para contar América. Y Millás es un ejemplo, en España y ya en la lengua española, de la imaginación al servicio de la interpretación compleja, a veces psicoanalítica, a veces irónica, de lo que sucede. Ambos comparten con la historia de Manolo esa mirada distraída con la que Juan Cueto (otro grande) argumenta las bases del mejor periodismo.

Una derrota sin paliativos

Por: | 22 de mayo de 2011

El Partido Popular ha derrotado al Partido Socialista. Una victoria total que ha arrinconado al PSOE en un momento trascendental de la historia de esta formación política, obligada ahora a repensar sus posiciones para llegar al final de la legislatura con sus costuras más o menos restauradas. El mapa de España ahora es casi enteramente azul claro, y el rojo que distingue el emblema socialista se diluye hasta convertirse en una vaga sombra de lo que fue. La comparecencia de Zapatero tras la noticia de esta demolición es la única noticia positiva de la noche, pues muestra a un líder que, habiendo sido educado en la adversidad tan solo en este último tramo de su carrera, asume el momento más amargo de su vida política; acostumbrado a ganar contra todo pronóstico, y a sobrevivir en momentos de enorme zozobra de la crisis económica, finalmente ha sido derrotado por la evidencia de la fortaleza de sus adversarios; no hay paliativos; ha aceptado esa victoria y lo ha hecho con el aplomo que da dignidad a los vencidos. Pero la derrota no tiene otro paliativo: es total y absoluta, abre razonables incógnitas sobre el futuro del propio Gobierno, y sin duda mezcla el resultado con la inminencia de la lucha por el poder entre los socialistas. Así que se abre un boquete por el que entrarán incertidumbres y egos; la solución de unas y de otros es crucial para que en este momento el PSOE no se diluya como su color en el mapa que resulta de esta noche. De modo que estamos ante un abismo al que el presidente del Gobierno se ha enfrentado con una gallardía que ahora le resulta imprescindible mantener si quiere aspirar a seguir mandando en el país que ha rechazado, como él mismo ha dicho, las iniciativas que ha tenido que tomar. Un momento muy oscuro para los socialistas. Dijo Elena Valenciano, portavoz del PSOE, cuando se iniciaba el recuento, que se avecinaba una noche difícil para ellos. Muchos vislumbraban que esta del 22M fuera una noche negra, y lo ha sido, una oscura noche que se convierte en un túnel de muy difícil retorno.

Una reflexión

Por: | 21 de mayo de 2011

Un día para reflexionar.

Bien, estas son mis reflexiones.

1. En el caso de las manifestaciones o concentraciones, se ha abierto una muy interesante vía de confrontación entre la realidad de los partidos y lo que éstos proponen y la realidad que proponen los concentrados. Ésta se ha probado mucho más interesante para la ciudadanía. Los partidos han de tomar nota, sus líderes han de quitarse la corbata y dedicarse a pensar en la obsolescencia de sus planteamientos e incluso de sus actitudes, e incluso de su lenguaje corporal, de su lenguaje, de la antigualla que suponen sus postulados, y no sólo los postulados políticos, sino sus postulados estéticos, su apariencia incluida.

2. La decisión judicial en contra de las concentraciones se une a la obsolescencia de los partidos, que aún hoy pueden mandar sobre las televisiones y otros medios para intimidarlos y obligarlos a emitir las imágenes que ellos mismos toman de sus mítines. Esta mixtificación de las campañas electorales es una vergüenza que ha hallado en este último episodio su momento culminante del que no debería haber retorno. 

3. Que el Gobierno, después de un traspié inicial, haya decidido no intervenir en la Puerta del Sol a pesar de la presión de los medios de la derecha y de la ultraderecha, es una muestra de sensatez que ahora no se va a reconocer; quizá se reconozca más adelante, o quizá nunca. Pero este país necesitaba, al fin, una medida en la que el poder mostrara la inteligencia de la prudencia antes que la improvisación a la que lo obligaba el ruido mediático que se ha formado en torno a la decisión de la Junta Electoral y del Tribunal Supremo. El espíritu de la Puerta del Sol está ahí, se puede discutir, y se debe discutir en todos sus extremos, pero nadie duda ya de que cercenarlo a la fuerza hubiera sido el peor ejemplo que este país podía ofrecer a los que pacíficamente están diciendo ahí lo que les viene en gana. Cuando pase este sofoco electoral la buena voluntad hará que se mire este episodio que ha generado el 15M como una saludable muestra de lo que siempre se le pide a la sociedad: que reaccione. Pues ahí está la reacción, ¿por qué ahora hay que limitarla?

4. Ir a votar es un derecho. Aquí lo he defendido muchas veces. Lo hago otra vez. Es un derecho que no contraviene otro derecho: no votar. Ahora bien, estoy encantado de defender los dos derechos y de decir, sin ambages, que prefiero el derecho a votar. En paz.

La madeja endiablada

Por: | 20 de mayo de 2011

La decisión de la Junta Electoral Central de impedir las concentraciones en la Puerta del Sol con el pretexto de la aún llamada jornada de reflexión abre una madeja endiablada. ¿Qué debe hacer el Gobierno? ¿Irrumpir por la fuerza en la plaza y desalojar a los acampados o concentrados? La prensa de derechas le pide hoy al Ejecutivo que haga eso. Si hubiera hecho eso el día que la Junta Electoral provincial decretó lo mismo, es probable que esos medios hubieran dicho lo contrario que lo que dijeron cuando Rubalcaba decidió que las fuerzas de seguridad dejaran en sus sitios a los acampados. Se busca, en este último lado de la campaña electoral, la intervención de Rubalcaba para convertirlo en el chivo expiatorio de los que se manifiestan. La maniobra empezó siendo sutil y ahora es brutal y burda: en los titulares, en los dibujos humorísticos, en las columnas..., en todas partes se expresa sin ambages la idea motriz de esta campaña para hacer que Rubalcaba aparezca como el malo de la película. Es una venganza sutil o burda, como la queramos mirar, contra aquel que, en 2004, actuó para avisar a la población de que el Gobierno del PP estaba manipulando el atentado del 11M atribuyéndoselo a la organización terrorista ETA. En todo caso, y volviendo a lo principal, la decisión de la Junta es absurda porque trata de ponerle puertas al campo, los acampados tienen derecho a manifestarse, lo están haciendo pacíficamente, y además lo hacen en un espacio público que guarda las condiciones de una plaza exactamente pública; la jornada de reflexión es una entelequia que se mantiene con la misma obsolescencia que la propia Junta. Lo que hacen estos acampados, les guste a unos o a otros, es precisamente reflexionar. En sus manifiestos y en sus discursos pregonan la necesidad de que la democracia se articule de otra manera en España. Que se les impida decir eso abre un concierto de ruidos imprevisibles. Pase lo que pase, el culpable será Rubalcaba, que es, en el lado de los intereses que hoy se han puesto de manifiesto en algunos titulares, columnas, dibujos y editoriales, lo que más conviene. Es el culpable de la concentración (para esos medios), así que es el culpable de que los servicios de seguridad no actúen. Haga lo que haga el ministro es el culpable; él dirá que ya está acostumbrado, pero ahí tiene una madeja verdaderamente envenenada con muchos venenos distintos.  

Derecho a la Puerta del Sol

Por: | 18 de mayo de 2011

La Junta Electoral Central ha dado un paso grave hacia la expresión de su torpeza si se confirma que prohíbe la protesta en la Puerta del Sol. Esa protesta une a muchísima gente en una manifestación legítima. La prohibición le da mayor carta de naturaleza, pues es un gesto que le da sentido a la propia protesta: los garantes de los partidos políticos, que velan por la limpieza electoral, tachan la aspiración de jóvenes y menos jóvenes que aspiran a concentrarse precisamente para poner en cuestión el sistema del que desconfían. No les gusta el sistema, lo dicen, es lo más claro que se les escucha en medio de la masa de argumentos que saltan estos días en sus declaraciones sucesivas.Y el sistema, que debiera ser ahora más inteligente y más magnánimo, si quiere salvar su papel en la sociedad que defiende, decide cerrar la Puerta del Sol. Ponerle puertas al campo, ejercer su derecho a la llave para tapar el aire disociador del que hablaba Lope. Es un error, pienses lo que pienses de lo que dicen los manifestantes. Hay una delicada línea roja, en democracia, que no se debe propasar nunca; el deseo de limpieza electoral no choca con el deseo de los que se manifiestan en la plaza de poner sobre la mesa sus aspiraciones. Luego uno puede discutir las aspiraciones, analizarlas una por una, con libertad y también con respeto y sosiego, pero lo que no convoca al sosiego es esta decisión, que se produce mucho antes de la jornada de reflexión que se sigue manteniendo quizá de manera anacrónica en nuestro sistema electoral. Pero mientras esté vigente esa norma, reflexionemos, respetemos esas veinticuatro horas. Y respetemos ahora la concentración del 15-M, estemos o no de acuerdo con los postulados que conocemos e incluso con aquellos que nos parecen más incomprensibles o abstrusos. Cerrando la Puerta del Sol la Junta Electoral Central ignora qué otras puertas está abriendo.

Viva Lois Pereiro

Por: | 17 de mayo de 2011

Sigue vivo en la memoria. Lois Pereiro. Hoy le dedican los gallegos el Día das Letras Galegas. Manuel Rivas dijo de él que es un clásico de esa literatura. La poesía sin fronteras de Lois Pereiro. El afecto singular que se le profesa tiene que ver con la calidad radical de su bondad, pero sobre todo es su poesía lo que trasciende como un puñal que dice fuck off a lo que supone la muerte. Le rindo homenaje leyendo su libro de obra completa, más de setecientas páginas en las que aparecen poesía y prosas publicadas en ese volumen que ahora es una carta de después y que publica Libros del Silencio. Después se llama este poema que dejo aquí para que otros sumen otros, los suyos o los ajenos. "Ahora la penitencia/ los escalofríos./ Todo cerrado duerme y falsifica:/ frío en conserva o fiebre demorada". Fuck off la muerte, Viva Lois Pereiro.

 

ABSTÉNGANSE, HOY Y SIEMPRE, LOS QUE INSULTAN Y LOS DEMASIADO LISTOS.

El País

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