Por estas fechas precisamente le pregunté hace años a Rafael Azcona si se iba de vacaciones. Fue cuando me dijo: "¿Yo? Si ya me fui de Logroño..." Hoy hace cuatro años que vi al amigo por última vez; fue en un almuerzo, con Marta Donada y con Ángel Sánchez Harguindey; no quiso acompañarnos a la salida, no quiso despedirse; entonces se guardaba el secreto de su enfermedad, que luego mantendría también en el silencio que él y Susi, su mujer, convirtieron en marca de una discreción que también era respeto, atención a los otros. Pues por estas fechas y siempre me acuerdo del gran amigo, un maestro de la conversación y de la alegría, de la alegría de la conversación. Y hoy que estoy en un aeropuerto, en Madrid, camino de mi tierra, me venía acordando de lo que hablamos el otro día con Ana María Matute(*), que fue amiga de Rafael. Era el cumpleaños de la novelista, y estaba rodeada de flores blancas que le habían mandado sus amigos, admiradores de su discreción y de su genio, virtudes que Azcona tuvo también en ese alto grado, y en un momento determinado de esa charla pespunteada por los timbres del teléfono y de la puerta, y por los ladridos del perro, hablamos un momento de la felicidad. Le recordé a Ana María lo que me había dicho una vez Rafael sobre el momento más feliz de su vida como guionista (y como solitario habitante de los hoteles a los que su oficio lo llevó). Fue en Roma, en lo más alto de un hotel. Le habían encargado un guión, quizá Marco Ferreri, y se hizo con quinientos folios, que dispuso ante él por si la inspiración le asistía. Ésta no vino, y él se dedicó a fabricar aviones de papel, que fue lanzando pacientemente al aire de la calle. Uno de esos quinientos aviones se mantuvo doce minutos en el aire; él lo consideró, además de un record, un instante feliz. Leonardo Sciascia, que era un poco como Azcona, pero mucho más melancólico, decía que la felicidad era un instante. Hacia esos instantes viaja uno, viajamos. En mi adolescencia tinerfeña los aviones eran tal novedad que el diario La Tarde tenía una sección dedicada al tráfico aéreo, que llevaba mi amiga Olga Darias. Y había muchos chicos que iban al aeropuerto a ver despegar los aviones. Nunca fui, jamás me llamaron la atención los aviones, pero siempre sentí una atracción especial por los aviones de papel, así que me sentí muy identificado (y muy feliz) con aquella hermosa descripción del instante de Rafael con los aviones.
(*)La entrevista con Ana María Matute la difunde la cadena Ser este sábado a las diez de la noche. A la misma hora, el domingo, se emite la que le hice anoche a Mario Vargas Llosa. Por si quieren escucharlas.
Hay 10 Comentarios
MAESTRO CRUZ
Quiero manifestar mi admiración y respeto por un señor de Logroño que me hizo soñar, pensar y entender la idiosincrasia de este país llamado España. Gracias Don Rafael
Saludos Paco
Publicado por: francisco gomez | 29/07/2011 23:32:14
hermosa evocación de un amigo!También tuve una infancia donde los aviones -según mi propio cálculo de entonces - quedaban a la vuelta de la esquina! Y me iba todas las mañanas a mirarlos despegar.Y hasta ahora no he hecho el curso de piloto civil. Aún estoy a tiempo! Cordiales saludos.
Publicado por: Beatriz Basenji | 29/07/2011 18:25:01
Los aviones, a los canarios, nos han fascinado. La causa es que nuestras comunicaciones siempre han sido por el mar. Recuerdo en mi infancia cuando mis padres viajaron a Madrid, a comienzos de los años 60 Fue todo un acontecimiento familiar. Todavía mucha gente, en la subida a La Esperanza, se pone a ver la entrada y salida de los aviones del Aeropuerto de Los Rodeos.
Un saludo afectuoso y caluroso desde Tenerife norte.
Publicado por: victorio | 29/07/2011 14:41:28
Joder, Alto Grado, eso sí que es melancólico. Yo, al menos, apenas le encuentro el jodido sentido del humor. Aunque su sonrisa me gusta.
Publicado por: Nota baja | 29/07/2011 13:15:52
¿Rafael Azcona? Bueno, pues vale.
Publicado por: Alto grado | 29/07/2011 13:10:48
Well, hello
http://www.youtube.com/watch?v=7Y-rfBGtAck&feature=youtube_gdata_player
Publicado por: Hola, caracola | 29/07/2011 12:59:06
Los aviones de papel tienen para mi infancia mucho de curiosidad, por sus inesperados aterrizajes, por las cabriolas en el espacio, etc.
He sentido un leve alivio con la llegada de Rita a casa, espero que todo quede cono una sencilla anécdota en vuestra relación.
Salud y resistir.
Publicado por: Antonio Corbalán | 29/07/2011 12:43:26
Intensa entrada. Un saludo y un buen día de corazón.
Publicado por: Nb | 29/07/2011 10:36:32
Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas
ciego de sueño y loco de armonía.
Ése es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.
Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto…
Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?
Publicado por: Estrellado | 29/07/2011 10:21:06
Yo recuerdo que investigábamos en la adolescencia las posibilidades que tenían los aviones de papel, Los de tipo concorde, los achatados y planos con un peso considerable en la cabeza, los alerones que permitían que se sostuviese más tiempo en el aire, las guías en las alas que estabilizaban el vuelo y lo hacía más perfecto. Comprendo los momentos que tuvo que disfrutar Rafael Azcona con esa cantidad de folios en los que no pudo impregnar su sabiduría y su talento, porque hay momentos que por mucho que te esfuerces no sale nada de nada, son momentos útiles para la nada que descansa en nosotros al acecho de la contemplación, una contemplación que sirve de mucho en personas que están acostumbradas a mirar todo lo que le rodea como es el caso de ese hombre descomunal que fue Rafael Azcona. Escucharé las entrevistas en la radio como en los viejos tiempos en los que en mi casa solo había una radio para enterarnos de lo que pasaba por el mundo, entre un silencio respetuoso como el que requiere la escucha de la radio en una noche cualquiera.
Publicado por: J.L. Mañanas | 29/07/2011 8:45:12