Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

Eliseo Alberto de la eternidad y los lunes

Por: | 31 de julio de 2011

Temida noticia terrible. La muerte de Eliseo Alberto.

El hombre, la melancolía.

Sus ojos tristes cayendo de la madrugada

sobre sobre los versos de su padre,

el fuego impar de una literatura

que era un abrazo y una huida.

Un escritor, un hombre, 

una bandera de corazones rotos

aislados exilados 

voluntariamente rotas las lágrimas

de su emocionante madrugada.

Un César Vallejo de Cuba

un hermano

caído en la vida para arañarle al lunes

su sustancia.

Madrugada, un rostro de madrugada,

dándole vuelta al café

como si estuviera en la casa

por las tardes

esperando siempre la llamada 

grandiosa de los padres.

Él sabía que el dolor avisa muchas veces

pero da un golpe final, infinitamente doloroso,

pero éste ya no se oye, es lunes mientras tanto,

el día de la eternidad

esa combinación atroz de memoria y olvido.

Eliseo Alberto, qué gran escritor se va, y qué pena que no saben decir los versos aislados, torpes,

que le escribo desde aquí, en La Gomera.

La fina piel intolerante en Mérida

Por: | 30 de julio de 2011

Asier Etxeandia, actor, se desnudó en el camerino para preparar su interpretación en el Infierno de Dante, y así lo retrató Sergio Parra, para una exposición que éste tituló Camerinos. En la foto, Asier oculta su pubis tras una postal en la que está el Cristo de Velázquez, "que me apasiona". La exposición, abierta en el Festival de Teatro de Mérida, causó conmoción entre los intolerantes de piel muy fina y de verbo muy repetido, y su presión alcanzó los oídos del patronato de la Ciudad Monumental, hasta que finalmente tuvo que ser retirada bajo las más diversas amenazas. Resultado: Blanca Portillo, directora del festival, y Chusa Martín, productora, dejan el certamen que aquella dirigía por primera vez este año. Portillo es una de las grandes actrices del teatro español (y del cine); su presencia en este festival, que cada año trata de rescatar el mejor teatro clásico, había abierto expectativas de gran esperanza para Mérida, pero la fina piel de la intolerancia se le debió hacer insufrible. Que la expresión libre del arte siga siendo imposible en este país católico, viejo y pacato sólo añade rabia a la conciencia de nuestra historia llena de la bilis de la intolerancia. La suposición de que el cuerpo humano, adherido a una postal que representa una de las grandes versiones de Cristo, la de Velázquez, deviene en pornografía, en escándalo para profesores y para alumnos, muestra en verdad un enorme desprecio al cuerpo humano, a Velázquez, a Cristo y por supuesto a la libre expresión del arte y del cuerpo. Cuando leí ayer la noticia, en EL PAÍS y en los otros medios, sentí ese sudor antiguo que se padece cuando la sociedad da dos pasos atrás, en el ámbito artístico, y quise mostrar mi rabia ciudadana, mi estupor, pero por el camino se cruzaron las elecciones y pensé que hoy podría expresar la misma ansiedad civil frente a estas indecorosas muestras de desprecio a la libertad de los artistas implicados en esta lamentable superchería. Hace muchos años recuerdo que un sacerdote vino a la iglesia de nuestro pueblo, a exorcizarla, pues allí habían ocurrido algunos actos que la jerarquía consideró impuros. Se pasan la vida exorcizando. Una bruja amiga mía, de Ibiza, me pasó el otro día este recado: "Prepara la mantilla, que nos espera un otoño lleno de cruzadas religiosas". En Ibiza, hace algunos años, el obispado intentó subvertir el arte expuesto en el Museo de Arte Contemporáneo de la isla, y al fin ganó el arte, pero la Iglesia dejó sus rasguños, siempre deja sus rasguños. Pues la cruzada de la que me habla la bruja no es que comience en otoño, está siempre presente, marcando la vida con el fuego de la censura al arte, que tanto le inquieta a la jerarquía, representada esta vez por los intolerantes de piel muy fina. 

La fecha rota

Por: | 29 de julio de 2011

Al fin se sabe. Ahora se acaba la incertidumbre y empieza otra incertidumbre; dice Zapatero (lo acaba de decir en su conferencia de prensa anunciando la fecha del 20 de noviembre como fecha electoral) que las convoca para acabar con la incertidumbre de los mercados. Aparte de conseguir esto, que ojalá lo logre, lo que hace Zapatero es acabar con una precampaña electoral que estaba resultando expresamente dañina para la convivencia española, para el diálogo político, porque se han roto mo9ldes de respeto mutuo, institucionales o partidistas, y mediáticos; por ejemplo, la reciente riña por el dinero autonómico ha sido, desde mi punto de vista, un exponente de la manipulación política como motor de la degeneración democrática. Es evidente que los consejeros que salieron de esa reunión sobre nuestro sistema financiero autonómico tenían decidido, antes de escuchar a la ministra Salgado, que saldrían echando pestes contra cualquier iniciativa que se les presentara. Porque están, estamos, estábamos, en precampaña electoral. Ahora, abierto ese melón y cifrada la fecha en un día tan señalado, veinte de noviembre (antes 20N), ya se sabrá que la riña política tiene el arco lanzando una flecha, las elecciones generales. Un valor tiene la fecha en sí misma: por decirlo así, se desacraliza ese día, que hasta ahora ha sido el de la conmemoración de la muerte del general Franco, el dictador muerto el 20 de noviembre de 1975. Parecía una fecha tabú, secuestrada por un solo dato histórico a partir del cual empezó la renovación democrática de España. Ahora ese día ya es también el 20 de noviembre de 2011, cuando España salga a votar en la democracia que ya dura 35 años. Retos importantes se abren camino; lo que este ciudadano desea es que el desarrollo de la campaña (que ya había empezado) alcance una altura que lamentablemente no tiene en la actualidad la conversación política española.

El avión de Rafael Azcona

Por: | 29 de julio de 2011

Por estas fechas precisamente le pregunté hace años a Rafael Azcona si se iba de vacaciones. Fue cuando me dijo: "¿Yo? Si ya me fui de Logroño..." Hoy hace cuatro años que vi al amigo por última vez; fue en un almuerzo, con Marta Donada y con Ángel Sánchez Harguindey; no quiso acompañarnos a la salida, no quiso despedirse; entonces se guardaba el secreto de su enfermedad, que luego mantendría también en el silencio que él y Susi, su mujer, convirtieron en marca de una discreción que también era respeto, atención a los otros. Pues por estas fechas y siempre me acuerdo del gran amigo, un maestro de la conversación y de la alegría, de la alegría de la conversación. Y hoy que estoy en un aeropuerto, en Madrid, camino de mi tierra, me venía acordando de lo que hablamos el otro día con Ana María Matute(*), que fue amiga de Rafael. Era el cumpleaños de la novelista, y estaba rodeada de flores blancas que le habían mandado sus amigos, admiradores de su discreción y de su genio, virtudes que Azcona tuvo también en ese alto grado, y en un momento determinado de esa charla pespunteada por los timbres del teléfono y de la puerta, y por los ladridos del perro, hablamos un momento de la felicidad. Le recordé a Ana María lo que me había dicho una vez Rafael sobre el momento más feliz de su vida como guionista (y como solitario habitante de los hoteles a los que su oficio lo llevó). Fue en Roma, en lo más alto de un hotel. Le habían encargado un guión, quizá Marco Ferreri, y se hizo con quinientos folios, que dispuso ante él por si la inspiración le asistía. Ésta no vino, y él se dedicó a fabricar aviones de papel, que fue lanzando pacientemente al aire de la calle. Uno de esos quinientos aviones se mantuvo doce minutos en el aire; él lo consideró, además de un record, un instante feliz. Leonardo Sciascia, que era un poco como Azcona, pero mucho más melancólico, decía que la felicidad era un instante. Hacia esos instantes viaja uno, viajamos. En mi adolescencia tinerfeña los aviones eran tal novedad que el diario La Tarde tenía una sección dedicada al tráfico aéreo, que llevaba mi amiga Olga Darias. Y había muchos chicos que iban al aeropuerto a ver despegar los aviones. Nunca fui, jamás me llamaron la atención los aviones, pero siempre sentí una atracción especial por los aviones de papel, así que me sentí muy identificado (y muy feliz) con aquella hermosa descripción del instante de Rafael con los aviones.

(*)La entrevista con Ana María Matute la difunde la cadena Ser  este sábado a las diez de la noche. A la misma hora, el domingo, se emite la que le hice anoche a Mario Vargas Llosa. Por si quieren escucharlas.

Rita es una jabata

Por: | 28 de julio de 2011

Rita ha vuelto de la clínica veterinaria, y aunque aun no hay diagnóstico cierto sobre las lesiones internas que padece, ya está como antes, cariñosa y sensible, melancólica acaso, porque ha sido sometida a las heridas que ahora tiñen de vendas rojas partes de su cuerpo. Es una jabata. He venido a verla, su amo, Yonyi, que la cuida con Eva desde hace tiempo, la trajo andando de la clínica, y ahora vigila que ella no rompa su buen comportamiento, ya que ella tiende, como cualquier ser dolorido, a hurgar en lo que tanto le ha dolido. Vino a que la acariciara, y sentí por ella el desamparo y la nostalgia que los perros transmiten con una sinceridad rara, como si ellos supieran que el otro sienten en ese instante la solidaridad que ellos derraman siempre. Ha sido un momento muy puro de identidad con su melancolía, como si de pronto su historia, que es una historia que empieza en el desamparo, me estuviera comunicando, en silencio, la salud de su cariño. No ha ladrado, y ella siempre ladra, para avisar que ha venido alguien a la casa, para expresar su enfado, su contento o su extrañeza. Me ha producido una enorme ternura, y he sentido que quizá les debía decir a los que han entrado aquí a desear que le fuera bien que aquí está Rita, esta jabata que ahora, en el suelo del piso, se lame, como sólo lo hacen los perros, las heridas que le ha causado la enfermedad que le están curando.

La salud de Rita

Por: | 28 de julio de 2011

La inexorable cadencia de la vida guarda siempre noticias que uno no querría escuchar; esta es leve, un aviso tan solo, y se refiere a la salud de Rita, la perra que mi hija Eva se encontró hace once años (diez, quizá, los años son como el agua, se beben en seguida y se diluye su contundencia a medida que la memoria avanza) en la playa de El Médano, mientras yo escribía, precisamente, sobre Biche, la perra de Onetti. Ahora Rita está enferma, no lo sabíamos; hoy han de operarla de dos tumores pequeños que han de analizar todavía para verificar qué le pasa a la perra. Estaba alegre como siempre, me dicen, saltarina aún a su edad, solidaria con el que está alrededor, te sigue recibiendo como si te hubieras ido algunos años fuera de su vista, y sigue siendo la perra Rita, que empezó siendo la perrita. Pero está enferma. Las noticias de ese carácter ensombrecen las jornadas, dejan un rastro de incertidumbre y van marcando la fecha en que uno escribe con esa grisura tristona que tienen las esperas inciertas. Había pensado escribir de las lecturas del verano, de unas viejas fotos que deposité en una tienda donde aún revelan en Madrid, de las memorias de Arthur Koestler, que estoy leyendo con el asombro de esas lecturas que se guardaron en tu armario durante decenios, hasta que el libro sale a tu encuentro..., pero la vida dispone luego otro humor, así que se van torciendo la conciencia, la memoria, y hasta la mano se tuerce hacia otros temas que noticias así atraen a tu manera de ser, que es fatalmente, o felizmente, melancólica, tierra abonada para trabajar con presagios. Aún así, en medio de esa sombra, hablaré un poco de lo que llevaba en la cartera de los asuntos que pensé incluir en este blog de hoy. En primer lugar, las lecturas. Por la mañana me preguntó una amiga que se iba a China: "¿Qué me llevo para leer?" Y por la noche otra amiga, esta madre de dos hijos, me pidió lectura para ella y para uno de esos hijos, que ahora tiene veinte años. A la que se iba a China (que quería un libro de tapas blandas, y grande) le recomendé Orígenes, la autobiografía familiar de Amin Maalouf, que ha editado Alianza. Es un libro que hay que empezar a leer para continuar leyendo, pues hay textos que se resisten al principio simplemente porque no te están esperando, y has de adentrarte en ellos como uno se adentra en la amistad de las personas. Pero una vez entras en Orígenes, sigues y sigues como si asistieras a la invención de una familia que recorrió el mundo para regresar, mientras viajaba incluso, al origen. A la madre de dos hijos, uno de ellos ya en edad de leer estos libros, le hice la misma recomendación, "pero tienes que llegar al menos hasta la página 72, para seguir", y El holocausto español, de Paul Preston, editado por Debate; es un libro muy mal leído, leído con mezquindad, en esta España de duplicidades malditas; y es esencial leerlo para percibir cómo se puede romper adrede la difícil armonía democrática, con el insulto, la descalificación del adversario, el abuso de la prepotencia, etcétera. Las doscientas primeras páginas de ese libro son extremadamente didácticas. Y, finalmente, recomiendo las memorias de Koestler, editadas por Lumen; le hablé ayer a mi compañero Lluis Bassets, que un día tendría que hacer su propio libro de lecturas, de ese volumen que había estado junto a mi, sin abrir, mucho tiempo, y entonces él me dio un ejemplar, prologado por él, de Diálogo con la muerte, que también se tituló Un testamento español, publicado por Amaranto. Ahí Bassets hace un recorrido, veloz e intenso, por la biografía apabullante de Koestler, por su arreglo de cuentas ideológico con el comunismo, con su biografía marcada al fin por el suicidio que compartió con su mujer..., y en definitiva por su trayectoria desgarrada por la guerra civil española y por la guerra mundial que él vivió con una intensidad que se parece a la de su propia literatura. Así pues, esas son lecturas que ahora van a ir en algunas bolsas de viaje, y esas en concreto, las de Koestler, irán en mi maleta. En mi mente, además, van algunas preocupaciones, memorias difíciles, momentos menos perturbadores, alegrías indudables, pero ahora mismo todo está como el árbol roto que me ha traído la noticia de la enfermedad de Rita, a la que hoy operan. Confío en que las noticias sean buenas. Y lo serán, seguro. Y el árbol volverá a su sitio, con sus ramas intactas, amparando las lecturas del verano y de la vida.

El saharahui y los dromedarios

Por: | 27 de julio de 2011

Me gusta mucho la zona de Madrid que arranca de los Madrazo y termina en la esquina del Círculo de Bellas Artes. Por esa zona me encontré muchas veces (comiendo salmón, tomando whisky) con el maestro Francisco Ayala; y ahí, enfrente del ahora ya desaparecido hotel Suecia, donde tantas veces vi al escritor que superó el centenario, está una de las grandes librerías de libros inencontrables que hay en la ciudad, la librería Dédalus, donde esta mañana tenían expuesto El manual del distraído, de Alejandro Rossi, y algunos libros más que me hubiera llevado en mi bolsa, pero la librería abre a las doce, y no pude esperar. Así que caminé hasta la otra librería de libros actuales, la muy buena librería Antonio Machado; me detuve en el cine, vi que en el teatro van a poner una obra que interpretan juntos Charo López y Javier Gurruchaga, y me apeteció verlos, y entrevistarlos juntos, cuando estrenen, y me dispuse a entrar en la librería cuando me paró un señor que llevaba una lista de firmas en la mano. Me dijo que es catedrático en París y que es saharahui; me preguntó si yo tenía idea de lo que era el pueblo saharahui. Cómo no, soy canario; entonces me dio un abrazo, "¡mi primo hermano!", exclamó, y le conté que en el Colegio Mayor San Fernando de La Laguna estudié junto a un líder saharahui muy notorio, Ahmed Buhari, que ahora es abogado en Nueva York, según me informó este catedrático, de nombre (me lo apuntó en mi libreta) Ibrahim Salek. Salek estaba allí, a la entrada del Círculo, buscando firmas de solidaridad (y donativos) a favor de los saharahuis y de la resolución de la ONU que proclama su independencia. Me habló con entusiasmo de la ayuda que recibe de españoles, de los niños que cada año vienen a vivir aquí, en casas de cooperantes españoles, y sobre la situación del pueblo saharahui en este momento me regaló esta metáfora: "Tenemos la paciencia de los dromedarios". Firmé, escribí también mi carnet de identidad. Dejé un donativo, que él me dijo que serviría para comprar leche en polvo para los niños saharahuis y ya no entré en la librería, seguí mi camino hasta la esquina, donde un enorme atasco convertía julio en el mes de septiembre. Un automóvil que parecía privado hizo sonar súbitamente una alarma que sus ocupantes colocaron en la parte superior del coche, y de pronto entró en la zona un sentimiento de peligro que generalmente se apareja con esos sonidos. Quizá por eso noté que la ciudad estaba sobresaltada esta mañana, como si fuera a ocurrir algo inesperado, y no necesariamente saludable. Luego seguramente no pasará nada, pero yo seguí camino en medio de la sensación de un sobresalto, sin duda por culpa de la maldita sirena del coche que parecía privado. En algún recodo me acordé de una frase que leí en un texto de Ana María Matute, con la que estuve ayer tarde, en su 86 cumpleaños, en Barcelona, entrevistándola para la radio. Ella escribió: "La infancia dura más que la vida". Y me gusta tanto esa frase como aquella del poeta alemán Michael Krüger: "A veces la infancia te envía postales". Y esos recuerdos me salvaron del sobresalto. Ahora estoy mejor, pero a veces esta ciudad tiene demasiado ruido, una prisa infinita, como si nos vigilara un ojo indeseable, el de la urgencia imprecisa.

El grito

Por: | 24 de julio de 2011

Esta tragedia que azota Noruega es culpa de un malvado que escribe estupideces sobre la historia de Europa y que no se conformó con dejar en el papel de Internet la mancha onerosa de su ideología; en un momento determinado el asesino múltiple convirtió ese vómito de palabras en un vómito de fuego y cercenó la vida de seres indefensos a los que engañó con los señuelos de la curiosidad y el uniforme falsificado. La imagen del cuadro de Edvard Munch, El grito, me ha venido repetidamente a la memoria, vívida, torrencialmente, al tiempo que he ido leyendo o viendo las imágenes múltiples de esta tragedia noruega; ese personaje despavorido que huye de la evidencia atroz de una tragedia en el célebre cuadro de Munch es como un espejo del alma de los solitarios ofendidos, de los seres humanos que huyen de la sinrazón de lo malo inevitable. El llanto, el grito, la huida sin rumbo desde un territorio que de pronto se ha convertido en un escenario maldito. Quizá no haya símbolo pictórico más grave de la representación de la tragedia: lo que ha ocurrido afecta a una colectividad, pero la expresión de esa ruina que afecta a la sociedad la protagoniza un solo grito, el de ese ser humano que huye del puente, busca auxilio, da noticia, expresa en su rostro toda la calamidad de la que viene. Este asesinato múltiple, obra de un loco que quería liberar a Europa de su rendición, es la expresión de la maldad cuando ésta se alía con la estupidez. Como si se hubiera paralizado Oslo bajo la mirada implacable de un ser que consideraba que su raza o su historia, esas dos imposturas, era (o es) mejor que la de aquellos que asistieron asustados al resultado atroz de esa combinación maldita, la estupidez, la maldad.

Ventajas del calor en Nueva York

Por: | 23 de julio de 2011

El calor sofocante que hace estos días en Nueva York me recuerda el calor de La Habana en 1990. Nunca había sentido hasta ahora una sensación parecida; en algún momento de El gran Gatsby, la novela excepcional, y melancólica, de Scott Fitzgerald, se siente un calor similar, quizá entrando en el hotel donde se desarrolla una de las partes más hermosas y peligrosas de la novela. Ayer la temperatura superó los 38 grados centígrados, y yo los viví portando una chaqueta ligera; con buen ojo, mi amigo Antonio Muñoz Molina, mejor equipado para el calor que yo, me preguntó por qué llevaba esa chaqueta, pudiendo ir en mangas de camisa, como él mismo, y como Elvira Lindo, que no llevaba camisa pero llevaba un traje muy ligero, muy propio para esa humedad hirviente de la ciudad. Le expliqué a Antonio que llevo chaqueta para guardar la cartera, el pasaporte, esas cosas que mientras uno viaja dan más seguridad llevándolas encima que dejándolas en el hotel o en un casa, que es donde me estoy quedando estos días. Lo cierto es que no le dije toda la verdad a Antonio. Aparte de usar la chaqueta como lugar donde cobijar esas pertenencias cuya pérdida sería un enorme fastidio, lo cierto es que me he acostumbrado a usar chaquetas ligeras, además de la camisa, para combatir el calor, o para hacerme la ilusión de que lo combato; lo aprendí de algún amigo que padeció calores así en La Habana o en Nueva York; el calor, me decía, es una situación mental, si tú te convences de que la chaqueta lo ahuyenta, si vas por la calle como si en efecto no hiciera calor, que hace tan buen tiempo que incluso has de usar chaqueta, ya puedes soportar temperaturas de muchos grados. Viví siempre en esa superstición, y ahora que Nueva York nos abrasa he andado por ahí llevando una chaqueta que, pobre de mi, me ha servido para tener la ilusión de que hace tan buen tiempo que hasta debo usar esa vestimenta. Es una superstición, sin duda, pero a mi me ha valido en medio de una ola de calor como dicen aquí que no se recuerda. ¿Ventajas de este calor? A mi el calor, incluso el calor húmedo, me excita la memoria, me reproduce situaciones que tienen que ver con mi infancia bajo el sol lechoso en las calles polvorientas de los caminos de mi pueblo; así que en Nueva York, mientras caía sobre nosotros esta mano inclemente de un sol implacable, he sentido que andaba por senderos que tienen que ver con mi propia melancolía, con la historia de los chicos que nos íbamos a bañar a una playa también húmeda para sentir que el clima, aquel clima abrasador y pegajoso, no era sino parte de la vida, que había que aguantarlo porque así sería siempre nuestra vida, presa del calor y presa también del polvo del camino. Lo cierto es que luego, tras la cena en la que también estuvo mi compañero Antonio Caño, salimos a la calle, yo sentí que la chaqueta ya me pesaba como una mano implacable, pero anduve con ella en la medianoche de Nueva York sudando hasta la madrugada, pero manteniendo la ilusión del frío como una alucinación.

Sobreactuacion en Valencia

Por: | 21 de julio de 2011

Mi teclado, en esta ocasion, no tiene acentos y desmejora otros aspectos de la ortografia. Perdon.

El servicio publico obliga a la humildad. La sobreactuacion que el ahora expresidente de la Comunidad Valenciana ha adjuntado a su despedida es una consecuencia, o puede serlo, de la actitud con la que a lo largo del tiempo ha escenificado su relacion con su cargo, al que le ha dado una trascendencia personal, como si el y el cargo fueran la misma cosa. Es, sin duda, el efecto de una obnubilacion que ha dejado perplejos a los ciudadanos. Todo lo que ha hecho, desde la fecha de sus dudas acerca de que decir en torno a los ahora tan famosos trajes, hasta este mismo instante, Camps ha puesto en marcha una impostura que ha manchado la vida valenciana de incredulidad y de verguenza ajena. Su dimision tiene otros efectos, y me temo que otros defectos, pero insufla una sensacion de alivio a los proximos, a los lejanos y seguramente al propio y conturbadisimo expresidente. Un valenciano que conoce bien esta historia, si es que alguien conoce de veras bien esta historia, me decia ayer que se habia ido un nazareno pero que continua el calvario. La sensacion que tengo es que Rajoy no puede estar nada feliz con este desenlace, pues ahora Camps alarga la agonia judicial que ha estado marcando al PP durante todo este periodo. Pero lo que pasa es que todo el mundo dice lo contrario de lo que esta de veras pensando. No es posible, no es humanamente posible, que todos esten tan felices con la decision de Camps de prolongarse como inocente una vez que al menos dos de sus amigos tan queridos del Gobierno han dicho que ellos se sienten culpables. Pero todo el mundo de esta trama afirma sin ambages que estan felices con lo que ha dicho y hecho Camps, y que siguen creyendo en su inocencia, algo a lo que por supuesto tienen derecho, eso no se puede poner en cuestion. Pero esta felicidad generalizada que ha dejado el drama me parece que es una parte mas de esta sobreactuacion a la que asistimos como si cayeramos en la tierra, estuvieramos en abril y nuestro aterrizaje fuera o en las fallas o en la semana santa. Asi lo siento y asi lo escribo en este teclado sin acentos *y sin tantas cosas( que me he encontrado en esta sala del aeropuerto de Barajas.

El País

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